viernes, 6 de enero de 2017

Las tres maduras

Ernesto va ya para solterón.  Son treinta y seis años y desde luego que no está en la idea de comprometerse.   Tiene claro que para ser casado y adúltero, mejor soltero.  Tal como él mismo comenta a menudo:
-          Si yo me caso,  en el mismo banquete de bodas,  me estaría insinuando a otras mujeres para llevarlas a la cama.


Y es que Ernesto es mujeriego por naturaleza.    Es hombre guapo, con buena planta, deportista y sobre todo,  simpático y halagador con todas las mujeres en general.  Se le dan bien.  Tiene además buena boca, como se dice.  Seductor nato,  le da igual que sea una jovencita a la que hay que desvirgar, que una señora que tenga bien cumplidos los sesenta.  Es lo mismo que sea guapa o tirando a fea,  gordita o delgada.  Es igual que sea soltera, casada o separada.

Tiene un buen puesto de trabajo en una empresa solvente.   Vive solo en un pequeño apartamento,  por el que han pasado ya bastantes mujeres a lo largo de los años.

El edificio donde tiene su apartamento es de varias plantas,  con dos viviendas en cada planta.   El otro apartamento de su planta es propiedad de una viuda,  Encarna, mujer de sesenta y seis años, que vive sola.      Es una mujer fuerte, alta,  bien parecida, con algo de sobrepeso, pero que lo sabe llevar bien y resulta aún muy atractiva.

Encarna y Ernesto se llevan muy bien y se saludan amablemente cuando se encuentran en el rellano de la escalera.     Cuando Ernesto llevaba ya algunos meses en ese apartamento, Encarna acudió a visitarle.  Tenía un problema con unos documentos que no entendía bien, y él se ofreció para aclararle el tema e incluso hacerle alguna gestión en un organismo oficial.   Se estableció así una relación de buena vecindad entre ellos, y con frecuencia se solicitaban ayuda mutua.  Encarna requería a Ernesto para temas de papeles o algún arreglo en la casa.  Por su parte,  Ernesto acudía solicitando ayuda a la viuda para esos casos en que una camisa no se le quitan las manchas, o algún botón que ha perdido una chaqueta.

Encarna tiene dos amigas, que viven en el mismo barrio.  María Luisa,  es separada, y tiene sesenta y dos años. También vive sola, ya que los hijos están independizados,  al igual que Francisca, algo más joven, cincuenta y cinco, que es casada. 

Francisca hace vida independiente, pues aunque casada, tiene un matrimonio de conveniencia y no están casi nunca juntos.  Así que las tres amigas salen a menudo de compras,  a tomar unas cervezas, al cine o teatro, etc.

En esta tarde otoñal, de clima muy agradable, Ernesto se ha sentado a tomar una cerveza en la terraza de un bar cercano.   Al rato pasan las tres amigas, paseando y cuando Encarna se da cuenta de su presencia, se acerca a saludarlo. 

-          ¿Quieres conocer a mis amigas?.

-          Claro… ¿cómo no?.

 Ella hace un gesto a las dos amigas para que se acerquen.  Tras las presentaciones, Ernesto las invita a sentarse a su mesa para tomar algo, cosa que ellas aceptan de inmediato. Al fin y al cabo están algo aburridas las tres y necesitan algo distinto.  Al poco rato Ernesto se permite ya el lujo de coquetear con ellas, haciéndole cumplidos, cosa que ellas agradecen divertidas.

-          Caray,  Encarna, vaya vecino más marchoso que tienes, eh….ajajajaja. 

-          Que suerte –dice la otra amiga-.

Desde ese día las tres amigas se hacen las encontradizas con Ernesto cada vez que pueden,  conocen ya los sitios que frecuenta y se pasan por allí como si fuese casualidad.   Él siempre las invita y pasan un rato agradable.  La confianza aumenta y al final deciden que una vez cada diez o quince días queden en casa de cada uno,  para una merienda, charlar, una partida de naipes, etc.  

Sabido es que varias mujeres juntas se vuelven atrevidas.   Son también mujeres necesitadas, y en esas reuniones al final acaban hablando de sexo.  Ernesto, con muchas anécdotas que contar sobre sus andanzas,  les comenta sucesos escabrosos que ellas escuchan con mucho interés y curiosidad. Alguna vez también les ha puesto a las chicas una película porno,   que han visto con muchas risas y comentarios de todo tipo.  Aparte de estar necesitadas se nota que su vida sexual ha sido más bien apagada.

En una de esas tardes, la merienda corresponde en casa de Ernesto, que ha servido una buena merienda y para terminar unas pastas con un vinito dulce de Málaga.   Juegan sin prisas partidas de cartas,  en las que apuestan unas monedas para hacer más entretenido el juego.   De vez en cuando llena de nuevo las copas de vino de las mujeres, que beben casi sin darse cuenta.  Viéndolas animadas, Ernesto propone un nuevo juego.

-          Esto ya es aburrido.  Deberíamos jugar a algo más fuerte,  con más morbo..¿os parece?.

-          ¿Vale, vale,  dinos que tipo de juego?.

-          Pues jugaremos a las prendas, ya sabéis.  Quien pierda cada partida y saque menos puntos que los otros,   se quita algo que lleve encima.

Las mujeres se miran entre sí y dudan.  Pero el vinito ha surtido efecto y al final se deciden.

Siguen ahora las partidas, de forma bastante rápida.  Las mujeres apuran todas las posibilidades y antes de quitarse algo de ropa se deshacen de los zapatos, pendientes, pulseras, anillos, etc.

Pero partida a partida se les acaban los complementos y entre risitas, comentarios y algo de vergüenza, le toca a Encarna  la primera de deshacerse de una prenda de ropa.  Tiene un vestido con botones y solo la ropa interior.  Duda sobre que hacer y al final se desabrocha los botones hasta la cintura,  se baja el vestido y se quita el sujetador entre grandes aspavientos de las otras.  Es un sujetador grande, negro, y a pesar de su tamaño los pechos afloran por arriba al estar oprimidos.  Salen fuera los pechos,  muy espectaculares no solamente por su tamaño, sino por su forma.  En punta, con forma de pera.  Los pezones grandes sobresalen del resto del pecho, son como dos pequeños embudos colocados sobre el resto del seno,  con varios centímetros de longitud y un buen grosor.

-          Sí, sí, reiros, reiros  -dice ella- . Que pronto os tocará a vosotras.

Detienen el juego unos momentos para admirar y comentar las tetas de Encarna.

-          Son preciosas, originales, de veras  -comenta Ernesto-.

-          Sí, sí, - dice Francisca, que es la que menos pecho tiene-, me da envidia…ajjaja.

Ernesto, que tiene a Encarna al lado,  no puede evitar extender la mano y tocar los llamativos pezones,  apretándolos y acariciándolos levemente.  Ella le aparta con suavidad la mano y le dice que siga jugando, que de lo contrario se va a calentar en exceso. Todos siguen riendo.

Ernesto es un buen jugador de cartas y las chicas no tanto.  Así que no duda en hacer trampas, para que vayan perdiendo las partidas con cierto orden y todas se vayan quitando algo.  Para no enfriar el ambiente vuelve a llenar las copas de vino y ellas entre la vergüenza  y los nervios del momento, las apuran sin darse cuenta.  Sigue transcurriendo la tarde y Ernesto está ya solo con el slip y las tres mujeres  con las tetas al aire.

-          Fijaros que curioso –dice él-  tres tías y que tetas tan diferentes.

Es cierto.  Las de Encarna como hemos dicho, grandes y en punta, desafiantes, pezones puntiagudos.  Las de María Luisa son también grandes, pero muy redondas.  El pezón es pequeñísimo, solo un botoncito apenas sobresaliente, pero las areolas son enormes y cubren casi todo el frontal del seno.  Los pechos de Francisca son pequeños y también el pezón,  aunque por ese pequeño tamaño las tiene bien derechas todavía.

Se dedican a comentar las características de cada una de ellas.  Ernesto, que tiene al otro lado a María Luisa,  le echa también la mano al pecho y lo masajea y aprieta, mientras la areola se encoge y el pezón aflora.

-          Fijaros como cambia….  Es bonito, eh…

-          Anda, tócalos también a Francisca…ajajaja.



La otra se escandaliza y se tapa los pechos con los brazos. Es más tímida que las otras dos.

-          No, no… de eso nada, que yo soy casada.  Tócalos a ellas que son libres…

Pero Ernesto se las arregla para agarrarle las tetas.  Así que con una excusa marcha a la cocina para buscar algo y al volver pasa por detrás de Francisca y la abraza por su espalda, colocando las manos en los dos pechos de manera firme.  Francisca protesta, intentando quitarse las manos. Todos ríen a carcajadas, divertidos.   Tras un breve manoseo de las protuberancias femeninas de Francisca, Ernesto se vuelve a sentar y piensa que ya es hora de pasar a la acción.  Hace trampas y se deja ganar la partida.

Hay un fuerte griterío de las mujeres.  Ernesto tiene que quitarse la última prenda, el slip.   Las tres están expectantes.  Por debajo del slip se nota bien el miembro medio erecto.

-          ¡¡ Que se lo quite, que se lo quite…¡¡¡

Por supuesto que no tiene nada de tímido el hombre.  Así, que con gesto pausado,  despacio, recreándose, para que ellas tengan más morbo,  Ernesto se deshace de su única prenda, quedando totalmente desnudo.

El miembro está horizontal, sin alcanzar todavía su rigidez completa. Pero luce de muy buena forma, apuntando hacia delante.   Ellas lanzan grititos de alegría.   De pie, Ernesto se pasea alrededor de la mesa, rodeando a las mujeres.   Tras una breve exhibición se acerca a Francisca y le pone el grueso miembro junto a la cara.  Ella se pone roja de vergüenza, aparta la cabeza pero Ernesto se empeña en acercarle la polla a la cara y ella no tiene más remedio que agarrarla para apartarla.  Sonríe avergonzada, mirando apurada a  las otras mujeres que se divierten con grandes risotadas.

Luego le toca el turno a Mª Luisa, que soporta agarrado el falo con más naturalidad y más tiempo,  masajeándolo despacio.  Ella nota que la dureza aumenta y lo comenta alegre:

-          ¡¡¡ Ayyyyyyyyyy, Ernesto….que dura se está poniendo…..¡¡¡



Se separa de Mª Luisa y se acerca con su estaca por delante a Encarna.  Ella es la más lanzada y la que más confianza tiene con él por su razón de vecindad.  Encarna agarra el falo y no se aparta, todo lo contrario.

La madura vuelve su rostro hacia el miembro y sin vacilación lo agarra fuerte y a continuación se introduce la mitad en la boca.  Las otras dos mujeres, tras un instante de asombro, aplauden entusiasmadas.   Aunque algo atragantada,  ella está muy necesitada y aguanta bien.  Con el leve masajeo de Mª Luisa y la felación de Encarna, el falo está ya totalmente vertical, tieso como madera, para alegría de las mujeres, que se llevan las manos a la cara, haciéndose las escandalizadas.

Ernesto decide pasar a mayor actividad.

-          Bueno.  Es momento de dejar estos juegos de adolescentes.  Necesito desahogar esta dureza que tengo ahora.  ¿Os importa?,

Sin más preámbulos, agarra a Encarna de la mano y la obliga a levantarse, llevándola camino del dormitorio.  Ella hace que se resiste.

-          Chicas, chicassssss…. Que este hombre me quiere follar….Socorrooo….

-          Bueno, bueno… -contestas las otras-.  A nosotras no nos mires, allá tú, ya eres mayorcita…jajajaa.

La pareja resulta algo cómica saliendo del salón. Él totalmente desnudo.  Ella desnuda de cintura para arriba, moviéndose los enormes pechos de un lado a otro.  Con una mano se sujeta el vestido a la cintura, para que no se caiga del todo.

Ernesto cierra la puerta del salón tras él, tras un comentario a las otras dos.

-          Chicas, esperad.  Ver la TV si queréis.  Tardaremos un poquito.

-          Tranquilos, tranquilos, sin prisas… -se las nota con algo de envidia-.

Ya en el dormitorio Ernesto ayuda a la mujer a despojarse del vestido, quedándola en bragas. Unas bragas generosas, amplias, de color blanco,  necesarias en amplitud para acoger las opulentas caderas y el grueso culo.  Totalmente desnuda, la señora luce una abundante mata de pelo, ya algo gris,  en el pubis. 

-          Espera, Ernesto, voy al baño, quiero asearme un poquito, estoy algo sudada de tantas risas.

-          Está bien, cariño. Pero mejor te aseo yo,  me gustaría lavarte el chichi..¿quieres?.

La mujer abre los ojos, asombrada con la propuesta.  Pero luego accede. 

La sienta en el bidé.  Abre el chorro de agua templada y se aplica una buena cantidad de gel perfumado en la mano.  La mujer sentada y abierta de piernas, tiene también el  coño bien abierto.   Ernesto comienza a lavar el sexo femenino.   Es un buen experto en coños, ha tocado muchos, y enseguida se da cuenta que tiene en la mano algo distinto.

-          Joder, Encarna, que coño más grande tienes, hija…

-          Sí, sí… Desde siempre.  Ya mi madre, cuando yo era niña, comentaba que lo tenía más grande que lo normal.

La mujer lo tiene peludo. Si  hubiera estado depilada,  Ernesto hubiera comprobado como la raja femenina se prolonga hacia arriba invadiendo parte del monte de Venus.  Pero al tener bastante pelo está oculta y no se nota.   Acabado de lavar bien el coño,  la madura se seca con la toalla y después sigue en el lavabo enjabonándose las axilas y el pecho, especialmente la piel debajo de las tetas.  Una vez fresquita, se pone a disposición de Ernesto, que ya está en la cama, esperándola. 

Ella se acomoda junto a él, tapándose un poco con la sábana, todavía algo pudorosa.   Ernesto se da cuenta quien tiene al lado.  Ya hemos dicho su experiencia y sabe captar bien cuando una mujer, aunque sea algo mayor y con algunos kilos de más como en este caso,   es una auténtica hembra, deseosa y necesitada.  No procede para una situación así la ternura y las caricias,  sino una cierta agresividad sexual,  hay que estar a la altura de las circunstancias.  Así que inicia una serie de achuchones, roces, estrujones, por todo el cuerpo de la mujer.  Pechos, culo, muslos…   hay mucho que atender y ella necesita mucha marcha, mucho entusiasmo.  Los fuertes toqueteos se mezclan con buenos besos, que la madura recibe entusiasmada. 

Tras un buen rato de roces por aquí y por allá, ella, que estaba de medio lado, se coloca boca arriba y se abre totalmente de piernas, impúdica e insinuante.   Ernesto se coloca de rodillas junto a la mujer para observar y trabajar mejor su sexo.   Ahora lo luce al completo, bien expuesto.

El hombre admira ahora el sexo grande que antes estaba aseando.   En los labios el vello es más escaso y permite que sean visibles, son como dos longanizas paralelas,  medios cilindros perfectos,  semiabiertos por la postura, mostrando un interior rosado y jugoso.   Ernesto pasa los dedos despacio, recreándose en el clítoris.  La mujer cierra los ojos y se deja hacer, relajada.

La visión del exquisito coño,  mojado, perfumadito, es una tentación.   Así que no vacila Ernesto, se tira al sexo en plancha,  pegando su boca y dando lengua a la madura con entusiasmo. Ella abre los ojos y da un respingo,  con  exclamaciones de júbilo.

-          Ahhhhhhhhhhhhh, ayyyyyyyyyyyyyyyyyyyy, Ernestito………que rico, asíiiiiiiiiii… nunca me habían hecho esto…. Que delicia….¡¡

Con la cabeza enterrada entre los poderosos muslos de la mujer,  Ernesto puede oír perfectamente las risas de las otras dos mujeres, que desde el salón contiguo han sentido los quejidos placenteros de Encarna.

A Ernesto le gusta comer coños, como buen amante que es.  Ahora succiona el clítoris,  lame,   escarba entre los entresijos del enorme sexo de la mujer.   Piensa dedicarle un buen tiempo, para que ella sea feliz,  pero la operación dura muy poco.  Ella está necesitada,  deseosa,  caliente al máximo,  el oral es una novedad también.  Todo ello conduce a que en apenas un minuto, la mujer sienta su primer orgasmo,  con fuertes contracciones y movimientos convulsos,  gimiendo de nuevo en voz alta.   El hombre no aparta la lengua y aumenta el ritmo mientras ella se corre y aumenta su lubricación,  toda empapada.  Ernesto lame sus deliciosos jugos y se aparta cuando entiende que ha terminado.

Se tumba ahora junto a ella, apoyado en un codo, mirándola.

-          Joder, Encarna, que guapa te has puesto, con el orgasmo, pareces otra

Cierto, la cara de la mujer se ha transformado.  Muy satisfecha,  una media sonrisa ilumina a su rostro, con mirada agradecida a Ernesto.  Muy tranquila y segura,  agarra el miembro masculino y lo acaricia con ternura.

-          Jamás había sentido nada igual, gracias, cariño..

-          ¿No te corrías con tu marido?.

-          Casi nunca, era un inútil total.

-          ¿Puedes sentir más de uno?.

-          No lo sé, ya te digo que con mi marido apenas sentía ni uno.

-          ¿Pero tienes ganas todavía?.

-          Muchas, muchas….ajajajajaa.

Está claro.  Si tiene ganas tras el primero, es que es multiorgásmica.  Ernesto deja que transcurra un tiempo que se relaje y vuelva la líbido de nuevo a su cuerpo.  Pero en realidad la líbido no se ha marchado.

Ella susurra ahora con voz de auténtica putilla.

-          Ernesto….¿Me la quieres meter?.

-          Bueno, yo no quería….pero si te empeñas….ajajajaa.

El humor también es bueno en el sexo.  Los buenos amantes lo practican.  Ernesto se vuelve a colocar entre sus muslos pero ahora es el duro falo, que parece de madera, el que ataca.   Y sin más espera,  embiste a la madura con un pollazo completo, introduciéndose totalmente dentro de ella.  Ahora es Ernesto el que gime….

-          Ahhhhhhhhhhhh, Augssssssssssssssssssss,  Encarna……. Pero que rico lo tienes, cielo… Es increíble que un coño tan grande por fuera, esté tan estrecho por dentro, que placer me das, putita mía…..Ayyyyyyyyyyyyy…..

Posiblemente la falta de uso de tantos años provoque ese estrechamiento vaginal, que hace que el conducto femenino se ajuste como un guante al pollón que le han metido.  Encarna vuelve a hacer uso del bueno humor…

-          Claro, claro… es que estaba muy cerrada,  seguro que con telarañas….ajajajaa.

Es otra vez es intención de Ernesto  deleitarse largamente, esta vez  con la penetración.   Es muy placentera y por eso bombea con cuidado y paciencia dentro de la madura.  Pero nada,  vuelve a ocurrir lo de antes,  la mujer al sentirse penetrada después de tantos años,   la dulce sensación de ese hombre joven, apuesto,  tan varonil,  puesto encima de ella,  le provoca otra vez una fuerte subida en las hormonas.  Nuevo orgasmo brutal.

-          Ahhhhhhhhhhhhh, cabronazo, que gustooooooooooooo,  así, así,  no cambies, eso, eso,  más, másssssssssss, yaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa…….

Nuevas risas de las amigas desde el salón.

Relajada de nuevo Encarna,  Ernesto la descabalga.    Su duda es si la mujer está dispuesta a seguir.  Se tumba otra vez a su lado y espera. Pasa bastante rato,  mientras ella parece medio dormida.   Pero no lo está, y sin abrir los ojos busca con su mano el miembro de Ernesto, que al no haberse corrido, sigue durísimo.

-          Que delicia, como aguantas, eh….   Que diferencia, el torpe de mi marido se corría nada más meterla, no me daba tiempo ni a mojarme. 

-          Tuviste mala suerte, ya veo.

Encarna manosea sin mucha experiencia el falo, pero a Ernesto aun así le resulta muy agradable la buena disposición de la mujeraza.

-          ¿Sabes, Ernesto…?  No sé si podré correrme otra vez, pero me apetece seguir un ratito más….

-          Como tú quieras, cielo.

Ernesto la hace incorporarse un poco y la pone de rodillas. Ahora la quiere penetrar a cuatro patas.   Esto es también otra novedad para ella.

-          Esto lo había visto solo en las películas….ajajaaa

-          Desde luego Encarna, solo te faltaba ser virgen….ajajaja.

La mujer se acomoda bien.  Apoya los brazos doblados y la cabeza en la almohada, dispuesta a aguantar lo que haga falta, con el culo expuesto.  La visión de las redondas y poderosas nalgas de la mujer es una visión exquisita para Ernesto.  Ella está algo gorda, pero no tiene nada de celulitis, es una piel tersa,  muy suave. La penetra otra vez, gozoso, bien agarrado a la cintura de ella.

Ahora sí, ahora la mujer, orgasmada dos veces ya no lo tiene tan inmediato y Ernesto se permite el lujo deseado, de follar sin prisas, disfrutando segundo a segundo, con un bombeo lento y persistente.  El conducto sigue estrecho, delicioso.  Entra, sale, aprieta,  se agacha para estrujar los grandes senos que cuelgan.   Un buen polvo, sin duda, de los mejores que ha tenido a pesar de haberse follado a tantas.  Cuando se la saca del todo,  mete la mano entre las nalgas y acaricia la larga raja que escurre continuamente líquido.  Ella emite un gemido ronco, pero tenue, sosegado.

Pasan así unos veinte minutos.  Ernesto se asombra de que la mujer aguante tanto en esa postura.

-          ¿Estás bien, Encarna, o quieres cambiar de postura?.

-          Estoy bien así, me gusta mucho…

-          No creo que sea mucho tiempo, querida,  no podré aguantar, estoy a tope…

-          Inténtalo otro poquito más, cariño, aguanta, porque creo que voy a conseguir el tercero…  Pero avísame cuando te corras, quiero sentir tu chorro dentro…

-          Vale, cielo, yo te aviso.

Ernesto sigue con el bombeo, más lento, para evitar correrse.   Otros cinco minutos.  Empuja ahora el culo de la madura hacia abajo, para que descienda algo. Ella abre las piernas más y así baja un poco, mientras él al contrario se levanta sobre las rodillas.  Lo que quiere conseguir Ernesto es que su polla quede casi vertical y así el roce en el punto G sea más intenso.   Insiste ahora en su movimiento, con la cabeza del miembro en la entrada de la mujer, buscando ese punto erógeno, una vez y otra…

Ahora sí, ahora,  la mujer lo consigue.

       - Eso es, síiiii, Ernestito,  no cambies el movimiento,  no pares….

La mujer comienza su tercer orgasmo y Ernesto avisa de que también ha llegado su momento.

        - Yo también, Encarna, toma, tómalo todo,  todo para ti…. Asíiiiiiiiiiii, me estoy vaciando, amor,   ahhhhhhhhhhhggggggggggggggggg……cielooooo….

La mujer estaba ya casi terminando y siente perfectamente la potente eyaculación, un fuerte chorro de esperma caliente  se deposita en la entrada de su vagina.  Al sentirlo,  encadena el ya casi extinguido orgasmo con otro, más tenue,  pero muy dulce también…

-          Ohhhhhhhhh, no puede ser, no puede ser…..No me lo creo, que tremendo...

Esta vez no ha gemido en voz alta.  Extenuada de tanto sexo, pero inmensamente feliz,   Ernesto la deja ya libre y ella se deja caer como muerta sobre la cama.    Si siente  muy puta y está contentísima de ello.

Tras otro breve tiempo de descanso,  ella se incorpora para asearse de nuevo.  Se viste, se coloca el peinado, se siente divina.  Mientras tanto, Ernesto se ha vestido también y abre las ventanas para que el dormitorio se airee, ya que el olor a sexo invade la habitación.

Al final vuelven al salón, donde las amigas están expectantes.  Al aparecer la pareja,  las dos aplauden.  Encarna sonríe abiertamente.

-          Encarnaaaaaaa…….¡¡¡.  Qué cara de felicidad tienes…jajajajaja. Te hemos oído correrte dos veces, jodía zorrona…ajajaja

-          Pues han sido tres…jajajaa,  y la tercera doble.  Pero  tranquilas,  que ya os tocará también a vosotras….ajajaja

-          ¿De veras, Ernesto?  ¿También nosotras?.

-          Pues claro, no quedaréis de adorno….  Mira el próximo martes que estoy libre, puede venir a visitarme Mª Luisa, ella sola,  no hace falta ya que vengáis todas.   Y el viernes,   espero a Francisca, no me falléis, eh….

Mª Luisa aplaude con  alegría.

-          Bien, Bien…. Se me harán bien largos estos cinco días que faltan… jajajaa.

 Francisca, la tímida,  no dice nada, pero sonríe levemente y asiente con un movimiento de cabeza.

Queda claro... ¿Cómo no va a tener Ernesto vocación de soltero?.

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