martes, 20 de septiembre de 2016

Mi hija borracha

Ella no la odia, es solo que no la ve como yo. Cuando la miro yo todavía veo a una niña que tiene miedo de caerse porque le he quitado los ruedines de la bici, una niña que me hace prometer que no la voy a soltar cuando entremos en el agua porque aún no sabe nadar, un niña que me pide ayuda con los deberes porque aún le cuesta hacer divisiones.

Lo único que ha cambiado es que Anna ya no tiene cuerpo de niña, eso lo sabe todo el mundo. Tiene tetas desde los trece, cuando su madre empezó a comprarle sujetadores. Usa tangas desde los quince, o almenos ese fue el momento en el que yo vi el primero.

Está siendo su primer año en la universidad, quizá por eso la estoy dejando salir un poco más por las noches. Su dedicación y esfuerzo me parecen algo que su madre siempre pasa por alto. A lo largo de los años, ella y su madre se han ido diferenciando más y más entre la una y la otra. Cuando Anna se apuntó al gimnasio para ir por las tardes con sus amigas, su madre engordó otros dos kilos. Cuando Anna escogió la moda de ir con leggins un día sí y otro también, mi esposa empezó a vestirse con el chándal gris de los domingos. Y cuando Anna empezó a no estar nunca en casa su madre se pasaba, y se pasa, las horas en el sofá viendo programas del corazón.

Ella cree que soy demasiado permisivo con mi hija, e incluso piensa que Anna lo utiliza para manipularme a su gusto.
-Yo no pienso discutir el tema otra vez, es algo que ya se ha hablado en muchas ocasiones. Mi niña no es así, es una chica responsable y trabajadora. Que sean las tres de la mañana no significa que esté haciendo nada malo.
-Despierta ya Jose Carlos, esa cría te tiene comiendo de su mano. Yo me voy a la cama, ya la esperarás tú despierto.

Me siento donde instantes atrás había estado sentada mi mujer. Su huella aún está en el sofá. Esperaré hasta que Anna vuelva.

Cinco, Diez, Veinte, Cuarenta minutos...

Anna llega casi una hora después, cuando su madre está roncando en la cama. Viene con las llaves en una mano y los zapatos de tacón en la otra.
-No quería hacer ruido...
-No pasa nada, entra. Tu madre está durmiendo.

Anna se tambalea ligeramente, casi llega a apoyarse en mí pero finalmente no lo hace.
-Anna... Anna, mírame.

Ella me mira con sus ojitos, intentando no perder la mirada.
-¿Has bebido?
-No...
-Anna, mírame a los ojos. ¿Has bebido?
-No...

Mi hija me ha mentido dos veces, una de ellas mirándome a la cara.
-Anna, te lo voy a preguntar una sola vez más. ¿Has bebido? ¿Estás borracha?
-No, papá... Te lo... prometo.

Ella me miente una tercera vez. Mentiría si dijese que no me siento como un tonto después de defenderla.
-Vete a tu cuarto.
-¿Estás enfadado?
-No...
-¿Seguro?

Anna se me tira encima, teniendo yo que aguantar todo su peso.

Está mojada, con la oscuridad no me he dado cuenta. Está lloviendo en la calle.
-Anna... si estaba lloviendo, ¿por qué no me has avisado? Podría haberte ido a buscar a algún sitio...
-Lo siento papá...
-No pasa nada cariño. Ve a tu habitación y quítate esa ropa mojada que ahora voy a llevarte una toalla.

Anna desaparece por el pasillo sin decir nada y se va a su habitación. Yo cojo un par de toallas del lavabo y se las llevo. Cuando entro Anna está metida en su cama, bajo el edredón. Al levantarlo me doy cuenta de que se ha acostado con la ropa mojada.
-No, no, no, no, no, cariño... Levántate, tienes que quitarte esa ropa mojada, ¿me oyes? Toma, aquí tienes una toalla.
-¿Puedes dármela?
-¿El qué cariño?
-Ropa... yo tengo mucho frío.
-¿Dónde está tu pijama corazón?
-No sé...

Abro el armario de tres puertas, buscando desesperadamente algo que le sirva. Opto por unas mallas de deporte y unos calcetines blancos. Con la camiseta no me esfuerzo mucho, cojo la primera que veo.

Al abrir un cajoncito descubro toda la ropa interior de Anna. A un lado están sus sujetadores y en el otro sus tangas.
-Cariño, ¿no tienes ningunas bragas?
-Unas...
-¿Dónde?
-Sucias...
-Con esto vas a coger frío...

Rebusco hasta encontrar el tanga que me parece que es mas grande.

Le acaricio el pelo antes de decir nada.
-Anna... ponte esta ropa.
-Papá, estoy mareada...
-Vamos Anna, cariño. Tienes que quitarte esa ropa mojada, te vas a resfriar.
-¿Me ayudas?
-Hazlo tú cariño.
-Papá...

Anna solloza hasta que le digo que voy a ayudarla. Entonces se dibuja una sonrisa en su rostro, casi triunfante.
-Levanta los brazos.

Ella me hace caso y yo le quito la camiseta blanca de tirantes.
-¿Y tu sujetador?
-Un chico...
-¿Qué ha pasado?
-Creo que se lo ha llevado.
-P...pero...

Pienso que es mejor no oír nada más y le pongo la camiseta a mi hija.

A ciegas busco la cremallera de su minifalda, hasta encontrarla escondida en el lado izquierdo. Me detengo al ver que si bajo más veré el coño de mi hija.
-Anna, ¿y tu tanga?
-Un chico...
-¿Se lo has dado? ¿Te lo ha quitado cariño? ¿Es que ha pasado algo?
-No sé...

Cojo el tanga y lo pongo a la altura del muslo.
-Anna corazón, súbete el tanga.
-Súbelo tú-me dice, y luego se ríe.
-¿Te parece divertido? ¡A la mierda!

Me levanto enfadado, pero Anna me detiene.
-Papá, porfa... lo siento.

Vuelvo a sentarme. Como gesto de buena voluntad, Anna se ha subido el tanga tapando así su coñito.
-No te vayas...
-Estoy aquí cariño, no me he ido a ningún sitio.
-Tengo frío...

A trompicones le pongo los pantalones y la tapo con el edredón, la beso en la frente y le doy las buenas noches.
-No te vayas papá...
-¿Qué te pasa cariño?
-No te vayas... quédate un poco. Estoy mareada.
-Me quedo aquí, ¿vale? Pero solo unos minutos.
-No, ahí no. En la cama. Tengo frío.

Yo me acuesto por encima del edredón y dejo que Anna me abrace con su pelo mojado. Pienso en ponerle el secador, pero su madre se despertaría.

Dudo si Anna sabe donde está, pero me besa el pecho y yo le correspondo con caricias.
-Duerme, duerme...

Por primera vez desde que me mintió, Anna me vuelve a mirar a los ojos, y me besa en la boca. Luego sigue durmiendo como si nada.

Un beso tan breve como ese despierta en mí excitación. Hace ya casi un mes y medio que mi esposa y yo no tenemos relaciones, y no parece que la cosa vaya a ir a mejor.
-¿Por qué besas a papá en la boca?
-Lo siento...
-No pasa nada, pero mejor en la mejilla, ¿vale?
-Vale...

Por fin parece que Anna se va a quedar dormida, pero es solo una falsa alarma. Como le he dicho que no me bese en la boca, lo hace en el cuello.
-Cariño, te he dicho en la mejilla.
-Lo siento...

Anna vuelve a desobedecer y me da otro beso en la oreja.

Es un beso tan largo que yo se lo devuelvo, pero en la boca. Pasan unos segundos interminables hasta que me doy cuenta de que estoy besando a mi propia hija y me despego de ella.
-Lo siento cariño...
-No pasa nada papá...
-Papá no quería hacer eso...

Sí quería, pero era mi hija.
-Da igual...

Anna me coge del cuello y me vuelve a besar en la boca. Siempre noto su sabor a vodka en sus labios.
-¿Lo ves? No pasa nada...
-Supongo que tienes razón...
-Claro.

Anna vuelve a besarme, esta vez tumbándose encima.
-No pasa nada, ¿lo ves?
-No, supongo que no pasa nada.

Anna me da otro pico más en la boca.
-¿Lo ves? No pasa nada.
-No, cariño... no pasa nada.

El contacto entre mi polla y su coño es ya muy estrecho, y temo que mi erección se haga más grande.
-Cariño, estás aplastando a papá.
-No, mentiroso...
-Sí corazón, quítate de encima, vamos.

Anna se quita de encima, pero ha conseguido que esté debajo del edredón.
-Y ese chico... ¿por qué tenía tu sujetador y tu tanga?
-Porque follamos.
-¿Tú y él?
-Sí...

No sé qué decirle, ya es mayorcita para saber lo que hace, pero por otra parte debería decirle algo.
-Cariño, tienes que ir con cuidado con estas cosas...
-Lo siento papá...
-¿Te hizo daño?
-No, su polla no me hizo daño.
-Quería decir... si intentó pasarse contigo.

Mi nerviosismo no se puede disimular, pero no creo que con lo borracha que está Anna se de cuenta.
-¿Y haciendo el amor no te hizo daño?-No...
-¿Y fue cariñoso contigo?
-Sí...

Respiro aliviado al oír eso, pero todavía no ha acabado.
-Me tocó el culo así...

Anna coge mi mano y la pone sobre su culo, tocándose ella misma.
-Vale... vale cariño...
-Así...
-¿No sería así?

Anna deja de mover mi mano y soy yo el que la mueve por iniciativa propia. Su culo es duro y firme, y es tan pequeñito que me da ternura.
-Sí... ¿cómo lo sabes?
-Lo imagino cariño...
-Era así...
-¿Te tocó algo más?
-El coño.
-¿Cómo lo hizo corazón?

Anna se baja a duras penas los pantalones y el tanga y para mi sorpresa empieza a masturbarse delante de mis ojos.
-¿Lo hizo así?
-Sí-gime ella misma.

Yo me acerco más a ella y le pongo la mano en la vagina. Casi no puedo evitar meter un dedo, pero me controlo moviendo un dedo por su raja.
-¿Así cariño?
-Sí... así...
-¿Te metió un dedito?
-Sí...

No puedo resistirme más y meto un dedo en el coño de mi hija. Le he bajado los pantalones hasta las rodillas para que pueda abrir sus piernas, y ella no ha tardado en responderme.

Con gusto lo retuerzo dentro, lo meto y lo saco hasta que el volumen de los gemidos de Anna empieza a asustarme.
-¿Te metió algo más por el coño cariño? A papá puedes decírselo...
-Sí...

Anna está agotada, pero no se molesta en cerrar sus piernas.
-La polla.

Si me levanto y me voy posiblemente Anna se duerma y piense que ha soñado todo esto. Será como si no hubiese pasado nada. Si me quedo lo disfrutaré pero probablemente tendré remordimientos durante años, si es que algún día lograse quitármelos.
-¿Qué te metió cariño? No te he entendido...
-La polla.

Lo paso mal, pero finalmente me bajo los pantalones y vuelvo a besar a mi hija otra vez en la boca.
-Ca... cariño, ¿tienes algún condón?
-No sé...
-Cariño, piensa, por favor. ¿Tienes algún condón guardado?
-No sé papá... estoy mareada.
-Anna...
-Creo... creo que...
-Piensa cariño.
-En el bolsillo de la chaqueta...

Me levanto de la cama con la polla dura y apuntando al cielo. Rebusco desesperado en un par de chaquetas antes de encontrar un condón en el bolsillo de una chaqueta tejana colgada detrás de la puerta.

Lo abro y me lo pongo con cuidado, mientras miro a Anna y me pregunto qué estoy haciendo. Ella ni siquiera me mira, solo está adormecida en la cama, con el edredón medio tapándola y las piernas abiertas de par en par.
-Cariño, ¿estás despierta?
-Sí...
-Quieres...

Trago saliva antes de seguir. No quiero contemplar la posibilidad de que Anna me diga que no.
-Quieres... ¿Quieres que papá te meta la polla como ha hecho ese chico antes?-pregunto nervioso. Creo incluso que al decirlo se me escapa un gallo como si fuese un adolescente.
-Sí...

Me pongo encima de Anna. Ella sonríe pero no me mira. La punta de látex toca por fuera el coño de Anna sin que ella haga nada. Yo me la cojo para meterla.
-Papá te la va a meter cariño...

Al entrar el condón se pega a mi piel. Solo con meter la punta ya creo que me voy a correr. Anna suelta un gemido y yo meto toda la polla hasta estar dentro.

Mi culo está tenso, las paredes de su vagina me aplastan.
-¿Fue... fue así cariño? Dile a papá cómo te lo hizo...
-Se movió...

Me apoyo con mis manos en el colchón y le doy el primer empujón a Anna.
-¿Se movió así cariño?
-Sí...
-¿Rápido o lento?
-Rápido...

Intento juntar mi cara con la de mi hija al dar el segundo empujón, pero es difícil controlar mis movimientos. Tras el segundo viene el tercero, y el cuarto.

Cuando me doy cuenta, estoy entrando y saliendo contínuamente del coño de Anna, y ella no hace más que gemir.

Me estoy follando a mi hija.
-¿Te lo hizo así cariño? ¿Te metió la polla así?
-Sí...

Aumento mi velocidad y Anna me gime tanto al oído que temo que alguien la oiga. Me asusto y le tapo la boca mientras sigo follando. Me descubro abriéndole más las piernas unas veces y otras tapándole la boca como si fuese un vulgar violador.

Anna no dice nada, sólo gime pero no tiene fuerzas ni para acariciarme la espalda.
-¿Te tocaba así?

Meto la mano por debajo de su camiseta para tocar sus pechos. Están fríos y quietos.
-¿Ese chico te tocó así?
-Sí...
-Abre las piernas cariño...

Sin que yo pare Anna sigue abriendo las piernas todo lo que puede, incluso temo por un momento que se haga daño.
-¿Te la metió por el coñito así, cariño?
-Sí...
-¿Mucho o poco?
-Mucho...
-¿Más que papá?
-No...
-¿Te gusta lo que papá te hace cariño?

No sé si Anna responde o no, pero conozco la sensación que estoy viviendo. El semen sale disparado de mi polla, chocando con violencia con la pared del condón. Pasan casi quince segundos hasta que paro y salgo de dentro de mi hija. Me quito el preservativo lleno, es casi un alivio ver que no se ha roto. Pienso, mi hija está a salvo.

Dejo de pensarlo al verla en su cama, abierta de piernas casi hasta el límite. Sigue adormecida aún cuando le subo el tanga y los pantalones. La tapo con el edredón como si pudiese así tapar lo que he hecho.

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Anna aparece por el comedor sobre las doce de la mañana. Nos pilla a su madre y a mí todavía desayunando.
-Buenos días... voy a bajar a desayunar con una amiga. Subo luego.

Me cuesta mirarla a la cara, y solo lo hago una vez para despedirme.
-Hay que ver... anoche llega a las tantas y hoy se va nada más levantarse. Esta niña se te va de las manos. ¿Y has visto cómo va vestida? No lleva ni ropa interior.

Yo miro a mi mujer cuando escucho eso.
-¿Cómo dices?
-Tu hija, que sale a la calle sin ropa interior.
-¿Qué quieres decir?
-Coño Jose Carlos, tampoco es muy difícil. Que se va a la calle sin bragas y sin sujetador, a vivir la vida.
-¿Estás segura de eso?
-¡Por supuesto! ¿Por qué?
-Por nada mujer, por nada... ¿vas a comerte esa tostada?

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