lunes, 6 de febrero de 2017

Le como el chocho a la novia de mi amigo Luis

La novia de mi amigo Luis es preciosa, lista, educada; y está «buenísima».


Después de acabar mis estudios universitarios regresé al pueblo, no encontré trabajo de lo que estudié y estoy empleada en una panadería. Las amigas que tuve aquí en la niñez «se dispersaron»; unas están casadas y otras trabajan en la ciudad. Ahora mi mejor amigo aquí es un Luis, un joven amable y simpático; también es mi compañero de trabajo. La amistad con Luis es sincera, a él le gustan las chicas «como a mí»; él no sabe que me siento atraída por las mujeres; yo soy, ¡como lo diría!, un poquito lesbiana. Siempre oculté mi sexualidad, aquí en el pueblo; en cambio en la ciudad me «solté el pelo», ¡a tope!

A Luis le gusta la fotografía, lo mismo que a mí, así surgió nuestra amistad «de colegas», estamos preparando una exposición conjunta, sobre la comarca, «nos patrocina el Ayuntamiento». Muchos días hacemos fotos de paisajes y de edificios. No hace mucho, posé para el semidesnuda junto al río, «se me ocurrió de pronto» y él se excitó, pero él está enamorado de Clara, «su novia» (yo la amo también), a mí me quiere como amiga; pero como soy bonita, a veces me mira con deseo, «pero solo somos amigos».

Clara es coqueta, «como yo»; le gusta lucir vestidos y faldas ajustadas, a mí me gusta llevar pantaloncitos muy cortos; ¡traigo de cabeza a medio pueblo!, con mi melena rubia y mis cachetes saliéndose por detrás, «fuera del pantalón». Clara es más elegante que yo, pero sus vestidos ajustados y sus minifaldas de infarto hacen que la miren todos también, «suele tirarse de la goma del tanga», para subírselo porque se le baja con la ropa ajustada, ¡eso que parece algo ordinario!, ¡a mí me pone chorreando! Luis lleva a Clara con nosotros los fines de semana, cuando salimos con las cámaras de fotos. Las dos nos estamos haciendo buenas amigas, ella es de esas chicas que son simpáticas y buenas personas; «con todo el mundo», pero su simpatía es sensual, porque cuando te dedica una sonrisa con esos ojos verdes que parpadean, ¡se hace querer!

Ella confía en Luis, también confía en mí, y no tiene celos. Últimamente salimos las dos de compras por el pueblo, y nos probamos trapitos hablando y cotilleando, y sobre todo riendo. Los probadores son una tentación; ella cuando se prueba ropa, a veces se queda solo con un diminuto tanga en el probador, del que sobresalen los labios de su chocho por los lados, ¡ella no se da cuenta que siento ganas de arrancarle el tanga y comerle el coño!

El otro día, Clara me invitó a su casa a pasar la noche, ella se empeñó en pasar «una noche de amigas» (como cuando yo era niña y hacía fiesta de pijamas). Clara tiene novio desde los quince años, y ahora a sus veintitrés años, siente junto a mí la complicidad entre mujeres, «esa que nunca tuvo». Cuando me invitó ¡no supe decir que no! Esa noche comimos con los padres de ella y con Luis, después vimos la tele un rato, todos juntos y más tarde se despidieron los dos en la puerta dándose besos; Luis me dijo antes de salir.

—Isabel, que lo paséis muy bien hablando y riendo, mañana nos vemos en el curro —y se marchó.

Clara y Luis se casarán en octubre, ya están poniendo el piso y Clara tiene guardado el ajuar.

Clara tiene un cuarto con dos camas, pero ella se empeñó en que durmiéramos juntas en la de ella, ¡es como una niña! Solo llevé mi cepillo de dientes, unas braguitas limpias y mi pijama de verano. Me metí en el baño después de que se acostaran sus padres y me duché, me lavé los dientes y con la maquinilla de afeitar de su padre me retoqué mi chocho, dejando solo mi cinta de pelos claros en el centro, ¡por lo que pudiera pasar!, también me afeité las axilas y me perfume «a fondo», con una colonia de Clara. Después de salir del baño también se duchó Clara y volvió «oliendo a gloria». Se metió en la cama, con solo su camiseta larga, de un equipo de baloncesto; y nos arropamos las dos, con la sábana de verano (estaba puesto el aire acondicionado). Al poco entró la madre de Clara con una bandeja de pasteles, y con dos batidos, como los de las películas, «con nata por encima y con pajita», y nos dijo.

—Esto para que disfrutéis, que sois dos cielos, ¡no os durmáis muy tarde!, —y dicho esto nos dio un beso a cada una.

¡La verdad!, yo con veinticinco años y Clara con veintitrés, lo del besito creo que sobraba; ¡pero me reconfortó tanto!, ese cariño, ¡de mi jefa! (La panadería donde trabajo es de la familia de Clara, ella no trabaja porque está terminando Bellas Artes y sólo viene los fines de semana al pueblo).

Ya en la cama, hablamos las dos, pegadas la una a la otra, con la única luz de una lamparita pequeña. Clara me contó cosas de la Universidad y de Luis, «intimidades», ¡no imaginaba yo que Luis tuviera un pene tan grande como me ha contado Clara!, ¡qué barbaridad!, seguimos hablando.

—Clara, ¿de verdad tiene veinticuatro centímetros de polla Luis?, «y gorda» como dices, es que no se le nota.

—Isabel, ¡se la mete para atrás!, además varía mucho, de blanda a dura, ¡parece que se mete aire al empalmarse!, jijiji

— ¿Se la chupas, Clara?

— ¡Isabel!, qué pregunta mujer jijiji, ¡pues sí!, pero sólo media; ¡y aun así me duele la boca!, le doy con la lengua lamiéndole desde los huevos a la punta, la cabeza de su polla, ¡es enorme!, «me da vergüenza contarte esto tonta» —dijo ruborizada.

Yo nunca había chupado un pene, me inclinaba más por chupar «concha fina», pero siempre tuve curiosidad, y pensé que desde ahora, cuando trabajará junto a él tendría la imagen de «ese monstruo entre sus piernas».

Clara se ha quitado la camiseta y se ha ladeado hacia mí, apoyando sus pechos desnudos contra mi hombro, ¡en ese momento me ha corrido un escalofrío por el cuerpo!, y he notado como se distendía mi vagina, ¡que se me ha puesto como una fregona empapada! Clara solo lleva un tanga rosa diminuto, ¡creo que con una sola de mis uñas!, podría cortar esa tela y dejarla desnuda. Me he acalorado y me he quitado el pijama, quedándome sólo con mis braguitas de colores. Me he vuelto hacia ella dejando mi cara a cuatro dedos de la de ella, esos ojos claros mirándome, mientras mis pezones rozan con los de ella, Clara me ha hablado.

—Isabel, me gusta estar contigo así, ¿tu alguna vez has besado a una chica?, ¡como amigas del alma digo!; yo nunca, ¡sabes!, no sé qué se sentirá.

—Yo sí besé a una amiga en la universidad, fue como un juego pero no me desagradó, Clara.

—Isabel, ¿puedo darte un beso?, ¡sólo para probar!

—Dámelo Clara, me hace ilusión -después de decir esto cerré los ojos, y noté  como mi cara «ardía por la emoción», y sentí mis labios hinchados y mis pezones clavándose en las tetas de ella.

Clara apretó sus labios contra los míos y saco un poco su lengua rozando mi boca, ¡quise morir de amor y placer!, atrapé su labio superior entre mis labios y lo lamí con dulzura, «como si fuera un caramelo», clara se retiró y me dijo.

—Isabel estoy excitada, ¡no seré lesbiana!, ¿verdad?

—Clara con lo que te gusta Luis, ¡imposible!, y con lo que te gusta comerle ese rabo que tiene «no creo»;  sólo eres sensible a las caricias y al cariño íntimo, ¡tranquila!

—Sabes Isabel, yo he escuchado muchas veces hablar de mujeres que prueban con otra mujer, ¡sabes, siempre tuve curiosidad!, esto me da vergüenza chica, pero es que ahora, probar antes de la boda, sería una emoción, ¿te gustaría que nos amaramos las dos ahora un poquito?, ¡sólo para probar!; si no te parece bien perdóname; ¡solo por decírtelo ya estoy nerviosa!, si también quieres probar y después te da asco pues paramos, ¿qué te parece Isabel?

—Me parece, ¡divino de la muerte!, yo también quiero probar contigo, pero lo que hagamos las dos tiene que ser un secreto, ¡y ni una palabra a Luis!, ¿Vale?

— ¡Vamos Isabel!, eso lo daba por descontado, ¡será nuestro secreto!

¡Que emoción sentí!, bajé mis braguitas multicolor y las estrellé contra la bandeja de pasteles, después desarrope a Clara bajando la sábana. Le saqué el tanga por los pies, ¡de un tirón!, y «lo restregué por mi chocho» (sin que ella se diera cuenta), después lo dejé en su mesita de noche. Ese chocho era un monte de pelos rizados, ¡muy claritos!, se veían suaves y finos; entonces le pregunté.

—Clara me gustaría arreglarte el chocho, ¿me dejas que apañe tus pelitos?, ¿quieres que te lo afeite y te dejé solo un triangulito de pelitos en tu pubis como tengo yo?, no tardaré.

—Nunca lo hago porque me sale fatal, ¡vale Isabel!, pero no hagas ruido por favor, por mis padres, y ten cuidado que la piel de mi chocho es muy tierna.

Me puse la parte de arriba del pijama y salí del dormitorio, sin hacer ruido, entré en el aseo y cogí la maquinilla de afeitar de su padre y unas tijeras  doradas que había junto al espejo; ¡escuché toser y salí pitando! Entré en el dormitorio y encontré a Clara sobre la cama con sus piernas blanquitas, y «abiertas como una bacalada en sal». Vi un tarro de crema para el cuerpo sobre su mesita de noche, junto a su tanga rosa, y le dije.

—Clara cielo, he escuchado ruido y no he podido coger jabón, ¿quieres que te lo rasure con crema para el cuerpo?

—Como tu veas, pero «no me cortes Isabel» -dijo a la vez que abrió más las piernas, en una postura «obscena», ¡su coño parecía que se iba a rajar!, quedando abierto, ¡de par en par!

Me acerqué, me quité la camiseta y cogí un buen puñado de crema del tarro, lo esparcí por su chochito, «con mimo», sin apretar, sentía esa piel abultada y tierna entre mis manos y yo ¡me quería morir!, la pastosidad de la crema facilitó el corte de la hoja de acero, la cual iba dejando pelos empringados en crema como «cabellos de ángel», agarré su chocho para apurar a los lados, ¡ella dio un suspiro!; ¡lo agarré más fuerte!, como si fuera mi juguete, y mirándola a los ojos le rasure el pubis a los lados, estrujando su coño con mi mano izquierda. Clara tembló, y Apuré sus labios mayores cerca de su nacimiento, junto a esos pétalos que eran sus rosados labios internos, justo cuando con dos dedos acariciaba el ojo de su culo «arañándolo», ¡su vagina con espasmos!, soltó un chorro grande y «expandido» de flujo sobre mí, ¡qué barbaridad!, mi cara y mis pechos estaban llenos de su calor, ¡¡su bello chocho escupió sobre mí!!

Me acerqué sobre su raja y «si mirar nada más» comencé a comerme su coño a chupetones, ¡tragando los restos de crema!, ¡tragándome sus pelos recién talados!; y notando con placer como esos pelos se pegaban a mi garganta. Comencé a darle mordisquitos en su bollo; se lo limpie a fondo, mi boca estaba llena de pelos, ¡que placer!, casi me corro al masticar esos pelos, que habían sido «mi sueño» tanto tiempo. Agarré el batido aún sin tomar y me lo bebí, llevando sus pelos y su flujo hasta mi estómago. No tuve bastante y se lo comí otra vez, ya más despacio, pasando mi lengua de arriba abajo por su raja, y jugando con su clítoris, que lo tiene grande y rosado. Mientras apretaba con mis labios su botón del placer, la miré a los ojos y parpadee, ella dijo.

—Isabel, agguunnn que me haces agggg  - dijo, y acto seguido se corrió otra vez.

Esta vez el caño de líquido fue «más potente» (¡esta chica es un cañón de bomberos!), ese chorro entró en mi boca, «violando hasta mi garganta», su calor me inundó  por dentro, sus líquidos estaban como la leche caliente, tragué y tragué más, y después relamí su bello coño.

No contenta con esto le di la vuelta poniendo su bello y gran culo mirando al techo y le di lametones por sus cachetes, que tenían dibujada la forma de su bañador, marcada por el sol en la piscina. Horadé con mi lengua su ojete sin presión, ¡su culo se abrió!, y le clavé mi lengua, y lo penetre con golpes de mi cabeza, en ese momento mi chocho se encogió y mi vientre se hundió, y «me corrí» como una cerda, poniendo perdida toda la cama, «gemí de placer».

Clara se sacó mi cabeza de su culo, me giró y bajó a comerme el bollo, lo hizo «dudando», primero con la lengua dando toques «como probando mi sabor», después comenzó a estirar mis labios con sus dientes, y me mordió el culo tan fuerte que grité bajito, después alzó su cuerpo y le chupé las tetas y le mordí sus pezones, ella amagó la cabeza y mordió mis pechos también, «con maestría»; entonces le pregunté.

—Clara ¿seguro que nunca probaste mujer?

—Nunca pero estoy disfrutando mucho contigo.

—Ya se ve, ya se ve Clara, ¡qué barbaridad de chica!

Mordí su cuello y su cogote, la besé y le metí la lengua en la boca jugando con sus dientes, «como dentista carnal».

Dormimos toda la noche, «como un todo», por la mañana, en el desayuno nos dijo su madre.

—Anoche me pareció oírte sollozar entre sueños Isabel, ¿estarías pesada con la digestión? —dijo «la jefa».

Entonces pensé en los pelos del coño de su hija que aún reposaban en mi estómago y le respondí.

—Sí señora, es que comer tanto dulce me empacha y anoche me di un atracón.

 —entonces Clara se rio como una loquita.

Ya en la puerta Clara me despidió, yo tenía que ir a su panadería a trabajar junto a Luis, ella me dijo.

—Isabel ha sido una experiencia fantástica, no sé cómo me he podido correr con chorros, nunca antes me pasó, ¡perdón!, estoy tan emocionada. ¡Sabes que!, aunque parezca lo contrario, tengo unas ganas locas de follar con Luis.

—Clara es normal, tu cuerpo se ha liberado y se ha abierto al deseo, eres preciosa; me has hecho muy feliz.

—Que bien Isabel, pero si me caso ¿Me lo comerás más veces?

— ¡Clara!, yo te lo comeré cada vez que quieras «hasta que te canses».

—Gracias Isabel, será nuestro secreto, que bien me siento teniéndote.

Salí de su casa sintiéndome bien por mi deseo satisfecho, y mal por Luis, durante varios días me sentí culpable al hablar con Luis, mi buen amigo; sentí deseos de compensar haber tomado a su prometida (y lo que la tomaría aún).

Clara y Luis ya están casados, y ahora ellos llevan la panadería; y desde entonces, soy su «empleada para todo», trabajo en la panadería, y lo como el coño a Clara semanalmente; ¡pero ella mantiene su palabra de secreto!, sin que sepa Luis, ¡que Clara es de los dos!

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Puedes ser el primer comentario... ¡Date prisa!

Ir arriba