viernes, 22 de julio de 2016

Mi hermana la ciega FIN

El regreso

De vuelta en el avión a Madrid, en un vuelo casi vacío, lo que nos daba cierta privacidad, no pude resistir la tentación de sacar el tema:

Clara, anoche se que hice mal, te ataqué a traición, pero si te digo la verdad no pude resistir la tentación. Y no solo eso me gustó tanto que quiero repetir. ¿Me vas a dejar?

Fuiste un abusador, me cogiste desprevenida. Me has dado mucho placer tocándome, me has dado aún más cuando te has comido mi concha, pero lo que sentí ayer fue mucho mejor que todo lo anterior. Yo también quiero volverte a tener dentro de mi, que te vuelvas a coger mi culo. Tan pronto lleguemos a casa te lo voy a ofrecer.

Y mientras hablaba echó mano a mi verga por encima de mis pantalones.

Mi hermanito cochino se excita, solo con pensar que le voy a ofrecer mi culo para que se lo coja.

Si alguna barrera, algún prejuicio, algún fantasma nos quedaba en la cabeza el viaje a Ibiza los dinamitó. Había cambiado hasta nuestro lenguaje.

El tiempo que duró el viaje lo dedicamos a confesarnos.

Clara, a mi que seamos hermanos me tiene sin cuidado, yo lo que quiero es que seas mi mujer, dedicar mi vida a cuidarte, a hacerte feliz y a que disfrutemos el uno del otro sin reservas de ninguna clase. Quiero tener sexo contigo cada día.

Eso mismo quiero yo, hacerte feliz y para eso quiero darte mi cuerpo para que lo disfrutes a tu antojo. Yo no es que quiera, es que necesito sexo contigo a diario. Mira, solo de pensarlo lo burra que me pongo.

Cogió mi mano la metió por debajo de sus faldas y la llevó a su sexo, estaba empapado, jugoso, esperándome.

Fingiendo que hacía frio tendí la mantita de las líneas aéreas cubriéndonos a los dos y le hice a mi mujer la pajita que estaba necesitando.

Si para algo había servido el viaje fue para que los dos tuviéramos claro que todo lo que queríamos era disfrutar el uno del otro. Los dos teníamos claro que nuestro único interés en la vida era el placer, el placer en cualquiera de sus formas aunque a la que nos dedicábamos las 24 horas del día era al sexo.

Todavía existía entre nosotros un territorio vedado, mi hermana no me había autorizado, ella sabría porqué, a que tomara posesión de su sexo. Yo era feliz con lo que Clara me daba, más feliz que lo había sido en toda mi vida pero necesitaba más. Necesitaba su coño, necesitaba poseerlo. Mi esperanza era que mi hermana me había prometido que me lo iba a dar.

Llegamos a casa, bajé las maletas y cuando andaba en esa tarea, Clara me llamó desde el dormitorio.

Cuando entré Clara se había desnudado, me esperaba a cuatro patas encima de la cama y con sus manos separando las nalgas

En el avión te he dicho que te lo iba a ofrecer y yo siempre cumplo mis promesas. Aquí tienes mi culo, para que hagas con él lo que tu quieras. Fóllatelo. Dame tanto gusto como me diste ayer.

Ver a Clara espatarrada con sus nalgas abiertas y sus tetas colgando era una visión que a mi me trastornaba.

Empecé, sabiendo sus gustos, por darle lengua, recorrí su chocho y su ano con lengüetadas anchas y profundas. Poco tardó ella en reaccionar y decirme lo que yo estaba esperando que me dijera:

Méteme toda tu polla, fóllate mi culo que quiero que me des todo el gusto del mundo, fóllame por dios, no me hagas esperar más. Quiero correrme como me hiciste correrme ayer, quiero volverlo a sentir.

Enfilé mi verga hacia la entrada posterior de mi hermana y sin el más mínimo esfuerzo la penetré. Clara me respondió con un gemido largo.

¿Te he hecho daño?

No mi amor, me estás dando un placer infinito, siento tu verga llenándome. Que gusto tan grande.

Mis embestidas fueron recibidas por mi hermana con gusto:

Dame bien duro que quiero correrme como ayer, te siento muy adentro, dame todo lo fuerte que puedas, que me pone cachonda sentir como chocas contra mis nalgas. Que gorda la siento.

Para luego con voz tierna preguntarme:

¿Tienes ganas de echarle tu lechita a tu mujer? ¿ Tienes ganas mi amor de verterte en mi culo? ¿ Te gusta que tu mujer sea tan puta y tan salida contigo?

Al sentir que se acercaba el orgasmo su tono cambiaba de nuevo para exigir:

Dame polla, dámela toda y córrete en mi, que quiero sentir como me llenas con tu leche, empuja, empuja duro, hasta romperme, fóllame, fóllame que me estás haciendo que me venga. Me voy a correr, mi vida, me estás dando mucho gusto y me voy a correr como una perra, me estoy corriendo, me corro mi amor, me corro, estoy sintiendo como entra tu leche en mi culo, me corroooo.

Sujetándola por las caderas entré y salí de mi hermana hasta que ninguno de los dos pudo aguantar tanto placer y nos corrimos.

Tanto mi hermana como yo hemos llegado a la misma conclusión, disfrutamos masturbándonos el uno al otro, nos sabemos dar mucho gusto tanto cuando yo me como su coño, como cuando ella me come la polla, pero cuando me meto en su culo alcanzamos la cima del placer.

La prueba es que no hemos dejado de tocarnos y de comernos, pero no recuerdo un solo día en el que no haya metido mi verga en el culo de mi hermana.

El día a día

Ya nos habían ingresado la herencia de nuestra madre en el Banco. No nos hacía millonarios pero si nos permitía vivir desahogadamente. Yo, de vivir traduciendo lo que me encargaban, pasé a poder seleccionar los trabajos y en muchos casos de rechazarlos, para dedicar mi tiempo a atender y a disfrutar de mi hermana.

Mi vida solo tenía dos objetivos, el hacer feliz a Clara y el sexo con ella. En cuanto a ella, dadas sus limitaciones, creo que tenía los mismos objetivos pero cambiando la prioridad, para mi hermana lo primero de su vida era el sexo, sexo las 24 horas del día.

Yo era el que a diario se encargaba de todo, quien decidía cada mañana como quería verla vestida, yo seleccionaba su ropa y se la dejaba colocada. He de confesar que en lo que se refiere a la ropa surgió en mi cierto fetichismo. Yo no le di importancia porque al no poder ver ella la ropa que le ponía no se sentía ni incomoda ni utilizada.

La ropa que yo elegía para ella tenía dos condiciones, por un lado tenía que ser escotada, por no decir muy escotada, me gustaba poder estar viéndole las tetas las 24 horas del día. En cuanto a la longitud de las faldas, tenían que ser cortas por no decir cortísimas. Los muslos de Clara permanentemente al aire me encantaban y el que algunas de las faldas dejaran ver la arruga que se producía en la parte baja de sus nalgas era un espectáculo al que no quería renunciar.

Para poder llevar a cabo mis planes en cualquier época del año, nuestra casa tenía en invierno la calefacción a tope, lo que permitía las desnudeces de mi hermana y las mías.

Algunos de los atuendos eran un poco más traviesos, me encantaba de vez en cuando vestirla con un atuendo colegial, camisa blanca y faldita escocesa tableada. La camisa tan fina como para dejarme ver sus pezones y tan ajustada como para que pareciera que la iba a estallar , la falda tan corta como para dejar al aire sus cachetes. En invierno la completaba con unas medias gruesas que le llegaban apenas por encima de las rodillas.

En la casa, salvo excepciones, nunca la ponía ropa interior, aunque a veces la vestía con corsés, ligueros y medias. Me encantaba cada mañana cuando venía a desayunar deslizar mi mano entre sus muslos hasta alcanzar su sexo , ella de pie y yo sentado, y dedicarle pellizcos y caricias a sus partes húmedas.

Uno de los conjuntos que me gustaba, casi siempre en el invierno, era un vestido abrochado en el pecho, de color negro, la falda súper corta acompañado de medias negras, en ese caso medias de tejido grueso que le llegaban a medio muslo, de manera que dejaban al aire una franja de carne que a mi me volvía loco. Lo completaba con taconazos de aguja.

Cuando nos sentábamos a ver la televisión, sí, los ciegos ven la televisión, lo escaso de su falda me daba cada día un regalo para mi vista.

Clara contribuía al juego. Le gustaba, sabiendo que yo la estaba mirando, provocarme abriendo los muslos como si estuviera distraída o no fuera consciente de que yo la estaba viendo.

Que calor hace.

Y mientras lo decía abría sus muslos y usaba la falda a modo de abanico.

Clara sabía perfectamente la longitud de las faldas que yo le seleccionaba y jugaba a provocarme. Le encantaban los cruces de piernas lentos, manteniendo unos segundos sus muslos bien abiertos y eso que ella nunca ha visto Atracción fatal, pero debo decir que los muslos de Sharon Stone son una mierda comparados con los de mi hermana.

Cuando llevaba faldas de tablas, estando los dos sentados en el sofá, se levantaba de repente se daba la vuelta para ir, quien sabe donde, y se levantaba la escasa falda de golpe, para decirme:

¿Te gusta mi culo? A mi me parece que es demasiado gordo.

Y se quedaba un momento con sus carnes desnudas frente a mi. Nadie salvo yo ha visto ese culo, el culo de todos los culos, lleno, redondo, duro, parado, un culo que debería estar en el Museo del Prado para admiración del Universo.

En otras ocasiones, mi hermana sentada en el sillón me ordenaba:

Dame lengua.

Yo me ponía de rodillas entre sus muslos y le daba lengua hasta que ella alcanzaba su clímax y me mandaba parar.

Clara era una mujer necesitada de sexo y cuando digo necesitada me refiero a que cada día tenía que tener un mínimo de seis u ocho orgasmos , días hubo de diez. Es evidente que yo no podía corresponderle en número, pero si podía satisfacer sus necesidades por otros métodos. Le hacía pajitas o le comía el coño cuando mi munición había sido gastada.

No salíamos casi nunca, ni falta que nos hacía, nos teníamos el uno al otro y en eso residía nuestro placer.

Yo , como digo, me encargada de todo, desde cocinar lo que comíamos, hasta los más mínimos detalles, yo le preparaba, todos días cuando anochecía, el baño a mi hermana y yo la bañaba como si fuera una niña.

Ese era un momento que nos gustaba mucho. Llenaba la bañera y la llamaba. Con cuidado y disfrutando de cada gesto yo le quitaba la poca ropa que llevara y le ayudaba a meterse en el agua.

Yo , que odio los geles porque no dejan de ser detergentes, recorría su cuerpo con mis manos y jabón. El baño no era sino una escusa más para que mis manos recorrieran su cuerpo. Y a ella le encantaba que yo acariciara sus tetas, su vientre, sus muslos. No dejaba ni un milímetro de piel sin recibir mis caricias.

A Clara siempre le ha gustado jugar y provocar. A veces en mitad de mi trabajo ella me decía:

Dame tu mano que me estoy haciendo pis.

Llevaba mi mano entre sus muslos y yo sentía como un manantial brotaba del sexo de mi hermana. Caliente e incoloro.

Que cochina me has vuelto, hago contigo cosas que no me hubiera imaginado hacer. Me gusta sentir tu mano en mi chocho cuando me estoy haciendo pis.

Después de secarla teníamos otra rutina que yo no dejaba nunca de cumplir. Yo me ocupaba de la hidratación de su piel, con mis manos embadurnabas de aceite para niños recorría otra vez el cuerpo de Clara. Era frecuente que en esa etapa mi hermana me pidiera que la llevara a la habitación porque mis maniobras le habían puesto tan caliente como a mi y quería sexo.

También era yo el encargado de pintarle la uñas, de las manos y de los pies. Le arreglaba las uñas, le quitaba las cutículas, se las limaba y se las pintaba. El mismo tratamiento lo llevaba a cabo con las uñas de sus pies. Clara tiene unos pies preciosos y yo descubrí que me encantaba lamérselos y besarlos.

Cuando a lo que me dedicaba era a sus pies, gozaba de un placer añadido, inevitablemente conmigo frente a ella tenía una vista privilegiada de su sexo, ella lo sabía y jugaba con ello. Tan pronto se cerraba de muslos pudorosamente como los abría para ofrecérmelo.

En muchas ocasiones lo que empezaba como una inocente sesión de pedicura acababa de otra manera. Mientras yo me afanaba en dejar sus uñas perfectas, Clara deslizaba su otro pie hasta alcanzar mi entrepierna, era la señal, mis manos se empezaban a deslizar por sus piernas, con calma, recreándome en la maniobra, pasando por sus pantorrillas, subiendo por los muslos hasta alcanzar su sexo.

Clara echaba su cabeza hacia atrás y me ofrecía su tesoro. Separaba sus muslos y le daba acceso a mis manos para que le proporcionaran placer.

La depilación

Otra de mis tareas era mantener su vello púbico en condiciones optimas, a mi me encantaba que Clara tuviera pelo en su sexo pero al mismo tiempo me gustaba que estuviera arreglado, perfilado, corto. Por contraste nunca se me ocurrió eliminar un solo pelo de sus axilas. Verla con una camiseta de tirantes levantar los brazos y dejar al aire esas dos matitas de pelo me encantaba.

La llevé a nuestra habitación. Tendida boca arriba le pedí que abriera bien sus muslos y sobre todo que no tuviera miedo que no la iba a cortar. Preparé mis instrumentos de afeitado y unas tijeras. Primero perfilé el área que quería eliminar, una línea horizontal en la parte superior y dos líneas oblicuas paralelas a sus ingles. Otra línea horizontal, ésta mucho más corta, coincidía con el comienzo de su sexo. 

Mi idea era mantener el mechón de pelo pero dejándolo más corto y afeitar completamente el sexo de Clara, desde el prepucio ( si las mujeres también tienen prepucio) hasta el ano, dejando depilados los labios mayores.

El coño de mi hermana podía servir de modelo para los manuales de Medicina, un monte de Venus abultado, desafiante, tapizado por un pelo negro casi sin rizo, lacio, brillante y denso. Los labios mayores carnosos, grandes, llenos. Sus labios menores apenas se dejaban ver si no eran estimulados. Su prepucio, una diminuta y suave caperuza tapaba un clítoris que era visible sin necesidad de excitación y que tan pronto se activaba desbordaba su funda y tomaba el tamaño de un garbanzo. En plena excitación era como una diminuta polla.

Realicé mi trabajo con precisión pero para llevarlo a cabo fue imprescindible sujetar el sexo de Clara para tensarla y evitar cortes.

Clara aguantó mis maniobras con estoicismo, con esa tranquilidad tan propia de ella. Su única reacción fue decirme con el mismo tono con el que me podría haber dicho que tenía frio:

Me estás poniendo muy cachonda.

Completé mi tarea dejando la zona totalmente afeitada, no precisé bajar mucho porque el ano lo tenía libre de pelo. Para mi propio placer recorrí sus lados con mis dedos en busca de algún pelillo rebelde.

La última etapa fue retirar el jabón y darle un poco de crema hidratante.

Al hilo de esta primera vez debo decir que es frecuente que las mujeres tengan su sexo de un color ligeramente más oscuro que el del resto de su cuerpo. Ese tono más oscuro les alcanza en muchos casos el ano. No es el caso de Clara, su sexo al completo es del mismo color que su piel y en cuanto a su ano es exactamente del mismo color que sus nalgas. Si acaso puedo aceptar que tenga un tono ligeramente más rosado.

Fingiendo que me quedaba algo por hacer le pedí que levantara bien su culo para una última revisión.

Clara, obediente, se ayudó de sus brazos para levantar sus nalgas. A mi la escena también me había puesto caliente y la visión de mi hermana con el culo abierto y las rodillas apoyadas en su pecho me provocó a hacer lo que hice. Primero separé aún más los cachetes de mi hermana para a continuación lanzar mi lengua directamente a su ano.

Mis primeras lametadas lubricaron el área y después con mi lengua de punta percutí contra el ano como si mi intención fuera penetrarlo. La multitud de veces que ya había repetido la operación de algo tenían que servir. El ano de Clara se fue poco a poco relajando y cuando digo relajando quiero decir abriendo, sus esfínteres se aflojaron hasta permitir que mi lengua penetrara en él.

La serenidad de mi hermana era su manera de vivir la vida, con una sola excepción que era cuando el placer la invadía, entonces y solo entonces la fiera que todos llevamos dentro, ella la dejaba salir de su guarida. Chillaba, gemía, demandaba, exigía, temblaba, sufría convulsiones y en ocasiones se desmayaba entre gritos.

En esta ocasión se produjo una novedad, cuando mi lengua se encontraba en lo más profundo que alcanzaba ella me avisó:

Me estás matando, siento tu lengua dentro de mi culo, pero tienes que parar, necesito ir al baño, tengo que hacer pis, no me puedo aguantar.

Saqué mi lengua el tiempo justo para decirle:

Aguántate un momento. 

Y sin más hinqué mi daga de carne en su culo. La enhebré de un golpe y ya con mi verga dentro de ella le dije:

Si no te puedes aguantar hazte pis, muchas mujeres se hacen pis al correrse.

Clara se resistió a mi sugerencia.

Que guarro eres, cómo me voy a hacer pis, pero eres malo porque no me puedo aguantar. No se que voy a hacer antes, si correrme o si mearme. Me voy a correr mi vida, me voy a correr y me estoy haciendo pis, que rico por dios, que gusto tan grande.

Clara entre los estertores del orgasmo y su necesidad, se dejó ir y mientras me decía que se corría, sentí que se estaba orinando.

Que vergüenza, me he hecho pis

¿Te ha dado gusto hacerlo mientras me tenías dentro?

Me ha dado mucho gusto el hacerme pis mientras me estaba corriendo como una perra.

Pues entonces no hay vergüenza que valga. Te ha dado gusto pues debes repetirlo siempre que quieras.

He tratado de poner ejemplos de lo variadas que eran en nuestra vida diaria las ocasiones para gozar el uno del otro, en realidad eran infinitas porque los dos estábamos siempre dispuestos a dar y a recibir placer.

La doble personalidad

No puedo negar que mi nueva vida me llenaba de gozo, estaba encoñado con mi hermana hasta un extremo enfermizo.

Me pasaba horas observándola, escrutando cada uno de sus movimientos y sus reacciones y creo que lo que de verdad me enganchaba de Clara, lo que me hacía depender de ella como de una droga era que mi hermana poseía una doble personalidad.

En lo cotidiano, en lo diario, Clara es una persona natural, sencilla, sin dobleces, autentica en todo lo que plantea, en muchos casos yo diría que ingenua y carente de la menor maldad, un ser luminoso que se desvivía por hacerme feliz. Generosa en todos sus actos, infantil a veces y espontanea siempre. Con esa enigmática serenidad que solo tienen los ciegos. Una persona con la que es una delicia compartir la vida. 

Pero junto a ese ser maravilloso vivía otro que era egoísta, posesivo, insaciable, absorbente, y que ponía sus propios deseos por delante de cualquier otra cosa. Me estoy refiriendo a todo lo que tuviera relación con el sexo.

Cuando Clara sentía el deseo, cuando necesitaba recibir placer, cuando lo que quería era sentir un orgasmo, todas sus virtudes naturales desaparecían y lo único que le importaba era conseguir saciar sus deseos. En esos momentos era una heroinómana en busca de una papelina. A veces me daba miedo con la urgencia y la pasión que exigía su placer, pero al mismo tiempo me excitaba hasta el paroxismo. Ver la transformación que sucedía en solo un instante, verla exigir sexo, ver como me ofrecía su cuerpo integro me enfermaba de deseo.

Toda la serenidad de que hacía gala en lo cotidiano se volvía locura cuando estaba recibiendo placer, se movía como una lagartija, exigía más y más, sus orgasmos iban acompañados de convulsiones, gritos, arañazos, insultos y nunca parecía estar satisfecha.

Travesuras

En otro orden de cosas, mi relación con ella había contribuido a que yo superara en cierto modo mi complejo de Quasimodo. Me sentía más seguro, poco a poco empezamos a salir y eso nos dio la oportunidad de hacer travesuras con las que disfrutábamos como niños.

Una mañana Clara me dijo que quería comprarse unos zapatos, unos taconazos lo más altos posibles. Pensaba ella y llevaba razón, que andar por la casa como iba vestida o incluso desnuda pero con tacones, me iba a encantar.

Como siempre, fui yo el encargado de seleccionar su ropa. Elegí para la ocasión una falda estrecha y corta, una camisa blanca de seda y una chaqueta negra. Pensé por un momento en ponerle la falda y solo la chaqueta, hice la prueba, lo había visto en una revista y me pareció sexy, pero o la chaqueta era pequeña o las tetas de mi hermana demasiado grandes, opté por la camisa que siendo de seda dejaba transparentar sus pezones como si fuera desnuda.

Pensando en que íbamos a comprar zapatos y Clara iba a tener un hombre sentado en un banco pequeño frente a ella me decidí por unas medias negras sujetas por un liguero también negro. El contraste de lo negro de la lencería y el dorado de sus muslos me encantó. Y estaba seguro de que iban a trastornar al vendedor. 

Me pone cachondo pensar que un tío te va a estar mirando y probablemente pensando que se te ha olvidado ponerte bragas.

Cuando ya la había terminado de vestir le pedí que se diera una vuelta, la falda que era bastante estrecha a la altura de las caderas realzaba sus rotundo culo y al ser corta dejaba al aire los muslos de mi hermanita. Un espectáculo capaz de levantar a un muerto de su tumba.

Entramos en una de la zapaterías después de yo comprobar por el escaparate que los dependientes eran varones.

Inevitablemente llamamos la atención de todos los que estaban en la tienda. Mi hermana luciendo muslos y nalgas, con el arnés de su perro en una mano y cogida del brazo de un tío tan feo como yo nos convertía en el foco de todas las miradas.

Se sentó con Toby a su lado mientras yo daba una vuelta por la tienda buscando lo que queríamos. Seleccioné cuatro modelos distintos.

Clara empezó recatada pero, poco a poco, fue dando al vendedor la posibilidad de que mirara entre sus muslos, para acabar probándose zapatos con los muslos completamente abiertos. Además, fingiendo sentirse acalorada, se abrió la chaqueta y el pobre muchacho que nos atendía tuvo que hacer esfuerzos para retirar la vista de sus tetas.

Cuando por fin decidimos lo que íbamos a comprar el vendedor nos acompañó a la caja tratando de ocultar el bulto que lucía en sus pantalones.

Ese mismo día y a petición mía aprovechamos para comprar ropa interior, fuimos a La Perla, lencería italiana de primerísima calidad, yo elegí los modelos. La Perla es ropa para señoras ricas con vocación de puta de lujo.

Cuando tuvo puesto el primer conjunto me llamó para que le diera mi opinión. El sujetador dejaba la mitad superior de las tetas al aire y las braguitas apenas cubrían el vello de su pubis y eso que yo ya había hecho mi trabajo de peluquero en la zona.

En vez de decirle como le quedaban la senté en una especie de butacón que había en el probador, le eché la braguita a un lado y le comí el coño.

Ya venía caliente de la zapatería, me has adivinado el pensamiento.

Clara cuando estaba caliente tardaba poco en correrse y esa ocasión no fue distinta.

Me estás poniendo muy cachonda me vas a hacer correrme. Me voy a correr mi vida, me voy a correr. 

Y se corrió.

Compramos dos conjuntos y nos fuimos para casa felices como perdices.

Yo conocía a mi hermana y ella me conocía perfectamente a mi, el día había sido excitante y los dos necesitábamos poco estimulo para encendernos.

Fui yo quien abrió el fuego: tan pronto lleguemos a casa, quiero que juguemos, me tienes muy caliente.

Yo también quiero jugar, mira, tócame el coño, estoy empapada.

No te voy a tocar porque entonces no llegamos a casa, si quieres vete tocando tú.

Dicho y hecho, Clara se levantó la falda y llevó su mano a sus ingles.

He estado todo el día cachonda como una perra, eres un canalla que disfruta desatando mis instintos. Ay que rico me estoy tocando. Mira.

Como en ella era natural tardó un suspiro en empezar a correrse:

Ya me va a venir, ya me va a venir, me voy a correr…me voy a correr, es que venía muy caliente.

¿Venías caliente o venías cachonda?

Cachonda como una loba. Cuando lleguemos a casa quiero que te cojas mi culo.

No se te han pasado las ganas con la pajita.

No, esto para mi es un aperitivo, quiero sentirte dentro de mi y quiero que me des tu leche.

Tan pronto llegamos a casa Clara se fue directamente al sillón, ella no precisaba la cama cualquier sitio le valía.

Yo desde detrás le levanté la falda y lo primero que hice fue disfrutar de la que veía, el culo de mi hermana en todo su esplendor, grande, redondo, reventón y por encima de todo a mi total y absoluta disposición.

Saqué la verga que venía en posición de presenten armas y empecé mis maniobras por algo que a Clara le encantaba pero que al mismo tiempo le producía inquietud.

Con mi capullo explotando no me dirigí directamente a donde ella me había pedido, enfilé hacía su entrada principal y pasee mi prepucio por sus labios, empezando en el clítoris y resbalando hasta alcanzar su culo. Cuando pasaba por delante de su vagina paraba y hacía el simulacro de meterme en ella. Yo notaba como cuando mi polla atacaba la entrada Clara se ponía tensa aunque no llegara a pasar del umbral ni ella dijera nada.

La única manera que Clara tenía de acabar con mi juego era pedirme, no que lo dejara, sino que le diera lo que ella estaba deseando.

Métemela ya, canalla, que sabes que estoy ardiendo y necesito tenerte dentro, métemela por dios. Fóllate mi culo y llénamelo de leche.

Un día no voy a poder resistir la tentación te voy a violar.

No mi amor no me vas a violar, no quiero ni oírte decir eso, yo te voy a dar mi coño, pero tienes que esperar un poco. Ahora por dios métemela, métemela.

Mientras me hablaba se había quitado la camisa de manera que cuando le di el primer empujón vi como sus tetas bailaban al ritmo que yo le imprimía a sus nalgas.

Que cachonda y que salida me tienes todo el día. Eres un sátiro y a mi me has convertido en una viciosa, en una enferma.

¿Te gusta que me folle tu culo?

Me vuelve loca, me mata de placer, es lo más rico que he sentido en mi vida, sentir tu verga gorda y caliente metida en mis carnes. Y cuando siento que me das tu leche se me va la cabeza y tengo la sensación de que me vas a matar de gusto.

Dame, dame, dame más duro, rómpeme el culo a pollazos, destrózame que ya me dan ganas de correrme pero antes quiero sentir tu leche, dame por dios, dame que ya me estoy corriendo, me corro mi amor, sacúdete en mi, dame leche.

A mi el oír que Clara se corría era lo que más me podía excitar en el mundo, de manera que al escuchar lo que me decía me vine, noté como me descargaba en ella, como se lo daba todo. Sentí una descarga eléctrica que comenzaba en mis pies, recorría mi cuerpo y explotaba en mi cerebro como un castillo de fuegos artificiales.

Algo parecido le debió suceder a mi hermana porque entre medias de sus gemidos solo acertó a decir :

Sujétame, sujétame que se me está yendo la cabeza, me estoy mareando. Que polvo tan rico, creí que me moría.

La eché en el sillón y desnuda como estaba pude ver algo que no había notado hasta ese día, el chocho de Clara temblaba como si tuviera vida propia, los muslos, que estaban abiertos, no se movían pero sus labios se movían incontroladamente en pequeños espasmos que duraban unos segundos, se paraban y volvían a empezar.

Ella mientras tanto parecía desmayada.

Estás bien, le pregunté.

Abrió los ojos, me miró y me dijo:

¿Tu que crees?, no he estado mejor en mi vida, me he corrido como un volcán que entra en erupción, pero todavía me duran las réplicas, te has salido de mi culo y yo me he seguido corriendo dos o tres veces. Ahora mismo me estoy corriendo otra vez, menos duro, pero me estoy corriendo.

La confesión

Cuando los dos volvimos a nuestro ser, sentados en el sillón le dije:

Clara mi amor, estoy loco por tomar posesión de todos los huecos de tu cuerpo, hoy he estado a punto de no cumplir con mi promesa, me ha faltado un segundo para cogerte por donde no me dejas. Un día te voy a violar. Me estás volviendo loco.

A mi me tenías ardiendo y también he estado tentada de decirte que empujaras y me la metieras. Creo que es el momento de darte una explicación o pensaras que soy una loca o que me gusta hacerte sufrir y no es ni una cosa ni la otra, yo lo que quiero es darte todo el placer del mundo, sin ninguna reserva.

Cuando yo tenía quince años, en la Residencia en la que en teoría salvo el capellán solo había monjas, una noche vino un hombre a mi habitación se metió en mi cama y me violó, por eso es una palabra que odio.

Ahora pienso que el capellán era impotente y estéril. Impotente porque le costaba una barbaridad meterse en mi, su verga era pequeña y blanda, y estéril porque gracias a dios no me dejó embarazada. 

Estuvo repitiendo la operación durante meses en los que yo viví aterrorizada, incapaz de contárselo a nadie y sufriendo por lo repugnante de lo que me pasaba.

Nunca he sabido las razones y nunca le había contado esto a nadie, pero un día nos dijeron que el capellán había sido destinado a otro sitio y nunca más supe de él.

Tengo pánico a sentir que algo pueda entrar en mi vagina, es más he probado con algún consolador y mis músculos se cierran con tal fuerza que me quedo dolorida.

Por qué no me lo has dicho antes.

Me daba vergüenza y miedo.

No tengas miedo, mi amor, juntos vamos a sacar ese fantasma de tu cabeza, yo te ayudaré.

Llévame a la cama, cariño, que no tengo fuerzas para moverme. Te quiero.

La cogí en brazos y la llevé a la habitación, con toda delicadeza le quité la poca ropa que le quedaba y una vez que la hube tapado le dije:

Clara eres la luz de mi vida, nada ni nadie nos va a privar de lo que tenemos y no estés preocupada, con lo que ya me das soy el hombre más feliz del mundo.

Te adoro hermano, yo también soy la mujer más feliz del mundo, nunca pensé que podría ser tan dichosa. Y estoy segura de que un día te pediré que me la metas donde tu quieres.

Me volví al salón a tomarme una copa, la confesión de mi hermana me había dejado en shock, la pobre niña ciega que es violada por un cura. Me propuse dos cosas, tratarla con toda la ternura del mundo por un lado y averiguar quien había sido el cura violador para hacerle pagar por lo que había hecho.

El cumpleaños

Se aproximaba el cumpleaños de Clara y yo quería hacer algo especial, algo que recordara siempre, era su primer cumple desde que volvió de Miami.

Ya en la mañana, en el desayuno la felicité y le hice mi primer regalo, un ordenador nuevo con los últimos programas adaptados para ciegos. Clara es una maestra manejando ordenadores pero el que yo le regalé era una joya. Me lo agradeció con un beso largo y húmedo. Pensaba yo que mi regalo le iba a provocar una sesión de cama pero no fue así. Simplemente me pidió que le tocara un poquito que tenía ganas, eso en ella era muy normal.

Me senté junto a ella y le hice una pajita dulce, suave, lenta, mientras me comía sus tetas.

En el medio de la tarea Clara me dijo:

Hoy quiero que sea un día muy especial, quiero sentir que estás enamorado de mi, que me amas, que no solo me deseas sino que me quieres. Dame suavecito, mi amor.

Clara podía pedirme tanto violencia como ternura, le gustaba más lo primero que lo segundo pero de vez en cuando necesitaba dulzura y yo se la daba.

Decidimos ir a comer a un restaurante de pescado y disfrutamos de una comida regada con vino blanco helado.

Cuando volvimos a casa Clara que venía un poco tocada me dijo que se iba a echar la siesta, yo me quedé en el salón leyendo.

Pasadas un par de horas o quizás más pensé que debía despertar a mi hermana. Me fui a nuestro dormitorio y me la encontré dormida como un tronco. Como en ella era normal, desnuda y tendida boca abajo. Las manos las tenía metidas por debajo de la almohada y parte de sus tetas aparecían por sus costados

Puedo parecer un obseso, o un enfermo, pero el ver a Clara tendida boca abajo, en esa posición en la que las carnes se extienden hacia los lados, y las nalgas parecen ser más anchas y los muslos más potentes a mi me encendía, la había visto mil veces pero cada vez para mi era un espectáculo nuevo y excitante.

Con cuidado me senté en la cama para contemplar las carnes de mi hermana con detenimiento y cercanía. Ver a una mujer desnuda y dormida tiene para mi un punto de excitación, es como robar algo que no te pertenece con la impunidad que te da el saber que está dormida y con la incertidumbre de que se puede despertar.

Debí despertarla que era para lo que había ido a la habitación, pero preferí disfrutar primero viéndola y después acariciándola. Yo sabía que Clara tenía un sueño profundo.

Eran sus nalgas lo que llamaban mi atención y por ella empecé mis caricias. Al principio con una suavidad infinita, como evitando despertarla, pero esa intención me duró poco. Amasé aquellas dos colinas de carne suave y a la vez firme, la di de besos y dediqué mis caricias a sus muslos.

Clara seguía dormida pero algo le debieron hacer mis caricias porque cambió ligeramente de postura, separó los muslos y su pierna izquierda hizo una especie de cuatro en relación con la otra.

Entonces mi mano podía alcanzar su sexo, oportunidad que yo no desaproveché. Poco a poco mi mano fue acariciando su nalga, cada vez más hacia el centro hasta que mis dedos alcanzaron su cueva. No me sorprendió en absoluto sentir que estaba mojada, Clara siempre lo estaba, también esa humedad podía ser consecuencia de mis caricias.

Apoyé mi dedo en su clítoris y muy despacio lo fui corriendo hacia arriba recorriendo su sexo al completo y no parando hasta llegar al ano. Estaba excitado como quien hace algo que le está prohibido, algo con lo que está abusando de la indefensión de su victima aunque sabía que de estar despierta Clara no me lo hubiera impedido.

Aunque Clara duerme como un lirón yo estaba seguro de que mis caricias la habían despertado, pero ella, a la que tanto le gusta jugar, estaba fingiendo que seguía dormida. Y yo le seguí el juego.

Mientras con el pulgar de mi mano derecha acariciaba su clítoris con la otra separé sus dos cachetes y dirigí mis dedos a su entrada posterior.

Le hice la paja más suave y más lenta de nuestra vida, mi pulgar apoyado en su punto más sensible apenas se movía, solo variaba la presión y de vez en cuando lo subía para juguetear en el vestíbulo de su vagina.

En cuanto a los otros dedos que ya eran dos, entraron hasta donde pude y una vez allí los moví imperceptiblemente.

En ese punto de suavidad total estuve no menos de cinco minutos en los que la única reacción de mi hermana fue abrir un poco más los muslos.

Llegué a pensar que Clara iba a mantener el engaño hasta correrse en silencio, como si siguiera dormida, pero me equivoqué.

Mi hermana en una voz apenas audible me dijo:

Que paja más rica me estás haciendo, sigue así, suavecito que me estás excitando mucho y me vas a hacer correrme.

Seguí con mis maniobras y Clara estuvo en silencio hasta que me dijo:

Me estoy viniendo, me estas dando mucho gusto y me estoy viniendo, sigue así, por dios, sigue así que me voy a correr, que orgasmo tan rico me está viniendo. Me voy a acordar del orgasmo del día de mi cumpleaños.

Y Clara se vino y nada más venirse se dio la vuelta se abrazó a mi y me regaló su lengua, nos besamos un buen rato y cuando nos separamos Clara me propuso.

¿Quieres que te coma yo a ti?

No mi amor, quiero reservarme para esta noche.

Me has hecho una pajita deliciosa, mi mejor regalo de cumpleaños.

Esa noche nos fuimos a cenar a un restaurante de diseño de esos que son caros y sales con hambre. Para la ocasión en vez de vino blanco pedí champán. Nos bebimos dos botellas y a Clara se le empezó a dibujar en la cara una sonrisa que yo no conocía.

Me estoy emborrachando y cuando me emborracho no soy responsable de mis actos.

Esa es una treta que usáis las mujeres para disculparos.

Nos volvimos y por el camino Clara no dejó de jugar con mi bragueta.

Te voy a comer, estoy borracha, pero te voy a comer.

Llegamos a casa y llevé a Clara al dormitorio, yo mismo la desnudé, en este caso fue algo más laborioso porque le había puesto un corsé precioso con ligas y medias.

Cuando me iba a meter en la cama mi hermana me pidió que le trajera una copa de champán. Volví con la botella y dos copas y me metí en la cama. Clara tenía una media borrachera charlatana. Seguimos dándole al champán y a la tercera copa mi hermana me preguntó:

Cuando hacen el amor las parejas ¿como lo hacen?

Pues entiendo que metiendo el hombre la verga en el chocho de la mujer.

¿No se la mete por el culo?

Creo que de vez en cuando, pero como cosa exótica.

Eso quiere decir que les da más gusto por delante.

Entiendo que si.

Yo no se tú, pero a mi sentir más gusto que el que siento cuando te coges mi culo me parece imposible, yo creo que me moriría.

Tiene que ser muy rico. Yo tengo muchas ganas de probarlo.

¿Quieres follarme esta noche?

Si mi amor sabes que yo siempre quiero follarte, por eso no te he dejado que me hicieras nada esta tarde.

Cuando te digo follarme te estoy diciendo que si te quieres meter en mi chocho y que follemos como hace todo el mundo.

¿Me lo quieres dar?

Si mi vida te lo quiero dar, pero tengo mucho miedo.

Vamos a hacer una cosa, tu te pones encima de mi y tu misma vas metiéndotela, de manera que si te sientes incomoda o te da miedo te sales.

Dicho y hecho, Clara se sentó en mis caderas y antes de empezar la tarea apoyó sus tetas contra mi pecho y me besó:

Te adoro mi amor, y te lo quiero dar todo, estoy loca por que me folles pero, si me da miedo, quiero que lo comprendas. Estoy un poco borracha pero muy cachonda.

Inclinada como estaba su mano se fue en busca de mi polla. Le sugerí que antes de entrar se hiciera unas caricias con mi capullo en su entrada.

Ay , me gusta mucho sentir tu verga en la entrada de mi chocho, me da mucho placer. Que rico siento al restregar tu verga por mi chocho.

Sigue haciéndolo hasta que tengas ganas de metértela.

Clara, que estoy seguro que seguía teniendo miedo, estuvo un rato jugando con mi polla como si se tratara de un consolador. Yo notaba sus jugos deslizándose por el tronco de mi verga.

De pronto paró el masaje y dirigió la cabeza de mi verga a su entrada. Noté como pasaba mi prepucio del primer obstáculo y ahí se paró, fue solo un momento, luego Clara siguió bajando lentamente su cuerpo y un instante después la tenía completamente metida.

Le pedí que se incorporara y que se sentara en mi, que notara que había llegado al fondo y que se estuviera quieta un momento.

Tengo toda mi polla metida en tu coño, toda, ¿te ha dolido?

Nada, lo que me ha dado es miedo, pero no solo no me ha dolido, me ha dado gusto.

Ahora, cuando tu quieras tienes que empezar a entrar y salir de mi, primero despacito, sube, baja, sube, baja, sube un poco más alto, baja un poco más deprisa.

Mientras la daba estas instrucciones la sujeté por la caderas para ayudarla en sus embestidas.

Clara tranquilizó su respiración y poco a poco fue cogiendo su propio ritmo, viéndola subir arriba y abajo, con sus tetas brincando, me volvió loco:

Me encanta ver como suben y bajan tus tetas, mi amor.

Ya se me ha pasado el miedo, ahora lo que estoy es ardiendo, nunca en mi vida he estado más cachonda, que rico mi amor, que rico te siento. Que alegría siento de que me estás follando.

A pesar de mi nula experiencia pero conociendo los gustos de mi hermana solté una de sus caderas y puse mi mano de manera que le podía acariciar el clítoris. Ese sutil toque fue como si sonaran las trompetas de Jericó. Los movimientos miedosos que había venido haciendo la mujer que me estaba follando se convirtieron en empujones bestiales. Clara subía a lo largo de mi verga y se desplomaba contra ella mientras gemía de placer.

Sigue tocándome, sigue que me estás dando mucho gusto, me encanta pensar que soy yo la que te está follando a ti, me gustaría saber que sientes tanto placer como el que yo estoy sintiendo, me tienes el chocho lleno y me estás dando más gusto que cuando te follas mi culo. Me estás matando de dicha, me matas mi vida, no se si voy a poder soportarlo, estoy muy salida y quiero que me des polla en todo mi coño.

Clara me anunció que se iba a correr y me dijo cuando se corría, pero no por eso dejó de moverse, siguió entrando y saliendo porque según me dijo después de correrse no se la había bajado la necesidad y quería volverse a correr.

Sigue dándome polla, hermanito, que sigo arriba y me voy a volver a correr como una perra, que gusto, que gusto tan rico. Me corro como una puta

Y se volvió a correr y me lo volvió a decir.

Me estoy corriendo y ahora lo que quiero es sentir que me inundas con tu leche, que me llenas el chocho porque se que cuando la sienta me voy a volver a correr.

Cuando yo noté que me iba a venir se lo dije:

Me voy a correr, te voy a dar todo lo que tengo, te lo voy a dar todo.

Sacúdete en mi , sacúdete , ya siento como me la estás dando, ya la siento y me voy a volver a correr, ay mi amor se me va la cabeza, no puedo soportar tanto placer, me matas mi vida, me matas.

Y mientras me lo decía se desplomó contra mi pecho y ahí se quedó un buen rato mientras yo sentía su sexo palpitante abrazado a mi verga.

Tardamos un buen rato en recuperarnos.

Clara quiero que me digas al verdad, ¿ha sido como tu esperabas?

Ha sido infinitamente mejor, yo he querido que hoy te cogieras mi chocho como un regalo que te debía, si hubiera sido por mi no lo hubiera ni intentado porque tenía pánico, pero al mismo tiempo estaba loca por darte lo que tu querías. Yo quiero ser tu mujer y que tu seas mi marido y que follemos como folla todo el mundo aunque a mi me va gustar que de vez en cuando, sin avisar, te cojas mi culo.

¿Te ha gustado?

Solo te puedo decir una cosa, en un momento he sentido que la bomba atómica explotaba dentro de mi, he tenido tres orgasmos bestiales, más duros que ninguno que haya tenido en mi vida. Que pena no haberlo sabido antes. Y a ti, te ha gustado follarte mi chocho.

Ha sido lo mejor que me ha pasado en mi vida. Quiero que follemos todos los días y te agradezco que me hayas hecho el regalo que me has hecho, toda mi vida me acordaré de tu cumpleaños.

¿Tu me quieres? Le pregunté

Yo moriría por ti si me lo pidieras, yo te adoro y quiero pasar toda mi vida contigo, y quiero que me folles mucho y que me quieras mucho y que sea yo para ti lo que tu eres para mi.

Sigues un poco borracha y por eso me dices esas cosas tan bonitas.

Estaba un poco bebida antes de follar, ahora estoy perfecta. Ya sabes en el futuro si me ves algo bebida, fóllame y se me quita la borrachera. Ponme una copa de champán que se ha quedado la boca seca.

Nos quedamos dormidos como dos niños y no nos despertamos hasta bien entrada la mañana.

Clara se despertó casi al tiempo que yo, todavía no me había levantado de la cama cuando oí su voz:

Mi amor, ayer me mataste de placer pero todavía no se si fue que me quitó el miedo el estar algo bebida, ahora estoy serena y me parece que deberíamos probar a ver si lo de ayer fue un espejismo.

Lo que me estás diciendo es que tienes ganas de que te la meta como anoche.

A veces pareces bobo, o te lo haces, lo que te estoy pidiendo es que te folles a tu mujer. Y esta vez no quiero follarte yo a ti, quiero que me folles tu.

Ponte en cuatro patas.

¿Te vas a coger mi culo?

No cariño, te voy a follar, pero me excita mucho tenerte en cuatro delante de mi, con tu culo bien abierto y tus tetas colgando.

Sabía yo que estaba pasando el examen de revalida, lo que había pasado la noche anterior podía abrirnos a un nuevo mundo o pasar a ser una anécdota.

Empecé dándole lengua, sin prisas recorrí su chocho de abajo a arriba hasta llegar a su ano, para desde ahí volver a bajar. En algún momento repetí gestos que ella conocía bien y que hasta ese día habían sido el preludio antes de meterme en su culo.

Mi hermana recibió mis lengüetadas con gusto, tan solo me hizo un comentario.

Hoy no quiero darte mi culo, quiero que me folles .Quiero sentirte en mi chocho.

No le hice el menor caso y seguí con mi tarea.

En algún momento desde donde estaba, enterrado entre sus muslos, eché mano a sus tetas y se las amasé.

Que rico me haces mi amor, que rico me coges las tetas.

Cuando con mi lengua comprobé que el sexo de Clara era un manantial me salí de donde estaba y le dije:

Ahora quiero que me lo pidas, me has hecho esperar mucho y este es tu castigo. Pídemelo.

Las palabras de Clara eran una prueba evidente de su estado de excitación:

Fóllame, canalla, mete toda esa polla dura y gorda en mi coño, rómpemelo a pollazos, que me tienes cachonda perdida esperando que me la metas. Quiero sentir tus huevos chocando con mi culo y quiero sentir como me das toda tu leche. Eres un vicioso que disfruta follándose a su hermana. Tu lo que quieres es preñarme.

Con lentitud dirigí mi verga a su entrada y no encontré la menor resistencia. Me hundí en ella hasta que mis testículos chocaron contra sus nalgas. Una vez dentro me quedé quieto un momento para que su chocho se adaptara al intruso que acababa de recibir. Noté que las paredes de su sexo abrazaban mi miembro, como un guante.

El que el chocho de mi hermana estuviera encharcado facilitó la operación. Sujetándola por las caderas salí de ella hasta casi estar fuera y desde ahí la apuñalé de un empujón.

Clara soltó un grito: aaaagh.

¿Te he hecho daño?

Me has hecho ver el cielo, dame, dame que te he sentido muy rico.

Ya con la tranquilidad que me daba el saber lo que me había dicho empecé el mete y saca con cada vez más violencia.

Clara respondía a mi esfuerzos con gemidos y gritos:

Que rico me estás follando, que rico mi vida, sigue dándome que estoy gozando mucho.

Cargando la suerte le pregunté:

¿Quieres que te de polla bien duro?

Si, dame todo lo duro que puedas. Rómpeme el coño con tu polla, destrózame.

¿Tienes ahora miedo?

Mi único miedo es que me la saques y me dejes sin el gusto que me estás dando. Ya me están entrando ganas de correrme, siempre me voy antes que tu. Me voy a correr, me voy a correr pero tu sigue que me quiero correr más veces.

La oí correrse y yo seguí percutiendo contra sus cachetes, ella unos instantes después me dijo que se iba a correr otra vez y entonces se me ocurrió hacerle un regalo. Dejé de sujetar sus caderas y mi mano hurgó entre sus nalgas hasta meterle el dedo pulgar en el culo.

Clara recibió mi regalo con otro grito mientras me anunciaba que de nuevo se venía. Cuando supe que mi hermana se iba a correr de nuevo y con mi dedo metido en su culo sentí que yo también me iba a correr y se lo dije:

Te voy a dar mi leche, te la voy a dar toda, te voy a llenar el chocho, me estoy corriendo.

Te siento, siento como te descargas en mi, siento tu leche entrando en mi coño, no me saques el dedo, mi amor, no me lo saques que sentir tu polla en mi chocho y tu dedo en mi culo me mata, yo también me estoy corriendo, me estoy corriendo duro, duro.

Esta vez fui yo quien se desplomó, a Clara le fallaron las fuerzas y se tendió en la cama y yo le caí encima.

Han pasado cuatro años desde el cumpleaños de mi mujer. Cuatro años de sexo continuo. Cuatro años de placer, de lujuria, de disfrutar el uno del otro sin ningún tipo de traba. Clara sigue necesitando sus seis y ocho orgasmos diarios pero los dos preferimos por encima de todas las cosas follar como folla la gente, aunque en alguna ocasión optemos por la entrada posterior.

Quien lea esto nos puede llamar insensatos pero algo que me dijo mi mujer aquel día era sin ella saberlo una de mis obsesiones, cuando ella me dijo: tu lo que quieres es preñarme, no podía saber que era verdad que quería verla con una barriga, que quería dejarla embarazada, que quería hacerla madre.

Nunca hemos usado ningún tipo de anticonceptivo, los dos sabíamos la razón. Hemos tenido dos hijos, una niña primero y un niño después, los dos perfectamente sanos y preciosos, y su madre y yo seguimos en nuestro mundo follando cada vez que uno siente ganas.

PARTE II FIN

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