lunes, 13 de junio de 2016

Cancún

Ya me encontraba en el aeropuerto dispuesto a embarcarme rumbo a Cancún, hacia un viaje de relax y sobre todo para mi mente, para aclararme mis ideas, era la segunda vez que me pasaba y esta vez quería hacerlo, lejos de gente conocida. Buceando, tomando el sol, la tranquilidad, buscando ese espacio libre que todos necesitamos. Una vez que íbamos a embarcar en el avión, en la cola que había, observe que eran todo parejas, a excepción de una familia de cuatro personas, los padres, dos hijos entre 12 años el niño y unos 14 la niña, que no se les veía especialmente ilusionados a los dos. El resto eran en mayor parte, parejas que no llegarían a los 30 años. El resto eran parejas que ya habían pasado los 40 y yo que viajaba solo. Una vez dentro del avión, fue cuando me sentí, como más desubicado. 

El viaje era largo, por lo que llevaba mi música y unos libros. Me toco en una fila con tres asientos, me toco con una pareja de recién casados. Yo iba junto a la ventanilla. La pareja cuando llego me saludaron y me dijeron como se llamaban, me toco decirles mi nombre. En cuestión de segundos me entere que era su viaje de novios y un montón de cosas más. Yo contestaba con monosílabos únicamente. No quería dar pie a conversar con nadie. Cuando pusieron los avisos típicos de abrocharse cinturones… aproveche para colocarme los cascos para oír música y me puse las gafas de sol, para que la luz no me molestase y poder observar tranquilamente.

Una vez en vuelo, ya la gente se distendió y se pusieron a hablar, solos e interactuando con otros pasajeros. Baje prácticamente el volumen de la música, me gustaba observar a la gente. Según observaba me iba dado cuenta, que por lo menos los pasajeros cercanos, iban de viaje de luna de miel o de viaje de aniversario. Según los veía parecía un vuelo idílico, los únicos que no “encajábamos” allí, era el matrimonio con hijos y yo. Para no enrollarme más en esta parte, llegamos nos recogieron y nos llevaron para el hotel.

No todos los del vuelo íbamos al mismo sitio, pero si la gran mayoría. Al llegar al hotel nos encontramos con mucho alboroto en la recepción. Ya que habían llegado más vuelos de otros sitios y estaban esperando también para que se les asignara habitación. Mi única preocupación en esos momentos, era que tuviera una cama grande, porque estaría muchos días allí y no me haría gracia una cama pequeña, por eso se lo recalque a la agencia cuando contrate el viaje y aunque me habían asegurado que no habría problema, no me fiaba mucho.

Una vez en mi habitación, no podía salir de mi sorpresa, era una habitación muy grande y la cama, más grande que la mía. Todo eso me relajo. Me tumbe en la cama para ver cómo era, nada más puedo decir que era comodísima. Vi en la mesilla un tríptico de información y le di una mirada. Era más que un hotel. No me lo había imaginado así. Bar en la playa, Bar en la piscina, Café bar, Campo de golf, Gimnasio, Pista de tenis, Sala de juegos, Spa, Snack bar. 4 piscinas… un montón de actividades, que la que más me interesaba era la de buceo y la de visitas a lugares arqueológicos. Todo estaba dentro del precio, a excepción de las excursiones y el buceo.

Lo primero que hice, fue bajar para informarme de horarios, lugares de buceo… me informaron estupendamente, el personal por lo que iba viendo, era muy atento. Me apunté para ir a bucear al día siguiente, no quise esperar. La hora de la cena estaba cerca, me fui a duchar y a cambiarme. Baje a cenar temprano, mi intención era acostarme rápido y estar descansado para el día siguiente. Elegí el buffet para cenar. En ese momento había muy poca gente y de los que había ninguno me sonaba de mi vuelo. Cené rápido y me fui.

A la mañana siguiente estaba ya preparado para ir a bucear, estaba hiperactivo. Con nosotros venían dos monitores y una monitora. Un traductor de inglés y uno de alemán. Una vez en el catamarán, iban explicando las cosas, yo pequé de sabelotodo y como ya sabía bucear, tenía el título, me creí el más listo. Pero explicaron más cosas, que yo ignore y luego paso lo que paso. La jornada fue mucho mejor de lo que yo pensé y mucho más bonito. Ya solo ese momento había valido el viaje. Pero no todo podía ser perfecto. El sol en esas latitudes pega de justicia y aunque yo estaba ya moreno, me sentó fatal, entre otras cosas porque no me puse la protección que nos había recomendado. Me puse un poco malo, no algo de importancia, pero el médico me recomendó, estar un par de días tranquilo en el hotel.

Antes de bajar a la playa y aunque me buscaría una sombrilla, me puse medio bote de protección solar. También pregunte si había alguna zona nudista y me comentaron que no. Cuando baje cambie de opinión decidí quedarme mejor en la piscina. Pillé una tumbona con sombra, me puse la música y las gafas de sol. Pude observar que tanto los camareros como las camareras, estaban físicamente bastante bien y eran muy agradables. Pero lo que más me llamo la atención, era el coqueteo que tenían algunas con ellos, sobre todo con dos mulatos y un negro. Y estos se dejaban querer y con el hablar tan dulce que tenían más aún. Me hizo gracia.

Se empezó a llenar la piscina y vi gente que vino conmigo en el vuelo. Se habían apuntado a unas actividades que se iban a celebrar dentro de la piscina. Yo seguía observando y las españolas llevaban unos bikinis más conservadores que las otras mujeres que había allí. Es más, un marido se metió con su mujer por eso y la mirada de ella fue devastadora, porque el agacho la cabeza como pidiendo perdón. Se pusieron en las tumbonas más cercanas a mí. Y oí una medio discusión en la que ella le reprochaba lo que le había dicho, pero cuando él iba a decirle algo, ella le dijo, que se iba a enterar, que luego no se quejase. Era una pareja bien parecida, sobre los 30 años. Ella se levantó y se fue.

Él se dio cuenta de que yo había oído la discusión y se trató de justificar conmigo. Yo me encogí de hombros y le dije que yo esos problemas no los tenía. El como si fuéramos amigos de toda la vida y eso vi que le ocurría a mucha gente, me conto que llevaban desde los 14 años juntos y se acaban de casar, que le se llamaba Félix y ella Elena, que tenían 28 años. Yo le miraba como diciendo… “Que me estas contando, si me da igual” a la media hora larga, apareció la mujer. Vi que traía un bikini muy pequeño, mediría 1,65 pero con las sandalias de cuña que traía, parecía bastante más alta, era delgada, su pelo era corto, tipo chico. Sus tetas eran medianas pero erguidas y su boca se veía deliciosa por esos labios gruesos. El marido no la había visto todavía, porque estaba de espaldas, pero yo si podía ver como todo el mundo la miraba. Que tampoco era para tanto, hasta que llego y cuando el marido la miro, giro sobre ella misma y ya entendí porque todo el mundo la miraba. Por detrás el bikini era un hilo dental, que se metía entre sus nalgas, dejando ver un culo casi perfecto, blanquito, menudo subidón que me dio. Una vez que se dio la vuelta le dijo al marido… “¿Te gusta más este modelito que acabo de comprar?” el marido solo dijo que si con la cabeza. Pensé para mí, vaya con los recién casados.

En algunos momentos, viendo la actividad dentro de la piscina, con la música, me daba la sensación de que las mujeres competían para ver quién era la más provocativa. Pero se veía que los monitores estaban más que acostumbrados. Más o menos a las dos horas me levanté y me fui a la barra del bar de la piscina. Estuve tomando un zumo natural de tamaño XXL. Hice amistad con el camarero y al saber que yo había ido solo, me empezó a contar las vicisitudes de la gente que solía ir allí, sobre todo de las maduras. Esto no quería decir que todas fueran a lo mismo.

En esa conversación me di cuenta, que yo no era la peor persona del mundo. Había bastante más gente como yo. Yo me sentía libre, me daba pánico tener que compartir el resto de persona y nada más. Que respeto mucho a quien lo logra, pero yo me veía incapaz. Regrese a mi tumbona y cuando llegue la parejita bajo el tono de su conversación. Me puse nuevamente los cascos, pero no los encendí. Ella estaba toda mojada y se secaba un poco. Él le reprochaba, pero de manera poco convincente el bikini que llevaba que se le veía todo… ella cuando el termino de decir todo, le dijo que no se preocupase que cuando subiera se cambiaría y por la tarde se pondría uno de los otros.

Se me acerco una mujer del complejo hotelero, para informarme y convencerme de acudir a una cena temática, que después habría una fiesta también. El único requisito llevar algo de la ropa de color blanco, la mujer era una preciosidad y le fue fácil convencerme. Luego también fueron a la pareja. Que fue cuando me di cuenta que la mujer me miraba descaradamente, pero yo no quise ni mirarla, por lo menos sin las gafas. Cuando se fue la chica del hotel, pasaron dos hombres y la miraron de arriba abajo. El marido nuevamente de forma poco convincente se quejó y ella como única respuesta le dijo pensando que yo no lo oiría por estar oyendo música… “Pues tampoco llamare tanto la atención cuando el tío que está ahí no me ha mirado ni una sola vez” el marido no dijo nada y yo no moví ni un musculo.

Cuando paso un rato, me levante dije adiós y me fui a comer algo, luego me subí a la habitación y dormí una siesta, si esta noche había fiesta no quería pasarla bostezando. Cuando me levante de la siesta me baje nuevamente a la piscina, pero me fui directamente al bar y como no había prácticamente nadie, me puse a hablar con el mismo camarero, que por cierto se llamaba Juan Diego. Trate de informarme sobre la fiesta de la noche, el me animo a ir, que seguro que lo pasaba bien y me aviso de que se desfasaba un poco la gente con tanta bebida, que al ser gratis la gente bebía más.

Estando con la charla, empezó a aparecer más gente y entre ellos mi nuevo “gran amigo” Félix, digo esto, porque fue verme y venir lanzado. Se sentó a mi lado, a los cinco minutos sabía que era de Ávila, no diré el pueblo exacto. Lo veía muy bien, me imagine que había echado un polvo y estaba el tío de lo más feliz. Me volvió a contar que llevaban toda la vida juntos, su mujer y el… yo asentía con la cabeza, deseando que se fuera. También me conto que nunca habían salido de su pueblo y mucho menos al extranjero… ya me estaba resultando un poco pesado. Cuando esta vez apareció la mujer, era cierto que se había quitado el bikini dichoso, pero venía con otro prácticamente igual, de color blanco y que se trasparentaban sus pezones oscuros, que debían ser casi negros. 

Cuando llego Félix me la presento, pero en vez d darle dos besos, le di la mano y noté como se quedó desconcertada. Se pidió una bebida exótica con alcohol. Me hizo prácticamente un interrogatorio, hasta que me pregunto que como estaba yo solo. Por no resultar descortés y por qué me dejaran en paz, le dije… “He llevado un año un poco complicado y rompí con mi última novia, así que vine a bucear, relajarme y despejar mi mente” menos esto último en el resto le mentí. Creía que con eso se acabaría la conversación y se irían, pero como me equivocaba. Ella volvió a preguntarme y esta vez fue muy atrevida, porque me pregunto porque lo deje con mi novia. Así que llego el momento de no ser tan cortes.

“Mira, es que yo no creo en una pareja para toda la vida. Creo que la variedad está el gusto. Porque no probar otras cosas, nadie es propiedad de nadie” los dos se me quedaron mirando y el empezó a darme un discurso sobre la pareja, era lo único que me faltaba, pero no me hizo falta cortarle, porque fue Elena quien le mando callar y el cerro en el acto la boca. Estaba claro quien mandaba en esa pareja. Pero viendo que no se iban, me disculpé diciendo que me iba a dar un baño y así lo hice. Luego la vi a ella nadando y cuando salió del agua la visión fue espectacular, se le trasparentaba todo. Pero rápidamente borre la imagen de mi mente, lo estaba consiguiendo, me estaba portando muy bien.

Hubo una cosa que de pronto me llamo la atención y fue algo que dijo Félix, algo así como que éramos de la misma edad y yo no le dije que se equivocaba, pero más que nada porque le oía, pero no le prestaba atención. Una vez en mi habitación, me puse unos pantalones y camisa blanca. Cuando baje, que llevaba la hora justa, me equivoque de lugar y tuve que andar preguntando, cuando llegue al sitio, me preguntaron el nombre porque habían repartido a su gusto a la gente. No me gustó mucho la idea, pero, a decir verdad, que más daba si no conocía a nadie.

Las mesas eran de 10 personas y por lo que se veía, había espectáculo durante la cena. Llegamos a una mesa, que nada más quedaban dos sitios libres. Las otras 8 personas eran cuatro parejas de entre 40 y 50 años. Cuando los oí hablar, no me salían ni las palabras, eran alemanes. Que entretenida seria mi cena, pensé y exclamé en alto… “Se ha cubierto de mierda quien me coloco aquí, será que tengo pinta de alemán” y de pronto una de las parejas se pone a reír sin poder evitarlo. Me les quedo mirando y él me dice que son argentinos, Que él se llama Matías y su mujer Valentina. Fue un alivio. Él era grande como yo y fuerte, se veía que era un hombre con carácter. Ella era lo que se suele decir un auténtico bombonazo, por lo menos de cara. Durante la cena parte de la charla fue así más o menos, aunque no exprese los dejes argentinos…
MATIAS-Nosotros vinimos a celebrar nuestros veinte aniversarios de casados.
YO- ¿Veinte? ¿Y todavía no os habéis cansado? (No sé cómo pude decir semejante gilipollez)
VALENTINA-Jajaja, eso digo yo.
MATIAS-Eso lo tendría que decir yo, jajaja
YO-Bueno, bueno, no os peléis hoy precisamente, jajaja…
MATIAS-Con respetar el espacio de cada uno, con sinceridad, respeto y mucha complicidad, se logra perfectamente. (Esto lo dijo con mucha solemnidad)
YO-Ves, eso es lo que más miedo me da a mí. Que no respeten ese espacio que debemos tener cada uno libre de intromisiones. Además de… bueno eso de la fidelidad eterna, no sé si es por la edad, pero creo que me sería difícil.
MATIAS-Jajaja, como a todos.
VALENTINA-Todo tiene que tener un equilibrio, el secreto está en encontrarlo.

Valentina se disculpó y se levantó para ir al baño. Llevaba un pantalón blanco, le hacía un culo estupendo y el resto de su figura se veía muy moldeado, estaba claro que los dos se cuidaban físicamente mucho. No quise que se me notara, pero…
MATIAS-Ves, al igual que tú te has quedado viendo el culo de Valentina, yo si veo un culo igual, haría exactamente lo mismo, la diferencia que mi mujer no se molestaría ni se pondría celosa. Lo mismo que si ella mira a un hombre que este bien, yo lo entendería.
YO-Disculpa, no quería… de verdad disculpa. (Lo dije algo nervioso)
MATIAS-No te disculpes hombre, el mirar no es pecado. Distinto seria que te pasaras con ella.
YO-De verdad no fue mi intención. Pero no lo pude evitar. 
MATIAS-Jajaja, que de verdad que no pasa nada.

En eso que llego Valentina y yo no sé el motivo, seguía disculpándome de mil maneras, pero me calle en el momento que llego ella.
VALENTINA-Que os da tanta risa.
YO-De nada, tonterías.
MATIAS-Hablábamos de tu cola.
VALENTINA- ¿De mi cola?
MATIAS-Como se te quedo mirándola, le dije que no me ponía celoso. Mientras no se pasara contigo.
VALENTINA-Mientras no dijera que es fea… 
MATIAS-Pues no lo sé porque no hizo ningún comentario.
YO-Me alegro de que lo llevéis tan bien. De verdad que me alegro. (Zanje el tema)

Empezó un espectáculo, atrevido, sensual, pero no escandaloso. Durante ese tiempo se hizo un silencio total. Al finalizar se inició la fiesta en sí, música, bebida y al rato lo que me dijo Juan Diego, desfase. Abrieron unas cristaleras que daban acceso a una zona ajardinada. Yo lo tenía claro, estaría un rato y me iría, porque como no tenía intención de ligar con nadie me iría pronto. En otras circunstancias sería distinto.

Fui a los aseos y había mucha gente esperando, tanto como para el de hombres, como para el de mujeres. Pero uno del hotel, me señalo otros servicios y entre ellos, me dijo que, en la zona del jardín, los próximos a la piscina estarían más vacío seguros. Me encamine a ellos y así era, estaban vacíos. Cuando termine y me iba, me fije en la visión que había de la playa y el mar, con el brillo de la luna llena, era para hacer una foto. Cuando de pronto oigo unos ruidos. Me asomo y veo perfectamente a uno de los camareros mulatos fallándose a una de las chicas jóvenes que estaba de viaje de novios. Hice un poco de ruido al posicionarme mejor y ella se me quedó mirando, ni se inmuto, hacia bien poco, que en esa misma situación ya estaría participando.

Noto que alguien se apoya en mis hombros y me dice… “Vaya con la niña, como se lo pasa y que bien se lo monta” era Valentina. Ahora me puso una mano delante y me acariciaba el pecho, sin dejar de mirar a la pareja por encima de mi hombro. Lo que hacía que oyera su respiración y como se iba acelerando. Ya estaba dispuesto a irme, cuando Valentina bajo la mano hasta mi paquete y toco mi polla por encima del pantalón. Exclamo… “Menuda poronga, no tienes nada que envidiar a ese” nadie se puede imaginar lo que me costó, pero sin dar tiempo a nada le dije… tu marido me ha caído muy bien, lo siento y me fui.

Veía a las parejas disfrutar de la noche y eso estaba muy bien, pero mi viaje era de relax, tranquilidad y para aclarar mis ideas. Por lo que decidí retirarme, como se suele decir sin hacer mucho ruido. Cuando me iba a ir, me cogió una de las alemanas, de todas las que había en mi mesa la más grandota. Rubio, muy tetona, tan alta como yo, fuerte y de unos 50 años. No lograba entenderla, lo único que sabía que se había pasado con las copas y que, por sus gestos, como me agarraba, quería bailar. Cedi para que luego me dejara tranquilo. Mientras lo hacía vi a Matías y Valentina hablando, con aspecto serio. Cuando al poco volví a mirar, ya no estaban. Me disculpé como pude de la alemana y me escabullí.

De camino a mi habitación me iba riendo de la situación con la alemana, había sido gracioso, además no hubo ningún “peligro” porque no era mi tipo, no me gustaba nada. Ya estaba cerca de los ascensores, cuando alguien me da un par de golpes suaves en el hombro, me giro y es Matías, que quería hablar conmigo si podía ser. Lo primero que me vino a la cabeza, por su seriedad, era que su mujer no le hubiera contado una “película” y me comprometiera a mí. Como no tenía nada de sueño y Matías me cayó bien desde el principio, le dije que si y nos fuimos a una de las terrazas que había a tomar algo. La conversación fue muy larga pero muy directa por parte de los dos. 

Era evidente que el sabia lo sucedido y la verdad. Porque trato de explicarme que eran una pareja swinger, pero le costaba explicarme. Así que me adelanté yo, le dije que sabía a lo que se refería y que ya había tenido experiencias de ese tipo, que no era un mundo nuevo para mí. Algo que lo dejo flaseado, porque me pregunto…
- ¿Es que no te gusto Valeria?
-Todo lo contrario, es una mujer de bandera, en otras circunstancias…
- ¿Entonces que paso?
-Mira, he venido a este viaje, para sepárame de todo eso y tratar de averiguar si está bien o no, si es normal o no…
-Eres muy joven. ¿Me permites que te hable desde la experiencia de mis 45 años?
-Si claro, no faltaba más.
-Nosotros llevamos ya 10 años siendo swinger, pero no creas que fue para salvar nuestro matrimonio, fue para romper la rutina, que es el mayor enemigo de una pareja. Hay que tener mucha confianza y amor en tu pareja, eso es fundamental. No hay que buscar la comparación, si no la variedad de estilos y formas de hacer las cosas, algo que la nueva técnica luego favorece a la pareja. Por eso Valeria y yo tenemos una comunicación plena y abierta. Tenemos unas reglas entre nosotros y cuando uno dice hasta aquí o no, el otro las cumple. Hay que ver esto como un juego divertido, para pasarlo bien y punto. Luego viene la moral, que es muy particular en cada uno, tus creencias, tus valores, son los que te tienen que marcar la tuya. No mis valores, mis creencias. (Fue mucho más largo, pero esto es un pequeño resumen de lo que recuerdo)
- ¿No serás psicólogo? Jajaja 
-Jajaja… No que va, simplemente mi experiencia.
-Y una pregunta, que si no la quieres contestar no pasa nada… ¿No te da “reparo” ver a tu mujer…?
-Es lo que te he dicho, CONFIANZA. Yo nada más verte sabía que le ibas a gustar. Sabía que ella iba a ir por ti. Que no lo vería, pero luego me lo contaría con todo lujo de detalles y seria nuestro momento. Y… ¿Por qué? Porque yo no le puedo dar todo lo que ella quiere.

Seguimos hablando un poco más y luego me fui. Cuando llegué a mi habitación, puse música ambiental y me costó dormirme, no hacía nada más que pensar en lo que me dijo Matías. Por la mañana cuando me desperté y mientras me despejaba, me duchaba, lo tuve todo bastante claro. Existirá gente que entienda mi forma de vida sea cual sea, otros no lo entenderán y luego estará el grupo de los que les dé igual. Es imposible caer a todo el mundo bien y una locura, más una pérdida de tiempo intentarlo. Así que viviría mi vida a mi manera y sin tratar de hacer lo que otros piensen que es lo correcto.

Baje a desayunar y bajaba exultante, mientras desayunaba, miraba por si veía a Matías y Valeria, deje de esperar y me encamine a la piscina, cuando vi a Matías que salía de otros de los restaurantes, pero iba solo. Le pare y le dije que estaría en la piscina, por si querían venir, pero que, si preferían la playa, tan bien me venía bien. Él me dijo que su mujer estaba durmiendo que se pasó con la bebida y que la culpa la había tenido yo, riéndose me lo dijo. Estando en la piscina, se volvieron a pegar Félix y Elena, luego llego Matías solo y se puso a mi lado. Tanto Matías como yo mirábamos a Elena, eso sí con disimulo, que había vuelto a bajar de una manera espectacular.

Casi a las 12,30 apareció Valeria, si por la noche la vi tremenda, cuando la vi llegar con ese bikini que hacían ver dos fabulosas tetas, grandes y erguidas, marcando dos buenos pezones y con un pareo atado a la cintura. Cuando llego y nos saludamos, su mirada estaba llena de lujuria y cuando se quitó el pareo, para mí fue bestial, como se notaba la rajita de su coño, ella debió notar mi mirada clavada en él. Ya me olvidé de todo, mi “YO” volvía a su estado natural. Valentina se tiró al agua y pocos minutos después me tire yo. Estuvimos bastante rato en el agua tonteando, yo no sabía ella, pero yo estaba a tope, dispuesto a cualquier cosa. Como siempre en estos casos yo salí después que ella, esperando a que no se me notara la erección, mientras lo hacía estaba apoyado en el borde de la piscina y veía como Elena no dejaba de mirar, se le notaba como incomoda, imaginé que ra porque toda la atención estaba en Valentina.

Cuando por fin salí del agua, la erección se había bajado, pero no del todo. Valentina sonreí al verme y Elena no me quitaba el ojo. Félix se fue a dar un chapuzón y su mujer se quedó tumbada boca abajo tomando el sol. No sabía si en verdad estaba durmiendo o cotilleando, pero me daba igual. Mientras ella se ponía crema, yo le pregunte muy discretamente a Matías, por los “gustos” de su mujer y el como si hubiera estado esperando esa pregunta, me contesto que lo tendría que averiguar yo, sobre la marcha. Valentina y yo seguíamos con el tonteo, cada vez la temperatura de nuestras miradas, nuestros comentarios iban en aumento. Valentina se levantó y nos dijo a su marido y a mí de ir a tomar algo. Nos levantamos y nos fuimos, cuando me di cuenta no íbamos para ninguno de los bares, nos encaminamos a su habitación. 

Fuimos hablando como buenos amigos. Pero todo cambio cuando llegamos a la habitación. La primera que entro fue ella, luego yo y el ultimo Matías. Cuando se oyó cerrar la puerta ella se giró y me ofreció su boca de forma descarada, Nuestras bocas se unieron en un desenfrenado beso. Nuestras lenguas penetraron en la boca del otro, como si estuviesen peleando. Mientras Matías se puso detrás de ella, soltó la parte de arriba del bikini y la de abajo. En segundos estaba completamente desnuda. Mientras nosotros nos seguíamos besando, Matías lamia su espalda y note que le metía mano por detrás y a ella se le escapo un fuerte gemido, notaba como el marido meneaba su mano con intensidad, porque hacía que ella se moviera.

Me metía sus manos por dentro de mi bañador, apretando mis nalgas con furor. Y yo me pegaba a ella, para que notara lo cachondo que me tenía. Me miraba con deseo salvaje. Mirándome así paso sus manos a la parte delantera de mi bañador y metiendo sus manos dentro agarro mi polla, empezó a hacer un movimiento suave, pero apretando con fuerza, como para que no me escapara. Mi polla estaba que ardía, la temperatura era muy alta.

Se le notaba fuera de sí, incontrolable, sus pezones estaban súper duros, no pude aguantarme más y me agaché para devorarlos, lo que hizo que soltara otro gemido fabuloso. Subí nuevamente para besarla con todas mis ganas, mordiendo también esos estupendos labios, su excitación era tal, que llenaba mi boca con su aire. Ahora logre tocar su coño que estaba muy mojado, Matías estaba agachado comiéndole ese estupendo culo y ella se moría de gusto, su cara lo decía todo.

Matías quito mi mano y en una postura casi acrobática, le empezó a comer el coño mientras ella me hacia una paja antológica. De vez en cuando se llenaba la mano de saliva y volvía a agarrar mi polla y a meneármela. Notaba que estaba a punto de correrse y no me equivocaba, porque paro a Matías y le dijo que ya estaba bien, que ahora tocaba que mi poronga la follara y me dijo… ¿TE QUIERO DENTRO, ME DA IGUAL EL SITIO, PERO LLENAME…! Matías se apartó y ella me llevo a la cama. Nos tumbamos y ahora nos abrazábamos, nos metíamos mano y yo tocaba su coñito con total libertad y ella se retorcía de gusto. Hasta que me dijo con voz de desesperación que necesitaba que la penetrara ya. Cuando me dispuse a ello, ella mando a Matías que se tumbara boca arriba y se pusieron en la posición del 69, quedando su culo y su coñito a mi disposición, era una autentica belleza esa imagen.

No tarde nada en metérsela en su coño, entro estupendamente, ella cuando la noto toda dentro suspiraba más fuerte. De vez en cuando se agachaba a mamarle la polla a su marido, que era de un tamaño bastante normal. Tenía mucha practica se notaba, ahora quise comprobar su culito y vi que mis dedos entraban con bastante facilidad, por eso lo de que la metiera por donde quisiera. Notaba como el marido comía su coño, porque note varias veces algún lengüetazo en el tronco de mi polla.

Y de pronto ella dejo de mamar la polla de su marido y se corría entre grandes gemidos, moviendo la cabeza de un lado para otro. Y Matías lanzo un par de chorretones al aire, llegando al pelo de ella. Se dejó caer sobre la boca de su marido. Se salió y yo me quede con la polla mirando hacia el techo, ella se colocó a cuatro y me empezó a comer la polla de una manera desenfrenada, Matías se puso detrás cogió un bote blanco y lo abrió, se llenó los dedos y aunque no lo veía, sabía que estaba untándoselo en su culito, mientras ella ronroneaba. De pronto él. Le dio un tierno beso en una de sus nalgas y ella paro de mamármela, se giró quedando su culo de cara a mí. Mirándome como una autentica fiera me dijo con voz excitada… “Ahora quiero que como dicen ustedes, me folles fuerte, que note como me rompes…” Me acerqué a ella y cuando estaba dispuesto a metérsela, Matías me hizo una señal de que me esperase, cuando quise reaccionar me estaba untando con sus manos lubricante en mi polla, para cuando ya la había tocado bastante y con deleite para él, abrió las nalgas de su mujer y yo sin mucho problema fui metiendo mi polla en su culo. Su marido se apartó y se sentó en un asiento bajo, mirándonos y viendo como su mujer me pedía que le diera más fuerte.

Me agaché un poco embistiéndola de forma brutal y agarrando sus pezones, que los fui apretando al ritmo de mis embestidas y fui descubriendo que no le disgustaba todo lo contrario. Luego me incorpore agarrando bien sus caderas, para que la penetración fuera lo más profunda posible. Le agarre du su pelo y le daba algún que otro estirón, ella lo único que hacía era pedir más, me volví a agachar y fui nuevamente por sus pezones, aprovechaba para decirle que me encantaba lo puta que era, que le iba a follar durante todas las vacaciones ese culito cuando quisiera y en cualquier sitio, la única respuesta que encontraba de ella era un portentoso SIIIIIIII… corriéndonos a continuación los dos.

Se nos había hecho más tarde de lo previsto, nos vestimos, bueno, lo poco que teníamos que vestirnos y nos bajamos a comer. El azar quiso que nos sentáramos en una mesa próxima a Félix y Elena. Ella nos miraba escrutándonos. Quedamos sentados de tal manera que Matías quedaba de espaldas a ellos, Valentina de lado y yo de frente. Viéndola a ella de frente y a su marido de perfil. Ella me miraba, al principio con disimulo, pero luego descaradamente. Ellos se habían cambiado de ropa. Ella llevaba una camisetita de tirantes, que hacían que sus tetas se notaran mucho más y una falda vaquera cortita. Mientras comíamos, ella fue siendo más osada, hasta incluso abría como distraídamente las piernas, donde se podía distinguir su ropa interior blanca.

Yo creía que nadie se daba cuenta, nada más que yo. Pero valentina riéndose me dijo al oído, “La tienes calentita a la perrita de la piscina” yo me quise hacer como si no supiera de que me hablaba, pero ella me volvió a decir… “Si hasta yo me la follaria sin problemas… que está muy bien” ella y Matías, aprovecharon en decirme en ese momento que eran bisexuales. Pero lo que me excito de sobremanera fue cuando Valentina me propuso que nos la ligáramos, yo me sonreí y ella dijo vamos a empezar. Le dije que me parecía buena idea y empezamos.

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