viernes, 17 de junio de 2016

Mariana, una tarde en la piscina

Me llamo Andrés, ahora tengo 25 años y vivo en Morelia Michoacán en México. Lo que les voy a relatar me ocurrió cuando yo tenía 13 años, eso fue por el año de 2004, más o menos. La historia es real, solo que para hacerla más digerible la voy a maquillar un poco y voy a tratar de resumirla lo más que pueda sin omitir detalles importantes.
También voy a cambiar los nombres de los personajes como el mío y voy a quitar a muchas personas dejando las más importantes. Es mi primer relato, así que no sean muy rudos con la crítica. 

Cuando tenía 13 años vivía en la ciudad de Aguascalientes como a 5 o 4 horas de aquí de Morelia, esto por motivos de trabajo de mi madre que trabajaba en un hospital como jefa de enfermeras en uno de los mejores hospitales de la ciudad. Por la relativa lejanía perdimos comunicación cercana con mis parientes maternos que siempre han vivido en un pueblito del hermoso estado de aquí en Michoacán, del cual no voy a decir el nombre, solo diré que es en lo que se denomina acá como tierra caliente, por las altas temperaturas de las que sufrimos aquí. 

Soy el mayor de tres hermanos, Eduardo el segundo y al que llevo por casi año y medio, e Isabel que es la menor y a la que llevo por 3 años. En aquel entonces la familia era conformada por mi madre que se llama María y nosotros 3. Mi padre que también se llama Andrés, ya no vivía con mi madre aunque seguían casados. Él vivía en el estado de México y era comandante de la policía judicial en el estado de México. La relación que teníamos con él era muy poca, se la pasaba trabajando todo el tiempo, según él. 

Todo era muy tranquilo en mi vida, yo cursaba el primer año de mi secundaria e iba bien en la escuela. Un día que llegue a la casa estaba una prima a la que quería mucho, era hija de una hermana de mi madre, se llama Mariana y tenía 18 años y en ese entonces era preciosa. 

Cuando entre a la cocina ella estaba llorando y ahí estaba mi madre, cosa rara porque ella llegaba a casa alrededor de las 6 y eran las 4. 

Por lo que oí, Mariana se había salido de su casa por un mal entendido con su madre y con sus hermanas. Como ya había cumplido sus 18 años se le hizo fácil salirse de su casa y correr con mi madre, que ella junto a mi padre eran sus padrinos de bautizo. 

Mariana le decía que su madre no la quería y que la había echado de la casa por culpa de sus 2 hermanas con las que se había peleado, y ella había golpeado a una. A mí no me sorprendió porque cada de que las visitábamos, sus hermanas (que eran mayores que ella) se la pasaban molestándola. Mi madre acordó que se podía quedar el tiempo que ella ocupara, pero que le tenía que avisar a su madre. 

Por lo que me entere después por una charla que tenía mi madre en el teléfono con la mama de Mariana (y que yo y Eduardo oíamos desde el otro teléfono que está en el cuarto de mi madre porque creíamos que era nuestro padre), la había echado de la casa no solo porque había golpeado a su hermana, sino también porque la mayor (que se llama Ana), la había encontrado besándose con un profesor de la preparatoria en la que estudiaba, por eso la enfrento. Mi tía estaba muy preocupada y mi madre le dijo que si quería se podía quedar un tiempo mientras se calmaban las cosas entre sus hijas. A Mariana no le importo perder el año escolar al quedarse con nosotros. 

Mariana no pasaba desapercibida, era preciosa, media más o menos 1.73. Tenía un rostro muy lindo, unos labios carnosos, ojos negros con una mirada muy intensa, cuando se reía se le formaban dos hoyuelos en las mejillas que le daban un toque infantil a sus facciones. La cabellera la tenía muy rizada y negra. El tono de su piel me encantaba era morena, le gustaba broncearse y el tono era igual al mío solo que a ella se le veía muchísimo mejor que a mí, su cuerpo a sus 18 años ya estaba completamente desarrollado. Tenía una cintura muy pequeña resaltando las curvas de su precioso trasero torneado con sus piernas bonitas y largas, de busto también estaban muy bien, era mucho pero sin llegar a ser exagerado. 

Después del tiempo que toma uno en acostumbrarse a algo nuevo en su vida, la relación con mi prima era excelente, llegando a aumentar el cariño que nos teníamos. Le gustaba estar ocupada todo el tiempo, se ofreció para hacer los quehaceres de la casa, aunque mi madre no estaba muy de acuerdo mi prima los hacía. Cuatro veces a la semana salía a correr a una pista que hay cerca de la casa. 

Se acordó que ella se iba a quedar en la habitación de mi hermana. Por lo general mi hermana no ocupaba la habitación porque le daba miedo dormir sola. Yo y Eduardo compartíamos habitación. Mi madre tenía su habitación con baño incluido. 

Antes de que llegara mi prima a vivir con nosotros yo por lo general me la vivía en la calle con mis amigos, nos la pasábamos en los videojuegos o en la casa de uno de ellos o simplemente perdiendo el tiempo casi hasta las 5 de la tarde. 

Mis hermanos menores tampoco estaban en la casa hasta que llegaba mi madre. Mi hermana Isabel se la pasaba con la vecina Doña Paty que era una muy buena mujer, había perdido a su marido y a su hijo en un accidente automovilístico y solo se había quedado ella con su hija Leslie que era de la edad de Isabel y su mejor amiga. Doña Paty llevaba a mi hermana a la casa a la hora que llegaba mi madre y se quedaba a platicar, ella y mi madre eran muy buenas amigas. 

Mi hermano aunque con 11 años había convencido a mi madre de dejarlo “trabajar” en un taller de imprenta con los padres de su mejor amigo que se llamaba Omar. Él les ayudaba en taller nada más de 3 a 6 de la tarde. Mariana también tomo la tarea de ir a dejarlo y mi madre pasaba por el a la hora que regresaba de trabajar. Le pagaban, con lo que mi hermano era feliz. Aunque a Don Sergio el dueño de la imprenta no le gustaba que hubiera niños en el taller porque había muchos solventes y quería evitar accidentes. 

Deje de ir con mis amigos después de clase porque mi prima se quedaba sola en la casa y a mí me gustaba estar con ella, así que de llegar a las 5 ahora llegaba a las 3. Pero algo de ella me inquietaba, cuando estábamos solos a ella le gustaba ir por la casa muy ligerita de ropa. No es que a mí no me gustara verla así, solo que en aquel entonces tenía la idea de que la familia era sagrada y se respetaba, lo que a mis tiernos 13 años me causaba un conflicto moral ya que crecimos en un ambiente religioso medio riguroso. 

Se me hizo adicción estar mirando a Mariana mientras hacia cualquier cosa, aunque al principio no era con lujuria sino con admiración, era para mí lo más cercano a la perfección. Su risa era hermosa, era lo que más me gustaba de ella al principio. Pero yo estaba entrando en la adolescencia, tenía las hormonas revolucionadas a todo y con el paso del tiempo ella ocupaba mi mente a la hora de las puñetas, aunque después me diera un cargo de conciencia monumental. 

Me gustaba la confianza que tenía conmigo. Se recargaba mucho a mi cuando estábamos en el sillón viendo la TV. No le molestaba subir sus piernas a las mías, aun cuando llevara short, vestido o faldas. Me perturbaba pero no se las quitaba de donde las ponía, lo único que me preocupaba era que no se notara la erección que me provocaba. También me besaba muy seguido en la comisura de los labios, me encantaba, y solo lo hacía cuando estábamos solos. 

Me encontraba muy confundido con lo que estaba pasando en mi vida. En la escuela todos hablan de sexo y tú eres parte de estas pláticas pero es muy diferente cuando lo empiezas a sentir en carne propia. Ya hasta había besado a algunas niñas pero nunca me había sentido tan atraído hacia una mujer, esta atracción me encantaba pero me hacía sentir muy culpable por todos estos tabús que existen en torno al incesto. A mi yo adolescente esas cosas si le daban un corte tremendo, no quería sentir esa atracción por mi prima pero no quería que terminara. 

Mariana ya tenía viviendo con nosotros como un mes, y en una ocasión en la que llegue de la escuela, mi prima no estaba en la casa, me puse a echar mi ropa a la lavadora para quitarle un poco de trabajo. En eso estaba cuando oí que llega de la calle, venía muy bien arreglada aunque un poco provocativa. Traía puesto una blusa ceñida color verde que le marcaban su pequeña cintura y resaltaban su hermoso pecho con un escote no muy pronunciada pero que dejaba ver algo. Pero lo que más llamaba la atención era las rasgaduras que tenía el pantalón que era también muy pegado al cuerpo y que dejaba ver piel de sus hermosas piernas. Unas rasgaduras las tenía por la parte de atrás y otras en los muslos casi hasta llegar a su zona íntima. 

No sabía de donde sacaba la ropa, había llegado con una maleta pero yo la veía cada día con ropa diferente y que parecía nueva. 
- Hola Andy – a si me decía de cariño, como Lalo a mi hermano. Me planto tremendo beso casi en los labios. 
- Hola Mari – le conteste un poco chiveado. 
- Eso lo podía estar haciendo yo – me dijo. 
- No te preocupes, no es mucha ropa – trate de seguir en lo que estaba, pero verla en esa ropa no ayudaba para concentrarse – ¿de dónde vienes? 
- Fui a dejar a Lalo a la imprenta y voy regresando – me dijo - Me encontré a Doña Paty y me dijo que nos fuéramos a la alberca de su casa, que la tiene llena pero la va a vaciar mañana. 
- No sé, no me gustan mucho las albercas – y era cierto, la de mi casa era una cosa, pero meterme en la alberca de los demás nunca me ha gustado. 
- Deja ahí, eso lo hago después – veía mi indecisión – vente que no quiero estar sola y me hace falta broncearme un poco. 

Tuve que dejar lo que estaba haciendo para acompañarla, subí a la habitación y me puse un bóxer ajustado que ocupaba para nadar. 

Llegamos a la casa de la vecina y nos pasamos a la sala donde estaba ella con mi hermana y su hija. 
- Si se animó – llego diciéndole a Doña Paty. 
- ¿No que no te gustaban las albercas Andrés? – me pregunto Doña Paty 
- Jajaja, pues creo que solo me voy a asolear, señora. 
- Bueno, te encargo la casa – me dijo a mí – regresamos en un rato – como que Mariana no le caía muy bien a Doña Paty. 
- No se preocupe – le dije. 

Se fueron de compras y nosotros nos quedamos solos. El día era muy agradable, el cielo estaba totalmente despejado y corría un poco de viento, lo que hacía el clima perfecto para tomar algo de color. Me cambie y me quede en puro bóxer, me acosté en un camastro que estaba en la orilla de la alberca. No tenía la intención de meterme al agua. Mariana se fue a cambiar al baño y cuando llego a donde yo estaba me quede con la boca abierta. Llevaba un bikini azul muy pequeño. Era la primera vez que la veía en bikini, ella se dio cuenta de la forma en la que la estaba mirando y no se inmuto. Verla así me estaba excitando, se veía tan hermosa, su cintura tan pequeña resaltaba con sus caderas pronunciadas y sus largas piernas. Su pecho perfecto y sus facciones de niña. Me voltee y quede boca abajo. No quería que se me notara mucho la erección que se me estaba formando bajo el bóxer. 

Se dirigía al camastro que estaba al lado del mío y cuando paso a mi lado me dio una nalgada, voltee a verla y ella me dedico una sonrisita divertida. Después gire la cabeza para el lado que ella no estaba. No quería quedarme embobado viéndola. Puso una toalla en el camastro y se sentó a ponerse bronceador. Me estaba quedado dormido, pero me hablo. 
- ¿Andy?, ¿me podrías poner bronceador en la espalda? – si quería, pero dude por como fuera a reaccionar mi cuerpo al estar tocando el suyo, pero al final acepte. 

Recorrí mi camastro acercándolo al suyo y me dio el aceite. Se acostó boca abajo, giro su cabeza hacia el otro lado del que yo estaba. Fue mejor para que no viera la erección que traía. 

Comencé a colocarle bronceador por la parte de atrás del cuello y después le puse en los brazos. La posición en la que estaba era muy incómoda. Hubiera sido mejor que me subiera en ella y desde allí se lo colocara pero me daba corte. Estaba medio sentado en el camastro y de ahí me estiraba, no me quería ni poner de pie para que no se viera mi erección. 

Solo tocar su piel me causaba emoción. Estaba todo tembloroso y Mariana se debía de dar cuenta pero no decía nada. Fui bajando mi mano hacia su espalda lo estaba haciendo muy torpemente por el nerviosismo. Cuando llegue a los listones del sujetador ella llevo una mano hacia ellos y los jalo, dejando su espalda totalmente desnuda. Me quede paralizado un momento. Seguí embarrando el aceite. Lo estaba haciendo solo con una mano. Al pasar por el costado de su espalda del lado que me quedaba más lejos mi mano roso sin querer el inicio del seno de Mariana y note un pequeño escalofrió en su cuerpo. Trate de hacerlo con más cuidado, pero la suavidad de su piel me quemaba en la mano. Mi pene estaba totalmente empalmado y yo estaba muy nervioso. Además que tenía mucha culpa por tener esas reacciones con el cuerpo de mi prima. 

Seguí descendiendo hasta su espalda baja, en esa parte se le formaban dos hoyuelos casi al empezar sus cachetes. Era una visión majestuosa. Llegue con el bronceador hasta donde tenía el bikini, pero volvió a llevar la mano hacia atrás y lo jalo un poco hacia abajo dejándolo donde se le podía ver la raya que separa sus cachetes. El corazón se me quería salir, pero para no verme como si me afectara le pase la mano por ahí. Casi me corro cuando sentí esa línea debajo de mis dedos. 

Estaba como en un trance, mi mano se movía de forma mecánica, yo no podía apartar la vista del cuerpo de Mariana, el ejercicio que hacia le había dejado un cuerpo muy bonito. Cuando acabe de ponerle el bronceador en la espalda, le deje el bote a un lado. 
- Ya está Mari – le dije con una voz muy rasposa y temblorosa. Se giró a verme. 
- ¿Ya?, ¿y en las piernas? – me dijo con una cara de ofendida. 

No me pude negar. Estaba totalmente caliente, la cara la sentía roja como un tomate. Quería hacerlo lo más rápidos que fuera posible. Quería acabar para meterme al baño y hacerme una paja de proporciones épicas. 

Empecé colocándole en los pies, era increíble que hasta la planta de los pies la tuviera suave. Subí por sus tobillos y luego me dedique a los chamorros. Cuando llegue a la parte de atrás de las rodillas me di cuenta que lo de terminar rápido iba ser diferente, iba subiendo por los muslos y me di cuenta que ponerle en esa área iba a ser una tortura para mí. Trataba apenas de tocarle esa área. Cuando llegue a la parte alta de sus muslos ella abrió un poco las piernas para que pudiera colocarle bien entre ellas. 
- ¿Mariana?, no estoy seguro de… 
- No seas tímido Andrés – me interrumpió - no es que estemos haciendo algo malo, solo me estas poniendo bronceador – ocupo un tono algo elevado en la voz. Ya no le conteste. 

Cuando estaba pasando la mano por la parte interna de los muslos la mano me estaba temblando de una manera descontrolada. No lo podía evitar. Cuando termine de esa parte pude ver el bikini de mi prima que lo tenía muy pegado en su conejito. Tenía los labios muy hinchados, se adivinaban bajo el bikini y aunque no me podía acercar para examinarlo bien pude notar que estaba un poco mojado en la parte donde se juntaban los labios. Seguí aplicándole en los cachetes. El bikini lo tenía metido entre las nalgas. Trate de hacerlo rápido, pero el tacto en esa zona era increíble. Quería dejar las manos ahí por siempre. Las tenía duras, pero su piel era tan suave, era raro y para mis manos virginales fue muy difícil no pellizcárselas. También quería acostarme ahí a ver que se sentía, pero deje mis fantasías para la hora de la chaqueta. Ya iba a terminar pero ella volvió a llevar su mano para atrás y ahora jalo el bikini para arriba, enterrándose más entre sus nalgas. Me quería morir. 
- Ponme bien en toda el área, no quiero que se vea de diferentes tonos mi piel –me dijo. Tenía las mejillas del rostro encendidas. 

Ahora mataría por volver a tener esa oportunidad y en ese tiempo lo que quera era terminar para ir a masturbarme al baño. Volví a llevar mi mano a ese hermoso trasero. Cuando pase bronceador por lo más cerca del ano de mi prima, se le erizo la piel. Estaba disfrutando con el toqueteo torpe de mi mano. La termine de broncear toda. Yo estaba que no podía conmigo. Mi pene parecía una roca y hasta me dolía de lo dura que estaba. Yo ya había mojado el bañador de líquido pre seminal. 
- Creo que ahora si ya quedo, Mari – le dije. Le deje el bote de bronceador al lado de su camastro e iba salir corriendo directo al baño. Me levante y me acerque a la puerta de la casa, lo hice dándole la espalda a ella para que no viera mi erección que traía. 
- No vas a ir al baño, ¿verdad? – me dijo recargándose en sus dos codos, dejándome ver sus dos hermosos pechos. 
- Iba por un vaso de agua – fue lo primero que se me ocurrió decirle. 
- Lo digo por si quieres aliviarte, lo puedes hacer aquí – y se rio. 
- ¿No quieres un vaso tú? – con la vergüenza que me dio hasta la erección se me bajo. 
- Si claro, si tiene de limón mejor, jaja – se seguía riendo. 

Fui a ver el refrigerador y por suerte había de limón. No tenía que quedarme a hacer su agua para que ella pensara que me estaba “aliviando”. Regrese con una jarra de agua con hielos, le serví un vaso a ella y otro para mí. Me lo tome tan rápido que hasta me dolió la cabeza. Me recosté en mi camastro. 
- Gracias primo, no quieres que ahora yo te ponga un poco a ti. 
- No te preocupes, yo estoy bien así – pero no le importo e hizo que me girara. 

Quede mirando hacia abajo ella se sentó en mis nalgas. Se unto de bronceador las manos y las llevo a mi espalda. Me estaba dando un masaje en forma y no era como los toqueteos mal hechos que yo le había proporcionado. Se dedicó un rato a masajearme los músculos que están entre los hombros y el cuello. Su piel la de sus manos estaba caliente y muy suave. Después bajo las manos a mi espalda y también la masajeo toda. 
- ¿Te gusta? – me susurro al oído. Se había agachado hasta tocar mi espalda con sus pechos. Yo solo pude mover la cabeza en modo de afirmación. 

Me estaba encantando todo aquello que me estaba haciendo Mariana. Me puso bronceador por los brazos y también puso en los costados de mi cuerpo. 

Aparte de sus manos en mi cuerpo sentía su sexo pegado a mis nalgas. Tenía una pierna a cada lado de mi cuerpo y su sexo lo poso directamente en una de mis nalgas. Sentía que de repente frotaba su sexo sobre mí. Me estaba empalmando de nuevo. 
- Ya eres todo un hombrecito Andy – me dijo – y te estas pareciendo mucho a Don Andrés – me gusto la comparación con mi padre. 

Siguió con su masaje. Yo ni me movía. Lo único que se movía era mi pene y era porque estaba creciendo de nuevo causándome una molestia porque lo estaba aplastando con todo el peso de mi cuerpo. 

Después de un rato se recorrió más abajo, frotando todo su conejito en mi pierna. Pude sentir que iba dejando una humedad por donde iba pasando. Yo me estremecí. Me bajo un poco el bañador que llevaba hasta más abajo de la raya de mi culo. Me espante y solo voltee a verla. Ella me sonrió y siguió en lo que estaba. Me puso bronceador en esa parte y en la espalda baja y me volvió a subir el bañador. Bajo sus manos. Se levantó y al igual que yo siguió con los pies. Masajeo toda la palma y hasta entre los dedos. Subió por las piernas y me las separo. Como tenía el pene de erecto ella lo podía ver. Yo me apene trate de serrar las piernas pero ella no me dejo. Siguió subiendo y llego a los muslos. Cuando me puso bronceador en la parte interna de los muslos no se midió y me rosaba los huevos y hasta el pito cuando pasó la mano por ahí. 

Me quería levantar he irme, pero algo no me dejo. Esas sensaciones eran nuevas para mí y aunque algunas me daban miedo me quede. Seguí recibiendo esas caricias tan perversas por parte de mi prima, si seguía así me iba a terminar corriendo sin tocarme el pito. Ella por su parte se volvió a poner arriba de una de mis piernas y se seguía restregando cada vez más fuerte. Era un morbo muy fuerte lo que estaba sintiendo. 

Siguió sobándome la parte baja de las nalgas por un rato, hasta que hizo algo que me tomo desprevenido. Metió sus manos por debajo del bóxer que traía. Era flexible pero de todos modos apenas si cabía la mano de Mariana. El bóxer apretó más mi pene estimulándolo con cada movimiento que hacia ella adentro y aunque me lastimaba me gustaba mucho. Me acariciaba las nalgas con pasión, las pellizcaba y sobaba muy fuerte. Yo me quede paralizado, realmente no sabía cómo actuar, me sentía muy excitado pero a la vez me sentía muy sucio. 

Ella acerco de más su mano a mi ano y lo empezó a masajear. Mientras lo hacía se estaba restregando muy fuerte sobre mi pierna, en un momento saco una mano de mi trasero y se la llevo a su sexo, haciendo a un lado el bikini de su vagina. Pude sentir sus labios vaginales abrirse alrededor de mi pierna, ella estaba muy mojada y junto con el bronceador que era de aceite hacían que hubiera muy poca fricción. 

Me deje llevar. Siguió estimulándose en mi pierna mientras me acariciaba a mí. Trato de meter un dedo en mi culo pero gracias a dios apreté muy fuerte y lleve una mano a tiempo para detenerla. Desistió de seguir jugando en mi puerta trasera y mejor se puso a masajear mis huevos. Empecé a disfrutar un poco más. Tenía el pito entre el camastro y mi cuerpo y cada de que mi prima se restregaba sobre mi pierna mi pene era masajeado. 

No sé cuánto tiempo estuvimos así, ha de ver sido menos de lo que se tardan en leer este relato, pero a mí me parecieron horas. Me pareció que el tiempo se había detenido. Cuando ya no pude más sentí como mi cuerpo se tensaba y sin más remedio me vino el orgasmo. Como mi pene estaba muy apretado en el bóxer, no pudo aventar toda la leche que tenía acumulada en los huevos pero si saco algo, traspasando la tela del bóxer. Ese estancamiento de leche me causo un dolor de huevos pero el placer había valido la pena. Mariana al ver la leche salir de mí, se corrió, sus piernas se juntaron más a la mía y sentí más húmedo su sexo en contacto con mi pierna. 

Nos quedamos quietos un rato sin moveros, recuperando el aliento yo estaba alucinado, no sabía que era lo que seguía. Mi prima se acurruco en mi espalda. Si mi pene estaba apretado, con el peso de mi prima lo iba a terminar moliendo. 

Afortunadamente llego Doña Paty con mi hermana y Leslie. Llegaron gritando las niñas y mi prima se levantó de mí como un relámpago y se aventó a la alberca. Yo hice exactamente lo mismo, solo que me puse del lado contrario a donde estaba Mariana. 
- Se me poncho la llanta de la camioneta – llego diciendo Doña Paty – mejor otro día vamos. 
- ¿Y no les paso nada? – pregunte. 
- íbamos despacio cuando nos dimos cuenta, pero nos tardamos un poco porque no llegaba el mecánico. 
- Lo bueno es que están bien – les dijo Mariana. Se hizo un silencio algo bochornoso. 
- ¿No quieren que les prepare algo de comer? – les pregunto a las niñas y se fueron para la cocina. 

Mariana y yo nos quedamos todavía un rato en la piscina, me dirijo una mirada de complicidad pero yo no se la pude sostener. Me acomode en los escalones dentro del agua y Mariana se subió a un flotador tipo cama y así paso un rato. Ya no hicimos más nada porque de la cocina y la sala se ve hacia la piscina. 

Me quede pensando en lo que acababa de pasar. Todo fue nuevo para mí y hasta cierto punto me sentía usado por mi prima o tipo violado. Sentí que se había aprovechado de la situación. Después de eyacular me sentía sucio. Y anuqué ya había tenido encuentros con algunas niñas, no pasaban de besos en la boca y algún toqueteo por parte de ambos, pero en cierto modo sin malicia. Paso un buen rato en el que miraba furtivamente a Mariana arriba del flotador y ella se veía tan tranquila. Solo se movía para cambiarse de posición y que el sol le diera en lo mayor parte del cuerpo. 

Cuando salió Doña Paty se le quedo mirando con desconfianza a mi prima me imagino que por el traje de baño que traía, pero ella no le hizo caso, nos invitó a que nos comiéramos una fruta picada que nos había preparado y así se terminó la tarde. Con una nueva experiencia, pero con muchísimas más preguntas.

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