viernes, 27 de enero de 2017

Mi tío

Mi nombre es Marcela, y actualmente tengo 19 años. Hace un año comencé la universidad, así como a vivir en la casa de mis tíos Rodrigo y Adriana. Como la universidad queda en la misma ciudad donde ellos viven, me ofrecieron quedarme con ellos y, por practicidad para todos, acepté.

Mis tíos nunca tuvieron hijos, pero sí tienen una casa grande y las comodidades necesarias, así que era de esperar que aceptara una propuesta como esa. Además, siempre me he llevado muy bien con mi tía Adriana, que es la hermana mayor de mi madre. Cada que iba de visita a nuestra casa, terminábamos saliendo de compras y de paseo. Ella siempre ha sido muy activa y sociable.  Su esposo, Rodrigo, es algo serio, pero agradable.

La verdad era que llevaban una buena relación ante los ojos de todos, pero no fue hasta que me mudé con ellos que noté la distancia entre ellos. Mi tía gustaba de salir con sus amigas, ir a paseos que duraban hasta varios días, y pasarse el tiempo en el trabajo. La veía seguido porque me invitaba a salir de compras y yo aceptaba cuando no tenía tareas en la uni. Pero fuera de eso, solía llegar tarde a casa.

Mi tío, por el contrario, se le veía más en casa. Saliendo del trabajo, quizás una vez a la semana, salía con sus amigos a beber. Pero el resto del tiempo iba directo a la casa.

Me daba algo de pena, así que, cuando podía, me sentaba con él a mirar televisión o platicar un poco. Llevábamos una buena convivencia.

Eso sí, notaba que a veces se quedaba mirándome más tiempo del necesario y siempre eran las nalgas o el busto. No es que tenga mucho de ninguno, pero siempre me he cuidado para tenerlos firmes.

Al principio me hacia sentir un poco incómoda que me mirara así, pero él nunca hizo nada más. Y viendo cómo estaban las cosas con mi tía, decidí que no sería tan malo si lo dejaba mirarme un poco y masturbarse más tarde conmigo en mente. De hecho, cuanto más tiempo pasaba, el morbo de que me mirara tanto y saber que era conmigo en quien pensaba al aliviar su calentura, solo conseguía excitarme.

Fue así como comencé a jugar un poco con él. Como solo estábamos los dos en la casa la mayoría del tiempo, aprovechaba para ponerme ropa cada vez más ajustada y cortita. Incluso me quitaba el sostén al llegar a casa y dejaba que mis pezones se marcaran en las blusas. Sabía que le gustaba eso. Me miraba cada vez más, con una lujuria contagiosa. Pero nunca pasábamos de esa línea.

No me atrevía a dar un paso más grande que eso. Además, aparte del morbo que me provocaba ese juego, realmente no me atraía mucho la idea de coger con mi tío. 

Al menos eso fue hasta que un día mi tía me dijo que se iba el fin de semana con sus amigas a un pequeño viaje. Eso no era nuevo. La despedimos y yo me fui a arreglar. Tenía una fiesta esa noche, así que probablemente no volvería hasta la mañana siguiente.

Mi tío se fue a su habitación, diciéndome que tomaría una siesta y que me fuera con cuidado a mi fiesta.

Le había dicho que me iría a eso de las 8, pero se me hizo más tarde para irme.

Cuando por fin estuve lista, salí de mi habitación. Iba a las escaleras, cuando escuché un ruido viniendo de su alcoba. Me detuve y, con cuidado, me acerqué a la puerta a escuchar. Eran gemidos, cada vez más fuerte. Seguro pensaba que ya me había ido largo rato atrás, así que no modulaba su voz. La cama rechinaba por la fuerza de sus movimientos. Pero lo que me dejó de piedra fue escuchar mi nombre saliendo de sus labios una y otra vez. ¡Estaba imaginando que me cogía! Sentí que mi coñito comenzaba a mojarse.

Casi llevaba mis dedos a mi conchita, cuando mi celular vibró. Salí de mis pensamientos y lo miré. Ya habían llegado por mí.

Con la calentura a tope, me fui a la fiesta. Encontré a uno de mis compañeros, que estaba bien bueno, y me puse a tontear con él. Me senté en sus piernas casi toda la noche, besándolo y dejando que metiera su mano bajo mi vestido. Pero yo quería más. No paraba de recordar a mi tío casi gritando mi nombre. Necesitaba una verga dentro de mí.

En una de esas, me levanté al baño. Me tomó algo de tiempo porque había mucha gente haciendo fila, pero cuando regresé, encontré que el chico al que había estado calentando toda la noche, ahora estaba besándose con otra compañera. Eso me enojó bastante. Quería que me cogiera y este cabrón se iba con la primera que pasaba.

Tan caliente y cabreada estaba que tomé un taxi para volver a casa.

Entré, tambaleándome un poco y quejándome sola de eso. Mi cuerpo gritaba por una verga que lo poseyera y no había ninguna dispuesta.

-¿Ya llegaste?-la voz de mi tío me sobresaltó. Venía saliendo de la cocina con un vaso de agua. Llevaba solo un bóxer puesto. Verlo semidesnudo frente a mí, sabiendo que mi tía no estaba y con esa calentura que traía encima, fue el detonante.

Me quité el vestido, el sostén y las braguitas, quedándome desnuda frente a él.

-Cógeme, por favor.

Casi soltó el vaso de la sorpresa. Pero su polla se hinchó al verme así.

-Sé que quieres follarme, tío. –me acerqué a él y restregué mi cuerpo desnudo contra el suyo. Mi mano fue sobre su miembro, que se sentía cada vez más duro.- Mi tía no te presta atención, pero yo voy a hacerlo hoy.  –me agaché. Pero antes de poder hacer más, me hizo levantarme.

-No podemos, Marcela-su voz sonaba rasposa por el deseo que no quería mostrarme. Dejó el vaso en la mesa y sus manos me tomaron por la cintura.- No podemos. Soy tu tío.-pero sus ojos estaban puestos sobre mis senos, y sus manos bajaban a mis nalgas.

-Sé que me deseas, tío. Te escuché.-le solté. Me miró, como apenado. –No me importa. Por eso me visto así…para que me folles aunque sea en tus sueños. Pero quiero más ahora. Y sé que tú también.-me acerqué a besarlo. Sus manos me tomaron por las nalgas, alzándome para besarme mejor. Me abracé a él con mis piernas, sintiendo su polla dura contra mi coñito, con esa tela entre los dos.

-No le digas a tu tía…-me dijo, llevándome a la mesa del comedor.

Me acostó sobre ella, besándome de nuevo. Su olor lo inundaba todo y su sabor era delicioso. Me besaba con tantas ganas, mientras sus manos recorrían mi cuerpo. Mi conchita se iba mojando más con esas caricias. Pero lo quería dentro. Y ya.

Su boca fue directo a uno de mis pezones, y llevó una de sus manos al otro seno, apretándolo con fuerza. Me dolía pero me gustaba.

-Aaaah, tío, qué rico… -suspiré. Ninguno de los chicos con los que lo había hecho, se habían tomado su tiempo para besar y morder cada parte de mi cuerpo. Pero mi tío lo hacía casi con devoción. Mordía mis pezones, apretaba mis nalgas, besaba mi abdomen, bajando cada vez más, hasta que su rostro quedó entre mis piernas.

-Ya estás toda mojada y aún no te he tocado aquí… ¿Tanto así me deseas?-dio un lengüetazo que llevó una corriente eléctrica por mi espalda.

-Aaaaahhh, sssí, tío… aaahhh, qué rico-su lengua seguía explorando. Pronto unos dedos comenzaron a jugar con mi clítoris. Espasmos recorrían mi cuerpo y mis gemidos se escuchaban por toda la cocina. Me sentía una perra en celo, moviendo mis caderas para tener más contacto con su lengua, con sus dedos. Me estaba comiendo de forma tan rica que me sentía en el paraíso. –Aaaahhh me corro me corroo!!- mi cuerpo se tensó, dejando salir mis jugos que él se precipitó a lamer.

-Tu conchita sabe deliciosa-me dijo, besándome los labios. Probar mi propio sabor era extraño, pero excitante.

Me tomó de la cintura y me hizo hincarme en el suelo. Sabía lo que me tocaba hacer ahora. Le bajé los bóxers, liberando una erección gruesa y larga. Jamás había tenido una así en mi boca, pero de solo verla se me antojaba.

La tomé con mis manos y llevé mi boquita a la punta. Tenía un sabor salado y ya estaba húmeda por líquido preseminal. Comencé a lamerla en toda su extensión y grosor. Mis manos fueron a sus testículos, llenos de la lechita que ahora ansiaba probar.

-Métetela toda a la boca-me ordenó. Abrí la boca e intenté hacerlo, pero no me cabía entera. La estaba metiendo y sacando, cuando me agarró de la cabeza y comenzó a embestirme más fuerte y rápido. Me daban arcadas y no podía soltarme, mientras que él jadeaba como un animal.

De repente, me soltó y la sacó de mi boca. Me hizo levantarme y me recargó en la mesa, dejando el culo al aire.

-No sabes cuántas ganas he tenido de follarte así, aquí mismo.-me dijo, tomándome de las caderas. Sentía mis piernas como gelatina, pero él me tenía bien agarrada, así que no me caería. Mi cabeza estaba sobre la mesa, así como todo mi torso. Levanté un poco más el culo para que me la metiera ya. –También quieres que te coja así, ¿eh? ¿No te importa que sea tu tío?-pasaba su verga, dura y gruesa, sobre mis nalgas.

-Aaah, sí, cógeme, por favor… Aaaahhh, no me importa. Soy tu hembra ahorita…-le contesté.

No tuve que rogar más, pues aquél mástil se metió hasta el fondo. Sus testículos chocaron contra mí. Estaba tan llena de verga como no lo había estado nunca.

-Qué hembrita tan dispuesta…-sacó media verga, antes de encajarla de nuevo.

-Aaaahh!-mis manos se querían aferrar a lo que fuera. Estaba tan mojada que no dolía, pero sentía la necesidad de aferrarme a algo para conservar la cordura. El ritmo de las embestidas se hizo más y más rápido. Mis gemidos aumentaban de volumen, pero sus jadeos tan salvajes apagaban cualquier ruido mío.

De repente, se detuvo. Sacó la verga de mí y me dio la vuelta, dejándome con la espalda sobre la mesa. Volvió a ensartarme y mis piernas se abrazaron a él, buscando todo el contacto posible. Sus manos fueron a mi cintura, antes de volver a embestirme, ahora con más fuerza.

-Aaaah, pero qué…puta tan sabrosa….aaahhhhh qué rica….ahhhh

-Síiii, asíiii, tío, asiiii, dame más…aaahhhhh-me sentía al borde de la locura. Estaba en un estado de éxtasis tan grande que ya no pensaba. Solo quería tenerlo dentro y que se viniera dentro de mí. Quería su verga solo para mí. –¡Soy tuya, tio, soy tuya! Dame más, aaah, sii, más fuerte, aaahhhh

-Eres mía, putita, eres míaa…aaaahhhhh, qué ricaaaa. Aaaaahhh, me vengooo-chorros de semen llenaron mi interior. Fue tal intensidad que mi propio orgasmo llegó.

Jadeamos, mientras sacaba su verga de mí. Líquidos no dejaban de salir de mi coñito, cayendo sobre la mesa y el suelo. Mi cuerpo estaba tan sudado y pegajoso. El aire olía a sexo, y me encantaba.

Me cargó hasta uno de los sillones, sentándose él y dejándome a mí encima. Me besó con pasión, mientras me ensartaba de nuevo. No comprendía cómo aún podía tener la verga tan dura, pero no me importaba. Quería más, y me estaba dando más. Sin dejar de besarnos, comencé a mover mis caderas. Subía y bajaba, iba en círculos, me estaba volviendo loca. Apenas podíamos controlar nuestros gemidos. Sus manos me apretaban las nalgas con fuerza, guiando mis movimientos. Levantaba mis caderas hasta sacar la mitad de su verga, antes de ensartarme de nuevo. Estaba llegando tan profundo que sentía el orgasmo cerca. Mi coñito estaba muy sensible y su polla estaba llegando tan dentro de mí que no duraría más.

-Aaaahhh, me vengo, me vengooo-grité. Mi cuerpo se tensó de nuevo y, antes de que me desplomara, sus manos ya estaban moviéndome para que siguiera cabalgándolo. No tenía mucha energía ya, pero quería su leche en mí. Seguí moviendo mis caderas, hasta que se vino dentro otra vez.

Cuando desperté, era de mañana. Mi cuerpo estaba pegajoso y oloroso a sexo. Sentía algo contra mi vientre. Era la verga de mi tío. Lo miré, debajo de mí. Seguíamos en el sillón, pero él estaba durmiendo con una erección.

No sabía si lo de la noche anterior se repetiría. Quizás él ya no querría hacerlo ahora que volviera a sus cabales. Era mejor aprovechar.

Así que me levanté y me arrodillé, tomando su miembro entre mis manos y metiéndolo a mi boca, degustándolo como la noche anterior no me había permitido.

Lo escuchaba gemir en sueños, mientras recorría todo el tronco.

Seguí así hasta que su lechita salió disparada contra mi boca. Engullí cuanto pude, pero el resto cayó por mi barbilla. Cuando miré hacia arriba, él ya estaba despierto.

Me senté sobre sus piernas y le dio un beso.

-Buenos días, tío. Tenía hambre.-le sonreí, de forma pícara.

Sus manos fueron a mi cuerpo, acariciándolo y apretando donde pudieran.

-Buenos días, preciosa. ¿Te gustó mucho la leche de tu tío? Me encargaré de que la tengas todos los días. –me besó el cuello.

Desde entonces, cada que mi tía sale de viaje, dormimos en la misma cama, cogiendo toda la noche. A veces mi tío se mete a mi cuarto en la madrugada y hace que le dé una buena mamada.

Solo sé que estos años serán los mejores, porque la verga de mi tío siempre está bien dispuesta a cogerme.

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