martes, 6 de diciembre de 2016

Jonás e Inés

Llevo casada con mi marido Andrés algún tiempo. Al ponerme a escribir lo primero que vino a mi mente fue la primera experiencia que tuvimos con otro matrimonio y el universo de sensaciones que aquella experiencia me proporcionó. Personalmente creo que fue algo realmente único. Pero tú, querido lector, eres el que decides. 

Hace unos meses, mi marido y yo aceptamos la invitación a la boda de una compañera de trabajo de él. Era en otra ciudad, así que decidimos que nos alojaríamos en un hotel.

El día de la boda yo llevaba un vestido ceñido, muy sexy, de color azul. Por supuesto sin sujetador y un mini tanga, azul también pero más oscuro. Yo sabía que se podía ver el contorno de la braguita bajo mi vestido y que iba a tener a mi marido loquito, mirando toda la noche. A Andrés le vuelve loco cuando visto alguna prenda que pueda llamar la atención de otros hombres.

Normalmente visto de un modo más conservador, más discreto, cuando voy a estar en público, pero como no conocía a ninguno de los asistentes a la boda, no estaba preocupada por mostrarme tan provocativa. Tengo que admitir que me encanta usar los mini tangas, cuanto más pequeñitos mejor. Me encanta encajarlo entre los labios y sentir el hilo en la entrepierna, frotando mi clítoris mientras camino. Cuando me siento, suelo cruzar mis piernas de un lado para otro provocando el viaje de la prenda, de un lado a otro a través de mi chochito. En ocasiones, incluso ha llegado a provocarme algún pequeño orgasmo. Algunas de mis amigas dicen que no les gusta usarlos porque son incómodos y les irritan, pero personalmente casi siempre llevo uno. Una vez que llegamos al banquete, nos sentamos en nuestra mesa y todo el mundo se presentó. Efectivamente todos los que compartían nuestra mesa eran perfectos desconocidos.

Nos sentamos al lado de una pareja que resultó ser de nuestra edad. Él se llamaba Jonás, y Andrés y él coincidieron en su pasión por el futbol y estuvieron hablando de deportes todo el rato.

Yo describiría a Jonás como guapo y muy simpático. Me llamaron la atención sus grandes manos fuertes. La esposa de Jonás, Inés, era la mujer más dulce que se pueda imaginar. Conversamos sobre cosas nuestras cosas, vestidos y otros temas más íntimos. Ella era muy inteligente, segura, atractiva y de fácil conversación. Andrés y yo hemos recordado varias veces lo afortunados que fuimos aquél día en conocer a Jonás e Inés.

Lo primero que llamó mi atención era que Andrés aterrizaba su mirada con mucha frecuencia y en profundidad en Inés. En un par de ocasiones, cuando pude, le comenté que Inés era muy linda para ver su reacción. Andrés estuvo de acuerdo y dijo que le gustaba mucho el vestido que llevaba.

Me reí y le apunté que creía que lo que en realidad le gustaba no era el vestido, sino lo que había debajo. Mi esposo se encontró sorprendido y desarmado, algo azorado no tuvo más remedio que asentir y decirme que le había pillado.

En los últimos dos años, Andrés y yo hemos empezado a hablar o supongo que fantasear durante el sexo en que estamos con alguien más. Comencé yo, durante nuestras relaciones, jugando a que una supuesta chica estaba con a nosotros, sabiendo que es la fantasía preferida de los chicos el estar con dos mujeres a la vez. Tengo que admitir que la idea de Andrés follando a otra chica no me desagradaba, no soy especialmente celosa. Y creo que Andrés lo intuía, sobre todo cuando vio cómo me mojaba cuando le hablaba de diferentes fantasías en las que le compartía con otras mujeres, aunque yo nunca le confesé directamente que aquello me excitaba.

Andrés siempre me satisfacía mejor cuando le proponía fantasear con algún tipo de historia con otra mujer, así que no hace falta decir que se convirtió en una parte regular de nuestra vida sexual.

Entonces Andrés también comenzó a fantasear en voz alta en la cama, fingiendo que estábamos con otro hombre, lo que me pareció intrigante, pero la verdad es que me parecía verle disfrutar más de la idea de verme a mí con otra mujer. Todo eran suposiciones, claro está, sólo fantasías.

Después de montar aquellos escenarios traviesos y sucios por algunos meses, Andrés mencionó la posibilidad de hacer realidad alguna de las fantasías. Le dije que nunca iba a suceder y que era sólo un modo de excitarnos sin poner en peligro nuestro matrimonio. Honestamente, se lo dije sin mucha convicción, dejando cierto resquicio a sus esperanzas, pero ciertamente no era algo que me obsesionara realizar en aquel momento.

Pero aquel día, en la boda, ya que habíamos hablado de estos tipos de fantasías llevadas a la realidad, después de hacerle el comentario de que lo que en realidad le gustaba era lo que había debajo del vestido, se me pasó por la cabeza la imagen de Andrés con Inés.

Durante la fiesta de la boda, después de la comida, comenzó el baile. Saqué mi lado más malvado diciendo a Andrés que Inés le había mirado muy coquetamente y que hablando conmigo me había confesado que mi esposo le resultaba en extremo atractivo.

Andrés no pudo evitar el gesto de satisfacción y se le escapó una mirada de deseo hacia ella. Mi esposo parecía captar mis secretas intenciones y comenzó a incitarme también, diciendo que Jonás había comentado, al notar que yo llevaba un mini tanga, lo caliente que pensaba que era aquella forma de insinuar la ropa interior. Aquello me puso instantáneamente cachonda.

Ambos reíamos y bromeábamos varias veces sobre nuestros compañeros de mesa. La tensión sexual se acumulaba en el ambiente y comencé a notar el hilo del tanga en mi clítoris. Parecía que iba a tener una buena noche de sexo con Andrés, pero no imaginaba lo que había de venir.

Mientras los gin-tonics caían uno tras otro, Jonás le preguntó a Andrés si no se molestaría si me sacaba a bailar y Andrés no dudó en invitarle a hacerlo enseguida. A los pocos segundos Jonás estaba sosteniendo mi mano y sacándome a la pista de baile. Fue una canción lenta y él me abrazó con algo más de proximidad de lo que hubiese sido normal con una desconocida. Jonás tenía al menos uno ochenta y siete de estatura, con un físico atlético.

Yo no me mostré remisa, todo lo contrario, colgué los brazos alrededor de su cuello y me encontré con mis senos contra su pecho, mirando a los ojos de Jonás por primera vez. Me sonrió y no pude evitar sonreírle también. Comentó lo hermosa que era, lo que me hizo sonrojar. Nos reímos. Luego le pregunté si era cierta la afirmación que había dicho mi marido sobre mi tanga, y entonces me vi sorprendida por su reacción. Sentí las manos de Jonás caer desde mi espalda hasta la parte superior de mis caderas y sus dedos bajaron un poco más, recorriendo a lo largo de la línea del mini tanga. Me sentí como si todos los invitados de la boda estuviesen observándonos pero, gracias a Dios, él rápidamente levantó sus brazos. Yo en ningún momento me mostré molesta por su tocamiento.

Él se disculpó. Me dijo que lo sentía, pero que no había podido resistirse. No sé por qué, pero traté de bromear con él y le pregunté si podía adivinar de qué color era el mini tanga. Sus ojos se abrieron de par en par y dijo "Tendría que ser del mismo color que tu vestido - azul". Me dio vergüenza que hubiese acertado, como si ya lo hubiese visto. De repente, me di cuenta de que había una protuberancia frotando contra mi estómago. Algo crecía bajo la bragueta de su pantalón contra mi estómago. Jonás estaba duro como una roca y me estaba haciendo notarlo, frotando su dureza contra mí. Le dije con voz de zorrita: "Supongo que te gusta el color azul" y se rió. Me estaban encantando aquellos momentos prohibidos, repletos de sexo contenido con un extraño y con nuestras parejas sentadas en la mesa, seguramente mirándonos.

Jonás contestó que le encantaba el azul y de nuevo dejó caer sus manos a mi mini tanga, frotando su mano a lo largo de los elásticos y a lo largo de cada lado de mis caderas. No lo detuve tampoco y sentí que mi coño empezaba a hormiguear. No podía creer lo excitadísimo que estaba Jonás, el pollón que había crecido entre nuestras tripitas, pude notar mis jugos empezando a fluir en la raja.

La canción terminó y me separé de Jonás para regresar a nuestra mesa. Me reí de cómo Jonás inmediatamente metió la mano en su bolsillo para tratar de esconder el notable bulto en sus pantalones. En el camino de regreso a nuestras sillas, Jonás bromeó lo mucho que amaba el color azul y nos reímos. Con una risa cómplice.

Me preguntaba cuánto habían visto Inés y Andrés y qué habrían pensado, o qué se habrían dicho. Me sentí un poco culpable sabiendo que había excitado a otro hombre que no era mi esposo.

Una vez de vuelta en la mesa, vi que Andrés se había colocado en otra silla y ahora estaba sentado al lado de Inés, me pareció normal. Estaban hablando, riendo y apenas se dieron cuenta de nuestro regreso. Mmmmm, me parecían demasiado entretenidos y divertidos, cuando por un momento creí que estarían enfadados por la forma en que su esposo y yo habíamos bailado. He de confesar que me puse un poco celosa, pero tenía aún una maravillosa sensación entre las piernas, que me gustaba y no quería que desapareciera.

Comenté antes de llegar a nuestra mesa con Jonás cómo Andrés y Inés parecían estar pasando un buen rato juntos. Andrés se volvió hacia mí y en voz baja me susurró con entusiasmo que Inés le había confesado que ella y Jonás cambiaban de pareja de vez en cuando. Me quedé asombrada y no podía pensar en nada que decir. La cosa empezaba a complicarse y un cosquilleo me colonizó de nuevo el vientre.

Después de un tiempo, Jonás dijo que iba a salir a fumar un cigarro e invitó a Andrés a salir con él. Andrés aceptó. Entonces sucedió algo que me impactó tremendamente. Jonás le pasó un puro a Inés. Inés cogió el puro tras deslizar su silla un poco escondió el puro bajo su vestido. No podía ver lo que estaba haciendo bajo la mesa, pero cuando volví a ver el puro, alrededor de la boquilla, una franja del cigarro estaba húmedo. Creo que la puta se había metido el puro en el coño. Miré alrededor de la mesa, junto a nosotros cuatro había seis personas más. Nadie parecía haber intuido lo que ella hizo excepto yo, Jonás y Andrés. Miré a Andrés y él sonreía con lujuria hacia Inés. Jonás preguntó si Andrés estaba listo y se levantaron y salieron. Me incliné hacia Inés y le pregunté si ella había hecho lo que yo creía que había hecho. Ella me explicó que a Jonás le gustaba que "condimentase" su cigarro y fumarlo sintiendo el sabor de su coño.

Luego, envalentonada por la confidencia me confesó que Andrés le había dicho lo hermosa que era y que probablemente iba a estar pensando en ella cuando tuviese sexo conmigo.

Inés era tan dulce que aquel comentario, que hubiese enfadado a cualquier esposa, no sólo no me molestó, sino que me puso más cachonda. No acababa de creer que Andrés le dijera aquello, ya que por lo general es muy reservado y discreto.

Después mi nueva amiga me comentó que ella y Jonás habían tenido algunas experiencias intercambiando sexo con otras parejas y que ambos realmente disfrutaron llevando sus ensueños a la realidad en lugar de fantasear al respecto.

Me sentí un poco incómoda hablando sobre el tema, pero le dije que Andrés y yo habíamos estado fantaseando sobre ese tipo de cosas durante varios años. Inés dijo "así es como todo comienza". Ella me explicó que la mayoría de la gente piensa que los que hacen ese tipo de cosas son enfermos, locos del sexo, pero que en realidad no es algo egoísta, ella no lo veía así. Incluso me informó acerca de un sitio web para encontrar gente que busca ese tipo de contactos.

Se habían reunido con varias parejas jóvenes y atractivas y habían tenido algunas experiencias realmente memorables.

Matizó que siempre practicaban el sexo de forma segura, con condón, a pesar de que los hombres gustan a menudo de dejarlo, ellos siempre lo usaban cuando mantenían relaciones fuera del matrimonio. Yo estaba colgada, absorta, con mi atención al máximo en cada una de sus palabras. Ella respondía amablemente a cada una de las muchas preguntas que se me fueron ocurriendo y que le iba haciendo.

La forma en que Inés me explicó todo el concepto me hizo sentir que la idea no era tan descabellada. Le dije que estaba intrigada, pero nunca había admitido la posibilidad de llevar nuestras fantasías a efecto. Inés me confesó que se había dado cuenta de las atenciones de su marido hacia mí mientras yo bailaba con él. Me reí y le dije que ella lo conocía bastante bien, mi mini tanga había sido objeto de las caricias en las yemas de sus dedos.

Ella era un poco más alta que yo y tenía una figura muy agradable. A pesar de que el hablar acerca de cómo su marido me había tocado era un tema delicado, habíamos mantenido la conversación de una forma totalmente cómoda. No podía creer que acabara de decirle que su marido había recorrido mi mini tanga sobando mi culo mientras ella charlaba con Andrés y que ni siquiera se hubiese mostrado un poco celosa. Me sentía tan excitada que mi mente se negaba a seguir con la idea que nacía, pero mi cuerpo me pedía ir adelante, pasar a la batalla. No podía olvidar que mi vientre ya había sentido la dureza del miembro de Jonás.

En unos minutos Jonás y Andrés regresaron a la mesa. Andrés me dijo que Jonás le había confesado que había disfrutado muchísimo su baile conmigo y que le había pedido permiso para repetir.

No soy tonta. Supe que no era Jonás, sino mi propio esposo, Andrés, el que deseaba verme de nuevo bailar con su nuevo amigo, y quedarse a solas con Inés.

Me puse de pie, levanté la mano y le pregunté a Jonás "¿quieres bailar conmigo de nuevo?". Jonás sonrió y me agarró la mano. Fuimos a la pista de baile y bailamos tres canciones rápidas. A pesar de estar separados, él se las apañó para rozarme con su mano. Pero cuando el DJ cambió a una canción lenta el ejercicio físico de los anteriores bailes nos habían hecho sudar. Caí en los brazos de Jonás y en esta ocasión él volvió a mi mini tanga a los pocos segundos de unirnos, dejando caer una mano casualmente y sobando más descaradamente mi culo. Lo hizo de forma tan evidente, tan indisimulada, que supe que ni siquiera necesitaba mi permiso. Me sentí indefensa y entregada, sobre todo sabiendo que nuestras parejas nos observaban desde la mesa.

No me opuse, no dije una palabra. Mientras bailábamos pegados como un sello y el sobre, sentí crecer de nuevo su paquete. Lo miré y le dije: "Alguien se ha despertado de nuevo". Jonás sonrió y me dijo que lo estaba volviendo loco. Mi coño estaba hormigueando de nuevo y podía sentir mis jugos fluyendo. Estaba realmente preocupada si mi mini tanga podría mantener tanta humedad. Traté de evitar los pensamientos sexuales, fantasías con Jonás y le dije que pensaba que Inés era una niña muy dulce.

Jonás me aseguró que Inés era una gran esposa y porfió de cuánto la amaba. Pensé para mí que este hombre que apoyaba su miembro erecto contra mi vientre y a la vez proclamaba su amor por ella era un tipo totalmente diferente del individuo medio anodino y vulgar. No podía negar que Jonás me había cautivado.

Los pensamientos surcaban como estrellas fugaces mi mente. No podía creer que estuviera contemplando seriamente la idea de hacer algo él. En cierto momento, incluso pensé para mí misma "¿qué diría mi madre si me viese ahora?".

Entonces decidí que pasara lo que pasara aquella noche, quería asegurarme de que la decisión no tendría nada que ver con beber demasiado alcohol y terminar haciendo algo que lamentara por el resto de mi vida.

Terminé el baile con Jonás y volví a la mesa. Mi corazón palpitaba de excitación mientras caminaba, podía sentir que mi entrepierna estaba empapada. Mirando hacia abajo, vi que mis pezones estaban tan duros como la polla de Jonás. ¡Casi salían de mi vestido apretado como borradores de lápiz!

Me asaltó algo de vergüenza y por un momento deseé haberme puesto sujetador, pero recordé lo que Inés me había estado diciendo.

¿Qué malo había en todo aquello? Todos éramos adultos. Todos sabíamos lo que estábamos haciendo. Todos parecíamos querer lo mismo. Jonás e Inés parecían estar completamente enamorados el uno del otro después de estar con otras parejas. Demonios, parecían ser más felices que todos mis amigos.

Cuando volvimos a la mesa, Inés se volvió hacia mí y sus ojos se dirigieron inmediatamente a mi pecho. Miré hacia abajo como si no supiera lo que estaba mirando y no sabía qué decir, así que solo le sonreí. Inés me sonrió y dijo: "Creo que habéis disfrutado del baile". Me reí nerviosamente y le susurré al oído: "recuerda lo que me dijiste antes, Jonás ha vuelto a sentir mi culito y la tira del tanga". Inés se echó a reír.

Yo anuncié que tenía que ir al hotel, a la habitación, para tomar una medicina que había olvidado coger e Inés se ofreció a acompañarme. Ellos tenían habitación en el hotel también, pues venían desde Murcia. Así pues, la celebración de la boda y nuestras habitaciones estaban en el mismo hotel. En el camino, le dije a Inés lo caliente que Jonás me había puesto y que iba a ser difícil que se me pasase así como así. No puedo describir con palabras lo dulce que era aquella chica.

Me aseguró que no tendría ningún problema hiciera lo que hiciera con su marido, no iba a ser la primera vez en ver a Jonás con otra mujer. Le pregunté directamente "¿quieres follar con Andrés?" Ella se rió y dijo "Me encantaría. La pregunta es si él quiere también " No dudé en decir "Creo que sí”. Las dos nos reímos. Ella entonces dijo "¿de verdad, Lexi, estás dispuesta a ver a tu marido acercarse y sumergirse en mi coño, y verlo joderme como si fuese la única mujer en la tierra?"

Mi coño comenzó a hormiguear de nuevo y mis pezones no se calmaban ni a tiros. Le dije: "Inés, no puedo creer que te pida esto, pero por favor, fóllate a mi marido esta misma noche" Inés respondió "sólo si tú te follas al mío".

¡Joder!, no me esperaba aquella forma tan dura en una chica tan dulce y se me empapó el coño de inmediato. Inés me había pedido que jodiese con Jonás clara y rotundamente.

Mi entrepierna estaba goteando de nuevo, le dije que me encantaría. Estaba nerviosa y emocionada al mismo tiempo. Estábamos solas en el baño y le pregunté si ella había estado alguna vez con otra mujer. Inés me dijo que nunca había estado con otra mujer y me preguntó si la razón por la que le había hecho la propuesta era porque yo era bisexual.

Le expliqué que no, pero le conté que cuando tenía unos 13 años, mi mejor amiga y yo nos besamos la lengua tratando de prepararnos para besar a los chicos que nos gustaban. No queríamos parecer inexpertas ya que éramos más jovenes que ellos y realmente no teníamos experiencia en absoluto.

Aquellas prácticas con mi mejor amiga se extendieron en el tiempo, en varias sesiones de besos en la boca en las que sin duda nos habíamos excitado mutuamente. Nos habíamos reído, pero siempre me había perseguido la pregunta de si yo era en realidad bisexual o no.

Inés se rió y me confesó que nunca había besado ni tocado a otra mujer. Luego, mirándome a los ojos me dijo que si quería besarla, intentaría probar. "Jonás probablemente se volvería loco si me viera besarte" me dijo. Le contesté que si iniciaba un beso con ella aquella noche, en algún momento, eso significaría que Andrés y yo estábamos dispuestos a todo. También le dije que estaba bastante segura de que podría convencer a mi esposo. Inés una vez más rió y dijo "oh sí, sé que Jonás lo está deseando”.

Entonces vino una bomba de carga en forma de comentario de la chica, me confesó que mi esposo había metido su mano bajo la mesa y acariciado sus piernas mientras nosotros bailábamos.

Le pregunté que qué es lo que había hecho ella. “Lo único que hice – me dijo- fue separar mis piernas para poder sentir lo caliente que es tu marido. Y créeme que lo he comprobado".

No daba crédito, no podía imaginar que Andrés hubiese estado tan atrevido. Le pregunté de nuevo a Inés:"¿metió su mano bajo tu vestido?" Inés me explicó que había deslizado su mano hasta “el final” varias veces y que frotó los dedos contra su tanga y por debajo de la braguita en su sexo. “el lado de su mano derecha debe olerle aún” dijo sonriéndome y mirándose hacia la entrepierna.

Caminamos de regreso a nuestra mesa donde Jonás y Andrés nos preguntaron lo que habíamos estado haciendo tanto tiempo. Ambas nos reímos “cosas chicas”.

Jonás nos ofreció dejar el baile e ir a su habitación para tomar algo allí, más íntimamente. Andrés no estaba de acuerdo, pretendía quedarse allí más tiempo y que yo bailase de nuevo con su nuevo amigo, pero yo me mostré interesada e insistí en aceptar. Jonás nos dio su número de habitación: “No discutáis ahora. Hablarlo a solas y si queréis. Os estaremos esperando”. Jonás e Inés nos besaron y se perdieron por la moqueta del hall camino de su habitación.

Mi esposo y yo volvimos a nuestra habitación y le pregunté si realmente quería ir. No dudó en decir que sí. Comencé a hablar con él acerca de nuestras fantasías de dormitorio y le expliqué, que si íbamos a aquella habitación, iba a suceder pero no en fantasía.

Andrés parecía nervioso, dijo: "realmente, ¿lo harías?"

Le pregunté si él quería que lo hiciera y él contestó: “depende de ti".

Agarré su mano derecha y acerqué los dedos hasta mi nariz, inhale profundamente. Su mano tenía un ligero olor a coño semejante al mío. Andrés estaba extrañado y dijo "¿qué haces?". Le expliqué lo que Inés me había contado en cuanto a sus tocamientos. Él se defendió diciéndome que vio a Jonás poniendo la mano en mi culo mientras bailaba y que yo no me había resistido. No pude aguantar más. Guié su mano por mi muslo hasta tocar mi entrepierna empapada y sus ojos se iluminaron. Él dijo "Joder Lexi, estás chorreando” me miró como si acabara de decirle que iba a comprarle una corbata nueva para Navidad. Le pregunté "¿estás listo?" Y dijo "vamos allá".

Camino de la habitación de nuestros amigos, Andrés me confesó que le había dicho a Jonás lo caliente que era lo que su esposa Inés había hecho con el cigarro. Nos detuvimos en el pasillo, lo besé profundamente y puse mi mano en su entrepierna.

Llegamos a la habitación 202 y Jonás nos esperaba con las bebidas preparadas, el muy cabrito sabía que íbamos a aparecer. Me acerqué a sentarme junto a Inés. La complicidad que había nacido entre nosotras era realmente difícil de explicar, en tan poco tiempo.

Nadie se atrevía a romper el hielo así que decidí tomar la iniciativa. Inés y yo nos miramos por un segundo y luego me acerqué a su boca para darle el beso en el que habíamos quedado. La besé apasionadamente. Fue un beso largo, muy largo. No resistí la tentación y mis manos recorrieron su cintura para precipitarse por las caderas hasta las esferas del hermoso trasero. Mi sorpresa fue que Inés deslizó su mano entre mis piernas, acariciando sobre el tanga azul los labios hinchados de mi sexo, que ya llevaba dos horas mojando sin parar.

Desnudé el pecho derecho de la chica, deslizando esa parte de su vestido y comencé a jugar con la uña de mi dedo índice en su pezón.

Sabía que los chicos nos miraban y eso dotaba a aquella sibilina sorpresa de un morbo indescriptible. Me había negado a mirarlos mientras completábamos la sorpresa del encuentro, pero finalmente rompimos el asilamiento y ambas miramos a nuestros maridos.

Andrés y Jonás se habían sentado en la cama uno al lado del otro, sosteniendo sus bebidas. Creo que se habían sentado por no desmayarse, ambos con la boca abierta y la incrédula mirada depositada en sus mujercitas.

Les sonreí. Si creían que aquello era todo, estaban en un grave error. Comencé a chupar el pezón de Inés y ella no pudo evitar dejar escapar el primer gemido, algo tímido, de satisfacción.

Me sentía dominadora del momento, del tiempo, del clímax. Inés me había confesado que nunca había estado con una chica, pero su gemido, su excitación me habían confirmado lo que yo ya suponía. Le gustaba.

Los chicos estaban en una de las camas y yo la empujé hacia la otra, ya que el dormitorio era de dos camas. Me subí a horcajadas en Inés, con el culo hacia los chicos.

Me estorbaba el vestido, quería desnudar mi cuerpo para Inés y para encender los deseos de nuestros maridos, pero no quería levantarme de mi montura y arruinar la magia del momento, así que baje la parte superior hasta la cintura, dejando expuestos mis senos y después, lentamente, muy lentamente, tiré de la parte inferior hasta dejar toda la prenda por encima de la cadera. Todo lo hice sin dejar de lamer y juguetear con mi lengua en el pezoncito duro de Inés.

Me sentí recompensada cuando sentí una mano tirar de mi mini tanga. No podía ver si era Jonás o mi marido, pero una mano me tocaba el coño. No me importaba quién fuera. Permanecí en la posición, inclinada sobre mi amiga, cuando el dedo juguetón de aquella mano comprobaba como mi coñito supuraba de excitación.

Saqué el vestido de Inés por encima de su cabeza y desabroché el sostén para liberar sus hermosos pechos. Seguí comiendo aquellos suculentos pezones rosados ​​y me detuve varias veces para besarla en la boca. Inés tomó por primera vez la iniciativa y me empujó hacia arriba devolviéndome mis atenciones y recorriendo con su lengua los míos.

Yo estaba de espaldas a los chicos pero me di cuenta de que también la tocaban a ella, porque sus caderas me indicaban el frenesí que los chicos provocaban entre sus piernas.

Inés estaba cimbreándose bajo mi peso y sus movimientos no significaban otra cosa. Quería ser follada.

Le pregunté a Andrés, sin mirarle: “Cariño, ¿has traído alguna gomita?”. Oí su “sí” detrás de mí.

“Póntela” Le dije “y mete tu cosita dentro de ella. ¿No ves como está?

No me moví de donde estaba en lo alto de Inés, seguí lamiendo sus tetas y dejando que lamiera las mías.

Pero de repente supe que estaba siendo empujada por los topetazos de mi esposo que ya estaba dentro del joven coñito.

Inés encogía sus piernas, abriéndose hasta chocar con la parte de atrás de mis muslos, se agarró los muslos para sostenerlos en el aire, para permitir que Andrés entrara su pene hasta lo más profundo de ella.

Mi esposo empezó a golpear contra mi culo apoyado en el estómago de Inés. Las manos de Andrés se sujetaban en mis caderas, ¡pero su polla estaba dentro Inés !! Ufffffffff. Aquello me volvía loca.

Era mi marido, era la primera vez que se follaba a otra delante de mí. Y no sólo no me importaba, sino que me volvía chiflada sentir como me apretaba las caderas mientras se la metía cada vez en empujones más rápidos. Y todo mientras le lamía los pezones oyendo como gemía con el trabajo de mi esposo y con el mío.

Después de unos cinco minutos, sentí que Andrés se retiraba. Supe que había sacado su polla del coño de Inés porque de repente la sentí dentro de mí y comenzó a cabalgarme. Me estremecí de placer y cerré los ojos. Mi almeja necesitaba aquello desde hacía un buen rato.

Inés acariciaba mi pelo, dulcemente, como dulce era ella, y me preguntaba si me sentía bien. Nunca en mi vida había estado tan a gusto y jamás podré describir con palabras cómo me sentía.

Abrí los ojos y la miré. Inés comenzó a tirar lentamente de mi cabello, haciendo que mi cuello se inclinara hacia atrás. Era como si conociera mis pensamientos y mis deseos más íntimos. El pene de mi esposo me parecía más grande que nunca y en ese momento, sin poder evitarlo, tuve el orgasmo más intenso que he sentido jamás.

Andrés frenó sus empujes para permitirme disfrutar de mi clímax. Sentí que todo mi cuerpo temblaba y mis jugos no parecían dejar de fluir. Fue tan largo que me sentí como si estuviera orinando. Inés me abrazaba, como compartiendo mi orgasmo, y en las ultimas convulsiones me besó la boca.

Yo no podía hablar, me desplomé y descansé mi cabeza sobre sus tetas.

Seguí diciendo "oh mi Dios" una y otra vez. Inés me acariciaba la melena como si fuera un bebé y me preguntó si estaba bien. Asentí con la cabeza.

Inés de repente se tensó. No sé quién era pero creo que eran los dos, su marido y el mío los que le estaban comiendo el coñito. Ella gimió durante minutos, y cuando llegó su clímax provocado por las lenguas glotonas de los chicos, le sostuve la cabeza y le besé en la boca, tal y como ella había hecho conmigo.

Entonces rodé hacia el lado de Inés. Vi a Jonás de pie delante de mí y él se agachó y me abrió las piernas. Me miró sonriendo. Ahora su polla no estaba dentro de los pantalones, como una hora antes cuando me la hizo sentir mientras bailábamos. Acercó el glande lentamente. Mi coño aún estaba tan mojado que el pene entró dentro de mí como el cuchillo en la mantequilla. Se inclinó sobre mí, poniéndome los brazos a cada lado, mientras deslizaba dulcemente dentro y fuera de mí aquel hierro caliente.

Miré hacia Andrés. Estaba sentado en la otra cama viendo a Jonás follarme. Inés se puso de rodillas y pidió a Andrés que viniera y se acostara. Obedeció.

Ahora mi esposo estaba acostado junto a mí, pero no en paralelo. Su polla estaba a muy cerca de mi cabeza. Inés se sentó a horcajadas y se metió en el coño la polla de mi marido. Resbaló sobre su dureza y empezó a cabalgarlo exasperadamente lento. Jonás todavía estaba follándome, pero mi atención se fue hacia Inés. Jonás me pidió que me tumbase boca abajo mi cabeza quedó casi tumbada en el pecho de Andrés mientras observaba cómo su pene desaparecía y reaparecía en el coñito de mi amiga mientras ella lo montaba. ¡Era tan hermosa! Admiraba su cuerpo perfecto y observaba las manos de Andrés sosteniendo sus pechos y jugando con sus pezones. Me acerqué y puse mi mano alrededor de la base de la polla de mi esposo e Inés comenzó a chocar con su coño en mis dedos. Ella, al bajar, bailaba su coño en la polla de Andrés y sobre mi mano. Inés dijo en voz alta: "Me encanta tu polla Andrés" y un segundo después dejó escapar un grito y bajó la cabeza. Giró sus caderas en un movimiento circular. Andrés se estaba corriendo dentro de ella. Mi amiga entonces separó el coño de mi de mi mano, sin sacarse la polla de Andrés. El esperma salía a borbotones tras el orgasmo y me llegaba a los dedos. Saqué mi mano para oler su semen. Hice algo que no sabía si iba a gustar, pero que me apeteció en ese momento. Puse mi mano manchada del esperma de Andrés en la boca de Jonás mientras apoyaba la cabeza en mi hombro y le hice lamer. Entonces sentí a Jonás colocando su polla entre mis piernas por detrás. “voy a follarte el culo, puta”. Yo acepté y le susurré: "tómalo".

Mi cabeza seguía apoyada en el pecho de Andrés. Abrí mis piernas de par en par para Jonás, él puso un brazo a cada lado de mí para sostenerse firmemente y me sodomizó con contundencia. Sentí una palmada con cada empuje y sus bolas golpeando, me gustaba.

Oí a Andrés soltar un gruñido mientras yo alargaba la mano y paseaba los dedos por su pelo mientras él disfrutaba con Inés. Mis sentidos predecían la llegada de otro orgasmo. Jonás era como una máquina, follándome sin parar con poderío. Todo lo que hice fue concentrarme en aquellos testículos que golpeaban mi culo tras cada envestida

Y entonces me vino el segundo orgasmo. Me clavé las uñas en las piernas mientras las retiraba lo más lejos posible. El orgasmo no fue de la intensidad del primero, pero sí más intenso de lo habitual. Cuando mi cuerpo comenzó a relajarse, Jonás de repente se enterró completamente dentro de mí culo y mantuvo su polla allí. Sentí que su pene se hinchaba y entonces llegaron sus palpitaciones mientras liberaba su semen. Sentí como nunca antes había sentido una polla soltando la leche. Me encantó la forma en que me aplastaba bajo su peso y cómo su polla me llenaba el ano perfectamente. Era una polla un poco más gorda que la de Andrés y creo que un poco más larga también. Luego se retiró y relajé mis piernas sobre la cama.

Miré a Jonás y lo vi sacar cuidadosamente su condón y sujetarlo por encima de mis pechos. Apretó y la carga de semen resbaló por todo mi pecho mientras me miraba con lujuria. Lo que no esperaba es que Inés hiciera lo siguiente. Se inclinó y lamió buena parte del semen de su esposo sobre mí. Yo, más por imitación que otra cosa, limpié algunas de las gotas con mi dedo y chupé mi dedo como un chupa chup. Andrés estaba acostado allí viéndonos disfrutar.

Inés lo miró allí tan quietecito, se acercó a mi esposo y comenzó a limpiar la polla de Andrés. Recorrió su lengua arriba y abajo del leño, todavía algo duro y finalmente lo enterró su boca.

Miré con asombro. Yo nunca había hecho algo así, después de un orgasmo de mi esposo. Rápidamente fui hacia Jonás y procedí a limpiar su aparato. Seguí mirando a Inés mientras me enseñaba sin saberlo. Imité su técnica. Tengo que admitir que miré a Inés como si fuera una estrella de rock. Las habilidades de Inés y la energía sexual estaban en un nivel diferente, en otro escalón muy superior.

Terminamos de limpiar y quedamos tumbados en la cama, todos juntos.

Yo caí fulminada por el sueño, no sé cuánto tiempo, pero sé que desperté con la polla de Jonás en mi mano. Estaba explorando cada centímetro de mi cuerpo y sentí ese hormigueo familiar de la excitación. Todo podía haber sido un sueño, pero no. Podía oír a Andrés e Inés moverse y gemir. Mi esposo seguía disfrutando de aquella ramerita.

Me preguntaba qué estarían haciendo exactamente. Mi mente se aceleró al comprobar que Inés iba a satisfacer de nuevo a mi marido. Rápidamente decidí ignorar aquello y disfrutar de mi nuevo amante Jonás. Fue una larga noche. Jonás y yo disfrutamos de largas sesiones de sexo oral y me jodió dos veces. Cada vez que lo hizo me dio en el culo. Me gusta el sexo anal. Mi coño estaba dolorido y en llamas. No pude dormir mucho, pero no me quejé.

Me desperté por la mañana e inmediatamente miré a Andrés y Inés. Ambos estaban profundamente dormidos y Andrés tenía los brazos envueltos alrededor de ella por detrás. Sonreí sin rencor por su satisfacción y miré a Jonás. Roncaba ligeramente y me di cuenta de que su mano sostenía mi pecho. Miré a la mesita de noche y vi tres condones utilizados.

Me levanté y fui al baño donde traté de ponerme presentable. Volví a la cama. Todo el mundo empezó a despertar y decidimos ir a desayunar. Andrés y yo nos vestimos y les dijimos que los encontraríamos en la planta baja después de que nos pusiéramos ropa limpia.

Nos dirigimos a nuestra habitación y en el camino Andrés me preguntó si estaba bien. Le dije que sí y le pregunté lo mismo. Andrés también dijo que había sido totalmente increíble.

No me arrepiento de la decisión que tomamos de vivir nuestras "fantasías" con aquella pareja. Como Inés me había dicho, no es algo que pueda hacer cualquiera. Es más, yo creo que algo así podría arruinar a otros matrimonios. Pero para Andrés y para mí no fue algo tan loco. 

Mientras nos duchábamos juntos y el jabón hacia que nuestras pieles resbalaran la una contra la otra, le pregunté a Andrés si le gustaría verme follada por dos o tres chicos. La idea de tener varios chicos, todos sobre mí mientras mi marido se ve obligado a ver, es algo con lo que he fantaseado a menudo

Andrés sufrió una erección automática y me pregunto si era una fantasía o si realmente quería hacerlo.

Lo que le dije y lo que sucedió será algo que sabréis en otro relato.

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