miércoles, 20 de julio de 2016

La madre de mi mejor amigo I

Mi vida era completamente normal hasta hace algo más de un año, fue entonces cuando reconocí que tenía una obsesión más poderosa que mi mismo. Estaba loco por la madre de mi mejor amigo. Quizás decir loco no describa mi situación,
podría decir obsesionado, enfermo, paranoico. Un solo pensamiento ocupaba mi mente: Amparo. Y para ser más claro ese único pensamiento era follármela aunque lo consideraba un objetivo inalcanzable.

Vivía para verla, para compartir con ella unos minutos, para recrearme contemplando su cuerpo, para recibir un beso suyo o para que me gastara una broma a las que tanto estaba acostumbrada.

Mi pasión, mi calentura es algo que no he compartido con nadie, ni siquiera con Fernando, su hijo, soy una persona reservada y me daba vergüenza reconocer que su madre me tenía trastornado. Que estaba loco por ella.

Fernando y yo somos amigos desde siempre, nuestras madres también lo son, más que eso, son medio primas y nacieron en el mismo pueblo. A todos los efectos como si fueran hermanas.

Los dos somos hijos únicos y los dos vivimos solos con nuestras madres, mi padre se fugó con una peluquera veinte años menor y Amparo nunca se casó, Fernando fue el resultado de un polvo fortuito que la convirtió en madre soltera.

En mi descargo debo decir que Amparo, que seguía viendo en mi a un niño, hacía sin intención todo lo necesario para tenerme encendido.

Me recibía o me despedía igual que a su hijo, con un piquito en los labios, las noches en las que yo me quedaba a dormir en su casa, principalmente los fines de semana me la encontraba por la mañana en la cocina preparando el desayuno con un camisoncito que por abajo apenas le tapaba el culo y por arriba tenía un escote de infarto. Cuando me servía el café yo le veía las tetas al completo. En más de una ocasión la he visto salir de la ducha con una toalla mínima. Cada minuto en su casa me reservaba una sorpresa.

Antes de seguir con mi relato voy a describir a la mujer que me tenía loco. Amparo bien podría ser la representante de la mujer española. Cuarenta y pocos años. Pelo negro como el azabache, ojos al pelo, que viene a significar ojos del mismo color que el pelo es decir: negros. Una boca con los labios gordezuelos y unos dientes blanquísimos. De su cuerpo solo puedo decir elogios, un par de tetas a mi gusto perfectas y que estando en casa no estaban prisioneras de ningún sujetador. Amparo no se recataba en decir:

Según llego a casa lo que más me gusta es quitarme los zapatos y el sujetador, me gusta sentir las tetas libres. Odio la ropa interior. Si por mi fuera no la usaría nunca. Su cintura es estrecha y a partir de esa brevedad, unas caderas rotundas, potentes, un culo redondo y respingón y unos muslos, y digo muslos porque se los he visto infinidad de veces, perfectos.

En cuanto a mi, soy alto y flaco. Me llamo Jaime pero todo el mundo me llama Jimmy. Mido casi uno noventa y soy normalito. Amparo no es de mi opinión, en más de una ocasión me ha dicho:

Si yo tuviera diez años menos tu no te me escapabas. Tienes que tener a todas las chicas locas. Seguro que eres un golfo.

Recuerdo una ocasión que estando en la cocina cuando se estaba acercando el buen tiempo, Amparo, como siempre en camisón y con su hijo en la ducha, levantó sus dos brazos para decirme:

Llega el verano y los vestidos sin mangas, me tengo que quitar estos pelos para no parecer una cochina.

Y me enseñó sus axilas con un mechón de pelo negro que me hizo figurarme como sería su otro mechón, el que tenía entre sus piernas. Sentí una oleada de calor recorrer mi cuerpo y como mi hermanito se ponía firmes. En la confianza que teníamos me atreví a preguntar.
-¿También te depilas abajo?
-¿Estás loco? Donde hay pelo hay alegría, mi cuca está salvaje como os gusta a los hombres. Eso son moderneces de niñatas.

Tampoco se cortaba al hablar de sus desengaños amorosos con mi madre. Un día llegué a casa y las oí hablando en el salón.

Y el tío guarro el primer día que salimos me preguntó si tenía las tetas operadas, claro, le dije que no, y me propuso tocármelas para comprobarlo. 
-¿Y que hiciste?

Le dije: si estás loco por tocarme las tetas me lo dices y para ser franca, te hubiera dejado, pero a mi estos trucos me los han hecho mil veces y ya no me los creo. Y le di Puerta, Camino y Mondeño.
-Que bruta eres.

Yo lo que soy es sincera, yo me había puesto un buen escote para que supiera lo que tenía delante, el genero en el escaparate, y además iba sin sujetador, si me hubiera echado mano a las tetas me habría resistido un poco pero estaba loca porque me las tocara, ya sabes que el que me acaricien las tetas me pone muy cachonda, pero cuando me contó lo de si las tenía operadas me cortó el rollo. No soporto a los mentirosos y me se todos los trucos de los hombres.

En otras ocasiones con mi amigo y yo delante Amparo se quejaba de lo mal que están los hombres:

Los que no están casados son maricones, y los que no, nada más saber que estás separada y con un hijo tienen como único objetivo el quitarte las bragas y yo necesito cariño, delicadeza, y sinceridad.

Así las cosas el año en el que Fernando y yo cumplimos dieciocho años Amparo nos propuso que pasáramos unos días del verano en su casa en el pueblo, en la provincia de Jaén. A mi me pareció un plan perfecto a pesar de que íbamos al lugar más aburrido del mundo.

Amparo conduciendo, mi madre Carmen de copiloto y Fernando y yo en el asiento de atrás.

Nada más entrar en la casa Amparo dijo:

Vengo asada, el próximo coche tiene que tener aire acondicionado, me voy a poner cómoda.

Al instante volvió con una vestidito de flores y me cerebro se fue a pensar que para ella la comodidad consistía en quitarse el sujetador, en cada movimiento que hacía yo veía saltar sus tetas como si tuvieran vida propia.

No se si estos días me van a volver loco, pensé para mi. A la mañana siguiente Amparo nos propuso irnos a bañar a las pozas de un rio cercano y así lo hicimos.

El paseo hasta el riachuelo a casi cuarenta grados nos dejo exhaustos y sudorosos. Tan pronto como habíamos colocado los bártulos la madre de mi amigo nos dijo:
- Quedaros aquí y no miréis que Carmen y yo vamos a ponernos el bañador.

Tan pronto se dieron la vuelta Fernando me dijo:
- Vamos a mirar, estoy loco por ver a tu madre en pelota.

Se separaron de nosotros unos metros detrás de unas matas, mi madre se quitó el sujetador y las bragas, Amparo no tuvo más que sacarse el vestido y quitarse las bragas, porque de acuerdo a sus gustos se había dejado el sujetador en casa en esta .

Yo estaba enfermo viendo a Amparo desnuda, no me había mentido, una esplendida mata de pelo tapizaba sus ingles.Me recreé escrutando sus nalgas y sus tetas lo que confirmó que mi calentura estaba perfectamente justificada.

Fernando por su parte no perdía detalle de lo que mi madre enseñaba:

Has visto que cuerpo tiene tu madre, que culo y que tetas, no sabría por donde empezar, bueno si comiéndome las tetas antes de follármela.

Fernando no seas animal, que es mi madre.

Como si fuera la mía. Carmen está buenísima y a mi me pone enfermo. Mira que pedazo de coño. Me voy a tener que tocar.

Volvieron las dos con dos bikinis idénticos aunque de distinto color. Yo ya había visto a mi madre en bikini pero no con uno tan pequeño.

Que os parece chicos, son bikinis australianos, lo más golfo que se vende, no los podemos usar en sitios públicos pero a mi me parecen preciosos y con vosotros hay confianza.

Los bikinis que por delante no eran mayores que una cajetilla de tabaco, por detrás no existían, unas tiras de un material transparente más finas que un lápiz y que en ambos casos se metían entre las nalgas con lo que el efecto era de total desnudez.

Si me viera con este bañador quien yo me se le daría un ataque cardiaco. Pero se va a quedar con las ganas. Verdad Carmen.

Nos tendimos a tomar el sol y estuvimos un buen rato, hasta que las mujeres decidieron irse al agua.

Fernando aprovechó la ocasión para confesarme:

Tío, estoy loco por tu madre, me parece la mujer mas deseable del mundo, me pone enfermo cuando voy a tu casa y la veo ir y venir con un vestidito. Cuando nos pone el desayuno le veo las tetas.

Sentí que me estaba contando mi vida pero no se lo dije.

Fernando mi madre te ve como a un hijo y te saca más de veinte años, no esperes nada, ellas juegan en otra liga.

Se que llevas razón pero no me la puedo quitar de la cabeza.

Volvieron del baño y Amparo que siempre llevaba la voz cantante propuso:

Carmen yo tengo ganas de quitarme el sujetador, tener las tetas morenas me encanta y a los hombres les vuelve locos. ¿Te atreves?

No se , me da vergüenza con los chicos.

No seas estrecha ¿cuantas veces hemos hecho tu y yo top-less y nos ha visto las tetas todo el que ha querido?

Muchas, pero estábamos solas.

O sea que te parece mejor que te vean las tetas gente extraña que si te ven los chicos, no te entiendo. Tu haz lo quieras, chicos no miréis mucho.

Y se quitó el sujetador.

Una cosa es verle las tetas a Amparo a cuatro metros de distancia y con arbustos entre medias y otra bien distinta vérselas a medio metro de distancia y sin ningún obstáculo.

Si antes me habían parecido preciosas ahora me parecieron las tetas más bonitas del mundo. Grandes, con sensación de pesadas pero al mismo tiempo firmes y con los pezones apuntando al cielo. Me llamaron la atención el tamaño de los pezones, me parecieron dos cacahuetes oscuros y apetecibles. Hubiera dado mi vida por comérmelos en ese mismo momento.

Al ver que Amparo prescindía de su sujetador mi madre, quizás por no ser menos, se quitó el suyo, también tenía un buen par de tetas pero a mi gusto ni punto de comparación con las de mi amada.

Venga, daros un baño y así dejáis de mirarnos, que sois dos salidos.

Nos fuimos al agua y en ella Fernando siguió con sus confesiones:

Ya se que es una locura, que Carmen puede tener los hombres que quiera, pero lo que siento es más fuerte que yo. Me tiene loco, no dejo de pensar en ella y ahora viéndole las tetas me he puesto peor, voy a pasar unos días terribles. Voy a decir que tengo que hacer pis y me voy a hacer una paja, si no me alivio me va a dar un ataque.

Estuve a punto de confesarle mis sentimientos pero no lo hice.

Nos salimos del agua y Fernando hizo lo que me había dicho. Yo me quedé, mirándole las tetas a Amparo, quedándome embobado y fijo en ellas. Tanto fue así que en un momento en el que nuestras miradas se cruzaron, estando ella como estaba junto a mi me dijo bajito:

No me las mires tanto que me las vas a desgastar.

Me sentí avergonzado y me di la vuelta.

Cuando Amparo decidió levantamos el campo y volvimos a la casa. Para el trayecto de vuelta tanto mi madre como ella se conformaron con ponerse el vestido encima de la braguita del bikini. Verlas caminar a mi lado con las tetas bamboleándose a casa paso me hizo el viaje placentero.

A partir de ese día el plan era siempre el mismo, irnos al río y una vez allí y comprobado que no había intrusos mi madre y Amparo se quedaban con las tetas al aire. Un espectáculo para mi sublime.

Habrían pasado cuatro o cinco días cuando Fernando propuso ir a supermercado de un pueblo cercano a hacer la compra. Así mataba dos pájaros de un tiro, se iba conduciendo el coche de su madre y estaba a solas con la mía.

Amparo y yo nos fuimos a nuestro baño. Una vez allí y cuando ella se iba a ir a cambiar, después de mirar en su capazo me dijo:

Que tonta soy me he dejado el bikini en casa.

Pues tienes dos soluciones, o te bañas en pelota o nos volvemos a casa.

Eres igual que Fernando, andáis todo el día salidos como monos, a ver cuando se os tranquilizan las hormonas. No va a ser nada de lo que tu propones, me quedo con mis braguitas que al fin y al cabo son como un bikini, las tetas ya me las has visto. Por cierto, no me has dicho nada, te deben gustar porque no les quitas ojo.

Me encantan, son preciosas.

Hace unos años eran un poco más pequeñas pero miraban al cielo, la edad no perdona.

A mi me parecen perfectas.

Y delante de mi se sacó el vestido por la cabeza, lo primero que vi fueron sus muslos, rotundos, plenos, como dos columnas de mármol, a continuación unas braguitas minúsculas de color rosa suave y cuando acabó de sacarse el vestido, sus tetas al aire. Era verdad que odiaba los sujetadores. La otra explicación es que las mujeres que tienen buenas tetas les gusta lucirlas y no hay mejor manera de lucir tetas que llevándolas libres.

A pesar de lo rápido de la maniobra tuve tiempo para fijarme en el mínimo triangulo de tela que cubría su coño y que debido a su tamaño dejaba al aire parte de su vello púbico y marcaba con total definición la raja que ocultaban. Me puse enfermo.

No pude evitarlo y le dije:

Por favor Amparo date una vuelta que yo te vea, llevas unas braguitas preciosas. 

¿Que te pensabas que yo usaba bragas de vieja? Tu tía te ha dado una sorpresa.

Y se dio una vuelta delante de mis narices. Las tiritas del tanga eran lo que se llama hilo dental, un hilo finísimo que desaparecía enterrado entre sus nalgas. Que llevara tanga o no daba igual, tenía el culo al aire.

Me quedé prendado de aquellos cachetes, de aquellas nalgas gloriosas y cuando se dio la vuelta, de la otra pareja: dos tetas que me parecieron las más apetecibles del mundo.

Eres preciosa Amparo.

Tu eres un adulador que sabes que a las mujeres nos gusta sentirnos admiradas. ¿Puedo hacerte una pregunta?

Me puedes preguntar lo que quieras.

¿Has estado con una mujer?

Si te refieres a si me he acostado con alguna la contestación es no.

Que rico eres, y que dulce, mi niño es virgen. No será porque no has tenido ocasión.

Si, ocasión si he tenido, pero no con la mujer que yo amo.

Que tonta si yo estuviera en su lugar no te habrías escapado.

Para no dar pistas contesté: Ya, pero tu no estás en su lugar.

Tan pronto lo dije me arrepentí de haberlo dicho.

Pues estamos empatados, yo llevo mil años sin que un hombre se meta en mi cama. Si sigo así se me va a olvidar. Estoy pasando una edad muy mala.

Mientras hablaba estaba boca arriba así que yo tenía la oportunidad de recrearme en sus tetas. Cuanto más las veía, más me gustaban.

Amparo no se si como consecuencia de mis miradas se dio la vuelta y se puso boca abajo.

De nuevo pude disfrutar del espectáculo del culo de mi acompañante. En esa postura sus carnes se extendían hacia los lados, tanto sus nalgas como sus muslos. Quizás fuera el calor pero por un momento sentí que se me iba la cabeza.

Viendo la espalda de Amparo y habiendo oído la conversación que yo había oído sobre el idiota que el preguntó si tenía las tetas operadas tomé una decisión heroica.

Cogí el bote de crema bronceadora me arrodille a su lado y le dije:

Te voy a dar crema en la espalda.

Espera un momento jovencito, me quieres dar crema porque tienes ganas de acariciarme o para que no me queme.

Te la quiero dar porque tengo unas ganas enormes de tocarte.

Te ha salvado la sinceridad, si me llegas a decir que era para que no me quemara con el sol te habría mandado a la porra. Procede.

Empecé por los hombros, seguí por la espalda y echándole valor seguí hasta alcanzar sus nalgas. Eché un buen chorreón de crema y sin pedir permiso la extendí amasando sus cachetes, no solo eso, crecido ante su nula reacción, metí mi mano entre sus muslos y acaricié y di crema en esa franja de piel de los muslos que hace de frontera con el coño.

Amparo respondió a mis masajes con ligeros gemidos.

Que buen masaje me estás dando. Me estas dejando muy relajada.

Cuando a la siguiente maniobra le rocé el sexo Amparo me dijo:

Dame también en los muslos, no se me vayan a quemar.

Dejé con pesar las nalgas y me dediqué a los muslos hasta completar la tarea.

Date la vuelta que te de por delante.

Eres un cochino que no respeta nada, tu lo que quieres es tocarme las tetas, ahí me puedo dar la crema yo misma. Venga ponte boca abajo que ahora te voy a dar crema yo. 

Para que no me queme o porque te apetece.

Porque me apetece, tu me has estado acariciando y ahora te quiero acariciar yo. Eres mi sobrino preferido. No creo que hagamos mal a nadie. Además ya te he dicho que me tienes enamorada.

Verla arrodillada a mi lado con la tetas colgando fue para mi un espectáculo único. Puede que sea mi imaginación pero lo que yo sentí fue que Amparo estaba disfrutando de acariciar mi cuerpo, de ponerme cachondo, quien sabe si poniéndose cachonda ella. La crema era solo una coartada.

Una vez dio por terminada la tarea me pidió que me diera la vuelta cosa a la que me negué.

Por delante me puedo dar la crema yo, le dije en el mismo tono que ella había usado conmigo.

La realidad es que estaba excitado como un burro y no quería que ella me viera.

Vale, date la vuelta y solo te daré crema en la cara.

Cuando me di la vuelta Amparo inmediatamente supo el motivo de mi negativa. Mirando el bulto de mi entrepierna me dijo:

Cómo sois los jovencitos, que capacidad, ¿cuando te has puesto así? ¿cuando me has estado tú dando crema o cuando te la he dado yo?.

Con un hilo de voz contesté:

Cuando te la daba yo y cuando me la has dado tu.

A mi también me ha gustado mucho que me dieras crema. Me has acariciado muy rico. Hacía tanto tiempo que no me tocaba un hombre que ya se me ha olvidado cuando fue el último.

Eso será porque tu quieres, una mujer como tu tiene a todos los hombres que quiera.

Los hombres cuando ven una mujer divorciada, cuarentona, con un hijo mayor, vienen a lo que vienen, tu lo sabes, y yo no estoy dispuesta a que cualquier patoso se haga el enamorado cuando lo que viene buscando es echarme un polvo.

Amparo seguía arrodillada a mi lado con sus tetas a una cuarta de mi cara.

O sea que te has excitado dándole crema a una vieja.

Amparo tu no eres una vieja, eres una mujer preciosa y tienes un cuerpo divino. Y contestando a tu pregunta la respuesta es si, me he excitado mucho, porque eres mi tía porque sino hubiera cometido una barbaridad.

Eso lo dices por alagarme.

Te digo la verdad, me pareces la mujer más bonita del mundo. Me tienes loco.

Me voy a bañar que me estás ruborizando.

Amparo se fue al agua y cuando volvió me regaló otro espectáculo, su braguita al contacto con el agua se volvió casi transparente de manera que la mata de pelo que cubría su monte de Venus era perfectamente visible.

Le eché cara al asunto y se lo dije.

Amparo tus braguitas al mojarse se han vuelto transparentes. Si pretendías taparte con ellas has fracasado. A mi no me molesta el cambio.

Su reacción me dejó estupefacto.

O sea que ya me has visto en pelota, no es justo , yo no te he visto a ti, vamos a hacer una cosa, yo me quito las braguitas y las pongo a secar pero a cambio tu te quitas el bañador. Me parece un buen trato. Será un secreto entre los dos. Ya has visto que de depilarme nada, tengo una mata bien poblada.

Y de esa manera tan simple nos quedamos los dos en pelota.

Durante un buen rato no nos movimos ninguno de los dos y nuestras posturas impedían ver lo que no queríamos enseñar.

Una vez más Amparo rompió la situación.

Estoy caliente, me voy a bañar. 

No dijo tengo calor, dijo estoy caliente y en ese momento pensé que había dicho lo que había dicho: Que estaba cachonda.

Se levantó y se fue hacia el agua. Ya le había visto sus nalgas pero sabiendo que llevaba bragas, ahora al saber que estaba desnuda las mismas carnes me excitaron aún más.

Vi como su culo se bamboleaba camino del agua y tuve la sensación que Amparo exageraba el movimiento para que yo lo viera.

Me senté a esperar su vuelta. Amparo jugueteó un rato en el agua y volvió a mi lado.

Verla venir desnuda, con sus tetas bamboleando y su mata de pelo al aire me produjo una erección bestial. Sus pezones al contacto con el agua se habían puesto firmes y la areola se había reducido.

Mientras avanzaba me dirigió una sonrisa luminosa.

Cuando llegó a mi altura me miró la verga y me dijo:

Métete en el agua un poco a ver si te baja esa inflamación.

Le hice caso y el agua fría me sirvió de calmante, aún así vi como en mi viaje de vuelta Amparo no tuvo el menor recato en fijar su mirada en mi verga.

Me volví a tender a su lado, ahora ella estaba echada boca arriba con los muslos separados y yo podía ver perfectamente su hermosa mata de pelo y en centro de ella sus rosados labios. Para no ser yo menos también me tendí de modo que ella pudiera ver mi verga que aunque algo se había tranquilizado seguía teniendo una semi-erección .

Los dos estábamos jugando un juego que nos calentaba pero que implícitamente sabíamos que era eso, solo un juego. Yo me sentía como un pobre conejillo al que le está mirando una pitón, lo había visto en la tele, Amparo me tenía hipnotizado y era ella quien dominaba la situación.

No he podido evitar mirarte y para decir la verdad tienes una verga grande, hermosa, creo que mayor que la de mi hijo. Y no te digo nada si la comparo con la de su padre. Es del tamaño que me gusta las que son enormes hacen daño y nunca de verdad se ponen duras y las pequeñas no valen para nada.

Se ve que es un tema que dominas.

Ay, Jimmy si yo te contara.

No supe que contestar pero el saber que a Amparo le gustaba el tamaño de mi polla me encantó.

No sucedió nada más reseñable, cuando Amparo lo decidió, recogimos las cosas y volvimos a casa. Para el viaje de vuelta ella lo único que se puso fue el vestido encima de sus carnes desnudas. A mi cada gesto de ella me ponía aún más salido de lo que ya iba, saber que debajo de aquel vestido estaban sus carnes desnudas me mantuvo excitado todo el camino. Cuando ya estábamos llegando a la casa yo que iba detrás cogí el vuelo de su vestido y se lo levanté hasta dejarla el culo al aire.

¿Que haces?

Quería ver de nuevo tu culo, me tenía que despedir de él.

Su contestación contuvo un compromiso de futuro que a mi me sonó a gloría.

No te preocupes que vamos a volver al rio. Siempre que seas discreto. No le cuentes a Fernando ni a tu madre que nos hemos quedado en pelota.

Cuando llegamos a la casa ella sacó la llave de su bolsillo y yo aproveché para acercarme hasta apoyar mi verga contra sus nalgas y al mismo tiempo rodeé su cintura con mi brazo y la besé en el cuello.

Este ha sido el mejor día de mi vida, tenemos que repetir.

Amparo echó su mano atrás, alcanzó mi polla y la separó de su culo mientras me decía

A mi también me ha gustado mucho. Me encanta que un joven como tu se excite al ver a una madura como yo. Me has hecho recordar otros tiempos cuando los hombres se volvía locos por mi. Pero tenemos que guardar el secreto, hoy creo que hemos ido demasiado lejos.

Y sin más entramos en la casa.

Para nuestra sorpresa no había nadie en casa, Amparo lo comprobó recorriendo las habitaciones, cosa que me extrañó un poco.

¿Todavía no han vuelto?

A saber que estarán haciendo tu madre y mi hijo. Y donde andarán.

En ese momento no comprendí el significado de las enigmáticas palabras de mi tía, el futuro me dio la explicación.

Me voy a duchar que el agua del rio tiene mucha cal y no me gusta como se me queda el pelo.

Y delante de mi se volvió a sacar el vestido por la cabeza, se quedó desnuda y cuando se iba a dirigir al baño inventé una escusa para que no se fuera, para poderla seguir teniendo frente a mi en pelota:

Amparo me estás volviendo loco, nunca había visto a una mujer desnuda y hoy me he pasado el día contigo en pelota a mi lado.

¿ Por qué lo has hecho?¿Por qué me has dejado verte?

Quería saber si todavía le puedo gustar a un jovencito como tu y he visto que si. Las mujeres necesitamos sentirnos deseadas y llegada una edad tenemos complejo de invisibles. Me ha gustado mucho comprobar que te has excitado, no estaba segura de que una vieja como yo pudiera gustar a un yogurín como tu. Si te sirve de algo yo también me he excitado y hacía mucho tiempo que no lo hacía. ¿ Te ha gustado acariciarme?

Me ha vuelto loco, ha sido lo más delicioso del día.

Eres muy rico y muy cariñoso, ven conmigo, te voy a dar un premio, nos vamos a duchar juntos.

La ducha en aquella casa rural había sido improvisada, un pequeño cuarto con una alcachofa en uno de sus lados.

Nos metimos los dos debajo del chorro de agua y así estuvimos un rato hasta que Amparo cogió un bote de gel se echó un chorreón en su mano y empezó a extenderlo por todo mi cuerpo. Me acarició por todas partes salvo en mis genitales.

¿Cuantas veces se te ha puesto gorda hoy?

No lo se, la he tenido gorda todo el día.

Bueno pues esa parte te la dejo para que te des tu el jabón.

Acto seguido cogió mi mano y me puso el gel en ella.

Ahora te toca a ti, por favor no seas bruto, yo lo que necesito es ternura.

Empecé por los hombros, seguí por la espalda hasta llegar a sus nalgas, como ella me había acariciado las mías me vi con derecho a acariciar las suyas. La postura hizo que sus tetas se apoyaran contra mi pecho y mi verga se apoyara en su vientre, ella no hizo el menor esfuerzo por retirarse.

Una vez había recibido el permiso implícito metí mis manos entre sus cachetes y acaricié lo más profundo de su culo. Estaba yo dispuesto a avanzar por esas profundidades cuando Amparo hizo ademán de darse la vuelta, la sujeté.

Dame un beso como si estuvieras enamorada de mi, le dije.

Con una sonrisa burlona en los labios y en tono de broma Amparo me dijo:

Para eso no tengo que hacer ningún esfuerzo, estoy loca por ti. Eres mi sobrino preferido.

Amparo echó sus brazos alrededor de mi cuello y me dio su lengua, y no solos eso, a pesar de que estábamos abrazados con su cuerpo pegado al mío noté como ella adelantaba su sexo para que estuviera más en contacto con mi verga. Fue un movimiento sutil pero que yo noté sin ningún genero de duda.

Nos dimos lengua un buen rato mientras mis manos jugaban con sus nalgas y sus brazos hacían fuerza para apretar mis labios contra los suyos.

De repente ella me soltó el cuello, se dio la vuelta y se puso de espaldas a mi.

En esa nueva posición mi polla se apoyaba directamente entre sus nalgas y mis manos se fueron directamente a acariciar sus tetas. Después de todo un día soñando con sus tetas ahora las tenía entre mis manos, y Amparo me lo consentía.

Noté sus pezones duros como dos piedras y disfruté como un enfermo amasándolas.

Tenías ganas de acariciarme las tetas, lo se. Estabas loco por acariciarlas. mis tetas vuelven locos a los hombres. Hazlo suavecito, con delicadeza. A mi que me acaricien las tetas me pone muy cachonda. Sigue acariciándome pero despacito.

En contra de lo que yo podía esperar Amparo echó su culo hacia atrás apretándolo contra mi verga y mientras mis manos le acariciaban las tetas me dijo muy bajito:

Jimmy eres un abusador, te estás aprovechando de una pobre mujer muy necesitada de cariño. No sabes lo que me gusta que me trates con tanta dulzura. Me has tenido caliente todo el día, pero por favor no bajes tus manos, si llegas a donde estás pensando no se que podría pasar. Sigue con mis tetas que me encanta.

Interpreté sus palabras como una invitación velada a que me dirigiera a su sexo. Deslicé mis manos por su vientre y cuando estaba alcanzando su vello púbico Amparo me dijo en tono serio.

No sigas, te lo suplico, no sigas, que vas a romper este momento tan dulce. Yo también estoy caliente, pero los dos sabemos que hay fronteras que no debemos cruzar. Soy tu tía y no quiero que me acusen de pederastia.

Se volvió a dar la vuelta y me pidió:

Bésame tu a mi ahora como si me quisieras.

Yo no tengo que fingir nada, yo te adoro, sueño contigo cada noche y por eso hoy es el día más feliz de mi vida.

No era yo un experto en besos, pero ella si ,de manera que fue ella la que llevó de nuevo el peso de la operación. Me dio su boca, su lengua se enroscó en la mía y nos dimos un beso largo y jugoso, mi segundo beso con lengua. Me encantó.

De nuevo sentí como la pelvis de Amparo se adelantaba hasta juntarse con la mía.

Eres muy dulce y muy delicado Jimmy y eso es lo que yo necesito. Yo necesito mucho cariño y sentirme deseada y tu me das las dos cosas, por eso me calientas tanto. Pero ya hemos llegado a una frontera que no podemos pasar. Hasta aquí hemos llegado, pero ni un paso más. Vamos a salirnos o no podré responder de mis actos.

Nos vestimos y esperamos a que volvieran mi madre y Fernando. Me llamó la atención que para hacer unas compras hubieran necesitado tanto tiempo pero, en ese momento no le di importancia.

PARTE I

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