miércoles, 8 de junio de 2016

Toda la familia salio ganando

Me llamo Alex y tengo 48 años, estoy casado con Carmen una mujer exuberante, morena ojos verdes, 176 cmts de altura, pechos grandes y duros y un culito muy duro y levantado. Nos conocimos en la universidad mientras estudiábamos y nos apoyábamos en la preparación de exámenes. Eso hizo que nuestro contacto, al inicio únicamente de trabajo, se fuese convirtiendo en amistad y al final en amor.

Al acabar la carrera encontramos trabajo ambos en despachos diferentes (somos abogados) y decidimos casarnos, teniendo al cabo de un año, un hijo Juan, único descendiente al día de hoy y que ya tiene 23 años. 

Nuestra relación durante todos estos años de matrimonio ha sido muy buena, nos seguimos amando y ambos deseamos seguir juntos aunque en el terreno sexual las cosas no funcionen como debieran ya que mi polla es mas bien pequeña y sufro de eyaculación precoz (a pesar de que he tomado y he utilizado de todo) y por tanto ella, que solo me ha conocido a mi como hombre, se quede con las ganas mas de una vez. 

Lo intentamos suplir con juguetes y caricias, pero aunque ella no lo manifiesta, sé que en esos momentos desearía un hombre que la penetrase con fuerza y la poseyera con energía. 

Esta historia sucedió hace unos años, cuando Juan acababa de cumplir 18 años. 

El venía de sufrir una separación de su novia a la que había descubierto con otro chico en el coche de éste. Sus amigos le habían avisado de que estaba tonteando con otro chico, pero él seguía confiando en ella hasta que un día decidió investigar. 

Fruto de esa investigación se enteró de que iban a salir juntos un jueves por la noche y se fue con mi coche a casa de ella, esperando escondido a que saliese. Sobre las 10h de la noche apareció un coche y tras tocar la bocina ella bajó y se subió. Le apareció que se besaban, un beso rápido, y arrancaron. 

El les siguió con mi coche, vió que paraban en un sitio apartado y se reflejaban sombras en su interior que se movían y se acercaban. Se bajó del coche a los cinco minutos de estar mirando y se acercó sigilosamente, observando que lo que eran sombras eran su chica y su amigo. Ella estaba sin ropa en la parte de arriba, sentada sobre él, con sus tetas magreadas por el chico y moviéndose en movimientos que indicaban estaban follando. 

No pudo aguantar y acercándose golpeó la ventanilla, ellos se asustaron y al ver a Juan, ella profirió un grito. Juan les indicó que bajasen la ventanilla y una vez hecho le dijo a ella, que todo estaba acabado, pero que si era eso lo que buscaba se lo debería haber dicho antes y no tener que aguantar semejante disgusto y vergüenza. Dicho eso se dio la vuelta y volvió a casa. 

Cuando llegó le notamos muy triste y disgustado, tenía síntomas de haber llorado, así que le preguntamos que había pasado. El nos lo contó y le dijimos que no se preocupara que tendría tiempo para encontrar otra mujer y sería feliz con ella, como lo éramos nosotros. 

Se fue a su habitación y le oímos llorar. 

Carmen y yo comentamos lo sucedido y nos dijimos que había que ayudarle y animarle para que se sobrepusiera a lo sucedido. 

A partir de ese día su vida se volvió como la de un anacoreta, iba a la universidad, volvía a casa y ya no salía. Sus amigos le llamaban, pero él siempre decía que no. 

Un día, una vez transcurridos unos seis meses, entré a su habitación sin llamar como hacia habitualmente y le descubrí con su polla entre las manos y masturbándose. El reaccionó tapándose y pidiendo perdón. Yo le dije que no se preocupase, que eso era algo normal y que hasta los casados lo hacíamos. 

Me di la vuelta y salí, peo no podía olvidar su polla, grande unos 18 cms y gorda. Me acordaba de cuando era pequeño, pero nunca pensé que tendría semejante armamento. 

Su cuerpo ya lo había visto desarrollar, atlético, alto, rubio como yo cuando tenía su edad, 187 cms de altura, ojos verdes como su madre. 

Yo nunca había tenido tendencias hacia los hombres, pero cuando le vi masturbándose me recordó esos episodios vividos de niño y joven con otros amigos en que nos pajeábamos juntos y tocábamos las pollas hasta corrernos, lo que hizo que fuese al baño y me masturbase con los ojos cerrados y teniendo presente lo que había vivido hacia unos instantes. 

Los días siguientes transcurrieron como los anteriores, salvo por dos particularidades 

- Juan ya no se ocultaba tanto al masturbarse y cuando estábamos él y yo solos en casa, dejaba la puerta del baño semiabierta para que cuando yo pasase por allí le viese o desnudo o masturbándose. 

- Yo, fruto de esas situaciones, me masturbaba cada vez mas a menudo y no podía quitarme de la cabeza la polla de mi hijo. 

Un día que yo me estaba masturbando en el baño entró él y al verme así, me dijo que si quería que me ayudara. Me quedé sin palabras y él sin decir nada mas, cogió con su mano y me apretó la polla comenzando a masturbarme. 

Me corrí enseguida manchándole la mano y me dijo: 

- Pues si que eres rápido!!! 

Yo no dije nada, estaba en estado de schock; y él sonriendo me dijo: 

- Me dijiste que masturbarse es normal y que lo hacíais también los casados, así que no veo el problema en ayudarnos, siempre es mas placentero que hacerlo solo 

Y dándose la vuelta, se lavó las manos y se fue; me quedé allí quieto, no había dicho ni palabra en todo momento, pero me quedé preocupado. 

¿Qué estaba pasando? 

Pasaron unos días y una tarde que su madre estaba de compras, al pasar por su habitación me llamó; entré y me lo encontré desnudo con su polla tiesa entre las manos. 

Me dijo: el otro día te ayudé yo, me ayudas tu ahora a mi? 

No supe decir nada, simplemente me acerqué le cogí aquel instrumento y comencé a masturbarlo. No quitaba ojo de su polla, grande, dura, tiesa. 

La movía arriba y abajo, arriba y abajo y él suspiraba pero no se corría, estuve así unos minutos hasta que me atreví a preguntarle 

- Hijo, no te corres?, no te gusta como lo hago? 

- Papa, yo tardo mucho en eyacular, controlo mucho porque me da placer y cuando me corro disfruto mucho mas. 

Me callé y seguí con mis maniobras, no sin dejar de observar su polla y sus huevos que cada vez los cogía con mas ganas. Yo estaba muy excitado también y tenía mi polla tiesa, algo que él observó. 

Al cabo de un rato largo comenzó a gemir y decirme que se iba a correr y, en ese momento estiró su mano y comenzó a pasearla por encima de mi pantalón tocándome la polla. 

Yo al notarlo aceleré mis movimientos al mismo tiempo que me corría y noté como su polla se hinchaba y me mojaba la mano y mi ropa. Era un chorro continuo de leche caliente que salía al mismo tiempo que Juan decía Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii. 

Seguí con su polla entre mi mano, mientras comenzaba a ponerse flácida. El me miraba y me dio un beso. 

Yo avergonzado, agaché la cabeza y me di la vuelta saliendo de su habitación. 

Fui a la mía, me desnudé, y después de pasar por el baño me senté en la cama ¿Qué me está pasando?, ¿Qué nos está pasando?. 

Por un lado estaba alterado porque consideraba que no era normal lo sucedido y que debería poner remedio a ello; por otro me decía que la sensación había sido muy agradable y que me gustaba lo que había vivido. 

Decidí que no iba a existir próxima vez y que hablaría con mi hijo sobre lo sucedido. 

Mientras estaba en esas, llegó Carmen y tras darme un beso me dijo que me pasaba que estaba un poco pálido. Yo le dije que no pasaba nada que quizás fuese un bajón de tensión esporádico y que me encontraba bien. 

Luego bajamos preparamos la cena y cenamos los tres. Por la noche ella y yo hicimos el amor, yo estaba muy excitado fruto de lo sucedido por la tarde, pero a la hora de follar me sucedió lo de siempre, que me corrí enseguida, por lo que tuve que recurrir a uno de nuestros juguetes para que Carmen terminase. 

Por la mañana desayunamos los tres con normalidad y Carmen nos dijo que no volvería hasta la noche porque estaba con un pleito muy complicado y se quedaba en el despacho, así que me dije que por la tarde iba a hablar con Juan y cortar esa situación. 

Sobre las cinco y media llegué a casa y me encontré con Juan, estaba sentado en un sofá en el salón viendo la TV. 

Yo Hijo, tenemos que hablar 

Juan ¿De qué quieres hablar? 

Yo De lo sucedido y que no va a volver a suceder 

Juan No ha pasado nada que no nos haya gustado. Yo estoy pasando una mala racha y sé que tú también, porque os oigo a mamá y a ti hablar sobre tu eyaculación precoz y además sé que cada vez hacéis menos el amor. 

Yo Eso es un tema entre tu madre y yo, y no tiene nada que ver con todo esto. 

Juan Si tiene que ver. Tu estás necesitado de sexo y yo también, así que porque no nos satisfacemos mutuamente? 

Yo Es antinatural hacerlo entre padre e hijo 

Juan ¿Porqué?, ¿qué daño hacemos? ¿a quién? ¿Sería mejor que nos fuésemos de putas o de putos? 

Yo me quede callado, no sabía que responder. 

Juan Creo que no hacemos nada malo y además me gusta estar contigo, te quiero como padre y sé que no me vas a traicionar nunca. Además creo que entre nosotros existe cierta atracción aunque solo sea sexual. 

Mi cara se inclinó hacia abajo, estaba desarmándome y además tenía razón. La relación con Carmen se estaba enfriando, ya los juguetes no suplían esa pasión necesaria en una pareja y eso llevaba a que yo cada vez necesitase mas masturbarme y hacerlo con mi hijo me gustaba. 

Se acercó a mi y levantándome la cara me besó, al principio fue un roce, luego sentí mas presión de sus labios y al final sentía su lengua recorrer mis labios. 

Sus besos tuvieron su eficiencia ya que mi polla comenzó a excitarse. Aunque no decía nada, ni hacía nada, tampoco obstaculizaba su acción, así que me dejaba llevar. 

Cogió una mano mía y se la llevó a su entrepierna, noté su protuberancia y sin darme cuenta comencé a acariciarla por encima de la ropa. 

El seguía con sus besos y yo con los ojos cerrados, no me atrevía a mirarle. 

Su lengua presionó en mis labios para entrar y al final me dejé llevar entreabriéndolos para que me penetrase. 

Una vez dentro comenzó a buscar la mía y comenzó un juego de enroscarse ambas, mientras mi mano no cejaba en su empeño y notaba ya la dureza de su polla al mismo tiempo que la mía ya excitada se encontraba sola y sin alivio. 

Se retiró un momento y quitándome la mano se bajo los pantalones y el slip. 

Como yo mantenía los ojos cerrados cogió nuevamente mi mano y la llevó a su polla, comenzando a moverla ayudado por su mano. 

Yo seguí con las maniobras y dirigí mi otra mano a sus testículos, hinchados y agradables. 

El seguía besándome, nuestras lenguas ya se enzarzaban en una pelea sin fin, nuestras salivas formaban un ente común y mientras, yo le masturbaba cada vez mas fuerte. 

En un momento dado y fruto de mi excitación, me aparté e incliné mi cara para ver su polla en mi mano, y animado por el momento subí mi otra mano de sus huevos y la cogí con las dos. 

Mis manos abarcaban toda su polla y aún así su capullo sobresalía de ellas, comencé a pajearle con ambas manos mientras él se tumbaba apoyado en el respaldo y sus jadeos iban in crescendo. 

Así estuve unos minutos observando su polla, disfrutándola hasta que me lancé y con mi lengua recorrí su capullo, estaba totalmente deshinbido 

Gimió al contacto de mi lengua con su capullo y comenzó a moverse, yo ya no sabía que hacía, estaba poseído de lujuria, adoraba aquella polla que tenía entre mis manos y me lancé a meterla en mi boca. 

Mi hijo al sentir mi calor en su polla comenzó a moverse como si estuviese follándola, me gustaba sentir su tamaño en mi boca, su calor y su roce. Al cabo de unos minutos y sin avisar, se movió y la sacó de mi boca, con su mano cogió su polla y dirigiéndola hacia mi comenzó a masturbarse de forma muy rápida haciendo que estallase y su leche me diese en la cara. 

Eso hizo que yo también me corriese sin ni siquiera tocarme. El contacto de su leche en mi cara me disgustó al momento, yo la aparté pero no dejaba de mirarle la polla y sus movimientos. 

Juan me cogió la cara y me la levantó dándome de nuevo un beso y metiendo su lengua en mi boca. 

Juan Ha sido maravilloso, es la primera vez que un hombre me hace eso y me ha encantado. 

Papá, no te sientas mal por eso, tómalo como una forma mas de disfrutar de la vida y sin darle mas vueltas al asunto. 

Tu sigues enamorado de mamá, y yo con el tiempo encontraré una mujer que me satisfaga y con la que forme un hogar, pero hoy por hoy no quiero buscar una mujer, aun no estoy preparado para enfrentarme a lo que hay ahí afuera y tampoco quiero renunciar a mi sexualidad, además veo que tu también disfrutas y eso no entorpece la relación que mantienes con mamá. 

Yo no dije nada, me levanté, le di un beso en los labios y me marché a la habitación, donde me duché y me cambié de ropa. 

Mis pensamientos eran confusos, por un lado quería a Carmen y quería seguir siendo feliz con ella, por otro lado no entendía muy bien esa relación de padre hijo, me parecía totalmente fuera de lugar, pero por otra había descubierto dos cosas: 

- Me gustaba estar con un hombre 

- Me gustaba como era mi hijo. 

Me vestí y bajé al salón, él ya no estaba, así que recogí todo y me puse a preparar la cena para cuando viniese Carmen. 

Esa noche ella y yo nuevamente hicimos el amor, últimamente quizás sintiendo que era culpable de lo que estaba sucediendo me sentía mas obligado a intentar que también en ese aspecto ella fuese más feliz. Por desgracia mi eyaculación no mejoraba así que utilizaba cada vez más nuestros juguetes, pero sabía que eso no era lo que ella de verdad necesitaba. 

Pasaron unas semanas en las cuales Juan y yo mantuvimos algunas relaciones, yo le masturbaba, me aficioné a comerme su polla e incluso un día cuando se iba a correr no le deje que la sacase de mi boca y echó toda su leche en mi interior; no me gustó su sabor pero aun así me alegré de haberlo hecho porque quería probarlo. 

Ya habían pasado unos meses desde nuestro primer encuentro sexual, la vida transcurría con normalidad, Carmen y yo trabajábamos bien, nuestro hijo seguía en la universidad y luego en casa, apenas salía y si lo hacía era con sus amigos. 

Un día por la tarde llegué a casa y subí a su habitación, estaba deseando cogerle la polla y masturbarle. Estaba mirando el PC y me acerqué, estaba viendo una película gay en la que un joven estaba penetrando a un maduro. 

Le pregunté si era eso lo que le gustaba y si su naturaleza era gay, el me respondió que no, que le gustaba eso porque le recordaba a mi, pero que lo que le gustaban de verdad eran las mujeres y sobretodo maduras. 

Se levantó de la silla e hizo que yo me sentase con la película delante, él se puso detrás y comenzó a acariciarme primero el pelo, para ir bajando a mi cuello y mis orejas, me besó en ellas, me mordisqueó y sus manos bajaron a mi pecho acariciándome. 

Mientras en la pantalla el hombre maduro chupaba la polla del joven y a continuación tumbándose de espaldas el joven le levantaba las piernas y volvía a penetrarle, comenzando ambos a jadear. 

En ese momento acercó su polla a mi cara y me la uso en la boca, yo la abrí y el la metió. Comenzó a moverla dentro de mi y me pregunto: 

- ¿Te gustaría probar alguna vez? 

Yo con su polla metida en mi boca, follándomela, y viendo el espectáculo del PC afirmé con la cabeza sin saber que estaba respondiendo. 

Me levantó sin que yo dejase de mirar a la pantalla, me desnudó y tras coger un tubo de crema lubricante se untó los dedos y comenzó a pasearlos por el agujero de mi culo. 

No sabía que hacer, ni decir, estaba totalmente ensimismado en las imágenes, en los jadeos y en como esa polla entraba y salía del culo del maduro, reflejando su cara un placer inaudito. 

Tras un rato masajeando mi culo, Juan me dio la vuelta, me besó y me llevó a la cama poniéndome de espaldas. 

Papa, esto no te va a doler, vas a sentir un placer que nunca has sentido, déjame hacer y déjate llevar. 

Me levantó las piernas como en la película y poniéndose de rodillas puso su cipote en mi culo previamente untado de crema. Hizo presión ayudado de su mano y su polla entró rompiendo el primer círculo de mi culo. Yo pegué un grito y me moví para que se quitase, pero él no cejó en su empeño y la mantuvo dentro. 

Cuando mi culo se aclimató a tener semejante polla dentro y quieta, empezó a meterla poco a poco, cada vez que salía y entraba, ésta iba un poco mas al fondo. Lo hacía con suavidad. 

Ya no sentía dolor, sentía relajación, sentía placer, le miraba a la cara y me sonreía con cariño, mi hijo me estaba follando y yo me dejaba hacer. 

Poco a poco su intensidad de movimientos iba aumentando, su polla entraba y salía con facilidad, mi culo y mi interior ya se había hecho a esa protuberancia y comencé a sentir cierto calor y placer. 

El seguía sonriéndome, me irradiaba tranquilidad y cariño. 

Cuando ya llevábamos unos diez minutos así, comenzó a penetrar con mas fuerza y velocidad, sus huevos pegaban en mi culo y yo estaba cada vez mas excitado, veía mi polla tiesa y deseando explotar, no me atrevía a tocarla porque sabía cual iba a ser el resultado, así que seguí mirando como Juan me la metía cada vez con mas potencia y energía. 

La cara de mi hijo fue cambiando, su excitación iba en aumento, notaba que su polla se hinchaba en mi interior y de pronto comenzó a eyacular, pegó un grito y su cara cambió, su boca se abrió y sus movimientos eran ya totalmente sin ritmo. 

Yo notaba algo raro en mi interior, su polla muy hinchada presionaba mis paredes mientras algo caliente las recorría, no pude aguantar mas y dirigí mi mano a mi polla que reaccionó como esperaba en cuanto comencé a moverla. 

Sacó su polla de mi culo y se apoyó sobre mi con su polla encima de la mía. Se estiró hacia mi y me besó. 

- Papá, ha sido maravilloso, nunca me había imaginado que pudiese ser tan feliz contigo y que el placer que iba a llegar a alcanzar fuese así. 

Nuevamente no reaccionaba, al final le dije: 

- Hijo, creo que tenemos que poner fin a esto, se nos está yendo de las manos. 

Yo tenía una vida tranquila con tu madre y no quiero estropearlo, de momento te pediría que estemos un tiempo sin estar juntos, mientras analizo nuestra situación y tomo decisiones. 

El me miró, me dio un beso y me dijo: 

- Conforme papá, no insistiré hasta que tu me digas si estás preparado o si definitivamente quieres dejarlo. 

Nos levantamos y cada uno se fue a una ducha. 

Yo en la ducha, no paraba de darle vueltas a lo sucedido, tenía mi culo molesto, me encontraba incómodo pero no solo emocionalmente, sino físicamente, era la primera vez que me penetraban el culo y además la polla de Juan no era precisamente pequeña. 

Me vestí y bajé al salón, me puse un cubata porque necesitaba un trago fuerte y puse la TV. Bajó él, se sentó a mi lado y me sonrió. Me preguntó que tomaba y se preparó uno igual. 

Al cabo de un rato llegó Carmen, nos dio un beso y fue a cambiarse. Yo me fui con ella y comencé a jugar. Ella me dijo: 

- Juan nos va a oir, estate quieto. 

Yo perseveré en el intento y ella fue cediendo. 

Comencé a desnudarle mientras mis labios recorrían su cuello y mordisqueaban sus orejas hasta llegar a su boca. Mis manos le quitaron la blusa y el sujetador dejando al aire sus tetas, hermosas con unas aureolas grandes, rosadas y puntiagudas. Mis dedos rodeaban sus tetas, circulaban por sus aureolas y pellizcaban suavemente sus pezones. 

Ella suspiraba cada vez mas intensamente. Le llevé a la cama y le quité la falda y las bragas, la dejé como Dios la trajo al mundo, desnuda ante mi, me arrodillé junto a la cama y frente a ese coño peludo que era mi debilidad. 

Mis dedos comenzaron a jugar con él y separarle los labios para investigar en su interior, sonrosadito y húmedo. 

Acerqué mi cara y comencé a explorarlo con mi lengua mientras sus suspiros se convertían en gemidos, buqué su botoncito y con mi lengua comencé a rodearlo y apretarlo. 

Mientras dos dedos comenzaron a perforarle el coño, cada vez con mas intensidad, el ritmo lo ponía ella con sus gemidos, yo con mi lengua y mis dedos. 

Cuando estaba llegando al climax me levantó me bajo los pantalones y el eslip y me dijo que le penetrase que estaba muy caliente, y sucedió, se la metí, entro muy fácil porque estaba muy lubricada, pero al quinto empuje me corrí. 

Sentí nuevamente frustración, no por mi, sino por ella, esa situación no me permitía disfrutar de mi eyaculación, era como un castigo. 

Abrí el cajón de la mesilla y retirándome le metí un consolador grande, comenzando a moverlo como si yo la estuviese follando. 

Estando en esa situación le dije: 

- ¿No te apetecería que esto fuese de verdad? 

- Imagínate una polla así de grande, dura, de un chico joven que te follase con energía y durante rato para que tuvieses varios orgasmos. 

Ella jadeaba cada vez mas fuerte y me decía siiiiiii, me encantaría. 

Seguí así unos minutos en los que tuvo dos orgasmos, mientras yo le insistía en tener una polla dura en su interior y yo con ella para que fuese feliz, lo que le excitaba cada vez mas hasta que gritando como una posesa se corrió definitivamente y sus jugos empaparon el consolador mojándome la mano. 

Ese día tomé una decisión. Juan necesitaba sexo, Carmen necesitaba una persona como Juan, joven, fuerte, con una buena polla y que aguantase como para hacerla disfrutar, y yo les necesitaba a los dos y no me importaba esa situación ya que les quería a ambos. 

Dada la situación creada entre él y yo, era normal que estando uno en la ducha entrase el otro al baño a lo que fuese necesario, así que una vez que sabía que él estaba en la ducha entré con el móvil y le saqué una foto de la polla y sus huevos sin que él se enterase. Su polla no estaba en estado de excitación pero si morcillona debido al frote al lavarse, así que consideré que la foto me podría valer. 

Esa noche volví a insistir con Carmen para hacer el amor; las cosas fueron como siempre, pero mientras le estaba metiendo el consolader en el coño y ella gemía y se movía le enseñé la foto y le dije: 

- No te gustaría tener ahora dentro algo como esto? 

Ella me dijo que le encantaría, que tenía que ser maravilloso ser ensartada por semejante pollón y que eso le satisfaría tremendamente. 

- Carmen, es la polla de tu hijo y él está muy necesitado de sexo 

- Alex, ni se te ocurra pensarlo, es nuestro hijo, eso es una aberración. 

No dije nada más, y seguí con mis manejos hasta que se vino de nuevo. 

Yo le conocía a Carmen y sabía que aunque no me dijese nada estaría dándole vueltas. 

Un día le vi con mi móvil mirando en él, algo que nunca había hecho, por lo que me imaginé que estaba revisando las fotos para ver la polla de Juan de nuevo. 

A continuación le vi salir de la habitación y dirigirse al baño, mi imaginación ya muy calienturienta me decía que había ido a masturbarse. 

Me decidí a hablar con Juan, así que al día siguiente fui temprano por la tarde a casa y me lo encontré estudiando. 

Yo Hijo quiero hablar contigo 

Juan Ya has decidido que vas a hacer? 

Yo Mas, mucho mas, he decidido que tenemos que apoyarnos mutuamente. 

Como tu muy bien dijiste, yo con mamá tengo problemas por mi eyaculación precoz y mi polla pequeña y aunque lo arreglamos como podemos, con juguetes, no es lo que ella necesita. 

Por otro lado tu necesitas sexo y te gustan las mujeres maduras, así que podríamos ayudarnos mutuamente. 

Juan ¿Qué me quieres decir papa? 

Yo Que voy a intentar convencer a mamá para que también tenga sexo contigo y así matamos dos pájaros de un tiro. 

El día que tengas tu pareja eso dejará de ser así, tu tendrás tu vida y nosotros seguiremos como hasta ahora o buscaremos otra salida, pero creo que sería muy bueno para los tres. 

Juan Y tu, papá, ¿no te importa que tenga sexo con mamá? 

Yo No, siempre que lo hagáis conmigo delante y me dejéis participar, sino se romperá el trato. 

Juan Por mi parte conforme, pero falta que mamá quiera hacerlo. 

Yo Juan, lo que te voy a pedir es que de ahora en adelante lleves ropa un poco sugerente, es decir puedes bajar a desayunar en bóxer para que se te note el bulto etc. 

Juan Por mi no hay problema, espero que mamá no se enfade y nos mande a los dos de casa. 

Yo De eso me encargo yo. 

Dejamos la conversación; se fué a estudiar y yo a mi habitación, debía pensar en como actuar. 

Las cosas fueron mas sencillas de lo que pensaba. Los primeros días él bajaba a desayunar con su bóxer y su polla medio dura ya que se la había preparado para entrar a la cocina. 

Carmen no decía nada, al principio hacía como que no se fijaba pero yo le notaba que desviaba su mirada hacia la polla de su hijo. 

Al cabo de unos días, ella comenzó a bajar en camisón, primero con uno bastante cerrado y que fue cambiando por otros mas ligeros y que dejaban adivinar algo de su interior. 

Un día que Juan ya estaba sentado en la cocina, bajó Carmen con un picardías que trasparentaba todo el pelo de su coño y se asomaban casi los pezones por su escote. 

Yo le dije: 

- Carmen estás expléndida esta mañana 

Ella se sonrió y fue hacia la cocina, agachándose a coger algo de un armario de abajo, dejando todo su culo y su raja a nuestra vista. 

El comenzó a moverse en su silla, estaba empalmado, se le notaba que estaba excitado. 

Carmen le pidió que le ayudase y al levantarse él de la silla, se la vi, estaba en todo su esplendor, allí dura y tiesa y asomando la punta por la goma. 

Carmen la vio y se sonrió diciéndole, parece que te has levantado pletórico de energía esta mañana, riéndose a continuación. 

Juan no dijo nada, se agacho y sacó el cazo que su madre estaba buscando y al dárselo le rozó con su polla el culo. Esta sonrió nuevamente mirándole a los ojos y no dijo nada. 

Juan, se fue nada mas desayunar a la universidad y Carmen y yo subimos a la habitación, allí me besó con deseo, su excitación se notaba en sus pezones totalmente salidos. 

Me desnudó totalmente, se quitó el picardías y tirándome en la cama fue a la mesilla y sacó el consolador. 

Se tumbó a mi lado y me dijo, chúpame el coño estoy caliente Alex. Nunca la había visto así, siempre era bastante recatada en la cama, así que cuando le vi tumbada, abriéndome las piernas para mostrarme su coño encharcado y para que se lo comiese, me empalmé como un crio. 

No lo pensé dos veces y me lancé a chuparlo, estaba muy mojado y suave, mi lengua resbalaba allí por donde pasaba, así que sin mas preámbulos cogí el consolador y se lo metí mientras mi lengua iba a su clítoris. 

Ella se movía, me apretaba la cabeza para que mi lengua imprimiese mas intensidad en mis lamidas, el consolador entraba y salía con mucha facilidad, estaba totalmente inundada de sus líquidos. 

Levanté la cara y mirándole le dije: 

- Te gustaría que esto fuese la polla de tu hijo, verdad?, la has estado mirando todo el tiempo en la cocina y te ha excitado. 

- Alex, me encanta Juan, tan atlético, tan joven con esa polla que asomaba por su bóxer, me ha puesto a cien y tienes que terminar la faena. 

- Carmen, cielo, ¿te gustaría follar con tu hijo? 

- Alex, me encantaría pero no quiero que tu te sientas mal y eso estropee nuestro matrimonio. 

- Carmen, yo estoy dispuesto, creo que sería bueno para los tres y en todo caso yo también estaría ahí y participaría, además todo quedaría en familia. 

Ahora disfruta pensando en que es la polla de tu hijo la que te está perforando y dando placer. 

Eso, junto con el mayor ritmo que imprimí al mete saca del consolador, hizo que se corriese gritando el nombre de Juan. 

A continuación se levantó y se metió mi polla en su boca, lo que hizo que me corriese enseguida, la primera vez que había sucedido desde hacía mucho tiempo. Ella siguió con su lengua lamiéndome la polla y dejándola totalmente limpia. 

Nos miramos, nos besamos, nos sonreímos y decidimos que era una buena forma de empezar el día, así que nos duchamos, nos vestimos y fuimos cada uno a su trabajo. 

Al mediodia, le llamé a Juan y le dije que el día estaba llegando, que aunque su madre aún no había dicho que si, estaba excitada porque le había visto la polla esa mañana y se había calentado como nunca. 

Me dijo que verla así por la mañana, ver su coño y su raja del culo le había puesto burro y llevaba ya tres pajas en lo que llevaba de día, solo con el recuerdo. 

Yo estaba dispuesto a que el encuentro ya se produjese cuanto antes, así que como era viernes y al día siguiente todos teníamos fiesta, decidí comprar una cena especial y algunas botellas de chardonnais que sabía que le gustaban a Carmen. 

Por la tarde llegué a casa sobre las seis, estaba solo, metí las botellas en el frigorífico, preparé un cubilete para luego echar hielo y que se mantuviesen frías al lado de la mesa. 

A continuación preparé la mesa en el salón, y puse unas flores que había comprado en un jarrón, yendo a continuación a la cocina a preparar todo para la cena. 

Sobre las ocho de la tarde y ya con dos cervezas en el cuerpo, llegó Juan, al que le dije que fuera a ducharse y bajara luego para cenar los tres, que su madre estaba a punto de llegar. Me dio un beso en los labios y subió a su baño. 

Carmen llegó enseguida, le dije que teníamos cena especial, que me apetecía que al disfrutase y subiese a ponerse guapa y sugerente. Ella se sorprendió pero medió un beso y subió a nuestra habitación. 

Al cabo de un rato bajo Juan y me dijo si quería una cerveza, le dije que no que ya llevaba dos y sacó una para él. En esas estábamos cuando bajó su madre, llevaba un vestido de tiras muy escotado y muy alegre. Llevaba unos zapatos de tacón de aguja que hacían resaltar aún mas sus piernas y su pecho. 

El emitió un sonido de sorpresa y se acercó a ella para cogerla de la mano y llevarla hasta la mesa. 

Ella nos sonrió y nos dijo: 

- Que maravilla poder cenar con dos caballeros tan apuestos como vosotros, me siento una mujer importante. 

Nos reímos y yo aparté la silla para ayudarle a sentarse, su hijo se sentó enfrente y vi que no quitaba ojo del escote, algo de lo que se dio cuenta Carmen, pero no hizo nada por evitarlo 

Llevé la cena a la mesa y abrí la primera botella de vino, brindamos por nosotros y tomamos el primer trago de la noche. Me fijé que Carmen lo paladeaba y sacaba la lengua pasándola por sus labios relamiéndose. 

Vi a Juan que se movía en la mesa intranquilo, estaba excitándose. 

Seguimos bebiendo y cenando mientras manteníamos una conversación entretenida pero intrascendental. 

Carmen le preguntó a su hijo si tenía ya novia o alguna amiga; él le contestó que no, que su vida sexual era bastante triste, pero que esperaba que eso se solucionase pronto. 

Ella se puso roja y le preguntó como pensaba hacerlo, que no le parecía bien que pagase por ello así que no tenía muchas alternativas. 

Yo por debajo de la mesa puse mi mano en el muslo de Carmen y ella hizo un gesto de sorpresa, pero ni dijo nada, ni hizo nada porque la quitase. 

Mientras mi mano comenzaba a recorrer su muslo hacia su entrepierna, dije: 

- Hay muchas formas de satisfacer el sexo de un joven y a veces las que menos nos esperamos o nos imaginamos son las mas placenteras. 

Además por lo que he visto cuando estamos en la piscina, nuestro hijo está muy bien dotado y creo que puede hacer felices a mucha mujeres e incluso hombres si eso fuese preciso. 

Mi mano ya había llegado a su meta y mis dedos acariciaban los pelos de Carmen. 

Esta cada vez mas intranquila y excitada, dijo: 

- ¿Con hombres?, eso no creo que a Juan le vaya. 

El que hasta el momento había estado callado, dijo: 

- Tener sexo con un hombre no significa que no le gusten las mujeres, el sexo no tiene colores, lo que se trata es de disfrutar si las personas que lo comparten están de acuerdo. 

Mis dedos ya estaban jugando con su botoncito y perforando su agujero, así que ella comenzó a moverse en su asiento, cada vez mas colorada. 

Juan le preguntó si le pasaba algo ya que le veía sofocada y, ella le dijo que tenía calor, que debía ser el efecto del vino y que si no fuese porque estaba él delante se quitaba el vestido para estar mas fresca. 

El, sonriendo, le dijo que no se preocupase que había visto muchas mujeres desnudas y a ella en bikini, así que si para ella era mas cómodo y se encontraba mejor que lo hiciese. 

No sé si fruto del vino que había tomado, del efecto de mi mano en su entrepierna o del calor de la conversación, se levantó se apartó de la mesa y comenzó a quitarse el vestido de una forma muy sensual. 

Se quedó con un sujetador que apenas cubría sus pezones, y dejaban casi al aire parte de sus aureolas y con un tanga blanco mínimo, por el que le salía parte del pelo de su coño. Tenía un cuerpo escultural, resplandeciente y sabedora del impacto que nos estaba causando sonrió. 

Yo me quedé impresionado y me empalmé al instante, le miré a mi hijo y vi que estaba azorado, vi como metía su mano debajo de la mesa, seguro que se estaba acomodando la espada que estaría ya dura y caliente. 

Carmen tras darse la vuelta entera para que la observásemos se volvió a sentar y me pidió que le sirviera mas vino. 

Tras beber un poco de lo servido, siguió con las preguntas 

- Hijo, y ¿qué tal con tus novias? ¿Les haces feliz sexualmente? 

Nos quedamos de piedra, era una pregunta muy directa. 

El, ya envalentonado por la situación y por el vino bebido, 

- Mamá, hasta el momento ninguna se ha quejado, de hecho todas dicen que tengo un instrumento muy bueno y que sé como utilizarlo. 

Yo no sabía que hacer o decir, las cosas llevaban un ritmo que no controlaba, Carmen parecía desbocada y él comenzaba a perder el miedo y a dominar la situación como hizo cuando comenzó conmigo. 

- De hecho, mamá, también he tenido una relación con un hombre maduro y creo que siempre ha quedado satisfecho. 

Ella se rio, ¿fruto de la bebida?, no sabía exactamente cual era el motivo pero su risa era pura lujuria, y dijo. 

- Pues algún día tendré que ver eso que hace tan feliz a la gente, debe ser impresionante. 

Yo medié en la conversación y dije: 

- No creo que nuestro hijo tenga inconveniente en enseñarte, pero creo que en la mesa no es el sitio adecuado. 

Y bajando mi mano nuevamente se introdujo por dentro de su tanga y fue directamente a su agujero, perforándolo con dos dedos. 

Estaba empapada, tenía sus líquidos que habían mojado su tanga y mis dedos resbalaban. Se dejaba hacer. 

Carmen dijo: 

- Creo que tiene razón papá, este no es lugar, que os parece si dejamos todo como está, ya recogeremos mañana, y vamos a nuestra habitación, quiero que me enseñe eso que dice deja satisfecho a todo ser viviente. 

No me lo podía creer, ella, mi mujer, su madre, nos estaba proponiendo subir los tres a la habitación y que su hijo le enseñase su polla. 

Se puso de pie, y tras dar el último trago a su copa, me cogió de la mano y me arrastro con ella hacia nuestro dormitorio. Mientras subíamos las escaleras movía su trasero que solo estaba tapado por un hilo dental. 

Juan, no se quedó atrás y subió con nosotros pegándome un pellizco en el culo sin que su madre se enterase. 

Al llegar a la habitación ella se sentó en el borde de la cama, con las piernas abiertas y le dijo a Juan que le enseñase esa polla de la que hablaba. 

Este que ya había pedido el miedo le contestó: 

- Eso sería estar en desventaja, por mi no hay problema en enseñártela, pero tu me tienes que enseñar algo también. 

Carmen movió sus manos hacia su espalda y se soltó el sujetador, sus tetas quedaron al aire, duras como piedras, con sus pezones fuera y tiesos. 

- Hijo, ahora te toca a ti. 

Yo miraba a uno y a otro, el aire parecía que nos faltaba dada la excitación que teníamos los tres. Estábamos en una habitación: el padre que había sido cogido por su hijo, la madre con solo un tanga como única prenda, enseñando sus tetas a su hijo y el hijo que estaba a punto de enseñar su polla a su madre que con lascivia le miraba. 

El comenzó a quitarse el cinturón con parsimonia, luego comenzó a desabrocharse el pantalón dejándolo caer. Se quedó en bóxer negro, con la polla en su interior, ya excitada y dura. 

Su madre no quitaba ojo de ese bulto y vi que empezaba a juntar sus piernas cruzándolas. 

Juan siguió a continuación bajándose el bóxer despacio, y mirándole a su madre a los ojos. 

Enseguida apareció, brillante con liquido preseminal fruto de la excitación, dura y tiesa, apuntando hacia arriba como un estilete. 

Ella dio un respingo y se quedó mirando fijamente a la polla de su hijo. 

Este, ya muy envalentonado, dijo: 

Creo que dada la situación sería de justicia que los tres estuviésemos desnudos, sino yo estoy en desventaja. 

Yo enseguida comencé a desnudarme, los dos ya sabían como era y me habían visto desnudo y excitado en numerosas ocasiones, así que una vez mas no importaba. 

Carmen, tardó un poco mas en reaccionar, pero se levantó y dándose la vuelta se bajó el tanga mostrándonos el culo en todo su esplendor, luego se dio la vuelta y volvió a sentarse en el borde de la cama. 

Abrió sus piernas y mostró su coño rodeado de una pelambrera suave y arregladita. 

Juan no pudo aguantarse y dijo: 

- Mama, eres una diosa, eres preciosa, papá puede estar bien satisfecho contigo. Me da envidia. 

Ella se levantó y se acercó a mi, me levantó y cogiéndome de la mano me acercó a donde estaba nuestro hijo. 

Nos cogió a los dos de la mano y nos dio un beso a cada uno en la boca, a continuación dirigió nuestra mano a cada uno de sus pechos. 

Ambos comenzamos a acariciarlos y cogerlos, yo ya sabía como eran pero Juan no quitaba ojo de ellos y no paraba de manosearlo. 

Ella descendió sus manos y cogió nuestras pollas, la mía la tocó y luego la dejó, sabía que si seguía todo para mi se acababa, así que se dedicó a la de su hijo, maniobrando como podía ya que nunca había tenido semejante instrumento en sus manos. 

Juan se acercó a ella y le besó, abriendo sus labios para que sus lenguas se juntasen, cogiéndole de la cabeza para acomodar mucho mejor el beso y las bocas. 

Yo mientras utilizaba mis manos para magrear sus tetas y acariciarle el culo. 

Carmen gemía y disfrutaba de su nuevo juguete. 

Nuestro hijo se dejaba hacer y solo le besaba. 

Ella comenzó a retroceder hacia la cama sin soltar la polla de Juan, cuando ya estaba en el borde se sentó y me miró como pidiéndome permiso. Le sonreí y ella interpretó como que estaba conforme, así que acercó su boca a la polla de su hijo y se la metió en la boca. 

Estuvo jugando con su lengua y con su boca con ella, mientras sus manos iban a sus huevos y los manipulaban. 

Juan miraba a su madre como le chupaba la polla y como se la comía, giraba la cara hacia el cielo llevado de la excitación. 

Yo me acerqué y me senté al lado de Carmen, dirigiendo mi mano a su coño que comencé a acariciar mientras ella se comía la polla de su hijo. 

Al cabo de unos minutos ella se retiró y se tumbó en la cama de espaldas, diciéndonos 

- Hijo trae tu polla a mi boca que quiero seguir con ella y tu Alex, trabaja mi chocho para prepararlo. 

Yo me dirigí a su coño con mi boca y comencé a chupárselo y meterle dos dedos en él, él se acercó por un costado y le puso nuevamente la polla en la boca. 

Carmen estaba que no cabía en sí, yo le estaba comiendo el coño y ella se estaba comiendo la sabrosa polla de su hijo. 

Tras más de cinco minutos, ella reclamó que Juan le penetrase, así que me retiré y él solícito, se acercó y tumbándose sobre ella puso su cipote en la abertura que su madre le ofrecía. 

Su polla entró con mucha facilidad ya que estaba muy lubricada, pero no entraba hasta el fondo, su agujero no estaba preparado para semejante instrumento. 

Comenzó a moverse suavemente dentro de Carmen, cada vez entraba un poco mas y ella con los ojos cerrados no paraba de gemir. 

Sus gemidos se convirtieron en jadeos en la medida en que Juan aceleraba el proceso, yo no pude aguantar mas y me corrí mientras me tocaba. 

Carmen me oyó gemir y me miró llevando su mano hacia mi polla ya flácida. 

Empezó a masajearla, y no sé si por el masaje, o por la imagen de ver a su hijo perforando a su madre, empecé nuevamente a reaccionar, hacía años que eso no me sucedía, así que tanto Carmen como yo nos asombramos y me pidió que se la pusiese en la boca. 

Yo obedecí y me puse a su lado poniéndole la polla en la comisura de sus labios y ella se la metió jugando con su lengua en mi capullo. 

Mi polla comenzaba a reaccionar y aunque aun no estaba dura, empezaba a ponerse a tono. 

Juan mientras seguía a lo suyo, al cabo de unos minutos sacó su polla de su madre y le hizo que se girase para poner se detrás tumbado a su lado y perforándole nuevamente de costado. 

Ella fruto de la follada que le estaba dando su hijo tuvo su primer orgasmo y empezó a follarme con la boca. 

Parecía que él nunca iba a terminar, cuando parecía que ya estaba llegando bajaba el ritmo y comenzaba luego nuevamente. Su polla se metía ya hasta el fondo y sus huevos golpeaban a Carmen mientras su polla rozaba todas sus paredes. 

Ella no podía hablar nada, estaba perforada por el coño por su hijo y con la polla de su marido en la boca. Esta vez no me corría pero estaba en la gloria. 

De pronto Juan gritó que se iba a correr y sacando su polla del coño de su madre, se corrió sobre ella manchándole las tetas con su leche. 

Carmen sacó mi polla ya dura de la boca y comenzó a restregarse la leche por sus tetas mientras nuestro hijo con la polla flácida nos miraba. 

Yo animado por la situación me puse en situación y poniéndole a Carmen nuevamente de espaldas en la cama se la metí en la posición de misionero; comencé a moverme pensando en que me correría enseguida, pero no, seguí dándole cada vez mas fuerte. Ella no paraba de jadear y gemir por mis embestidas, y me decía, Alex si, fóllame, fóllame duro, me encanta tenerte dentro, hasta que sentí que ella tenía un nuevo orgasmo, el primero desde hacia tiempo con mi polla follándole. 

No pude aguantar mas y me corrí en su interior, no sé la leche que me saldría pero me quedé totalmente seco. 

Mi polla se salió de su agujero al ponerse flácida y me quedé tumbado sobre ella. Nuestro hijo se tumbó a nuestro lado y nos besó en la boca a los dos. 

Carmen nos miró y no dijo nada, pero creo que intuyó que el maduro con el que había estado Juan era yo. 

Le dije a él que era hora de dormir y que se fuese a la ducha y luego a su dormitorio. 

No dijo nada, se levantó desnudo, colosal, recogió su ropa del suelo y se fue. 

Carmen y yo nos miramos, sonreímos y me dijo. 

- Alex, no sé que va a pasar en el futuro, pero el presente ha sido maravilloso. 

No estoy preparada para esta relación, quizás mas adelante sea capaz de aceptarla y que la aceptéis vosotros pero con ciertas reglas, pero ahora vamos a dormir. 

Me puse de costado detrás de ella y cogiéndole por la cintura, nuestros cuerpos unidos cerramos los ojos para dormir. 

Sentía que le pasaba como a mi, que le costaba conciliar el sueño tras lo sucedido, pero al final nos quedamos dormidos. 

Por la mañana nos levantamos Carmen y yo, y tras ducharnos bajamos a desayunar. Juan había recogido todo, había preparado desayuno e incluso había ido a la pastelería para traernos algo especial. 

Carmen se acercó a él y le dio un beso en los labios, sentándose a continuación y diciéndonos: 

- Chicos a desayunar que hay que reponer fuerzas. 

Tras el desayuno ella nos preguntó: 

- Después de los vivido ayer tengo dos suposiciones que me gustaría confirmaseis. 

1ª) El maduro con el que tuviste una relación ¿era tu padre, Juan? 

2ª) Esto que ha sucedido, no ha sido esporádico, ¿lo habíais preparado de antemano? 

Yo comencé a contestar: 

- Efectivamente, Carmen, no sé como empezó todo y porque empezó pero nuestro hijo y yo hemos tenido relaciones durante una época, aunque quedamos en que hasta que yo no tuviese las ideas claras lo íbamos a dejar y así ha sido. 

Con respecto al otro aspecto, te diré que todo comenzó como una idea mía y que luego fui trasladándosela a Juan y explorándote a ti cuando hacíamos el amor, para ver como verías la situación. 

Lo que menos me imaginaba era como se han desarrollado los acontecimientos. 

Carmen nos sonrió y dijo. 

- Le he estado dando vueltas a la situación y creo que tienes razón Alex, esta relación puede ser buena para los tres, pero vamos a establecer normas. 

1ª) Las relaciones que existan será cuando estemos los tres juntos, no me importa que mantengáis relaciones entre vosotros, pero siempre que yo esté delante. 

2ª) Esto se acabará en el momento en que alguien lo pida o Juan tenga una amiga. El tiene que disfrutar de su sexualidad de una forma normal; mientras seguiremos los tres juntos. 

3ª) Nada de esto debe salir de casa, aunque creo que los tres estamos conforme en mantener esta relación fuera no sería bien visto. 

¿Estáis de acuerdo? 

Juan y yo asentimos con la cabeza, conscientes de que un mundo nuevo se abría en nuestras vidas. 

Recogimos el desayuno y subimos hacia las habitaciones. Juan se iba a meter en la suya y Carmen le dijo: 

- Hijo, creo que es el momento en que, ya siendo todos conscientes de la situación, podamos empezar esta nueva vida, así que ¿porqué no vienes con nosotros a nuestra habitación? Hoy es sábado y no tenemos prisas. 

Juan entró en su habitación y salió inmediatamente acercándose a nosotros, nos besó a los dos en la boca y Carmen se rio. 

- Nunca había visto besarse a dos hombres, está visto que tengo mucho que aprender. 

Entramos en la habitación y comenzamos a desnudarnos mutuamente, yo le desnudaba a Juan, Juan a Carmen y Carmen a mi. 

El al desnudar a su madre le dijo: 

- Mamá tienes unas tetas preciosas y golosas, y se puso a chupárselas mientras sus manos terminaban de desnudarle. 

Yo desnudé a Juan y le cogí la polla comenzando a masturbarle. 

Carmen miraba mi mano, miraba como el padre masturbaba al hijo delante de su madre, y se acercó a besarme en la boca metiendo su lengua hasta el fondo. 

Yo, animado por la situación y deseándolo de nuevo, me agaché y comencé a chupar la polla de Juan. 

Madre e hijo se besaban, al mismo tiempo él le acariciaba las tetas a su madre e inspeccionaba en su coño 

Tras un rato en esas posturas nos fuimos a la cama. Carmen estaba tumbada de espaldas con las piernas recogidas y abriéndose el coño con sus manos, mostrándonoslo en todo su esplendor, los labios hinchados, su interior sonrosado y dulce y su agujero abierto y deseoso. 

Yo me lancé a él y comencé a lamerlo como un poseso. Noté que Juan iba hacia su ropa y buscaba algo en ella, luego se puso detrás mío y con su lengua comenzó a recorrer la raja de mi culo, deteniéndose en mi agujero que ensalivó con maestría. 

De pronto noté un dedo que me exploraba, ese dedo estaba con alguna crema por lo que deduje que el muy cabrón se había traído el tubo de lubricante de su habitación, y me moví, apreté mas la lengua en el clítoris de Carmen, dando esta un respingo. 

Mi hijo se animó mas y con sus dedos embadurnados de crema procedió a meterme otro dedo; yo notaba cierta molestia, pero excitado como estaba me dejaba hacer y me puse a cuatro patas mientras mi boca no se separaba del coño de su madre. 

Ella se imaginaba lo que iba a suceder y junto con mis lengüetazos, tuvo un primer orgasmo que me mojó la boca con sus líquidos. Eso no me arredró, sino que me impulsó a que le metiese tres dedos en su coño, al mismo tiempo que notaba que él metía tres dedos en mi culo, ¿o no era su tercer dedo? 

No, no era su tercer dedo, su polla previamente embadurnada de lubricante había entrado, su capullo estaba en mi interior y me dolía. El se quedó quieto mientras con sus manos me masajeaba los cachetes del culo. 

Carmen miraba el espectáculo con su cabeza apoyada en una almohada. 

Su hijo le estaba dando por el culo a su padre, y a ésta, su marido le estaba comiendo el coño. 

Volví a sentir espasmos en mi boca, era el segundo orgasmo de Carmen que ya no solo gemía sino que gritaba. 

Juan comenzó a meter su polla hasta el fondo, suave al principio y con mas energía después, el movimiento era rítmico, me tenía cogido por la cadera y de vez en cuando me daba una palmada en el culo 

Mi polla estaba a cien, no pude aguantar mas y comencé a masturbarme hasta que me corrí. 

El siguió dándome por culo, metía y sacaba cada vez con mas fuerza y velocidad su polla, hasta que Carmen dijo: 

- Hijo quiero tenerte dentro, tu padre ya ha disfrutado, ahora me toca a mi. 

El sacó la polla de mi culo y me la puso en la boca, la lamí y chupe para que estuviese preparada para su madre. A continuación le levantó a su madre y le puso en perrito mirando hacia el cabezal de la cama, poniéndose él de rodillas tras ella y poniendo su empuñadura en la abertura de su madre. 

Ella, al notarla, se tiró hacia atrás para que entrase, él se dejaba hacer, quería que fuese su madre la que imprimiese la urgencia de la entrada en su coño. 

Carmen se movía adelante y atrás, cada vez con mas fuerza y la polla de su hijo entraba y salía cada vez de forma mas profunda. 

Cuando ya estaba toda dentro y entraba y salía con facilidad, Juan empezó sus movimientos, imprimiendo una mayor dureza a sus empujes y una mayor velocidad. 

Su madre jadeaba y movía la cabeza, no paraba de decir siiiiiiiiiiiiiiiiiiii, siiiiiiiiiiiiiiiii, métemela, dame duro, la quiero toda dentro, hijo mio, fóllale a tu mamá. 

Yo estaba nuevamente caliente y me animé para ver si sucedía lo mismo que la noche anterior, y me puse delante de Carmen con mi polla mirando hacia su boca; ella al verla no lo dudó y sacó su lengua para lamer mi cipote. 

Como notaba excitación pero veía que controlaba, me animé mas y se la metí de golpe en su boca comenzando también a moverme en ella. Su hijo le estaba follando el coño y su marido la boca, la sensación era tremenda, la cara de mi hijo que veía por estar enfrentados, demostraba placer y su madre no paraba de gemir. 

Juan puso su mano en el culo de su madrey con un dedo con crema comenzó a jugar con su agujero; ella movió el culo por la sorpresa pero se dejaba hacer, nunca le habían perforado ese sitio. 

Juan movía en círculos su dedo y de vez en cuando lo volvía a embadurnar con mas la crema, mientras su polla seguía perforando el coño de su madre. 

Cuando intentó con el segundo dedo ella se retiró un poco, pero Juan la atrajo nuevamente hacia si tirando de su cadera. Escupió en el culo de su madre y volvió nuevamente con un dedo que entraba sin esfuerzos. 

Tras un par de minutos de masaje y crema, volvió a intentarlo con el segundo dedo, esta vez entró mas fácil y Carmen salvo un gritito de sorpresa no se movió, mientras, yo seguía follándole la boca. No me creía el aguante que estaba teniendo desde que habíamos empezado esa relación a tres. 

Juan sacó sus dos dedos y le metió el pulgar, moviéndolo en círculos cuando ya estaba dentro y dilatándole el culo. 

En un momento dado sacó su polla del coño de su madre y la puso en el culo para penetrarle, lo intentó pero cada vez que presionaba ella sacaba mi polla de la boca y le decía que no, que era muy grande. 

Entonces Juan dijo: 

- Mamá, entonces vamos a cambiar de posiciones papá y yo, y le cedo los honores de estrenarte por el culo. 

Carmen me miró y me dijo, Alex por favor si me duele déjalo, vale? 

El se fue hacia la boca de su madre con la polla dura y tiesa y yo, con la mía también en posición, me dirigí hacia su culo. Me puse tras ella, puse mi capullo en su entrada y ayudándome de una mano presioné. 

Mi polla mucho menor que la de mi hijo y debido al lubricante que ya tenía en su agujero entró sin dificultad y resbaló hasta el fondo. Carmen hizo una mueca, un gemido y comenzó a moverse hacia atrás y hacia delante para que su culo fuese aclimatándose a la herramienta que se hallaba en su interior. 

Tras unos pocos minutos, Juan excitado por ver como su padre le daba por el culo a su madre, aceleró los movimientos en la boca de ella y empezó a jadear; yo ya muy caliente por lo vivido y más por lo que estaba haciendo grité mientras me corría en su interior. 

Carmen tuvo un orgasmo y sus líquidos le caían chorreando por sus piernas; Juan siguió dándole a la boca de su madre hasta que explotó y le llenó de semen. Carmen tragaba y saboreaba la leche de su hijo, emitiendo sonidos guturales difíciles de comprender, salvo que eran de placer. 

Saqué mi polla de su escondrijo y me acerqué a ambos, en ese momento salía también la polla de Juan de la boca de su madre que tenía leche en las comisuras de los labios. 

Mi hijo y yo nos sonreímos y nos agachamos a darle un beso a su madre, juntando los tres nuestras lenguas y tirándonos a continuación en la cama. 

Nuestras manos estuvieron deslizándose entre nosotros con caricias de placer y amor mientras nos relajábamos. 

Al cabo de un rato decidimos que deberíamos ducharnos y les dije que les invitaba a comer fuera, cosa que aceptaron gustosamente ya que habíamos gastado muchas energías y debíamos celebrar nuestra unión. 

A partir de entonces nuestra vida fue mucho mas placentera, lo único que varió es que Juan comenzó a salir un poco mas, tenía confianza en si mismo y se sentía capaz de afrontar cualquier situación que tuviese de nuevo. Incluso nos contó que había tenido algún que otro encuentro con alguna chica, todo esporádico y nos lo contaba cuando estábamos los tres juntos, lo que nos llevaba nuevamente a una sesión de sexo. 

De eso ya ha pasado un tiempo y ahora Juan nos ha comentado que ha empezado con una chica, Elsa, de 21 años y muy guapa, así que en base al acuerdo alcanzado en su día, de momento hemos interrumpido nuestra relación a tres, aunque nunca se sabe lo que puede llegar a suceder en el futuro.

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