viernes, 10 de junio de 2016

Cumpleaños feliz

Anímicamente no me encontraba muy bien. Mi casa seguía sin estar arreglada, cuando pasaba a revisar cómo iban las cosas, veía que el avance no era el adecuado, eso cuando no veía cosas que estaban mal y tenían que rehacer. Pero a todo esto había que añadir que tenía una asignatura, que se me estaba atragantando en la carrera y que pocos trabajillos me estaban saliendo.

En la universidad, mis amigos sabían lo que me había pasado con la casa y todos me daban ánimos, algunos además me invitaban a quedar en su casa. Entre estos amigos estaban Ángel que tenía un año más que yo y su hermana Roció, que era más pequeña que yo y que siempre revoloteaba a mi alrededor. Yo creo que era el único que no la hacía mucho caso, por lo menos en el sentido que ella quería. Era alta, delgada, culito en forma de pera, muy bonito. Una cara espectacular y unas tetas de un tamaño medio. Una niña muy “pija” para mi gusto.

El seis de febrero que era sábado, cumplía los 18 años. Por ese motivo la iban a hacer una fiesta espectacular. Me invitaron a su fiesta, que sería en un pueblo cercano a Alicante. Empezaría el viernes 5 hasta el domingo 7. Rechace muy cortésmente la invitación, pero insistieron y sobretodo con la excusa de no estar mi casa todavía, que allí estaría muy bien.

Al final me dije, al mal tiempo buena cara. No tenía nada que perder y en caso de que no me gustara la gente, diría que solo me podía quedar unas horas y ya está.

Esa noche había quedado con mi amigo Raúl, que, aunque en su día le dije que le transmitiera a su madre mis disculpas por haberme quedado dormido y no ir a la comida de año nuevo, no sabía cómo estaría conmigo. Ya que, a ella desde la fabulosa noche del 31 de diciembre, no la había vuelto a ver.

En vez de pasar a las diez como quede con él, aparecí a las ocho, así hablaría con Amalia y trataría de que todo quedara bien, con la intención de dejar una puerta abierta. Cuando llame a la puerta me abrió un niño como de unos 11 años. Supuse que era el hermano de Raúl. Enseguida apareció Amalia, regañándole por abrir la puerta. Mando al niño para adentro y me dijo que Raúl no llegaría hasta las 10 ya que estaba ayudando a su padre.

Yo la hice ver que ya lo sabía, me miro intrigante y me dijo que pasara. Estaba en la cocina preparando la cena, estaba un poquito desaliñada, pero, aun así, mantenía ese halo de mujer interesante. Llamo a los niños y les dijo que a cenar. Me dijo que ahora volvía y se fue por el pasillo.

Cuando regreso, vi que se había cambiado de ropa, llevaba una discreta, pero una blusa, que con el botón que llevaba desabrochado de más, la hacían muy tentadora.
-Se llevan muchos años con Raúl, ¿No? (Era más que evidente)
-Sí, bastantes. Fueron fruto de una reconciliación. (Me lo dijo muy bajito)
-Es que las reconciliaciones hay que hacerlas con precaución. Jajaja (No sabía si esas risas serian adecuadas)
-Jajaja, cuánta razón tienes.
-He querido venir antes para disculparme por lo del día uno, de verdad que me quede roque. (puse cara de apenado)
-Ya está olvidado (Me sonrió)
-Pues si está olvidado, te aceptaba una copa.
-Así, discúlpame, no te ofrecí nada. 

Se encamino hacia el salón y cuando llegue detrás de ella, se me quedo mirando y me dijo… “Pero si tu no bebías…” me acerque a ella y la bese dócilmente, pero con apasionamiento. Ella se dejó, nos dimos un beso muy excitante y prolongado, hasta que se apartó y dijo… “Los niños…” volviendo a la cocina.

Una vez que acabaron los niños de cenar, que se lo comieron todo y sin protestar, cosa que me llamo la atención. Nada más acabar empezaron a pedir la peli, la peli… Fue cuando Amalia me lo explico, es que si cenaban todo y los deberes los hicieron, antes de irse a cenar, les ponía en el video una película de dibujos animados o una para peques.

Pero no fuimos al salón, fuimos a un cuarto de estar, los niños enseguida se sentaron delante del televisor y nosotros alrededor de una mesa camilla, con faldones. Amalia dio al play del mando del video y empezó la película.

Solo se oía la película. Yo, aunque sabía que no estaba bien lo que pensaba hacer, no me pude resistir. Puse mi mano sobre la rodilla desnuda de Amalia. Ella se me quedo mirando, pero tenía la boca cerrada, no decía nada. Lo que me envalentono y fui subiéndola, acariciando sus muslos, ya que mi mano estaba ya entre sus piernas. Pero no me facilitaba las cosas, imagine que por sus hijos.

Estaba convencido de que ella tenía que estar tan caliente como yo, era cuestión de insistir y esperar. Poco a poco mi mano, fue avanzando y encontrando menos resistencia. Por fin llegue a donde quería. Cuando ella noto mis dedos, juguetear por ahí debajo, ya se dejó del todo.

Es más, hubo un momento que, para facilitarme las cosas, echo su culo más adelante, casi al borde de la silla. Eso era, así me gustaba, ahora mis dedos tenían vía libre. Cada vez se iba mojando más, lo notaba en mis dedos. La miraba y veía los gestos de su cara, como se mordía los labios para aguantar cualquier gemido, como cerraba de vez en cuando los ojos. Era muy apasionante verla. 

En un momento dado ella giro un poco su cabeza y me miro, sus ojos lo decían todo, absolutamente todo. Su calentura era máxima. Con mi mano libre me baje la cremallera y aunque me costó, logre sacra mi polla. Ella como seguía fuera de sí, no se dio ni cuenta. Sus manos estaban sobre la mesa, cogí una de ellas y la lleve hacia mi polla, cuando la noto fuera del pantalón, giro la cabeza de golpe y me miro, lo hizo de tal manera que creí que protestaría o se disgustaría, pero que equivocado que estaba, la apretó con fuerza.

Saco la mano y vi como chupaba la palma de su mano, como la llenaba de saliva, para luego llevarla otra vez a mi polla e iniciar una paja grandiosa. Yo notaba que estaba muy cerca de correrse. Pare y cuando me miro, la hice señas de que se sentara, ella asombrada abrió los ojos y me hizo señas con su cabeza, para señalar a sus hijos, yo insistía diciéndola que lo hiciera sin hacer ruido.

Después de mover varias veces la cabeza diciendo que no. Continúe masajeando su clítoris y enseguida esta como en trance. Cuando vi que apretaba muchísimo los labios, quite mi mano, que ella trato de atrapar con sus muslos, su mirada esta vez era una mirada radical. Yo lo único que hice fue chuparme dos dedos y poniendo cara de gusto. Nos sacó del trance uno de los niños, que le dijo a su madre que faltaban los vasos de leche.

Yo veía que tardaba, estaba seguro de que estaba esperando a que apareciera, pero no pensaba hacerlo. Por fin apareció Amalia, con dos vasos con leche y se los dio a los niños. Cuando fue a sentarse, la agarre y no la deje.

Estando de pie, metí mi mano por detrás, la muy cachonda ya no llevaba bragas. La metí en esa posición los dedos, ella lo único que hacía era contenerse. Notaba como sus piernas flaqueaban. Me estaba poniendo muy cachondo esa situación. Mi siguiente paso fue meterla un dedo por el culo, ella dio un respingo y se apoyó en la mesa.

La tenía otra vez muy cerca de correrse, pero esta vez el no poder hacerlo no fue mi culpa. Era Raúl que acababa de llegar, antes de la hora prevista. Saque rápidamente mi mano y a toda velocidad me guarde la polla.

Raúl se sorprendió al verme, pero tampoco le pareció extraño, ya que dije que acababa de llegar prácticamente y él lo único que dijo, siempre puntual. Mientras su madre acostaba a los pequeños, yo le di lo que le había llevado y sin más me despedí. El no dijo nada de quedarme a cenar ni nada. Estando ya en la puerta sin tenerla todavía abierta, salió Amalia y dijo…
AMALIA- ¿A dónde crees que vas? 
RAUL-Pues a su casa, como es lógico.
AMALIA-De eso nada. Que hay algo que se tiene que comer. (me lo dijo mirándome a mis ojos y con doble intención)
RAUL- ¿Qué se tiene que comer?
AMALIA-He descongelado unas pizzas y si no se estropearan.
RAUL-Carlos, pues te tienes que quedar, no te queda más remedio.
YO-Bueno, si no se me hace muy tarde…
RAUL-Tranquilo. 
YO-No sabía que a ti te gustaban las pizzas, Amalia. (Mirándola descaradamente)
RAUL-Mucha gracia no le hacen. 
AMALIA-Si, pero últimamente, esta marca me gusta, sobre todo porque sus bordes son más gordos. (Su mirada fue de reto total) Y tú que hiciste con tu padre.
RAUL-Pues al final no hicimos nada, nos fuimos al pub que hay junto a su oficina y…
AMALIA-…Y os habéis puesto hasta arriba. Que se te nota.
RAUL-Tampoco ha sido tanto, tres cubatas.
AMALIA- ¡YA! ¡TRES! No te lo crees ni tú. Carlos ¿tu como lo ves?
YO-En estos casos soy la ONU, neutral. (Nos reímos los tres, pero Raúl venía con más de tres cubatas)

Nos sentamos a cenar en el mismo cuarto de estar y veía como Raúl bebía vino, pero eso no fue lo más chocante, lo más chocante fue que la madre le rellenaba con entusiasmo el vaso. Y según pasaba el tiempo, no sé si por el vino que también tomo ella, que no fue mucho, por la calentura o por lo que fuera, ella se envalentono y me tocaba por encima de mi pantalón. Estaba siendo muy descarada.

Cuando terminamos de cenar, yo quería y esperaba que Raúl se fuera a dormir, pero no hubo manera y además se puso “intenso” nos retó a un juego, su madre decía que era para dos y además que era imposible ganarle. Pero Raúl dijo… “Más ventaja tendréis, los dos contra mi” accedimos con la esperanza de que se cansase y se fuese a dormir.

Raúl saco el juego, yo era la primera vez que lo veía. Era un juego chino el weiqi. Muy resumido es un juego de mesa, que se juega con un tablero y fichas, blancas y negras. 180 fichas de cada. El weiqi es un juego muy sencillo y fácil de aprender, pero dominarlo es tremendamente complejo, debido a la enorme variabilidad de movimientos que permite.

Ya estaba todo preparado, solo faltaba que apareciera Amalia. Raúl ya me explico cómo se jugaba. Por un comentario de la madre, Raúl era un fuera de serie a ese juego. Como Amalia demoraba su llegada, Raúl se puso un whisky. 

Cuando apareció Amalia se disculpó por su tardanza y por haberse puesto cómoda. Venía con un camisón corto y una bata corta, sus muslos se veían espectaculares. Y venía dándose una crema de manos. Nosotros nos pusimos muy juntos para poder jugar, frente a Raúl, él estaba muy concentrado y yo lo cierto que estaba pasota. Me era imposible concentrarme, con el olor de Amalia y con el sobe que nos estábamos dando.

Algunas veces me daba mucho corte, porque creía que se nos notaba. Pero Raúl seguía a lo suyo. No sé, si por la bebida, por el juego o por ambas. Pero no se enteraba. En un momento dado Amalia con mucho atrevimiento dijo… “Así no se puede jugar, no veo bien las fichas. Mira Carlos me siento encima de ti y las veré mejor.” Raúl se limitó a mover los hombros.

Se sentó encima y al hacerlo, apartado su camisón y bata. Que atrevida que era, pero yo no pensaba ser menos. La hice levantar con la excusa de que iba al aseo. Regrese con la cremallera bajada y cuando me senté, hice como si me colocara, pero lo que hice fue sacarme la polla, que estaba sin empalmar del todo.

Amalia se sentó nuevamente, note todo su coñito sobre mi polla, estaba mojada y al rato mi polla estaba impregnada de sus jugos. Ella se movía muy discretamente, no se notaba, pero mi polla si, que fue creciendo y creciendo. Ella con total desparpajo se llevó una mano hacia su coñito y agarrando mi polla, se la coloco de tal forma que se rozaba el clítoris. Ella hablaba con voz normal, pero no paraba, Raúl la dijo que lo hiciera en voz muy baja, que no le tratara de distraer, que eso eran trampas. Entonces Amalia hablaba solo conmigo. Llevando la conversación al tema del juego, explicándome cosas, pero todo iba con segundas, para que solo lo entendiéramos ella y yo.
-Ves Carlos, ese movimiento que hizo Raúl, es un movimiento atrevido, así tienes que hacer. Ser atrevido, mover bien la ficha y tratar de colocarla lo mejor posible. (Mientras ella se movía más alegremente)
-Vale déjame que mueva yo nuestra ficha ahora, déjame pensar. (me moví y la moví a ella, de tal manera que mi polla estaba prácticamente metiéndose en su coño) ¿La he movido bien? (Pregunté a la vez que movía la ficha y se la metí dentro)
- ¡BUUFFFFF! Muy buen movimiento.
-Ahora los próximos te los dejo a ti, así aprendo. (Ella se movía ahora con más ganas, pero guardando las formas)

Mientras yo pase una mano para adelante y tocaba con lentitud y suavidad, el clítoris de ella. Notaba como su respiración hinchaba su pecho. Si seguía así se correría y no sabía si se contendría o se le escaparía algo. Ya estaba bien no podía seguir la cosa así, por lo que dije que me marchaba. Raúl dijo que otro día continuaríamos. Cuando se me bajo un poco la polla, la guarde y me levante para irme. Le dije que no se molestara en acompañarme y lo hizo la madre, que una vez en la puerta, la abrió diciendo adiós en alto, pero sin dejarme salir, cerro nuevamente, llevándome a su baño y haciéndome señas de que esperase.

Mientras los oí hablar y a Raúl se le notaba que le costaba. El, medio la regañaba por sentarse encima mía, que lo mismo me mosqueo y que por eso me fui. La madre quito importancia a lo que el hijo dijo. Lo mando a dormir. En seguida apareció y cerró la puerta del baño, quitándose la poca ropa que llevaba y desabrochándome los pantalones, mientras yo me desnudaba de cintura para arriba. Yo la quería llevar a la cama, pero ella en voz baja me decía que Raúl estaba todavía despierto.

Se sentó sobre la taza del inodoro y se llevó mi polla a la boca, me chupaba los huevos, se los metía en la boca, los saboreaba, que gustazo verla así de desenfrenada. Me mordisqueaba el tronco y su lengua también me lo chupaba. Hasta que lamia la cabeza de mi polla, para luego metérsela en la boca.

Estando en plena acción se oyeron dos golpes en la puerta del baño. Ella pregunto y era Raúl, que quería hablar con ella. Yo la veía muy tranquila y a mí me preocupaba porque no tenía pestillo la puerta, si le daba por abrir nos pillaría sin remedio.

Pero Amalia parao de comerme la polla, aunque seguía haciéndome una paja y hablaba tranquilamente a su hijo, diciéndole que fuera a su cama que cuando ella saliese pasaría. Era algo de lo hablado con su padre esa tarde. No me enteraba bien. Me puse de pie y la apoyé en el lavabo, para que nos viéramos en el espejo. Yo esperaba que ella me dijese que esperase, pero lo único que hizo fue coger una toalla y mirando al espejo, me hizo señas de que se la metiese.

Mientras oía a Raúl, se la metí, ella lo único que hizo fue morder la toalla. Nos mirábamos por el espejo. Que mujer más caliente. De vez en cuando se quitaba la toalla de la boca y le decía al hijo, que ahora hablaban cuando saliesen.

Mientras la follaba le tocaba las tetas y su clítoris, que se le notaba durísimo. Vi como abría los ojos, como movía mirándome la cabeza afirmativamente y se corrió, mordiendo la toalla. Cuando se oyó… “¿Mama te pasa algo?” la contestación de Amalia me pilló de sorpresa… “Joder, Raúl, ya no puede una ni cagar, me quieres dejar y no cortarme el rollo, que luego me dolerá la tripa, VETE A TU CAMA DE UNA PUÑETERA VEZ”, solo se oyó un bajito… “Vale, vale… no hace falta que me contestes así”

Esta vez ni crema ni nada, se la coloque en su culo y ella volvió a morder la toalla, sus ojos lo decían todo, una vez que estaba toda dentro, me pare unos segundos, la tensión de su cara desapareció y ella se quitó la toalla. Justo cuando me iba a decir algo, se la saqué y se la metí de golpe, empecé a embestirla sin contemplaciones, ahora estaba apoyada con las dos manos en el mueble del lavabo y mordiendo la toalla. 

Se le cayó la toalla y nos corrimos a la vez, a mí se me oía un “Mmmmmmmmm” y a ella más o menos igual. Una vez la saque, se dio la vuelta y agarrando mi cara me dio un beso lleno de ímpetu. Una vez que termino, pego su boca a mi oído… “Nunca nadie me hizo gozar como tú, eres un tesoro. Pero ahora cuando me vaya a habla con Raúl, sal sin hacer ruido” mordiéndome la oreja a continuación. Nos vestimos y ella salió delante, yo me espere hasta que estuvieras hablando con Raúl, pero vino y me dijo que estaba profundamente dormido. Fuimos hasta la puerta sin hacer ruido y nos volvimos a besar antes de irme.

El miércoles en la universidad Ángel me dijo que él se iría al día siguiente a la casa del pueblo, para preparar la fiesta de su hermana. Me dio todos los detalles de cómo llegar allí. Estaba según me dijo, aproximadamente a una hora.

El viernes a mitad de mañana me fui para el pueblo. Era un pueblo de montaña. La carretera era bastante mala, apenas eran 50 km. Y tarde un poco más de una hora. Cuando llegue vi que era un pueblo pequeño, si había 1000 habitantes ya era mucho. Como no me aclaraba, más bien estaba perdido. Pare en un bar y pregunte. La casa y la familia eran conocidos, me indicaron por dónde ir. Me llevo como 20 minutos. Vaya con la casa del pueblo. Menuda finca. Cuando me vieron llegar, salió Raúl a recibirme. 

Aparque el coche donde me indico y donde había ya bastantes aparcados. Raúl cuando Sali del coche, me dijo…
-No te asustes ni te preocupes.
- ¿Por qué me tendría que preocupar o asustar? (Pregunte totalmente intrigado)
-Por mi familia, jajaja, no te vamos a comer. Es que algunos de mi familia son “especialitos”, pero por mis padres son muy normales, muy abiertos, están al día, nos tenemos mucha confianza.
-Si me dices todo esto antes de venir, ni me lo pienso, directamente no vengo, jajaja.
-Que no te preocupes, de veras. Cuando se vaya la familia que viven en el pueblo, ya verás como todo es distinto. Solo vendrán mañana a la comida, luego se van.

Nos fuimos en dirección a la casa, una casa que se veía antigua y grande. Cuando entramos vi que estaba toda restaurada por dentro. Era por lo que iba viendo una casa bonita. Muros muy anchos, de los antiguos, al igual que los techos. Vigas de madera. Suelo rustico en algunas partes y en otros, madera. Me gustó mucho. Me llevo a la que sería mi habitación. Iba acorde con el resto de la casa. Puertas pesadas, nada de las típicas puertas de ahora, la habitación tenia baño incorporado y estaba amueblada de forma rustica. Lo que más me llamo la atención de la habitación, además de su tamaño, era la cama. Una cama súper grande y de forja, una autentica obra de arte.

Se notaba el viento fresquito, era para abrigarse y eso que no soy friolero. Fuimos a donde estaban el resto de la gente. En ese momento se iban los del pueblo. Se veían gente como muy seria. Cuando se fueron y regresaron los que fueron a despedirlos. Raúl paso a presentarme a su familia.

Su padre se llamaba Raúl también, 56 años (por lo que supe luego) estatura normal, más bajo que el hijo, un poco grueso y bastante calvo. Me saludo cordialmente, la primera impresión fue buena. Luego me presento a su tío Jose, hermano mayor del padre por dos años, aunque aparentaba más, más o menos de la misma altura también, pelo muy canoso y con unos 30 kilitos de más. Pero en el saludo se veía que era un cachondo, un tío gracioso. Otro tío más, Miguel hermano de la madre 52 años, este se veía que era deportista, estaba fuerte. Su saludo fue normal, ya vería como era luego. Un poquito estirado, eso sí me pareció.

Vi llegar a las mujeres y las revisé bien de arriba abajo. La primera que me presentaron fue a la mujer de Jose, Carmen de 50 años, bajita, pechugona y como se suele decir “jamona” estaba para comérsela. Luego me presento a su madre que se llamaba Roció como la hija, que poca imaginación pusieron al bautizar a sus hijos. Era una mujer de la altura de su hija, con tacones se vería más alta que el marido. Estaba muy cuidada, perfectamente maquillada y con unas tetas muy bien puestas, grandes como a mí me gustan, pero me daba la sensación de que eran operadas. La última fue la mujer de Miguel, Chus, tan estirada o más que el marido. Había que reconocerlo era la mejor de las tres, aunque esto no quería decir nada. Su físico era envidiable, se veía que como el marido hacían deporte. Culo espectacular, por lo menos la forma que se le veía con el pantalón y sus tetas no eran pequeñas, se veían de buen tamaño. Las tres eran de las que yo ponía con las tres CCC (Casada, Cansada, Cachonda)

El resto eran primos y primas más o menos todos de la misma edad. Estábamos todos entre los 16 y 22 años. Sabía que había dos primas de 16 años, acerté a la primera con una, pero la otra me quedé helado cuando me dijeron quién era, aparentaba más de 20 era la hija de los pinitos, bueno de los más pinitos.

En la comida vi que todos tenían muy buen rollo entre ellos, todos eran muy simpáticos sin excepción. Me estaban agradando esas personas. Cuando estábamos tomando el café y las bebidas. Cuando de pronto empieza Carmen a reírse a carcajadas y se atraganta. La dieron unos golpes en la espalda y parece que se le paso, pero volvía a reírse, por lo que varios preguntaron de que se reía.

Cogió la revista que estaba ojeando y se puso a leer un artículo sobre el tamaño de los penes. Corea del norte menos de 10 cm. Filipinas, china, Taiwán, Japón..., 10 cm., para luego añadir mirando a las mujeres y luego nos quejábamos, todas se rieron. Los más grandes eran los de Colombia, Venezuela, Ghana que estaban en los 17 cm. Pero la palma se la llevaba según el artículo Congo con 18 cm. Todos preguntaron por España y dijo que sobre los 14 cm.

Con eso empezaron las risas y las bromas, los vaporcillos del vino y de las copas, las hacían más graciosas. Tenían un colegueo como de amigos, más que de padres e hijos, se veía que se querían hacer los padres guay, estupendos. Pero a ellos se les notaba una sonrisa fingida, incluido Raúl hijo.

Este último me hizo ponerme rojo como un tomate, porque sin venir a cuento soltó… “Eso porque no se la midieron a Carlos, que dejaría al del Congo en pañales y eso que no se la he visto empinada…” Todo el mundo me miro y yo matando con mi mirada a Raúl. Pero este en vez de meterse la lengua donde yo pensaba y ante la acusación de algunos de “fantasma”, erre que erre, volvió a decirlo, que si en descanso era más grande que la suya en su mejor momento, que si era gorda… que me había visto muchas veces en la ducha y que me llamaban el trípode, tres piernas, el cañonero… 

Con voz seria le dije que ya estaba bien, que callara ya de una vez. Se debió de dar cuenta de mi enfado y me pidió disculpas. Su madre para quitar importancia a las cosas, dijo es como si te dijeran que tienes los ojos azules, no es nada malo. Mira a mí me dicen que tengo mucho pecho y no le doy importancia. En otro momento no le hubiera dado importancia, pero no me gusto en ese momento, me sentó mal de verdad.

Cambiaron de tema, pero cada dos por tres hablaban de la libertad que teníamos los jóvenes ahora, de lo fácil que era ligar, de tener rollitos… Preguntaban a todos. Y veía que sobre todo las más jóvenes respondían con mucha claridad, que si el ultimo era un baboso, que no daba la talla… y se reían. Yo escuchaba y callaba. Luego preguntaban que como les gustaban, ellas casi todas las jóvenes, contestaban que mayores que ellas, Raúl y sus primos que de su edad. 

Cuando una de las jóvenes pregunto a las madres, ellas riéndose decían que a ellas dos de 20 y se volvían a reír. Hasta que me preguntaron a mí, yo no es que sea muy cortado, pero me sentía en desventaja. Mi respuesta fue decir que yo a priori, no descartaba nunca nada. Pero rápidamente se volvieron contra mí, diciéndome que eso no valía, que tenía que ser más concreto. 

Pues como he dicho no descarto nunca nada en principio, pero digamos que me ha ido mejor siempre con mujeres más mayores que yo. Rocío hija y otras primas, me miraron de mala manera, pero las maduritas pusieron auténticas caras de zorras. Aunque con las mayores es más difícil. ¿Y eso? Me preguntaron. Porque si tomas tú la iniciativa y te dan calabazas, normalmente luego hay “efectos secundarios” guiñándolas un ojo, en cambio sí son de mi edad más o menos eso no suele ocurrir. Todas se rieron, menos las más jovencitas que no lo entendieron. 

Prácticamente se nos juntó la comida con la merienda y la merienda con la cena. La cual siguió por los mismos derroteros. Ya era tarde cuando la madre de Raúl nos mandó a todos a dormir, como nuestras habitaciones estaban en la última planta, había tres, ella nos dijo que arriba había nevera, que no anduviéramos subiendo y bajando. Todos los primos y primas dijeron que si, subiéndose todos a dormir. Vi como, sobre todo, las chicas entraban varias en una misma habitación, así que seguirían de charla. Yo me despedí y dije que me iba a dormir, todos se fueron menos la madre de Raúl que se quedó a recoger.

Yo dije a Raúl de ayudar a su madre y él me dijo que la dejara, que no me lo iba a permitir, que su madre no dejaba a nadie que el ayudase, que sus invitados eran sus invitados. Además, ahora vigilaría que estemos todos tranquilos, se cambiara y bajara a dejar todo perfecto, dejando la mesa preparada para el desayuno, mi madre es así.

Pasado un rato, me puse a escuchar por la puerta si se oía algo. Pero era imposible que con esos muros y esas puertas se pudiese oír algo, así que abrí la puerta muy despacio y no se escuchaba nada. La calefacción estaba puesta también por la noche, hacia bastante calor, por lo que bajé en pantalones cortos ajustados y sin nada más, lo hice a propósito, por si estaba la madre de Raúl.

La casa estaba en total silencio y prácticamente a oscuras. Había una tenue luz en las escaleras. Cuando llegué al principio de ellas, vi que se reflejaba algo de luz en la planta baja. Tenía la esperanza de que estuviera abajo la madre de Raúl. En un tramo de las escaleras casi me caigo, llevaba sandalias y me trastabillé, hice un poco de ruido. Y cuando llegue abajo estaba Rocío la madre de Raúl, mirando que pasaba, cuando me vio se quedó un poco parada…
- ¿Te encuentras bien? ¿Te has caído? Que esas escaleras son muy traicioneras.
-Casi, casi. Pero me agarre al pasamanos y solo se quedó en un susto. (Ella se dio la vuelta y volvió a la cocina)
- ¿Querías algo?
-Sí, un vaso de leche, que tengo la costumbre de tomarme uno antes de ir a dormir.
-Toma (Me dio el vaso)

Yo mientras ella me puso el vaso de leche, la observe bien. Llevaba un camisón largo, pero muy sugestivo. Era una mujer alta, en su peso justo, se le notaba un culo perfecto con esa tela que se le pegaba, las tetas grandes como ya me di cuenta cuando la conocí. Se notaba que no llevaba sujetador, pero las tenía muy bien puestas.

Ella estaba preparando una mesa grande, poniendo tazas, platos pequeños, cubiertos, por lo que dijo todo para el desayuno, para que cuando fuéramos bajando, estuviera todo preparado. Un par de veces que se agacho, se notaba que tampoco llevaba braguitas. Eso me estaba poniendo ya en “canción”

Rocío trataba de dar normalidad a la situación, estábamos hablando tranquilamente, pero ella trataba de no mirarme. Para tantear el terreno le dije…
-Discúlpame por bajar así, pensé que no me encontraría con nadie.
-No hay nada que disculpar, que he visto a muchos jóvenes y hombres en pantalón corto o bañador. No me voy a asustar.

Paro de colocar cosas y saco un paquete de tabaco rubio, me ofreció uno, que yo rechace con una sonrisa. Ella se giró y siguió hablando conmigo, se apoyó en la encimera de la cocina. Mientras hablábamos yo notaba como trataba de evitarlo, pero miraba mi paquete, que yo sabía que estaba a medio empalmar. Según pasaba la conversación, yo la notaba algo nerviosa, no sabía si era por deseo o que se sentía violenta ante esa situación, pero lo que estaba claro que aguantaba el tipo.

Yo seguía hablando sin parar y ella asentía con la cabeza. De los nervios que tenia se encendió otro cigarro. Ahora se me empezaban a despejar las dudas, ya que sus pezones se marcaban cada vez más en el camisón. Ella se debió de dar cuenta porque cruzo los brazos, pero sabía que yo me había dado cuenta. Entonces apago el cigarro, se dio la vuelta y solo dijo, “el vaso lo puedes dejar ahí, que ya lo lavare yo” 

Ante ese cambio brusco de conversación, pensé en irme, pero fue ver ese culo otra vez y no me pude resistir. Me acerque a dejar el vaso en el fregadero, cuando lo hice, al retirarme y pasar junto a ella, la abrace por la cintura y la dije a su oído susurrándola, “ojalá me deseases tanto como te estoy deseando yo a ti” … atrape su lóbulo con mis labios, pasándole la lengua y añadí… “porque te follaría ahora mismo”

Como única respuesta recibí el ladeo de su cabeza para que siguiera haciendo lo que hacía. Ahora le besaba, comía y lamia el cuello. Ella solo decía un suavecito Aaaahhhhhhhh, con mis manos la tocaba por encima del camisón, pudiendo comprobar que no llevaba nada debajo. Le cogí esos pezones que se marcaban en su camisón, estaban bien duritos. Y empecé a notar como ella pegaba y restregaba su culo contra mi polla. La cual se puso al máximo.

Ella ya no solo es que se dejara meter mano por mí, es que movía fuertemente su culo contra mi polla, le debía gustar lo que estaba notando. No quería ir más deprisa, me gustaba que lo desease, que no se aguantase más, que me pidiese que la follara. Pero ella se resistía, estaba cachonda perdida, pero no decía nada. Le di la vuelta y la besé de una manera lujuriosa, provocadora. Aproveche para subirle el camisón por detrás y tocar directamente su culo, note como eso la encendió más.

Le levanté y la subí sobre la encimera. Con su ayuda le subí el camisón, mientras saboreaba sus muslos y vi ese coñito, sin depilar, pero muy bien cuidado. Mi lengua fue pasando por todos los sitios, hasta que por fin empecé a lamer y chupar su coñito, pero no su clítoris. Ella cuando noto mi lengua, prácticamente atrapo mi cabeza con sus piernas, ya estaba totalmente rendida. Cuando sin esperármelo ella se baja de la encimera, me da la mano y me lleva a una habitación de la planta baja, donde hay una cama, pequeña, pero que nos valdría para lo que queríamos.

Mientras me llevaba con rapidez, me pareció ver como una sombra, pero podía ser el nerviosismo. Por lo que no di importancia. Se quitó el camisón y lo dejo caer al suelo, tumbándose en la cama totalmente desnuda y abriéndome los brazos, como una invitación para que fuese.

Fui a continuar con lo que se quedó a medias en la cocina. Ella según notaba mi lengua, más se enardecía. Pero cuando noto mi lengua sobre su clítoris, solo dijo… SIII, SIII, SIIIIII…” y sin dejar de mirarla vi cómo se apretaba sus pezones, como se acariciaba sus tetas. Era una locura. Me dio la sensación de que esa mujer llevaba mucho sin tener una buena corrida y no haría que “sufriera” mas. Me entregue a lamer y relamer su clítoris con mi lengua, mientras con tres de mis dedos follaba su coñito. Qué manera de estremecerse tenia. Hasta que se corrió tratando de no hacer mucho ruido, pero al final no se pudo aguantar y gimió muy fuerte.

No me dio tiempo a nada, ella quería más y por su cara sería mucho más. Ahora si la quería hacer rabiar un poco. Arrodillado delante de ella, agarre mi polla fuertemente, lo que hizo que la cabeza de mi polla, se pusiera como más hinchada y más oscura, lentamente subía y bajaba mi mano, sin quitar mis ojos de ella. Rocío miraba como hipnotizada, con ojos de deseo, sabía que estaba a punto de pedirlo, pero con una sonrisa maliciosa, ella se empezó a tocar.

Se acariciaba muy lentamente su clítoris y se metía a la vez algunos dedos dentro de su coño, haciendo lo mismo que yo, mirándome fijamente de una manera provocadora. Era como un duelo, yo no variaba mi ritmo, pero Rocío acelero sus movimientos, hasta que lo empezó a hacer con rabia y corriéndose nuevamente. Cogí sus dedos y se los chupé metiéndomelos en la boca. Ella no había perdido su mirada de excitación. Todo lo contrario.

Justo cuando le estaba comiendo los dedos, pude ver una sombra entre la puerta abierta. No era imaginaciones mías, estaba seguro. Pero me daba igual, si alguien miraba y no había dicho nada, es que también lo pasaba bien. Provocaría a quien fuera, para que se dejara ver. Ella miraba con cara de pedirme algo, pero no se decidía. Hasta que ya no pudo más y me dijo… “Ahora no pares, méteme todo eso… no aguanto más… lo necesito… y muuuuuucho, te lo aseguro” esto último lo dijo con cara de depravada total. 

Acerqué mi polla a su coño, pero, aunque ella esperaba que se la metiera, no lo hice. Se lo pasaba por su coño sin metérsela, se la pegaba en su clítoris y ella se retorcía, “Follame, follame YAAAAA…” se la metí y entro con total suavidad, ella solo me decía… “Fuera parece grande pero dentro… es ENORME…. Como la noto…” y una vez estaba toda dentro, empezó a menearse con frenesí, me agarraba y me besaba con ansias y yo de igual manera.

No volvió a tardar en correrse, me pilló desprevenido y vi que le caían unas lágrimas, me preocupo y cuando le pregunte, me dijo… “Son de alegría, te lo juro, de mucha alegría” y seguía moviéndose. Le dije que me la chupara y no puso ningún reparo. Una vez iba a chuparla dijo… “Es enorme. La de mi marido al lado de esta es una minucia, tenía razón mi hijo, menudo…” quedándose a medias y al insistir yo, sonriendo me dijo… “Esta es un pollón y la de mi marido… ridícula” al terminar de decir esto se puso a devorarla. He de decir que follaba mejor que mamarla. 

Mire hacia la puerta y sin que ella se diera cuenta, con la mano animaba a que entrara a quien estuviera mirando. Note como se retiraba. Seguí pendiente de la puerta y al rato vi cómo se abría un poco más, pero no veía mucho más. Seguí provocando para que entrara quien fuese. Pero lo único que medio distinguí era que era una mujer. Pero no podía distinguir mucho más, alguien que llevaba un camisón o vestido corto y por lo que pude también observar tenía una mano delante pero no sabía seguro si se tocaba.

Ahora mientras ella me la chupaba yo acariciaba su culo y empecé con mucha suavidad a tantear su ano, quien estuviera mirando tendría un primer plano del culo de Rocío y mi dedo que poco a poco se iba introduciendo dentro de él. Ella según se lo metía, que tenía un culito muy prieto, se iba moviendo con más ganas y me lo hacía mejor, estaba ya cerca de correrme y cuando lo hice, ella hizo ademan de quitarse, pero no la deje, tragándose todo. Cuando por fin acabamos, ella me miro con cara de sorpresa.
-Es la primera vez que lo pruebo y que me lo trago.
- ¿Te ha molestado mucho?
-No, me ha sorprendido. Pero te reconozco que me gusto.
-Todavía tienes que aprender más cosas.
- ¿Cómo qué? (Me miraba con deseo cuando lo pregunto)

La hice dar la vuelta y ponerse boca abajo. Lo hizo sin rechistar, pero note algo de inquietud, curiosidad, pero suponía que sospechaba algo. La acariciaba la espalda y lamia su cuello. Poco a poco fui bajando por su espalda, sin dejar de lamérsela, mientras con mi mano acariciaba desde atrás su preciado culito y su coñito. Se empezó a relajar, le estaba gustando lo que le hacía. Cuando llegue a su culito, mordisquee sus nalgas, ella ronroneaba, había abierto las piernas para dejarme hacer. Con las manos abrí sus nalgas y empecé a comerla su anito. En un principio se quedó en tensión, pero según mi lengua lamia y mis dedos follaban su coñito, se empezó a relajar nuevamente, empezaba a disfrutar, se notaba por sus movimientos.

También iba dejando saliva en su culito, para luego con mis dedos ir lubricando su culito. Ya entraban dos dedos perfectamente y los míos eran grandes. Era hora de hacer lo que quería. Me incorpore y mi polla estaba dura otra vez, deseosa de follarme ese culito. Ella cuando noto mi polla tratando de meterse en su ano, protesto y quiso quitarse, pero me tumbe encima de ella y la animaba a dejarse, tenía mi boca pegada en su oído, hablándola pacientemente, pero ella sin haber intentado todavía nada, ya se andaba quejando, estaba acobardada. 

Con todo lo que la decía se fue calmando, la convencí para intentarlo una vez, que si la dolía pararía. Ella acepto. Una vez que metí lo que era la cabeza, tuve que hacerme fuerte para que no la sacara, le había dolido, eso decía. Pero no la saque, ella me decía que no fuera un cerdo, que se la sacra y yo solo le decía que tranquila que ahora.

Cuando note que se relajó, que ya no estaba tan alterada, metí otro poco, ella me insultaba y yo la dije que hiciera como antes, que se tocara, volví a meter otro poco, ella mordió la almohada y se empezó a tocar. Oía su voz apagada con la almohada, después de varios tiras y aflojas, se la había metido toda. 

Al rato empecé a moverme muy lentamente, prácticamente nada, solo lo suficiente para que no se quejara. Poco a poco fui aumentando mi ritmo. Ella de vez en cuando exclamaba algo, pero ya no era las protestas del principio. Seguí así un buen rato, hasta que noté como ella empezaba a moverse también. 

Los dos fuimos aumentando el ritmo, al final mis embestidas eran importantes, ella no protestaba estaba ya metida en faena. De las protestas paso a los gemidos y a decirme que más rápido. Al final nos corrimos los dos nuevamente. Me pidió que se la sacra, cuando empecé, me dijo que despacio y así lo hice hasta que salió. Pregunte que donde había un aseo y ella me dijo que ahí mismo, en la entrada de la habitación, que era la habitación de servicio, me levante rápido, con la intención de pillar a quien había estado espiándonos.

Pero quien fuera, fue más rápida que yo y digo más rápida, porque pude distinguir por las escaleras subiendo a toda velocidad a una mujer, pero… ¿Quién era? Rocío cuando Sali del baño ya no estaba, se había ido a la cocina. Pase por allí y me dijo…
-Voy a terminar de preparar esto y me voy a mi habitación. Vete tú ya.
-Si no me das un beso ni me muevo.
-Eres un degenerado. (Lo dijo con una amplia sonrisa)

Se acercó y me dio un beso muy caliente, tan caliente que nos empezamos a enrollar otra vez en la cocina. Mirándome me dijo… “Eres el demonio…” me agarro la polla por encima del pantalón corto y me dijo al oído… “Mañana le daré una pastilla a mi marido y cuando este dormido follaremos toda la noche” dándome luego un buen mordisco en mi oreja.

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