domingo, 7 de agosto de 2016

Mi hermana se hace la dormida mientras la toco

Mi hermana se hace la dormida mientras la toco. No siempre lo supe, pero hace ya tiempo que descubrí que en realidad no estaba dormida, sólo fingía. Aunque quiza es mejor que inicie mi narración desde el comienzo de nuestra historia.

El primer coño que ví fué el de mi hermana pequeña. Mis padres siempre nos habían bañado juntos, así que para nosotros era normal. A menudo nos quedabamos solos en la ducha o en la bañera sin que ninguno de los dos le diera la menor importancia al hecho de estar desnudos uno al lado del otro. Pero con el tiempo todo cambió.

Recuerdo un día en especial. No sé que edad tendriamos pero aún eramos unos crios preadolescentes. Como tantos otros días, mi hermana y yo compartiamos un baño de agua caliente, riendo, jugando y hablando de nuestras cosas. Haciendo tiempo mientras disfrutabamos del baño. De pronto mi hermana se puso en pié y empezó a aclararse el pelo para sacase la espuma. Entonces me sentí como si la estubiera viendo por primera vez. 

Lo cierto es que, por aquel entonces, yo seguía siendo bastante infantil y apenas estaba interesado por las chicas. Aunque ya había empezado a fijarme en los cuerpos de algunas compañeras de clase, aún no podría decirse que tubiera una sexualidad plenamente desarrollada. Supongo que por eso nunca antes me había fijado en los cambios que estaba experimentando el cuerpo de mi hermanita. Pero, en aquel instante, fué como si el tiempo se hubiera detenido.

Lo primero que me llamó la atención fueron sus dos pezones puntiagudos, tiesos como escarpias a causa del agua fría. Mi hermana mantenía los ojos cerrados para evitar que le entrara jabón, así que pude deleitarme contemplando su figura. Recorrí varias veces su cuerpo con la mirada, desde sus pequeñas y redondas tetitas hasta su precioso coño. ¡Era tan hermosa! A medida que el agua resbalaba por su cuerpo, la espuma que lo cubría se iba disipando, rebelando ante mis ojos más partes de su anatomía. Mi mirada seguía fija en ella, deleitandose en su cuerpo, cuando un bendito chorro de agua retiró al fin la espuma que le cubría el pubis, mostrandome su coño adolescente en todo su esplendor. Aquella era la visión más bella que había tenido en mi corta vida. Su coñito era redondito y sutil, no muy grande pero algo abultado, con los labios exteriores algo gruesos en proporción al conjunto y los labios interiores escondidos. Estaba parcialmente cubierto por una fina capa de pelo rubio que se hacía más densa a medida que se acercaba a su ombligo.

Mi poya reaccionó al intante poniendose dura como un mastil. Creo que fué mi primera erección. Y si no fue la primera, ninguna anterior quedó retenida en mi memoria como lo haría ésta. Aquel era el primer coñito que veía y, aún a día de hoy, puedo asegurar que mi hermana tenía sin duda uno de los mejores coños que he visto a lo largo de toda mi vida. Era sencillamente perfecto y yo lo estaba viendo como si lo mirara por primera vez. Mi poya estaba tan dura que empezaba a dolerme y de pronto me sentí tan avergonzado que no me podía mover.

Aun tardé un buen rato en salir de la bañera, el suficiente para poder recrearme contemplando las voluptuosas caderas de mi hermana y su culito respingón mientras se secaba. Ella seguía hablandome como si nada pasara, ajena a la tormenta de sensaciones que mi cuerpo estaba experimentando. Pude vislumbrar de nuevo su coñito, ésta vez desde atrás, mientras levantaba una pierna para ponerse las braguitas. Creí que iba a desmayarme en ese mismo instante. No osé levantarme hasta que mi hermana había sallido del baño. Tuve que decirle que quería quedarme un rato más, temeroso de que descubriera mi secreto.

Cuando al fin salí de aquél cuarto de baño, aunque estaba más calmado, ya no era la misma persona. Un nuevo universo, desconocido hasta entonces, se abría ante mí. Desde entonces fuí más consciente de lo que me rodeaba y, en especial, de las chicas y sus cuerpos. Aunque eso no impidió que desarrollara una tremenda obsesión por mi hermana pequeña. Supongo que fué en parte porque era el cuerpo que tenía más cerca y en parte porque era muy hermosa y me gustaba.

Nuestros juegos cambiaron y fueron adquiriendo progresivamente un caracter más erótico. Con el tiempo mi hermana también empezó a desarrollar una enorme curiosidad por mi cuerpo y, en especial, por mis frequentes erecciones. Por aquel entonces nuestros juegos ya eran abiertamente sexuales. Llegó un punto en que la mayor parte del tiempo que pasabamos a solas estabamos mirando, tocando o restregandonos mutuamente los genitales sin saber muy bien lo que haciamos.

Por aquel entonces ninguno de los dos tenia demasiada información de lo que era el sexo. Para nosotros sólo era un juego, un juego íntimo y placentero que haciamos a escondidas. En realidad creo que ninguno de los dos le daba demasiada importancia. Supongo que fue por eso que, aunque lo intentamos, no le pusimos suficiente atención al escondernos. Al final terminó por suceder lo inevitable y alguien nos descubrió.

Viendolo con restrospectiva, imagino que nuestros juegos debieron llamar la atención de alguien que alertó a nuestra madre. O quizás, por instinto, ella ya se lo olía. Por el motivo que fuera llego un dia en que mi madre nos tendió una encerrona a mi hermana y a mí. Sucedió que, tras dejarnos a amboos en el cuarto de baño, fingió ir a hacer sus cosas como hacía normalmente, sólo que esta vez se quedó tras la puerta esperando y, tras un tiempo prudencial, la abrió de improviso sorprendiendonos a mi hermana y a mi en una situación terriblemente comprometida.

Justo cuando mi madre entró, mi hermanita estaba de rodillas en la bañera con mi poya metida en la boca. Yo estaba de pié, mirando hacía la puerta y fui el primero en ver a mi madre entrar. Recuerdo su mirada de fuego y su cara roja como el carmín. Lo que pasó a continuación fue una pesadilla.

Nos separaron a mi hermana y a mí. Mientras mi madre hablaba con mi hermana en otra habitación, mi padre me lanzó una de las mayores broncas que soy capaz de recordar. Nunca supe lo que hablaron mi madre y mi hermana, pero desde aquel dia nuestros juegos se terminaron para siempre. 

Lo intenté de todas las formas posibles, pero mi hermana nunca volvio a acceder a ninguna de mis propuestas. Incluso sentí como se distanciaba de mí. Cuando hablaba con ella, siempre mostraba la misma calidez de siempre. Pero nuestros juegos, hasta los más inocentes, empezaron a ser cada vez menos freqüentes hasta extinguirse. Así fué como ingresé en la adolescencia, perdidamente enamorado de mi propia hermana, con la que cada vez me sentía más distanciado.

Es cierto que por aquel entonces ya empezaba a tener chicas bonitas a mi alrededor. Pero a pesar de que algunas de ellas me gustaban realmente y que incluso llegué a enamorarme, los timidos besos, roces y frotamientos propios de mi edad no conseguían saciar aquel incendio que mi hermana había provocado en mí. Así que mi obsesión por ella, lejos de desaparecer, cada vez se hacía más fuerte. Aprovechaba cualquier ocasion para espiar su cuerpo desnudo a escondidas, temeroso de ser descubierto por mi hermana. Me aterrorizaba la idea deenojarla y que se alejara definitivamente de mí.

Por aquel entonces mi mejor amigo era un vecino que respondia al perfil del clasico adolescente pajillero. Siempre tenía revistas porno escondidas, las cuales en aquella epoca eran muy preciadas al ser una de las poquisimas maneras en que los chicos de nuestra edad podiamos ver un coño de cerca.

Fué él quién me enseñó a masturbarme correctamente, pues hasta ese momento tan sólo atinaba a restregar mi miembro erecto contra algo, ya fuera este algo el suelo, un colchón o las suaves nalgas de mi hermanita. A menudo me quedaba a dormir en su casa. Mi amigo vivía en un duplex y su habitación quedaba muy separada de la de sus padres, que dormían en el piso inferior, por lo que en la noche nos era muy facil escurrirnos hasta el salón de su casa para pasar la noche viendo peliculas eroticos o, a veces, pornograficas y nos la machacabamos sin parar hasta caer rendidos. Cuando habiamos terminado, mi amigo se encargaba de recoger las pruebas, incluidos mis restos de semen, y volviamos sigilosamente a la cama.

Mi amigo y yo fuimos ganando confianza y nuestros juegos subieron en intensidad como antes lo habían hecho con mi hermana. Aprendimos a darnos placer mutuamente. A menudo nos masturbabamos el uno al otro mientras nos contabamos historias subidas de tono. Con el tiempo ya nisiquiera ibamos hasta el salón. Nos quedabamos en su habitación jugando con nuestros cuerpos al son de la imaginación. En más de una ocasión terminamos por chuparnos las poyas. Fue la primera vez que probé el semén.

El lector puede pensar que aquello despertó nuestra homosexualidad, pero no fue en absoluto lo que paso. Ambos pasabamos el dia persiguiendo a las chicas, hablando de ellas, anhelando el cuerpo femenino por encima de todas las demás cosas. No, no eramos gays, pero aquella era la unica manera que conociamos de calmar nuestra calentura, cada vez más desbordada.

Fue en una de esas sesiones masturbatorias cuando por primera vez me habló de su hermana. Resultó que el también espiaba a hurtadillas a su hermana en la ducha o mientras se cambiaba. Hasta me explicó como algunas noches se colaba en su cuarto para tocarla mientras ella dormía. Me describió el tacto de sus tetas y me aseguró que no importaba lo que él le hiciera, ella no se despertaba nunca. 

Incluso se ofrecio a mostrarmelo esa misma noche si aguantabamos despiertos hasta la madrugada. Por motivos que, a estas alturas de la narración, ya deberían ser obvios para el lector, aquella revelación causo una honda impresion en mí. A pesar de la sinceridad que mi amigo había mostrado, me sentí incapaz de hablarle de mis sentimientos por mi propia hermana. En lugar de eso, decidí aceptar su propuesta movido por la excitación y una enorme curiosidad.

No se cuanto tiempo permanecimos en silencio bajo la oscuridad de aquella habitación pero estoy convencido que ninguno de los dos llego a cerrar los ojos por un solo momento. Cuando el silencio más absoluto se había apoderado del entorno, al fin alguno de los dos habló.
-¿Estas despierto?
-Sí.
-¿Aún quieres hacerlo?
-¡Vamos!

Y sin añadir más palabras ambos nos dispusimos a salir en silencio de la habitacion. La habitación de su hermana, estaba pegada a la habitación de mi amigo, entre ésta y el salón, en el piso superior al de la habitacion de sus padres. Por lo que, si colarse en el salón había sido facil, entrar sigilosamente en la habitación de su hermana fue un juego de niños.

Tardamos bastante en llegar a su cama. Mi amigo se veía nervioso. Lentamente nos fuimos acercando hasta llegar al borde del lecho. Entonces yo me quedé a un lado contemplando la escena gracias a la poco luz que entreba por la rendija de la puerta. Mi amigo mientras tanto metió su mano muy despacio bajo las sabanas de su hermana, a la altura de sus pechos y con mucha cautela siguió avanzando hasta posarlas en ellos. Al cabo de poco, decidí secundarle y, con mucho cuidado, hice lo propio hasta sentir el tacto de esas calidas masas de carne.

Para mi sorpresa, mi amigo tardó poco en perder la cautela con que había procedido mientras siseaba, susurrandome al oído:
-¡¿Lo ves?! Le puedes hacer lo que quieras. ¡Nunca se despierta!

Yo hacía un rato que habia trasladado mis atenciones, más al sur, dejando para mi amigo aquellos agradables melones, deseando como estaba de tocar de nuevo un coño con mis propias manos. fué entonces cuando mi amigo, al ver que le había dejado via libre, se abalanzo con ambas manos sobre su hermana para manosearlo los pechos a gusto. Es muy probable que su hermana ya llevara un rato despierta, pero no fue hasta sentir la intrusión de aquella tercera mano cuando reaccionó llamando a su hermano por su nombre.
-¿David? ¿Eres tú? ¡David! ¡¿Qué haces?!

La voz de su hermana sono practicamente como un susurro, quizás un gemido... Su voz estaba ronca, seguramente por la excitación. Peró, a pesar de ello, nos dió un susto de muerte. Huimos a toda prisa a la seguridad de su habitación mientras le recriminaba sus promesas.
-¡¿No decías que ella nunca se despierta?!
-Yo, tio, ya...

Esa fue la última vez que me invitaron a aquella casa y, con el tiempo, mi amigo y yo nos fuimos distanciando. Aunque aquel episodio, más que un final, para mi significó el principio de lo que estaba por venir. Aquella experiencia me habia dado nuevas ideas para seguir ahondando en mi obsesion.

Desde que nuestros padres descubrieran lo nuestro, mi hermana y yo no habiamos vuelto a ducharnos juntos, ni a cambiarnos en la misma habitación. Incluso le habían arreglado una habitacion al lado de la mia para que no tubieramos que dormir juntos. Las únicas ocasiones en las que logré ver su cuerpo desnudo eran cuando conseguía espiarla desde alguna rendija. Necesitaba más.

Durante las noches siguientes estuve tramando una estrategia, esperando despierto hasta altas horas de la noche, buscando el momento propicio, aunque al final nunca me atrevía a ir a visitarla. 

Recuerdo que fueron aquellas mismas navidades en las que alguien me hizo un regalo que resultó ser muy especial para mis propositos. Me regalaron una pequeña linterna portatil, tan pequeña que me cabía en la palma de la mano. En otras circunstancias un regalo así habría pasado sin pena ni gloria, sin embargo para mi significó el pistoletazo de salida.

Esa misma noche, mientras daba vueltas en mi cama, sucumbí a la tentación de volver a ver aquel hermoso coñito de cerca. Así que cogí mi linterna y me dirigi directo a su habitación poniendo tanto cuidado en no hacer ruido a mi paso como si me fuera la vida en ello.

Aun recuerdo el ambiente seco de aquella cálida estancia, recuerdo mi corazón bombeando con violencia bajo mi pecho, recuerdo el sonido de mi respiración y el momento en el que distinguí el sonido de la suya. Estaba dormida. Con mucho cuidado de no despertarla, fui retirando el edredón hasta descubrir sus piernas y su cintura, tapando por completo su cara.

Me costó un buen rato decidirme a continuar mientras contemplaba extasiado las voluptuosas curvas que se insinuaban bajo el pijama. Finalmente me armé de valor y comence a bajar con sumo cuidado el elastico de su pantalón mientras sostenía la pequeña linterna en mi otra mano. Ésta tan sólo proyectaba un tenue punto luminoso, aunque fué más que suficiente para permitirme contemplar su tan enhelado tesoro cuando al fin emergió bajo la goma del pantalón, precedido por su hermosa mata de pelo rubio. Estaba tan absorto mirandola que no me di cuenta de los cambios que estaba experimentando el sonido de su respiración. Al cabo del rato sentí la necesidad de tocarla y apagué la linterna para poder sostener la goma de su pantalon de pijama mientras introducia mi otra mano para acariciar con cuidado la suavidad de su vientre.

Primer me entretuve rozando con mis dedos el vello aterciopelado que cubría la parte inferior de su vientre. Después, respire hondo y seguí descendiendo hasta alcanzar su vulva. Tuve que forcejear un poco con sus pantalones para poder alcanzar sus labios mayores. Hubo un momento en que me sobresalté al notar que su cuerpo daba un ligero respingo. Aunque no detuve mi avance, pues para entonces ya estaba demasiado excitado. De todos modos ella permaneció inmobil y en silencio, aunque creo recordar que su respiración no era la misma.

Exploré su coño como si fuera la primera vez que lo tocaba, agradeciendo al destino por haberme brindado aquella oportunidad. Recorría sus labios mayores de arriba abajo, como si buscara algo sin saber lo que es. Finalmente encontré un punto del que emanava mucha humedad y dirigí hacia ahi mis caricias. En ese momento, mi hermana dió de nuevo un respingo y empezó a moverse, cambiando de postura mientras sacaba a toda prisa la mano de dentro de su pantalón. Aquello me asustó de verdad y salí corriendo de ahí a toda prisa. Ya en la seguridad de mi cama me hice una paja monumental. Sabía que, tarde o temprano, lo volvería a hacer.

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