jueves, 18 de agosto de 2016

Instruyendo a Eva

Este relato debería comenzar por el día que empezó todo, el momento justo en el que algo cambió y lo hizo para siempre con todas sus consecuencias. Era por la tarde y como siempre había ido a un parque enorme que se encontraba en mi barrio, paseaba a mi
perro por la parte alta del mismo cuando abajo junto al sendero pero apartado de este por unos arbustos había un banco y en él una parejita tonteaba y se metían mano, atraído por la escena me apoyé en un murete y como no, el morbo me pudo. No esperaba ver tanto pero uno par de minutos después pude ver como la chica poniéndose en pie, se quitaba las bragas, mientras el chico se enfundaba el miembro en un preservativo. Al momento ella se montó sobre él. Me pareció de lo más erótico ver a esa chiquilla menear las caderas mientras él con la cabeza apoyada en el respaldo del banco se dejaba hacer casi impasible. 

Cuando tan solo tres minutos después vi a la chica levantarse, lo sentí por ella dándome cuenta que todo había acabado demasiado pronto para ella. Con mal sabor de boca por el temprano final volví al sendero y empecé a descender acompañado de mi fiel compañero. Para mi sorpresa al llegar a la altura de donde debía estar el banco apareció la chica, supe que era ella por la roja chaqueta en la que había guardado sus braguitas, pero lo sorprendente era que reconocí a esa chica. Era Eva una chiquilla del barrio a la que conocía desde pequeña, la había visto mil veces saltar con la cara sucia y las coletas deshechas en el parque pequeño de abajo de mi casa. Sus padres al igual que yo mismo llevaban en el barrido desde que se casaron.
-Hola señor García –saludo la chica sin sospechar que había sido testigo de su encuentro íntimo-
-Buenas tardes Eva –intenté que no notar mi incomodidad-

Retomamos cada uno nuestros caminos, ella ajena a todo y yo dándole vueltas al paso del tiempo. 

Volví a casa pensando en que todo cambiaba, no solo esa chica, incluso mi vida, sobre todo los tres últimos años. A los cincuenta y cinco en la multinacional donde estaba me prejubilaron, ofreciéndome un buen sueldo hasta la jubilación total y ahí cambio mi vida, pasaba cada vez más tiempo en casa mientras mi mujer pasaba cada vez más tiempo entre el trabajo y las salidas con las amigas. Solo tres meses después me dijo que teníamos que hablar y la cosa se resume en que se aburría conmigo y que quería el divorcio. Se largó sin mirar atrás dejándome tirado tras más de veinte años de matrimonio. Al principio la odié por ello pero poco a poco me acostumbré a la soledad y ahora dos años después estaba totalmente adaptado y hasta la disfrutaba. 

Habían pasado dos días de lo del parque cuando volví a cruzarme con Eva, esta vez le sujeté la perrita que se le había escapado y había venido a jugar con el mío. Pero esa vez al contrario de otras muchas veces cuando esa chica se agachó para atar a su perrita yo miré su redondo culo, que se marcaba con esos ajustados vaqueros que llevaba. 
-Lo siento esta pesada siempre está igual
-No pasa nada –dije mirando sus turgentes pechos bajo la también ajustadísima camiseta-

Así fue desde el día del parque, cada vez que me cruzaba con ella no podía evitar el repasó a su cuerpo y sin apenas ser consciente ella pasó a ponerle cara y cuerpo a mis más oscuras fantasías sexuales. Seguí cruzándomela a diario y como buen observador incluso vi algún que otro momento intimo con algún chico, que antes hubiera pasado desapercibido para mí; un par de achuchones en su portal e incluso una vez en el aparcamiento hubo un poco más que simples achuchones. Todo ello me ponía a cien por más que intentara pasar del tema por absurdo, mi cuerpo parecía tener vida propia ante esa chiquilla de poco más de diecinueve años.

Unas semanas después por caprichos del destino al regresar de una cena con unos amigos vi a Eva hablando con un policía, estaba bastante lejos de casa y me sorprendió verla hablar acaloradamente, paré el coche y me bajé.
-¿Qué pasa con esta chica agente?
-¿La conoce usted?
-Si
-Es que una vecina dio un aviso de escándalo público y estábamos procediendo con unas preguntas.
-Es mi sobrina –mentí-

Tras unos minutos los agentes decidieron que podía llevármela y se fueron. Entramos en una cafetería y los dejé a solas unos minutos para que se despidieran, habíamos quedado en que la llevaría a casa. Al volver pude oír lo último que estaba diciendo:
-Intentaré convencerlo para que no diga nada, le conozco desde siempre
-Ahora ve con cuidado a ver si te pide algo a cambio de su silencio
-No seas peliculero, es un señor mayor… ¿crees que es un viejo verde?
-Claro, sino por qué crees que se ofrece a ayudarte, te mira con ojos golosos

Carraspeé tras ellos y ella se avergonzó, él como un cobarde se despidió citándola para mañana y la dejó con el pastel de dar explicaciones.
-Lo siento, no quería insultarle
-No pasa nada creo que es preferible ser algo viejo verde, que un cobarde que deja a su chica ante ese viejo verde para que acarreé con todo ella. Deberías plantearte si te interesa seguir con un tío así que no piensa en ti
-Eso no es cierto, está nervioso
-¿Y en el parque también lo estaba?-se me escapó cabreado al ver que ella no quería ver la realidad-
-¿En el parque?
-Será mejor que nos vayamos, estoy cansado –le dije furioso-

Supe durante todo el camino que estaba dándole vueltas a lo que le había dicho, pero lejos de aclararle nada la dejé en portal de su casa diciéndole que ya hablaríamos. Aparqué y fui hacia mi casa, arrepentido de haberme inmiscuido, nada más cerrar la puerta sonó el portero.
-Soy Eva, por favor necesito hablar con usted

Le abrí y esperé en la puerta a que subiera.
-Pasa o mañana todos los vecinos hablaran de esto. ¿No te da miedo ir a casa del viejo verde en mitad de la noche?-le lancé esa pulla mientras cerraba la puerta-
-Yo no dije que lo fuera, y he venido para hacerle una pregunta
-Que sea fácil niña
-Nos vio en el parque “haciéndolo” solo he estado ese día con él en el parque
-Pues lo siento pero la respuesta es sí, os vi “haciéndolo” y por eso dije que no se preocupa por ti, eso no es hacer nada, en dos minutos no
-Al final tenía razón y si es un viejo verde que mira a las parejas a escondidas –dijo rabiosa-
-No tuve que esconderme y si no hicieras esas cosas en público no lo habría visto –contesté furioso-
-Cierto pero eso no le da derecho a opinar sobre él
-Soy libre de opinar lo que quiera y si me parece que tu noviecito no tiene ni idea de satisfacer a una mujer puedo decirlo aunque sea mi opinión, en tu mano esta creerlo o no
-Claro que el señor se cree por encima del bien y del mal –seguía enfadada-
-Te cabrea porque sabes que es cierto nena, no es conmigo con quien deberías cabrearte. No me siento mejor que nadie, simplemente se lo que vi, si eres capaz de admitir la verdad…
-Se equivoca lo pasé genial en el parque –dijo mirando el suelo, se avergonzaba pero no quería dar el brazo a torcer-
-Claro si todos los chicos con los que has estado son como ese, no tienes mucho donde comparar –seguí picándola- un día cuando sepas lo que es “hacerlo” de verdad me darás la razón.
-Y quién sería el indicado en enseñarme a “hacerlo” ¿usted? –quiso picarme ella a mí-
-Seguro que podría ofrecerte más, de eso puedes estar segura –le seguí el juego-
-y ¿hay que pedir cita para ello? –dijo retándome-
-Nena si te atreves a sentir de verdad estaré en el salón, si como creo eres tan cobarde como él y te conformas con lo que sentiste en el parque puedes irte sin preocuparte de que nada de lo sucedido esta noche salga de mí.

Fui a sentarme a mi sillón dejándola en el recibidor, esperando oír la puerta de la calle. Oí sus pasos y no fue la puerta de la calle sino la del salón la que oí a continuación.
-No soy una cobarde –dijo plantándose ante mí-
-Quítate la camisa –le dije impasible, en mi papel-

Cuando los dedos empezaron a desabrochar su camisa, no podía creerme la suerte que iba a tener, la espoleé más por cabrearla que por esperar sacar tajada de ello. No calculé que bastaría decirle que no se atrevía para que su orgullo la empujara a demostrarme que era capaz.
-El sujetador y la falda, solo déjate las braguitas –seguí, deseando no asustarla-

Hizo lo que le pedía sin mirarme, algo avergonzada pero segura de lo que quería.
-Ven siéntate de espaldas a mí –le dije señalando mis piernas-

Me costó no suspirar cuando sentí su peso, su culito sobre mi sexo. Intenté obviar lo que sentía para centrarme en hacerla sentir, para demostrarle que había más, mucho más.

Toqué por primera vez su piel y sentí el calor de esta bajo las yemas de mis dedos. Acaricié sus muslos por fuera, de las rodillas hasta la cadera, bajé acariciándolos por arriba y volví a subir por la cara interna de estos, sin prisas, hasta llegar a su braga, la rocé con los nudillos antes de poner la mano de canto para subirla y presionar su entrepierna. Besé su cuello y su nuca mientras metía mis dedos bajo la tela y buscaba la humedad de su rajita. Ella suspiró al sentir el contacto directo de mis dedos. Separé los labios de su vulva y jugueteé entre sus pliegues hasta que sus suspiros me indicaron que necesitaba más, entonces busqué su clítoris y lo rocé, lo atrapé entre dos dedos y lo froté con suavidad notando como estaba hinchadito, sus gemidos subieron de tono, su cuerpo se retorcía y la fricción de su culo en mi polla me enloquecía de placer. Se arqueó ligeramente y entre suspiros se corrió mojando mis dedos.

Tenía que apartarla si quería seguir solo dándole placer o su culo me haría sucumbir. La dejé sentada en mi sillón aun con la respiración entrecortada y fui a mi dormitorio a buscar un puf alargado que tenía a los pies de mi cama. Lo llevé al salón, lo cubrí con una manta y fui a levantarla, tiré de sus manos y la senté en un extremo, la empujé ligeramente por los hombros tumbándola en el estrecho puf con los pies en el suelo. Me arrodillé frente a sus piernas y agarrando sus bragas tiré de ellas. Separé sus rodillas y me arrodillé entre sus muslos. Ella desvió la mirada cuando la miré, antes de bajar la cabeza acercando mi boca a su sexo, saqué la lengua y la pasé por toda su rajita.

Si me quedaba un solo ápice de cordura se desvaneció en ese mismo instante, el sabor de Eva era adictivo y los sonidos de su garganta mientras lo hacía arrebatadores, me perdí en ella. Lamí, mordisqueé y succioné cada rincón del sexo de esa chiquilla con devoción hasta que tras un gracioso aullido volvió a correrse; no dejé de lamerla hasta que su cuerpo volvió a relajarse.

Me levanté y miré su joven cuerpo, sus tetas se balanceaban ligeramente con su respirar aun acelerado tras su orgasmo, su coñito rasurado era realmente conmovedor, su vientre ligeramente abultado, sus muslos gorditos torneados… toda ella era un espectáculo para los sentidos.
-Vístete Eva, es muy tarde –dije de repente convencido de que sería lo mejor-

Ahora sé que estaba realmente acojonado, ella me miró sin comprender el final abrupto, pero se sentó, se levantó y tras vestirse dijo:
-¿Que he hecho para cabrearle? -me reí al oírla hablarme de usted después de haberle comido el coño-
-No has hecho nada, quería demostrarte que si sabía que había que hacer para que te corrieras y te lo he demostrado, en el parque no te corriste una sola vez, hoy te has corrido dos. Fin de la lección –le dije para indignarla- 

Y lo conseguí tras una mirada cargada de rabia salió de mi casa, dejándome con una extraña sensación, por una parte deseaba poseerla, pero otra parte de mi me impedía seguir a su lado. Ni siquiera quise masturbarme esa noche, recogí el salón, me di una ducha y me fui a la cama.

En los días sucesivos cada vez que me encontraba con ella la evitaba descaradamente, quería dejarle claro que no quería nada con ella, no iba a volver a caer en ese juego, ella no tenía por qué saber que no me podía permitir seguir jugando, porque eso iba a complicarme la vida y esta estaba bien así, había estado bien en los últimos dos años y así quería que siguiera. Para ello tenía que mantenerme alejado de esa pequeña brujilla embaucadora.

Una semana después la vi en el parque, estaba con el mismo chico y ella me vio. Haciendo ostentación ante mí se metieron en el recodo donde estaba el banco, el de la primera vez. Como un autómata subí el sendero y como un idiota me asomé para verla, los dos jugueteaban mientras mi humor cambiaba, no podía evitar ponerme de mala leche viendo cómo se tocaban y reían y justo cuando mi cabreo estaba en su punto más álgido, me buscó con la mirada y no tuve tiempo de esconderme, me sonrió descarada antes de volverse a hablar con el chico. Me largué de allí cabreado sin querer ver más, caminaba encendido recordando su mirada descarada y antes de llegar a la altura de donde estaba el recodo vi salir al chico. Era mi oportunidad, recorrí el pequeño caminito que me llevaba al apartado banco dispuesto a reprenderla. Allí estaba ella sentada como si no hubiera roto un plato.
-Algún día te darán un susto, si sigues haciendo guarradas en público –le dije indignado sin motivo-
-Esperaba que te acercaras aunque fuera a regañarme, ya que no quieres hablar conmigo y pensé que sería una buena manera de llamar tu atención.
-La mía y la de cualquiera que se asomé
-Nadie llega hasta allí y menos se asoma, solo lo haces tú. Además no hacia guarradas
-Porque me has visto –le dije dándole la espalda para irme-
-No he hecho guarradas desde que estuve en tu casa, por cierto hoy pensaba que claro que fue mil veces mejor en tu casa, pero quizás fue precisamente por eso. ¿Crees que aquí también sería igual de bueno? ¿O seria como con él? -dijo de nuevo con esa sonrisa desvergonzada que me subía la temperatura corporal-
-¿Que pasa que tu amigo te ha dejado a medias?
-No he dejado ni que empezara, te esperaba a ti
-¿Porque?
-Porque me encantó, venga ¿qué te cuesta? ¿No te gusto ni un poquito?

De nuevo de un solo plumazo derrumbo todas las barreras que había levantado y tiró por suelo todos mis principios, todos mis esfuerzos por mantenerme alejado de esa brujilla provocadora. Me senté en el banco a su lado, no quería que supiera que me moría por tocarla, quería que siguiera pareciendo que llevaba el control.
-Si quieres que me quede, hoy tendrás que ganarte mis favores. Tócame la polla sobre el pantalón.

No se lo pensó un solo instante, llevó su mano sobre mi pantalón y empezó a tocarme, mi polla se endureció bajo su mano.
-Desabrocha la bragueta y saca mi polla, a ver qué sabes hacer –le dije picándola-

Mientras yo miraba desconfiado hacia donde yo estaba hacia unos minutos y hacia los arbustos, ella sacó mi polla y empezó a meneármela. Lo hacía despacio; su mano subía y bajaba cada vez cogiendo más ritmo, mirando lo que hacía.
-¿Te gusta mi polla?-me gustaba hablarle así, en el fondo esperaba acojonarla con mi rudeza-
-Me encanta, es la más grande que he visto.
-No lo haces nada mal, pero ahora preferiría que me la chuparas –me miró dudando-
-¿Que pasa que a tu amigo no se la chupas?
-No, solo lo he hecho un par de veces unos momentitos y no se demasiado
-Ponte de rodillas, yo te diré como hacerlo

Tras unos segundos debatiendo con ella misma se arrodilló y fue acercando la cabeza a mi polla, yo la agarré por la base y rocé sus labios con el glande.
-Saca la lengua y pásala por la punta… ahora separa los labios –le pedí metiendo mi polla en su boquita-

Le metí la mitad y dejé que retrocediera, luego acariciando su cabeza la insté a volver a tragarla y así empezó a mamar más de la mitad de mi polla, la veía entrar y salir de su boquita roja, mientras sus labios la rozaban y esta se ponía cada vez más dura. Ella cada vez lo hacía con más empeño, con más ganas y me estaba matando de placer. Pronto estuve al límite y tuve que apartarla.
-Ponte de pie y separa los muslos

Se puso de pie ante mí y abriéndole el abrigo subí el bajo de su falda cogiéndola con la cinturilla. Con una mano mantuve la braga bajo su pubis mientras con la otra empecé a sobárselo, separé los labios y la masturbe.
-Así niña separa más los muslos –le pedí para intentar penetrarla-

Ella abrió todo lo que pudo y se apoyó en mis hombros, yo curvé dos dedos y la penetré, metí y saqué mis dedos mil veces mientras con el pulgar rozaba su clítoris. Ella gemía y jadeaba mirando lo que le hacía. Cinco minutos después su cuerpecito se estremecía con el orgasmo.
-Ahora vuelve a ponerte de rodillas y saca la lengua

Agarré mi polla y empecé a meneármela con furia rozando su lengüecita, con la mano libre acaricié sus mejillas encendidas tras el orgasmo, estaba excitadísimo meneándomela en su boca allí en mitad del parque.
-Chupetéala pequeña… así cielo vuelve a sacar la lengüecita

Di un meneo más y sentí como me corría en su lengua, en su boca… no retenía el semen que se escurría por las comisuras de sus labios, pero no se apartó.
-Ahora límpiala bien pequeña

Relamió toda mi polla como le había pedido mientras seguía sintiendo el cosquilleo del orgasmo.
-Nunca lo había probado -dijo mirándome inocente-

Cinco minutos después salíamos del parque, llegamos a la plaza y antes de irse a su casa me pregunto risueña
-¿Voy a poder repetir? –dijo entusiasmada, entusiasmándome-
-Cuando quieras –le dije dejando atrás cualquier prejuicio sin fuerzas ni ganas de seguir resistiéndome a ella-

Era viernes noche y había quedado con unos amigos, salimos a cenar y al regresar a casa la encontré sentada en la escalera.
-Hola 
-Hola Eva, ¿qué haces aquí? –dije felizmente sorprendido de verla-
-Te esperaba, me dijiste que cuando quisiera

Sonreí abriendo la puerta para que entrara antes de que la viera alguien, al cerrar la puerta le dije:
-¿Que puede querer esta chiquilla de un señor como yo?
-Quiero que me folle señor García 

Joder con la niña, no se andaba con rodeos pensé empalmándome al instante. Tiró el bolso al suelo y se quitó los guantes, luego se soltó la bufanda rosa y se desabrochó el abrigo y lo abrió para mostrarme que bajo este solo llevaba las bragas.

Jadeé extasiado mirando sus tetas entre la bufanda, sin tocar esta ni dejar de mirarla le bajé las bragas, la senté en el mueble del recibidor con el abrigo aun puesto y empecé devorar su boca mientras me desabrochaba el pantalón. Bajé lamiendo su cuello y mordisqueé uno de sus pezones, la bufanda me hacía cosquillas en la nariz, me incorporé, me metí bien entre sus piernas y llevé mi polla a su entrada. Ella suspiró y yo froté mi glande mojándomelo con sus juguitos deleitándome con sus jadeos.
-Necesito follarte ya pequeña puta

Sonrió encantada al verme como una moto, resbalé por su raja, la apoyé en su entrada y empujé metiendo de una estocada la mitad, ella dio un gritito, un segundo envite y mis huevos chocaron en ella, estaba dentro de su estrecha y caliente vagina, esta me apretaba la polla tanto que no quería ni moverme, fue ella quien apretó el abrazo de sus piernas abriéndose más y volví a empujar. Empecé a entrar y salir de su cueva caliente y acogedora, jadeando como posesos a cada arremetida. Ella se abrazó con fuerza de mi cuello, su culo apenas cabía en el estrecho mueble y a cada empujón la empotraba literalmente.

La agarré como pude con el abrigo y todo, ande sin salir de su interior los cinco pasos que había hasta mi habitación y me senté con ella encima. Apoyó las rodillas en el colchón y empezó cabalgarme mientras yo le quitaba el abrigo, pero le dejé puesta la bufanda que coloqué entre sus tetas antes de bajar la cabeza para chuparlas, mientras agarrándola del culo la ayudaba a moverse con brío sobre mi polla.
-Échate hacia atrás, apoya las manos en mis rodillas

Cuando lo hizo admiré su cuerpo desnudo arqueado, sus tetas se balanceaban por el movimiento de sus caderas y llevé mi mano donde nuestros cuerpos se unían, busqué el botón y la catapulté al orgasmo. Me miraba extasiada mientras este recorría su cuerpo. Un momento después la tumbé en la cama, necesitaba un minuto para relajar el momento. Me arrodillé a su lado y recorrí cada milímetro de su adorable y lozana piel con mis dedos, seguidos de mi lengua, mis labios y mi encendida mirada. Disfruté de su sabor viendo como su imperceptible vello se erizaba a mi paso, llegué de nuevo a su sexo, nunca iba a cansarme de su sabor, de sus gemiditos adorables, ni de ella, que me miraba suplicando más y más. Estaba dispuesto a dárselo todo pensé al notar mi polla palpitar entre mis piernas, seguí un par de minutos hasta que su cuerpo volvía a vibrar preparado, me coloqué entre sus muslos y de una sola estocada la penetre. Su coño apretaba mi polla en la mejor funda inimaginable y latigazos de placer recorrían mi columna cuando noté su orgasmo, empujé con toda mi alma hasta no poder más, solo entonces saqué mi polla y me corrí sobre su vientre y sus tetitas vaciándome por completo y sabiendo que esa era mi rubrica al pie del contrato en el que acababa de venderle mi alma.
-¿Vas a dejar que vuelva? Quiero que sigas instruyendo mi cuerpo –dijo unos minutos después mirándome a los ojos-

En mi defensa solo hare un pregunta. ¿Qué hubierais contestado a eso? Yo lo tenía demasiado claro y mi respuesta no se hizo esperar.
-Aquí estaré pequeña 

Le dije sellando así ese contrato inexistente que seguro depararía muchos momentos de placer, pero que sin dura ese placer se cobraría un elevado precio… mi alma.

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