domingo, 11 de diciembre de 2016

Casanova

Casanova: El despertar

Vamos, chico, levanta de ahí, y tú, túmbate en la cama.

Ambos obedecimos sin rechistar. Loli se tumbó sobre las sábanas y curiosamente, se tapó el pecho con un brazo y el coño con la otra mano, como si de pronto todo aquello le diese vergüenza. ¡Manda huevos!

Mi abuelo se inclinó y con delicadeza puso los brazos de Loli junto a sus costados mientras le daba un beso en la frente.

Tranquila mi niña, lo que ha dicho es verdad.

Loli sonreía como una niña. Yo, en cambio, tenía pensamientos muy poco infantiles. Había decidido dejar mi picha por fuera del pantalón, porque me gustaba mucho ver cómo Loli desviaba de vez en cuando los ojos hacia ella, me hacía sentir mayor, no sé.

Bueno, Oscar, aquí tienes uno de los más bellos ejemplares de mujer que podrás encontrar. A lo largo de tu vida verás otras y aunque todas se parecen en lo físico, cada una de ellas es en realidad todo un mundo que explorar.

Mi abuelo pasó a explicarme los pormenores del cuerpo femenino, usando como modelo la maravilla que había en mi cama, de la misma forma que Dicky usaba el mapamundi para explicarme geografía, sólo que esta materia me gustaba (y me gusta) infinitamente más. Me habló de los pechos, los pezones, los muslos, el monte de Venus (me encantó esa expresión)...

...La mujer está compuesta de infinidad de zonas erógenas, y hay que saber cuales son las que le gustan más a cada una. Por ejemplo, a Loli le encanta que le besen y acaricien el cuello ¿verdad? .........

Abuelo, ¿y cómo se sabe eso? Lo sabrás, tranquilo, probando y aprendiendo. La experiencia es un grado.

Genial.

Pero hay una zona que a todas les encanta.

¿Cuál? El coño, aún no he encontrado una mujer a la que no le guste que le estimulen el chocho.

¿Cómo? Con cualquier cosa, un dedo, una mano, lo que se te ocurra. A veces he usado incluso un palo o un pepino. Pero lo mejor, lo más satisfactorio, es hacerlo con los labios y con la lengua.

¿Con la boca? Sí, es muy placentero, tanto para la mujer como para el hombre.

¿En serio?

Mi abuelo se acercó a mi oído y me dijo:

Recuerda lo de esta mañana.

......

Siguió hablándome durante una hora al menos, de las mujeres, del sexo, de cómo saber si una mujer está excitada mirándola a los ojos, o mediante las señales externas, dureza de los pezones, hinchazón de los labios vaginales, humedad entre las piernas, me explicó lo que era el clítoris. Fue así como me di cuenta de que Loli estaba terriblemente excitada.

¿Ves?, eso es el clítoris.

Abuelo...

¿Sí? Ya no puedo más.

Pues verás ahora. Ven.

Me llevó hasta los pies de la cama e hizo que Loli se abriera bien de piernas.

Ahora vas a saber a qué sabe un coño.

Me hizo colocarme entre las piernas de Loli. Pude sentir la fragancia que de allí surgía, era el mismo olor que había en la habitación, pero mucho más fuerte. No hay nada en el mundo como el aroma de mujer.

Torpemente, acerqué una de mis manos hacia la espesa mata de la chica, fue tocarla y un estremecedor espasmo recorrió su cuerpo y pareció contagiarse a mi pene. Era increíble, por la mañana yo era sólo un niño, y por la tarde estaba entre las piernas de una hermosa mujer.

Acerqué mi cara y aspiré profundamente. Tenía el pito tan duro que hasta me dolía. Miré detenidamente el coño que ante mí se abría, era maravilloso, los labios, sonrosados, se mostraban entreabiertos, dejando adivinar el oscuro hueco que ocultaban. Los acaricié con la punta de mis dedos y poco a poco introduje uno entre ellos.

Aahhhh. Dioosss.

¿Te gusta? Lámelo, le gustará mucho más - dijo mi abuelo.

Sin pensármelo más, posé mis labios sobre el coño, estaba muy caliente. Recordé lo que había visto por la mañana, así que comencé a recorrerlo de arriba abajo con la lengua.

Aahhhhhh - gemía Loli.

Me concentré en seguir las instrucciones del abuelo, le separaba los labios con los dedos y metía mi lengua en su interior, moviéndola hacia los lados. Chupaba y tragaba los flujos que de allí brotaban. Subía y lamía el clítoris, dándole delicados mordisquitos, lo que parecía volver loca a Loli.

Oooohhh. Así, así...

En estas estábamos cuando mi abuelo me separó de aquel volcán y me dijo con voz queda:

Así es una mujer excitada.

Miré a Loli, estaba como poseída. Se estrujaba los pechos con las manos, se tironeaba de los pezones, se acariciaba el cuerpo, la cara, el cuello, se metía un dedo en la boca y lo chupaba. Estaba ardiendo.

Una mujer es este estado hará cualquier cosa que le pidas. Recuérdalo.

Yo asentí con la cabeza y volví a sumergirme en las entrañas de Loli.

Así, cabrón, no pares, no pares máaaaaas...

De pronto el cuerpo de Loli se tensó. Su coño pareció contraerse, se puso aún más caliente.

Me corro, me corrooo...

Yo seguía pegado a ella como una ventosa. Cada vez salía más líquido del aquel glorioso chocho y yo intentaba chuparlo todo.

Síiiiii.

Loli alzaba la voz cada vez más, así que mi abuelo se sentó junto a ella y la besó. Alcé los ojos, y desde mi posición, mirando a través de las tetas de Loli, vi cómo la muy zorra mordía los labios de mi abuelo.

Por fin Loli se relajó, pareció apoderarse de ella una extraña laxitud.

¿Ves? Así es como se corre una mujer.

Increíble, abuelo - dije mientras miraba hacia abajo y veía mi polla a punto de estallar.

Tranquilo, Oscar. Déjala reposar unos instantes y enseguida se ocupará de ti.

Eso espero, abuelo. Empieza a dolerme.

Lo sé hijo, lo sé. Verás, te he torturado un poco a posta.

¿Por qué? Para que no olvides esto jamás. Lo increíbles que son las mujeres.

No lo olvidaré.

Estoy seguro - dijo mi abuelo mientras me revolvía el pelo cariñosamente.

Abuelo, ¿las mujeres se quedan siempre así tras correrse? No, hijo. Verás, la situación hoy era muy erótica y eso incide en la excitación de la persona, eso sí lo sabes ¿verdad? Vaya que sí.

Pues eso, el orgasmo es una experiencia muy intensa y en él inciden muchas cosas, el placer físico, la excitación, los sentimientos...

Comprendo - dije, aunque en realidad no lo entendía del todo, sólo podía pensar en los latidos que sentía en la punta del cipote.

Abuelo...

Sí, tranquilo. Loli, hija...

¿Ummmm? Mi nieto necesita que lo alivies.

¿Ummmm? ¡Levanta ya, coño!

Loli se desperezó, estirándose sobre la cama, se puso boca abajo, y se incorporó colocándose a cuatro patas sobre el colchón. Parecía una gatita satisfecha.

Siéntate aquí nene - me dijo dando palmaditas sobre el colchón - que mami va a mostrarte lo agradecida que está.

Ni que decir tiene que no tardé ni un segundo en tumbarme allí, con la polla como un leño. La calentura hacía que mi pene tuviera pequeños espasmos, parecía estar vivo.

Loli miró inquisitivamente a mi abuelo y él dijo:

Con la mano.

Loli se apoderó de mi pene y comenzó a subir y bajar la mano a lo largo del mástil muy lentamente. Creí que me moría, cerré los ojos y me dediqué a disfrutar; qué sensación tan fantástica, desde entonces me han hecho muchas pajas, pero sin duda aquella fue una de las mejores. Loli sabía lo que hacía. Poco a poco incrementaba el ritmo, lo que me ponía a cien, pero mágicamente parecía saber cuando estaba a punto de correrme, deteniendo entonces su mano, me soltaba la polla, recorriéndola en toda su longitud con uno de sus dedos, desde la punta a la base de los huevos, donde daba un ligero apretón que parecía tener la virtud de calmarme. Entonces volvía a masturbarme, pero más lentamente que antes, era enloquecedor.

Escuché un gemido y abrí los ojos. Vi que Loli tenía los suyos cerrados y que su otra mano se perdía entre sus muslos.

Acércate más - le dije.

Ella abrió los ojos y me dirigió una mirada de entendimiento. Se acercó a mí y se sentó a mi lado. Volvió a empuñar mi pene y comenzó de nuevo a masturbarme, pero esta vez fue mi mano la que se perdió entre sus piernas. Aquello parecía un charco, estaba empapada. Comencé a mover mi mano allí dentro, a tocar, a palpar, a meter y mientras, ella daba bufidos, gemidos, desde luego aquello le gustaba. Yo deseaba que se corriera, pero ella parecía querer que yo lo hiciera antes, por lo que incrementó el ritmo de su mano. No sé por qué, pero no quería correrme antes, por lo que intenté retrasar mi propio orgasmo, concentrándome en ella, quería "ganar" esa carrera. Y lo logré, simplemente tuve que buscar su clítoris con mis dedos y apretarlo un poco.

Aaaaahhhhh. Diosssss. 

Loli apretó sus piernas, atrapando mi mano y se derrumbó sobre mi pecho, dejando de masturbarme. Mi polla se quejaba pero yo no podía evitar un sentimiento de triunfo. Loli me miró a los ojos y vi que los suyos estaban vidriosos, llorosos.

Acaba con la boca por favor, como al abuelo - le dije.

Loli sólo atinó a asentir con la cabeza. Se deslizó lentamente sobre el colchón y su cara quedó a la altura de mi polla. No la chupó, ni la lamió, se la metió directamente hasta el fondo y su lengua, sus labios, su boca, su garganta parecieron apretar simultáneamente sobre mi torturado pene. No aguanté más. Si la corrida de antes había sido bestial, ésta la superó con creces.

Dioss, Diosss, Loli, joder...

No atinaba ni a balbucear, me incorporé como si me hubiesen dado una descarga y sólo acerté a sujetar la cabeza de Loli con mis manos y apretarla contra mi ingle, aunque ella no parecía tener ninguna intención de separarse de mí. Yo notaba cómo ella iba tragando lo que de mi polla surgía y ese mismo efecto de succión acentuaba el placer. Finalmente el orgasmo terminó con unos leves espasmos que recorrieron mi cuerpo. Me dejé caer hacia atrás, rendido, pero ella permaneció aún con mi polla en la boca durante un rato, hasta que empezó a decrecer. 

Finalmente, fue sacándola de su garganta, pero lentamente, recorriendo con sus labios toda la longitud de mi miembro que empezaba a perder su dureza, como si quisiera limpiarla por completo. Se incorporó, quedando sentada y con las manos apoyadas en el colchón. La miré fijamente y es una imagen que jamás olvidaré, su piel, empapada de sudor, sus ojos, negros como la noche y con un extraño brillo en el fondo, sus pechos, redondos y perfectos, su vagina, aún entreabierta y brillante por los flujos, pero lo que me mató, lo que más me excitó, fue esa gota de líquido blanco que asomaba por la comisura de sus labios y el instante en que su lengua recorrió esos labios relamiéndose, como si en vez de haberse tragado mi esperma hubiese sido un simple vaso de leche. 

Todo esto me excitó, pero de momento mi pene no reaccionaba.

Loli, vístete, ya está bien por hoy - dijo mi abuelo.

Ella me miró a mi abuelo y sin decir palabra se levantó y comenzó a vestirse. Yo no podía apartar los ojos de ella. Quería más.

¿Qué te ha parecido? - dijo mi abuelo.

Fantástica - le respondí. Loli me dirigió una mirada cómplice.

Bien, bien.

Nadie añadió nada, éramos dos hombres mirando cómo una mujer se vestía. Loli terminó y se sentó en la cama para ponerse los zapatos. Tras hacerlo se acercó a mí y me besó en la boca. Yo respondí al beso y noté cómo su lengua se introducía entre mis labios y se enroscaba con la mía. Estuvimos un segundo así y de pronto acabó.

Loli se fue hacia la puerta, pero antes de salir se volvió hacia mí y me sonrió. Mi abuelo cerró la puerta tras ella. Allí estaba yo, saboreando a Loli, pero también mi propio sabor, y no me desagradó, supongo que es verdad que los hombres no nos la chupamos porque no llegamos.

Hay otra cosa que debes saber- dijo mi abuelo.

¿El qué? Como habrás observado Loli seguía cachonda tras vuestro encuentro.

¡Toma, y yo! Sí, pero ¿a que tu pito no está en pié de guerra? No, es verdad.

Verás hijo, los hombres nos excitamos más fácilmente que las mujeres, pero también mermamos nuestro vigor antes. Es decir los tíos nos ponemos a punto enseguida, pero excitar a una mujer requiere tiempo y dedicación. Además, tras el orgasmo, el hombre se viene un poco abajo, pero la mujer sigue dispuesta ¿me sigues? Creo que sí.

Hoy lo has hecho muy bien, preocupándote tanto de su placer como del tuyo. No hay peor amante que aquel que se dedica a satisfacer sus apetitos dejando a su pareja insatisfecha.

Comprendo.

Bien.

Abuelo.

¿Sí? ¿Por qué has hecho que Loli se fuera? Porque querías follártela.

Sí ¿y qué? Mira Oscar, yo te he ayudado hoy, y siempre estaré ahí para darte consejo de lo que quieras, pero no es bueno que yo te haga todo el trabajo. Tienes un don, y debes aprender a desarrollarlo por ti mismo. Además, no quiero que te encoñes demasiado con Loli, a tu edad es peligroso.

¿Cómo? Supón que te la hubieras tirado, podrías ver en ella a la mujer perfecta, que te da todo lo que deseas. Loli es muy experta en estos temas y podría llegar a sorberte el seso.

¿Y qué? Pues que tienes todo un mundo que explorar, en esta misma casa hay un montón de mujeres, debes probar un poco de cada cosa para disfrutar plenamente tu vida, no dedicarte a una sola. Sería un desperdicio.

Ya.

Pues eso. Sin duda acabarás follándote a Loli, tranquilo, pero hay muchas más.

De acuerdo.

Otra cosa.

Dime.

Aún eres muy joven, te queda mucho por aprender sobre tu don y sobre cómo seducir a una mujer.

Claro.

Pues eso, habrá ocasiones en que estés muy caliente y no tengas una mujer para aliviarte.

Ya, hoy por ejemplo.

Exacto. Pues cuando pase eso o simplemente cuando te apetezca, hazte una paja.

¿Cómo ha hecho Loli? Eso es, puedes hacerlo tú solo. Al final te corres igual; no es tan bueno como con una mujer, pero alivia.

Entiendo.

Y no hagas caso de las habladurías de viejas que dicen que te quedas ciego y otras gilipolleces. Yo me la he cascado muchas veces y aquí estoy.

Sí, je, je.

Bueno, te dejo que descanses. Apuesto a que ahora sí serás capaz de dormir. Espera, abriré la ventana para ventilar esto un poco.

Tras abrir la ventana, se dirigió a la puerta.

Abuelo.

¿Sí? He dejado a Loli muy caliente ¿verdad? Sí hijo, sí. De hecho, esta noche yo me aprovecharé de ello.

¿Irás a su cuarto? Todas las noches voy a algún cuarto.

Y salió de la habitación.

Abuelo.

Volvió a asomarse.

¿Sí?

Lo miré fijamente y le dije:

Gracias.

Él me guiñó un ojo y salió, cerrando la puerta.

En una cosa sí se equivocó mi abuelo. Fui incapaz de dormir en toda la tarde. Mi cabeza era un torbellino de imágenes y sensaciones y poco a poco mi pito fue despertando. Estaba bastante decidido a intentar el sistema que me recomendó el abuelo, pero no pude.

Mi madre entró a verme, y al notar que estaba mejor y que ya no tenía fiebre dejó la puerta abierta "para que me diera el aire". Además todo el mundo empezó a pasar por el cuarto para interesarse por mi estado, mi padre, mi tía, mis primas, Dicky... La única que no vino fue Marina.

No fue del todo desagradable, porque mientras las chicas iban desfilando por mi cuarto y me tocaban la frente, me daban besos, me revolvían el pelo... yo no paraba de sobarme la polla bajo las sábanas. De todas ellas creo que sólo mi tía sospechó algo, pues me miró con cierto reproche en los ojos, pero no dijo nada.

Por la noche fue mi padre quien me trajo la cena, con la consiguiente decepción, por lo que le dije que ya estaba bien, que podía comer solo. Así que me dejó la bandeja y se marchó.

Pasaron un par de horas, el silencio se apoderó de la casa, pero yo seguía despierto. Volvía a tenerla dura, así que comencé a pajearme. Desde luego no era tan bueno como con Loli, pero no estaba mal. De pronto se me ocurrió que podía estar mejor. Recordé lo mucho que me había excitado espiar al abuelo ¿por qué no repetirlo? Sabía exactamente donde debía estar. 

Si me pillaban me la cargaba, pues no tenía ninguna razón para ir al ala de los criados, pero ¡qué coño!.

Me levanté sigilosamente y me calcé las zapatillas. Sentía mi pene bien duro, presionando contra el pijama. Encendí el candil de mi mesilla y salí del cuarto tapando la luz con la mano, para que no me vieran. 

Me dirigí lentamente hacia la escalera, pero, al pasar por delante del dormitorio de mis padres, escuché unos ruidos. Me quedé helado, esperando que la puerta se abriera, pero no fue así. Agucé el oído y logré distinguir unos gemidos. Algo más tranquilo me acerqué a la puerta y me agaché para mirar por el ojo de la cerradura.

La luz estaba apagada, pero por la ventana abierta entraban los rayos de la luna, lo que me permitía ver bastante bien lo que pasaba.

Mi madre yacía tumbada sobre la cama, mientras mi padre se la follaba en la postura del misionero (entonces no sabía su nombre). El culo de mi padre subía y bajaba rápidamente mientras una de sus manos sobaba los pechos de mi madre. Bueno - me dije - pues aquí mismo.

Apagué el candil de un soplido, me arrodillé en el suelo mirando por la cerradura y me saqué el pito del pijama. Comencé a pajearme lentamente, disfrutando, pero enseguida vi que no era igual que por la mañana, no estaba tan excitado. Se oían los bufidos de mi padre, pero mi madre permanecía extrañamente laxa, no colaboraba, no parecía estar disfrutando demasiado. De vez en cuando mi padre la besaba y ella respondía, pero no había pasión. Fallaba algo.

De pronto mi padre pegó dos o tres culetazos más fuertes, se puso tenso y se derrumbó sobre mi madre. Poco después se deslizaba hacia un lado en la cama y se arropaba.

Yo permanecí allí, espiando con la polla en la mano. La luz de la luna me permitía ver bastante bien a mi madre, con las piernas abiertas, el camisón subido y uno de sus pechos asomando por un lado. Miraba al techo, como distraída. De pronto se levantó.

Voy al baño - dijo.

Ummmm.

Joder, qué susto. Casi me caigo de culo. Iba a correr hacia mi cuarto, pero afortunadamente vi el candil en el suelo. Lo recogí y me precipité en mi habitación. Entorné la puerta y me quedé observando por la rendija.

No había tanta prisa, pues mi madre aún tardó un poco en salir, supongo que estuvo encendiendo la vela que llevaba en la mano. Yo la espiaba desde mi puerta y me quedé alelado. Estaba preciosa con el pelo revuelto, además aunque se había bajado el camisón, no lo había colocado bien por arriba, por lo que uno de sus pechos asomaba libre. Se dirigió con paso cansino hacia el baño del pasillo.

Mientras lo hacía, yo me la machacaba silenciosamente. Ella entró al baño, pero yo no acabé, por lo que decidí esperar a que saliera. Esperé unos minutos, pero no salía, así que me atreví a asomarme al baño. Por debajo de la puerta podía ver la luz de la vela de mi madre y si ésta se movía, regresaría corriendo a mi cuarto.

Como estaba cerca, dejé mi candil apagado en la mesilla y salí. Escuché unos segundos por si había ruido y me arrodillé frente a la cerradura del baño. Allí estaba mi madre. Había encendido también un quinqué que había dentro, por lo que había bastante luz. Estaba de pié con las manos apoyadas en el mueble de la jofaina, mirándose al espejo. Mi posición era un poco escorada, pero no importaba, pues el reflejo del espejo era perfecto.

Mi madre seguía allí, contemplándose. Su pecho izquierdo continuaba por fuera del camisón. Yo me bajé los pantalones del pijama y reanudé mi paja, un poco nervioso por si tenía que salir corriendo.

Ella sumergió una de sus manos en el agua de la jofaina, y suavemente la deslizó por su cuello, por su garganta. Las gotas de agua resbalaban por su piel y volvían a caer en la palangana. "Plic", aquel sonido pareció retumbar en la casa; yo volvía a estar excitadísimo, mis sentidos estaban agudizados. Ella siguió mojándose el cuello hasta que en una de las pasadas, su mano bajó hasta su pecho desnudo y comenzó a acariciarlo. Sus dedos empezaron a recorrer el contorno de su pecho, a acariciar su pezón, que enseguida se irguió orgulloso.

Lentamente, deslizó con su mano el tirante del camisón que aún llevaba puesto, con lo que éste cayó al suelo. Se contempló unos instantes en el espejo y continuó sobándose las tetas con una mano. Pude ver cómo la otra se metía entre sus piernas y comenzaba a moverse. En realidad, y dada mi posición, sólo podía ver cómo se acariciaba los pechos, pues el espejo no era de cuerpo entero, pero nuevamente la excitación acudió en mi ayuda.

La mano de mi madre pareció incrementar su ritmo y de pronto estuvo a punto de caerse, como si las piernas le fallasen. Así que se tumbó en el suelo, separó bien las piernas y siguió masturbándose.

¡Qué visión sublime! Se acariciaba con fruición, se tocaba por todas partes, se retorcía de placer. Yo podía oír perfectamente sus gemidos, sus suspiros.

Uuff. Ahhhh. Ummm.

Seguí masturbándome y poco a poco fui acomodando mi ritmo al que marcaba mi madre. Quería correrme con ella.

Súbitamente, la espalda de mi madre se arqueó. Ella encogió las piernas y emitió un pequeño gritito de placer:

¡AAAHHH!

Alguien podía haberlo oído y salir a ver qué pasaba, pero a mí me importaba una mierda. Aceleré el ritmo de mi paja y me corrí. Varios lechazos cayeron sobre mis muslos, en el suelo, en la puerta. Había sido genial. 

Sin darme cuenta, me dejé ir un poco hacia delante, por lo que mi cabeza chocó levemente con la puerta. No hizo mucho ruido, pero bastó para devolverme a la realidad. Me asomé a la cerradura y vi que mi madre se había sentado en el suelo y se tapaba el pecho con el camisón mientras miraba hacia la puerta.

¡Me había oído! ¡Joder! Me incorporé como pude y sin subirme los pantalones fui hacia mi cuarto. Entonces, por el rabillo del ojo vi cómo la puerta del cuarto de mi hermana se cerraba rápidamente.

Vaya con Marina - pensé y me metí en mi cuarto como una exhalación, cerré la puerta y a la cama volando.

La sangre me latía en los oídos, estaba muy nervioso y decidí hacerme el dormido. Entonces se abrió la puerta de mi cuarto, una luz penetró en él y se dirigió a la cabecera de mi cama. Era mi madre.

Permaneció allí, de pié unos minutos. Yo, asustado, no me atrevía a mover ni un músculo. De pronto mi nariz captó un aroma familiar, el olor de hembra caliente. Lentamente, procurando que mi madre no me viera, abrí los ojos. Frente a mi cara estaba el coño de mamá. Tapado con el camisón claro, pero por el olor yo sabía que estaba caliente. Y yo también; a pesar del susto, noté cómo mi miembro se endurecía de nuevo (ah, la juventud).

Ella permaneció allí un poco más, hasta que finalmente me acarició la cabeza y me besó, dirigiéndose hacia la puerta. Yo la seguí con la mirada mientras salía y gracias a la luz de su vela, pude ver su silueta desnuda perfectamente recortada a través del camisón.

Un rato después me hice una buena paja recordando esa silueta, y con esa imagen en mente, me dormí.

A la mañana siguiente desperté renovado, con la mente más clara, relajado. Y por supuesto con la picha tiesa, maravillosa juventud. 

Me desperecé deliciosamente en la cama, mientras rememoraba los excitantes sucesos del día anterior, hasta que un recuerdo penetró de golpe en mi mente. ¡La corrida!, ¡me había corrido contra la puerta del baño y no lo había limpiado!

Me levanté como un resorte y corrí hacia el baño. La puerta estaba abierta y no se veían restos de semen por ninguna parte, ni siquiera en el suelo. Alguien lo había limpiado. Lo cierto es que jamás me enteré de quién me hizo ese favor.

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