lunes, 20 de junio de 2016

Viudo en la boda de mi cuñada II

Dude una vez contemplado el culo de María sobre si irme a mi casa, bueno cuarto o aprovechar la ocasión para comer bien aunque fuese por una vez en mucho tiempo.

Me las arreglé para que unos primos de mi mujer me llevasen hasta el Palace en coche, desde luego el marido de mi cuñada no se podía decir que estuviese corto de capital, el lujo desbordaba en esa boda rozando un poco lo hortera.

Como me imaginé la boda fue lo más pijo que uno pueda pensar. He de decir que gracias a la familia de mi difunta esposa no me sentí fuera de lugar, al contrario de los amigos de María, aquellos que venían a comerme la polla a la salida de misa, la que fue mi familia me trató como alguien próximo sin preocuparles mi situación económica, algo muy de agradecer. Los otros me miraban por encima del hombre en los puntuales casos que llegaron a saludarme. Hay que ver como es la gente.

Hay que reconocer que María estaba impresionante aquella noche, en realidad siempre lo había estado. Al principio de conocerla y porque solo tenía ojos para su hermana ni me di cuenta y no me di cuenta de ello hasta que la tenía ensartada analmente y apreciando toda su salvaje belleza entre orgasmo y orgasmo.

Como solía ser típico en mi en esa época fui el último de Filipinas, el último en retirarme. He de reconocer que me jodió un poco en el alma ver como María y su recién estrenado marido se despedían de sus invitados para retirase a la suite presidencial. María me miró a los ojos cuando me besó en la mejilla. La pareja desapareció por la puerta principal del salón con la mano del novio en el culo de mi cuñada. El capullo tenía cara de estar haciendo lo más atrevido de su vida y encima delante de todo el mundo.

La barra libre se acabó a eso de las cuatro de la mañana, no es que saliese mucho pero el alcohol me había provocado ganas de seguir de marcha. Evidentemente no iba a encontrar nadie entre los que quedábamos que me acompañase, pero eso no iba a pararme.

Salí a la Carrera de San Jerónimo sin saber muy bien hacia donde ir. Empecé a andar metiéndome en la calle Santa María. Todo estaba cerrado pero tuve la suerte de ver como una pareja delante mía abría una persiana metálica y se metía en un bar cerrado. Ni me lo pensé, di una carrerita y me metí con ellos. Me miraron un poco asombrados, pero pensando que como ellos conocería al dueño.

Dentro había un ambientón, evidentemente parroquianos de esos que se dejaban medio sueldo en copas mes tras mes. El de la barra hizo ademán de decirme algo, pero solo fue un ademán, enseguida siguió a lo suyo, no era el primer cliente que me colaba ni tampoco sería el último.

Me pedí un ron y empecé a saborearlo, pensaba como estaría María follando en esos momentos. Me sonría al pensar que o bien la estuviesen dando duro como a ella le gustaba o simplemente un misionero corriente y moliente que cubriesen las expectativas del Tarzán con el que se había casado. 

Después otro ron y cuando iba a pedir el tercero la persiana se volvió a levantar. Todo el mundo mantuvo el silencio por si era la policía, pero la conversación retornó cuando una chica delgadita entró y saludo con una sonrisa a todos.
- coño. ¿Tu estabas en la boda? – me preguntó mientras me miraba de arriba a abajo.

Me fijé en la chica y si, era una de las camareras, la más fea para más datos.
- si, allí estaba.
- No lo dices con mucha alegría.
- La familia política, ya sabes, allí yo no pintaba nada.
- Bueno, eso se notaba.
- ¿Tanto?
- Bueno me gusta fijarme en los pequeños detalles. Y tu allí estabas fuera de lugar.
- ¿Qué tomas? – le dijo haciéndome el loco.
- Lo mismo que tu.

Y se sentó a mi lado y empezó a beber como si quisiese recortar la amplia ventaja que yo le llevaba. Hablamos durante horas de lo divino y lo humano. La chica no valía nada, más bien tirando a feíta, pero estaba conmigo sujetando la barra y eso era bastante para mi. Julián, el dueño, que para mi ya era como de la familia, nos comentó que eran más de las siete y que quería cerrar. Solo quedábamos Pitusa y yo.

Salimos a la calle subiendo la persiana metálica y descubrimos que era de día.
- ¿Bueno?, ¿Y ahora a donde vamos?
- Vamos a mi casa a follar. Llevo mucho tiempo sin hacerlo y tu me has gustado – no me podía quejar de mi suerte. ¿Cuánto tiempo hacía que no iba a un sitio y me follaba a una desconocida?, Creo que la última vez fue en una playa en Baiona, el día que conocí a mi mujer. Aun así con lo buenas que estaban la mayoría de las camareras, me tocó la de largo peor.

Por supuesto ni se me ocurrió decir que no. 

Esperaba que viviese cerca, pero no. Ante mi sorpresa me llevó hasta uno de los estacionamientos de Bicimad, el servicio de bicis eléctricas del Ayuntamiento de Madrid, en mi vida me había subido a una. Pitusa sacó una navajita de su bolso y en menos de cinco segundos soltó el enganche de la la bici que estaba en mejor estado, la segunda se le resistió diez segundos. Evidentemente lo de pagar no iba con la chica.
- monta y vamos - me dijo

Y monté y le empecé a seguir. Desde luego el motor eléctrico y las calles vacías hacían que el viaje fuese un viaje muy agradable. Si nos llegan a hacer un control de alcoholemia hubiésemos dormido los dos en comisaria, pero llegamos a Aluche sin novedad. Dejamos las bicis apoyadas en una pared. Pitusa sacó el móvil y llamó al 112.
- oiga, algún gamberro ha dejado dos bicicletas de Bicimad aquí tiradas… no, las acabó de ver… no sé quien ha podido ser… si, en la Avenida de los Poblados - pitusa intentó disimular la voz de borracha – ya sabes, una cosa es no pagar por ellas y otra dejar que las cojan para chatarra. Sígueme – me dijo.

Y subimos cinco pisos en un edificio con mala pinta, tan mala como el edificio donde yo tenía mi habitación alquilada. El piso era pequeño, cutre y mal amueblado. Pitusa no me dejó mirar demasiado., me besó y agarrando mi cabeza me hizo cerrar los ojos.

Pitusa se fue desnudando mientras me dirigía a su habitación. La chica no estaba mal desnuda, un poco de caderas, pero buenas tetas y unos pezones alargados de esos que dan ganas de tirar de ellos. La camarera acabó de desnudarme y en cuanto bajó mi calzoncillo y mi dura polla saltó sobre su cara, esta se la metió en la boca y empezó a mamar. 

La verdad es que la chica sabía mamar, desde hacía mucho tiempo solo me la chupaba Aurora, una de mis compañeras de piso a la que me cepillaba básicamente cuando ella quería, que no era todas las veces que quisiese. Se la saqué de la boca pues no quería correrme. Pitusa se dio la vuelta y me mostró su peludo coño. Movió su cadera como pidiendo guerra.

Y guerra le di. Le metí la polla de un golpe secó y profundo. Pitufa gimió y empezó a suspirar al compas de mis embistes. Le estuve dando duro y con ganas. Pitusa se corría una y otra vez. Se tocaba las tetas, me tocaba a mi, se pasaba un dedo por su clítoris.
- córrete en mi boca – me dijo entre suspiros – no tomo nada.

Seguí dándole durante dos minutos escasos y cuando vi que mis huevos iba a expulsar todo el semen, se la saqué. Pitusa se dio la vuelta y abrió la boca para recibir toda la corrida.

Le embadurne toda la cara y la boca y caí rendido. Dormité durante un buen rato, no me apetecía nada, pero si me levantaba ya, seguramente aun podría coger una de las bicis abandonadas y ahorrarme el largo viaje en metro hasta el barrió de Valdezarza,

Me levanté y Pitusa literalmente me tiró de la polla para pararme.
- quédate a dormir, mañana es domingo, seguro que no tienes nada que hacer – y era cierto.

Me quedé dormido mientras Pitusa me acariciaba los huevos, no sé quien se quedó dormido antes. Me levanté bastante después de la hora de comer. Estaba solo en la cama, me levanté con esa precaución con la que se levanta uno cuando esta en un sitio que no conoce. Dudé entre ponerme el calzoncillo o no, salí en pelotas.

Pitusa estaba sentada solo con sus bragas enfrascada en su ordenador. La verdad estaba muy graciosa con las tetas al aire y tecleando sin parar. Me miró por encima de sus gafas.
- hombre dormilón.
- ¿qué haces?
- ¿Pues que voy a hacer?, trabajar – me dijo riendo.
- ¿Pero no eres camarera?
- Ja ja, nadie es camarera de bodas, todos trabajan en eso para ayudarse, pero yo soy programadora informática en realidad. Ingeniera para más señas.
- ¿Programadora?, ¿Y que programas?
- No lo entenderías.
- Pruébame.

Y estuvimos hablando durante horas sobre su programa y las posibilidades que este tenía. Creo que Pitusa se quedó alucinada de a pesar de mi resaca las ideas que le di sobre los usos y posibilidades de negocio que su invento ofrecía. Pitusa solo veía la aplicación que estaba creando para una sola cosa yo lo vi clarísimo desde el principio.

Me la volví a follar en el sofá y la cama. Me encantó ver como se corría con mi polla en su coño y mi dedo índice en su culo. Pitusa se tiraba de los pezones mientras gritaba al correrse. Le llené la espalda de esperma cuando me corrí.

Salí de aquella casa con una gran sensación. Me había encantado ser ordeñado por una tía tan sensual como Pitusa. Habían sido dos polvos magníficos pero sobre todo me habían encantado las ideas de la chica.

Empecé a darle vueltas en el metro, para cuando llegue a casa me había hecho una especie de business plan en la cabeza, lo que llamamos una gran paja mental. El business plan lo fui desarrollando mentalmente a lo largo de la semana. Si funcionaba ese programa era la leche.

Cuando llegó el viernes me comían mis ideas en mi cabeza. Hacía años que no me veía a mi mismo tan creativo como esa semana y después de mucho pensarlo, salí de mi casa, entré en el metro y me volví a dirigir a Aluche.

Después de hora y pico y tras unas vueltas buscando el portal de Pitusa finalmente lo encontré. Llamé a todos los pisos quintos, nadie me contestó. Dudé entre volverme por donde había venido o esperar a que Pitusa volviese.

Me metí en un bar delante del portal y esperé. Eran las 21:30 y seguramente Pitufa estaba trabajando. Esperé hasta que cerró el bar a eso de la 1 de la mañana. Me desplacé hasta un banco de un parque un poco alejado del portal pero desde el que se veía perfectamente el mismo. Me había fumado todo el tabaco y se me había acabado la batería del móvil, pero hacía una buena noche y dediqué mi tiempo a pensar en el proyecto de la camarera.

Una risas sonaron a mi espalda, sonreí cuando vi aproximarse una bicicleta de Bicimad, iba a levantarme cuando a los pocos metros observé como otra bicicleta seguía a la guiada por Pitusa. Me quedé parado, no hice nada. 

Pitufa hizo su llamada de rigor y entre risas entró con el chico en el portal. No sabía si irme y volver en otro momento o esperar. Eso hice.

Esperé pacientemente temiendo que el chico se quedase a dormir. Hubiera sido lo normal, pero si me volvía a casa no iba a descansar hasta verla.

Estaba dando vueltas por la cera mitigando un poco el frio que ya empezaba a hacer cuando vi como la luz de las escaleras se encendía. Corrí hacía la puerta del portal y para mi alegría el acompañante de Pitusa se aproximaba para salir por la ella. Le grité para que no cerrase y entré en el portal. Aquello era una locura.

Subí las escaleras con todas las dudas del mundo. No sabía la letra de la puerta, pero si cual era la puerta. Llamé al timbre.

- ¿has cambiado de idea y has decidido a quedarte a dormir? – me dijo Pitusa totalmente desnuda cuando abrió la puerta – joder, perdona – me dijo mientras soltaba la puerta y se tapaba el coño y los pechos con las manos - ¿qué haces aquí Cesar? – dijo con cara de alucine.
- Tenemos que hablar.
- ¿Tenemos que hablar?, son las seis de la mañana
- Exactamente
- Lo siento, Cesar, pero no soy de esas a las que una se puede acercar a su casa cuando quiere echar un polvo.
- Lo sé.
- Además acaba de irse un chico ahora mismo.
- Lo sé.
- ¿Cómo que lo sabes?
- Lo sé por que llevo toda la tarde y parte de la noche esperando abajo.
- ¿estabas abajo?, ¿tu estas loco?
- Estaba abajo y gracias a dios no se ha quedado a dormir, y no, no estoy loco.
- Pues joder si debe de ser importante.

Pitusa se destapó y me hizo pasar.
- ¿te quedas a dormir?
- ¿A dormir?
- Si, ¿no querrás que hablemos a estas horas?. Llevó una buena borrachera, estoy baldada de una noche larga con final feliz.
- ¿No currabas?
- Al mediodía luego quedé con ese amigo al salir y la hemos liado por Malasaña.
- Ya. Bueno vamos a la cama.

Estaba yo también rendido y me quedé dormido en un santiamén. Pitusa ni se molestó en ponerse algo. Me desperté antes que la chica, la verdad es que de cara no valía nada, pero desnuda tenía un pase. Me quedé mirándola hasta que ella se despertó.
- ¿Y bien?
- ¿Y bien?
- ¿qué hacemos?, ¿me follas y luego hablamos o hablamos y luego follamos?
- Joder que directa.
- Bueno ya sabes, a esta edad cuando una quiere algo lo pide.
- La verdad es que me da un poco de corte follarte sabiendo que hace unas horas estabas con la polla de otro en el coño.
- ¿Y te da asco?
- Hombre…
- No se corrió dentro.
- Ya.
- ¿Me vas a decir que nunca se la has metido la polla en un coño nada más sacarla otro tío? 
- Pues para ser sincero si.
- Pues chaval, ya sabes lo que tienes que hacer.

Pitusa se puso a cuatro patas mostrándome su peludo coño y culo. La chica se pasaba el dedo medio por toda su raja mientras esperaba mi intervención.
- venga cabrón que me tienes a tono.

Y sacando la polla de mi calzoncillo se la metí de un solo golpe.
- ahhh como me gusta follar por la mañana, se me eriza el bello cuando noto carne en mi interior.
- Por el mediodía – dije y ambos nos reímos.

Volvía introducir mi dedo en su culo mientras ella volvía a darme su sintonía de gemidos y suspiros. Se dio la vuelta porque según me dijo quería verme mientras me la follaba. Sus tetas se movían como gelatina a cada movimiento de mi polla en su interior, Pitusa arañaba mi pecho mientras yo con mi mano sobaba su abultado clítoris. Nos corrimos juntos entre espasmos de placer. Caí rendido encima de su cuerpo.

Nos quedamos extasiados durante más de quince minutos, ninguno dijo nada hasta que Pitusa se levantó fue al baño a mear sin cerrar la puerta y volvió a la cama con un cigarro en la boca.
- bueno y de que querías hablarme.
- El otro día me contaste en que estabas trabajando.
- ¿camarera?
- No, lo otro.
- Si. ¿y?
- Pues bien he estado pensando sobre ello.
- ¿Y que has pensado?
- Bueno, si es cierto lo que me dices y has dado con un algoritmo que es capaz de predecir el movimiento de los mercados financieros a base de analizar los movimientos que el sistema recoge de los periódicos que se encuentra en internet.
- Y lo es, mi algoritmo analiza todos los periódicos online del mundo y toma decisiones sobre que va a pasar
- Bueno pues si lo es, no solo este sistema será capaz de analizar los mercados, pero también los resultados deportivos, los movimientos políticos e incluso los mercados inmobiliarios.
- Eso dijiste el otro día y creo que si es posible.
- Bueno pues he estado pensando y creo que estas desaprovechando tu talento.
- Ya niño pijo, soy consciente que tengo una maravilla entre las manos.
- Y entre las piernas.
- No seas cerdo, estamos hablando en serio. Se que tengo una maravilla entre las manos, pero las puertas se cierran ante mi presencia. ¿Quién va a hacer caso a una camarera?. Lo he intentado todo, reconozco que alguno incluso me escucha, pero como mi sistema necesita al menos tres meses de pruebas intensas para poder funcionar, y nadie me los da.
- Bueno creo que te puedo ayudar.
- ¿Tu?, ¿otro muerto de hambre como yo?, ¿uno que no tiene un duro como yo?
- Si, un muerto de hambre pero con amigos
- ¿Si?, ¿Y como no se te había ocurrido antes tirar de esos amigos? 
- Porque no tenía ningún plan, pero llevo dándole vueltas a lo tuyo toda la semana y creo que podría ponerlo a andar. Tengo claro como.

Y estuve contándole mis planes durante toda la tarde. A Pitusa le iba cambiando su cara a cada frase mia.

Discutimos detalles, vimos opciones, perfilamos flecos y cuando llegamos a la pregunta clave ya había anochecido.
- ¿Y que quieres a cambio?
- El 51% de la empresa
- ¿El 51????, ¿tu estas loco?
- No, sin mi no tienes nada.
- ¿cómo que no?
- No, ya puedes tener en un cajón metida la piedra filosofal de los cojones que si no eres capaz de venderla es como si no tuvieses nada. Eso es exactamente lo que tu tienes en ese ordenador. Una maravilla que se va a quedar obsoleto por falta de uso, y de la mina de oro que podría sacar de él, como corra el tiempo, vas a tener nada.

Pitusa me sacó a festejar nuestra recién creada empresa. El acuerdo recogía entre otras cosas que todos los gastos antes de encontrar un inversor correrían de mi parte (notario, abogados, registros) y que en cuanto tuviésemos dinero el primer sueldo sería para ella.

La verdad es que era una sábado por la noche muy animado en el barrio de Aluche sobre todo cuando hay algo que celebrar, y Pitusa y yo lo teníamos. Llegamos borrachos como cubas a su casa pasadas las seis de la mañana.
- hoy va a ser una noche especial – me dijo Pitusa con la risa tonta típica de los borrachos.
- ¿Qué vas a querer?
- No, te digo que va a ser una noche especial porque hoy vamos a pasar de folla amigos recién conocidos a socios, por lo que va a ser la ultima vez que follemos, y como va a ser la última vez que follemos va a ser algo especial.
- ¿Cómo se de especial? – le dije yo mientras ya le levantaba la camiseta de Los Ramones y apartando su sujetador le empezaba a mamar las tetas.
- Me vas a dar por el culo.
- ¿Y eso es para los días especiales?
- Muy especiales – y me miró sonriendo – me encanta el sexo anal pero nunca me atrevo a pedirlo, solo me han follado por ahí novios formales, pero en ocasiones especiales, y hoy lo es.

La miré a los ojos, ella me contestó con un muerdo.

Llegamos a su habitación y Pitusa se puso en posición. A pesar de sus caderas la tía estaba supersexy a cuatro patas abriendo con una de sus manos uno de sus cachetes y pasando un dedo desde su ano hasta un clítoris mientras me miraba por encima de hombro.
- Chupamelo, se me dilatará en un momento – me dijo. Yo me lo pensé un poco. Una cosa era comerle el conejo a una tía y otra meterle la lengua en el culo. Evidentemente chupé.

Como ella dijo, en pocos minutos ya tenía la entrada abierta y sacando mi cabeza de entre sus cachetes dirigí mi polla hacía su entrada trasera.
- con cuidado, no lo uso mucho.

Y por lo gritos que daba, vive dios que era cierto. Nos costó dios y ayuda que entrase hasta que mis huevos tocaron el chumino de mi ya socia.

Empecé a meter y a sacar poco a poco. Mis manos frotaban su espalda adentrándose en sus tetas a cada rato y mi polla iba notando como su esfínter se abría a mi paso y le provocaba ondas de placer a pesar de la lenta velocidad de las acometidas
- ¿Te has vuelto un blando?, dame duro coño.

Y empecé a darle con todas mis fuerzas

Pitusa disfrutaba como una loca.
- ahhh me encanta, me gusta muchísimo, que puta soy me busco un socio y le pongo el culo, ahhh, ¿la última vez?, mis cojones. Tu me vas a follar de lo lindo, ahhh, ahhhh, cuando quieras y este libre me tienes a tu disposición.

Y se corrió como una loca saliendo de su coño una increíble cantidad de flujo que dejó la cama perdida y le hizo caer reventada.
- por dios, tengo el culo mega sensible ahora. No sigas dentro que me matas, déjame descansar y te la chupo.

Y después de 15 minutos de risas entre ambos, se agachó hasta mi cadera y metiéndose mi polla en su boca y empezando a mamar con soberbia maestría. Con una mano me la meneaba y con la otra se acariciaba el clítoris. No se como lo hizo pero hizo que los dos llegásemos al orgasmo a la vez.

Nos besamos y abrazados nos quedamos dormidos.

El domingo por la mañana ni se nos ocurrió ponernos a follar. Pitusa se puso con su ordenador fijo en la mesa y yo me acomodé en el sofá con el portátil de mi socia para darle forma por escrito a mis ideas. En ese momento nacía en realidad Sober Interprise, empresa de la que os iré contando más adelente.

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