domingo, 29 de mayo de 2016

No solo los hijos se obsesionan con sus madres

Me llamo Rosa , tengo 46, casada y con un hijo de 27 años. Mi historia aunque hoy pueda parecer extraña, no lo era en la España profunda cuando vivía Franco. 

Cuando solo tenía 19 años fui violada por un medio primo mío. Me dejó embarazada y la cosa se arregló como se arreglaban entonces, y más entre familias de terratenientes, nada de denuncias, nada de escándalos, las familias se pusieron de acuerdo y bajo la presión de mi padre nos casamos.

Cuando digo violada no exagero, mi primo entró en mi habitación borracho y me forzó. Fue una experiencia espantosa que me ha marcado toda mi vida. Mi marido desde el mismo día de la boda ha sido un ser despreciable, el típico señorito del campo, inútil , violento, borracho y con un sentido muy claro de posesión sobre su esposa.

Por posesión me refiero a, hago lo que me da la gana en todo momento, no doy cuenta a nadie, no respeto nada y cuando quiero me follo a mi mujer que para eso es mía. Es verdad que sus necesidades o su capacidad no era mucha pero eso no impedía que yo pasara el día aterrorizada de que el canalla de mi marido llegara con ganas de mi.

Nunca en toda mi vida he disfrutado del sexo, le tengo pánico a los hombres y puedo decir sin exagerar que el sexo me repugna. Valga como ejemplo que aunque al principio de mi matrimonio intenté satisfacerme a mi misma nunca conseguí darme placer por lo que no me he hecho una paja placentera en mi vida. Hace más de veinte años que dejé de intentarlo.

Mi único refugio ante tanta maldad ha sido estos años mi hijo, Pablo, al que me he dedicado en cuerpo y alma. Cuando Pablo cumplió doce años nos trasladamos a Madrid para que el niño pudiera estudiar en un buen colegio. Nunca nos ha faltado el dinero, la familia de mi marido tiene muchas tierras y la mía, más y soy hija única.

La crueldad de mi marido también alcanzaba a mi hijo, yo pienso que le odiaba porque fue la causa de su matrimonio. El insulto más repetido contra el era maricón, el niño resultó ser una persona sensible a la que le gustaba más el ajedrez que el futbol y la ecología que la caza, a la que mi marido era muy aficionado.

Así las cosas pasaron 8 años. Un día mi marido Pedro y yo tuvimos que ir al pueblo a firmar unos papeles. El plan era volver el miércoles por la noche, pero yo adelanté mi vuelta, y llegué a Madrid a primera hora de la tarde, en realidad hacía cuanto podía para no estar con él.

Cuando llegué a mi casa entré con toda normalidad y nada más entrar oí unos ruidos que me extrañaron, recorrí el pasillo en silencio hasta llegar a la habitación de mi hijo y lo que vi cambió mi vida para siempre.

Mi hijo, al que su padre daba por maricón estaba follando con una mujer que al principio no reconocí, pero que era la encargada de un bar muy cercano a nuestra casa. Una mujer entrada en años, mayor que yo pensé, y que en ese momento , tendida en la cama, recibía los envites de Pedro y a tenor de lo que decía disfrutaba de ello.

Desde mi posición podía ver la escena con todo detalle. Lo primero que me llamó la atención fue el tamaño de la polla de mi hijo, verdad es que era la segunda que veía en mi vida, y lo siguiente que cada vez que la hundía en su pareja ella lanzaba gemidos y gritos de placer. Tengo esa certeza por las cosas porque María cada vez que notaba las embestidas de mi hijo gritaba y le decía:

Que gusto, que gusto me estás dando, que rico mi vida, que bien me follas, ay sigue , sigue por dios que me estás matando de placer. Me vas a hacer correrme. Viendo la escena sentí una ola de calor recorrer mi cuerpo y mi mano como si tuviera vida propia se dirigió a mi entrepierna en donde yo sentía tener una volcán. Metí mi mano por debajo de mis bragas y primero lentamente pero a continuación con velocidad, empecé a acariciar mi coño.

Recibí una primera oleada de placer que hizo que las piernas se me aflojaran, seguí, seguí acariciándome viendo como mi hijo follaba como un animal. Una segunda oleada y después una explosión de placer me llevaron al primer orgasmo de mi vida.

Aunque ellos no habían acabado yo, avergonzada de que mi hijo notara mi presencia, me fui a la calle. Con toda intención elegí un punto de observación, en una pequeña tienda frente al bar de María para saber cuando acababan y porque no decirlo para fijarme en ella.

Un buen rato después María salió de mi portal. Era lo que se puede llamar una señora resultona, hermosa, pero que le sacaba a mi niño más de veinte años. Sentí celos de que aquella loba se acostara con mi hijo, unos celos que me hicieron odiarla con todas mis fuerzas.

Supuse que mi hijo aprovechaba mis ausencias para llevar a sus parejas a casa de forma rutinaria y me dediqué a espiarle. Me facilitaba la tarea que mi marido no viniera a casa nunca antes de las diez de la noche.

Le tendí trampas:
-Pablo, esta tarde voy de compras con mi prima, no volveré hasta bien tarde.

No serían las cuatro cuando vi llegar a mi casa a mi hijo llevando las bolsas de la vecina del cuarto. En otras condiciones habría sido una imagen normal pero por las risitas que se dedicaban supe que era otra conquista de mi hijo.

Esperé un buen rato con el corazón saliéndoseme del pecho hasta que decidí ir a la casa. Ya desde la puerta los oí. Recorrí con cautela el pasillo y los pude ver, los dos de espaldas a la puerta que estaba entornada, mi vecina espatarrada y a cuatro patas y mi hijo embistiéndola por detrás.

La vecina resultó más deslenguada que la anterior, mientras yo observaba a mi hijo embistiéndola y sus carnes iban y venían al compás de los envites de mi hijo la oí gritar:

Dame mas duro, hijo puta, méteme todo ese pollón que me vuelve loca, vicioso que eres un vicioso, cómo te gusta follarme, ay que rico, te voy a hacer un regalo, si quieres te dejo que me la metas por el culo que hace mucho que no te follas mi culo y yo se lo que te gusta.

Me hice una paja que me produjo una oleada de placer devastadora, es más, sentí que al correrme se me escapaban unas gotitas de pis y en esta ocasión tuve que esperar un rato, sabiendo que les quedaba mucha tarea por hacer, antes de tener fuerzas para abandonar mi posición.

Si me dio tiempo a oír a mi vecina decir:

Yo lo sabía , sabía que en cuanto te lo dijera ibas a cambiar de hueco, la siento muy gorda, me tienes el culo lleno, pero no pares, dame bien duro que quiero sentir tu leche.

En esta ocasión no tuve que repetir mi maniobra a mi vecina la conocía perfectamente, una mujer casada sin niños, con el marido trabajando en una tienda. A mi juicio en algo parecida a la anterior aunque esta más agraciada. Cuarenta y tantos, buenas carnes, un buen par de tetas y algo más alta que yo.

Una cosa aprendí de los encuentros de mi hijo y de mi vigilancia. Pablo solo llevaba a casa a mujeres maduras y en cuanto a mi, si pensaba en mi hijo me podía hacer unas pajas que me mataban de placer. Ya no necesitaba tenerle delante, su solo recuerdo me excitaba.

Mi cuerpo , aletargado durante muchos años sufrió una especie de transformación, la excitación sexual que yo desconocía me inundó como si fuera una adolescente. De no sentir nunca la sensación de estar cachonda pasé a estarlo las 24 horas del día. Mis bragas se empapaban constantemente y la única manera de aliviarme era masturbándome.

Cuando todo esto estaba cambiando en mi vida noté también pequeños cambios en el comportamiento de mi hijo, besos que ahora eran en la comisura de mis labios, abrazos en los que sus brazos se apoyaban en el costado de mis tetas, azotes cariñosos en mis nalgas y mucho halago verbal:

Que bonita eres, la mujer más preciosa del mundo, que bonitas piernas.

Cada cosa que me decía , algunas parecidas a las que le había oído decir a sus parejas de cama producía en mi una conmoción, la duda que me empezó a asaltar fue: ¿me lo dice para alagarme o me lo dice porque me desea? ¿ le excito como el me excita a mi?

Yo había llegado a la conclusión de que aunque los hombres y el sexo me seguían repugnando por mi hijo sentía una atracción irresistible, más aún, mi hijo se había convertido en una obsesión.

Quería sentir con el lo que había visto que sentían sus parejas, quería ocupar su lugar, deseaba tenerlo entre mis muslos, sabía que era el único hombre en el mundo al que quería entregarme.

Tan era así que más de una noche soñé con Pablo repitiendo escenas que yo había visto, pero cambiando de protagonista, era yo la que estaba en la postura del misionero recibiendo los empujones de mi hijo y chillando pidiéndole más, o era yo la que, a cuatro patas, le pedía que metiera su polla en mi culo.

En esa atmosfera de calentura constante en la que yo vivía, recibimos la noticia.

Mi marido había sufrido un ictus mientras visitaba una conocida casa de putas en la carretera de Burgos. Yo misma pagué la factura de la ambulancia que le trasladó al Hospital.

Pasé unos días haciendo noche en el Hospital, hasta que me dijeron que mi presencia era absolutamente inútil ya que le tenían en una unidad de vigilancia intensiva.

Para decir la verdad cada una de las noches que pasé en el Hospital le dediqué mi recuerdo a Pablo y sentada en la cama de mi esposo me masturbé y no hice el menor esfuerzo porque el no lo notara. Me dio morbo tocarme junto al canalla que había arruinado mi vida. Y en esa misma habitación tomé la decisión firme de hacer todo lo que fuera necesario para que mi hijo me llevara a su cama. Ese pasó a ser mi pensamiento único, que mi hijo me hiciera suya y yo gozara de ello.

A mi vuelta a la vida normal durmiendo en mi casa hice cuanto estuvo en mi mano por calentar a Pablo.

A la hora del desayuno le recibía con un camisón corto, uno que nunca me ponía para mi marido, sin nada debajo y con mis muslos al aire. Al servirle el café aprovechaba para inclinarme sabiendo que al hacerlo me iba a ver la tetas a placer.

En alguna ocasión salí del baño cubierta con una toalla que por arriba apenas me tapaba las tetas y por debajo casi dejaba mi coño al aire y me preocupé de pasar por donde mi hijo pudiera verme.

Cuando nos sentábamos por la noche a ver un rato la televisión yo me ponía una bata corta que dejaba mis piernas y hasta mis muslos al aire y sentada frente a el aprovechaba para de vez en cuando cruzarlas para que me viera las bragas.

En una ocasión fui más osada, me fui a duchar, volví con mi bata puesta pero no me puse las bragas, esa noche crucé las piernas más de lo habitual y vi con toda claridad como Pablo se quedaba embobado viendo lo que yo fugazmente le enseñaba.

Fui tan buena actriz como para que Pablo no sospechara que lo hacía a propósito, y mientras llevaba a cabo mi tarea sentí que la humedad inundaba mi sexo y empapaba mi entrepierna.

Pablo por su parte no tuvo manera de ocultar la erección hinchaba sus pantalones del pijama.

Con las ganas irrefrenables de tocarme que la escena sin bragas me había producido, me levanté y me incliné sobre mi hijo para darle la buenas noches. En ese último movimiento puse mis tetas a su vista y pude yo ver como Pablo llevaba su mano a su sexo, no supe si para taparse o porque ya no resistía más sin tocar su verga.

Que duermas bien, mi amor ( lo mismo que le decía a sus amantes). Eres la mujer más preciosa del mundo.

Me fui a mi cama y con urgencia me empecé a acariciar el chocho hasta conseguir correrme.

Al día siguiente Pablo llegó muy tarde a la casa. Era un día de tormenta y llegó empapado. Cenamos mientras los truenos y los relámpagos alumbraban la habitación. Las tormentas me dan miedo, le pasa a casi todas las personas que han vivido en el campo. Cada vez que un trueno estallaba yo no podía evitar mi sobresalto. Con el miedo en el cuerpo tuve una inspiración:

Pablo, sabes el miedo que me dan las tormentas, con estos truenos no voy a poder dormir, te importaría dormir esta noche conmigo.

Tan pronto me dijo que si sentí tal calentura como para antes de irme a la cama, pasar por el baño a aliviar el volcán que ardía entre mis piernas.

La historia de Pablo 

Me llamo Pablo y tengo 26 años, se puede decir que aunque soy joven he vivido dos vidas completamente distintas, la primera fue una tortura constante, dominado por un padre déspota que no solo se ensañaba conmigo, sino que también torturaba a la persona que más quiero en el mundo, mi madre.

Su crueldad y sus insultos eran algo constante, y la brutalidad estaba en su naturaleza. Un solo ejemplo vale para demostrarlo.

Cuando cumplí 18 años mi padre me dijo que me tenía preparado un regalo que iba a recordar toda la vida, pensé que me iba a regalar un coche y en eso estuve pensando todo el día.

Sobre las 7 de la tarde mi padre me dijo:

Pablo vamos a por tu regalo.

Cogimos la carretera de Burgos y no paró hasta que llegamos a un local llamado Tu hobby, entramos , yo pensaba que había quedado allí con alguien.

Nada más atravesar la puerta me encontré con no menos de veinte mujeres todas en ropa interior, la que no iba en bragas y sujetador iba con las tetas al aire. Saludaron a mi padre como solo se saluda a un cliente habitual y mi padre con tono triunfal dijo:

Os he traído a mi hijo para que hagáis de él un hombre, quiero que a la que él elija le trate como me tratáis a mi. Venga hijo elije a la que quieras.

Me quedé tan cortado que no sabía que contestar y mi padre en tono de experto encontró la explicación

Claro, estáis todas tan buenas que no sabe por cual decidirse. Yo te recomiendo a Sarita, es brasileña y muy cariñosa.

Con un hilo de voz le dije:

Papá me quiero ir de aquí, me quiero ir ahora mismo.

Y salí andando camino del parking.

Mi padre me alcanzó por el camino para decirme:

Que te pasa, ¿eres maricón? Has cumplido 18 años y estoy haciendo lo que mi padre hizo conmigo, llevarte a putas para que aprendas. Para que sepas lo que hace un hombre con una mujer. Yo lo sospechaba , ahora lo se, tengo un hijo maricón.

Ese es mi padre, el ser más despreciable de la tierra, el más bárbaro, el más cruel, el más egoísta. El que dedicaba su vida a hacer sufrir a mi madre.

Se que ella lleva sufriendo con el desde el día en el que se casaron. Conozco la historia y creo que mi abuelo hizo una barbaridad imponiendo la boda.

Mi iniciación a la vida sexual no fue como mi padre había previsto, fue bien distinta, empecé a fijarme en la profesora de francés de mi colegio, una mujer ya entrada en años, ella tenía más de 40 cuando yo tenía 18, y las cosas rodaron de tal manera que un día me pidió que fuera a su casa para la revisión de mi nota.

Verónica que así se llamaba me recibió con una camiseta de tirantes y un pantaloncito corto, era primavera, nos sentamos los dos en el mismo sofá y unos minutos después no estábamos besando como dos enfermos.

No me hizo falta proceder a quitarle nada, Verónica se sacó la camiseta y me ofreció sus tetas para que me las comiera. No solo eso, a la vista de mi inexperiencia me fue guiando en cada movimiento.

No me muerdas muy fuerte, cómeme las tetas despacito, espera un momento, desnúdate.

Nos quedamos en pelota los dos y mientras yo me comías sus tetas ella me cogió la polla y empezó a meneármela.

Huy mi niño, que gorda se te ha puesto, dime la verdad es la primera vez que estás con una mujer.

Si señorita es la primera vez.

No me llames señorita llámame Vero y vente conmigo a la cama que te voy a guiar en como dar placer a una mujer.

Con Verónica echada en la cama me pude recrear contemplando el cuerpo de una mujer desnuda. Mi profesora no era ninguna miss, ni poseía un cuerpo de escandalo, era una mujer normal de 40 años de edad, unas tetas que a mi me parecieron los dos caramelos más ricos del mundo, algo de barriguita, una hermosa mata de pelo en sus ingles y por encima de todo dispuesta a follar conmigo.

Lo primero que hice fue lanzarme sobre las tetas de Vero, yo que había tomado el pecho de mi madre hasta bien tarde recordé al comerme los pezones de la profesora, los deliciosos momentos en los que estaba enganchado a los pechos de mi madre. Sentí literalmente que volvía a mamar de ellos.

Las siguientes semanas Verónica me enseñó a estar con una mujer, a acariciar, a besar, a comerle el coño, y sobre todo a follar. Y para mi sorpresa me descubrió que el penetrar el culo de una mujer es una experiencia maravillosa para ambos.

La historia duró lo que duró el curso. Al llegar el verano Verónica me dijo que se volvía a Paris, ella había venido a perfeccionar su español y esa etapa ya estaba cubierta.

Había pasado casi tres meses disfrutando de Verónica y desde el primer día que estuve con ella supe que lo que a mi me gustaba eran las señoras maduras.

Después vinieron algunas más, le gusto mucho a las mujeres de ese rango de edad y pocas se me escapan.

Cada vez que una madura se venía a mi cama yo no podía quitarme de la cabeza a mi madre. Lo cierto es que tenía una extraña obsesión por ella y por encima de todo, odiaba a mi padre por ser el hombre que cada noche disfrutaba de su compañía en la cama, más aún sabiendo que mi madre le odiaba tanto como yo. Le hubiera matado si hubiera podido.

Cuando le dio el ictus pensé con alegría que íbamos a estar mucho tiempo sin sufrir con su presencia. A mi, aunque deseaba de una manera enfermiza a mi madre, no se me pasaba por la cabeza que mis fantasías pudieran llegar a hacerse realidad, pero solo con su compañía y la ausencia de mi padre ya me sentía feliz.

Mi madre estuvo unos días acompañando a su marido en el Hospital, pero esa etapa terminó y mi madre volvió a dormir a casa.

Verla moverse por la casa muchas veces con poca ropa me excitaba hasta el paroxismo. Mi madre parecía que había sufrido un cambio, paseaba medio en pelota por la casa, salía de la ducha envuelta en una toalla que dejaba sus carnes al aire. Esa poca ropa hacía que cuando me servía el café del desayuno y se inclinaba, yo le viera las tetas. Esa suma de pequeños detalles me tenía cardiaco. 

Una noche en la que nos quedamos viendo la televisión mi madre parecía nerviosa, no paraba de cruzar y descruzar las piernas y cada vez que lo hacía yo le veía las braguitas negras resaltando entre sus blancos muslos.

Pero lo que ya me sacó de mis casillas fue cuando mi madre otra noche, se duchó antes de ir a ver la tele, en esta ocasión volvió a cruzar y a descruzar las piernas, y no solo eso, estuvo un momento con las piernas abiertas y yo, al fondo de sus muslos pude ver con toda claridad su sexo, una mata de pelo dividida en el centro por una grieta de color rosado que parecía húmeda por como brillaba.

Mi calentura esa noche me llevó a meneármela pensando en mi madre, soñando que la tenía junto a mi en mi cama.

A pesar de la verriondez que me atormentaba nunca me atreví a tomar ninguna iniciativa, me conformaba con soñar lo que suponía que no iba a pasar nunca, aunque era lo que más deseaba en mi vida. Me atormentaba pensando si lo que yo sentía me estaba haciendo ver lo que deseaba en lugar de la realidad.

Así las cosas una noche llegué a casa tarde. Una tormenta eléctrica de las que solo he visto en Madrid descargaba sobre la ciudad y los truenos retumbaban sobre nosotros. Mi madre le tiene pánico a las tormentas y esa fue la razón para que me pidiera que esa noche durmiera en su cama para no pasar miedo.

Para mi madre pudo ser una petición normal pedir a su hijo que le acompañara para no pasar miedo, para mi fue como que me tocara la Lotería. Iba a dormir con mi madre, iba a ocupar el lugar de mi padre.

Me puse mi pijama y me fui al dormitorio de mi madre y me metí en la cama, ella estaba en el cuarto de baño.

Cuando por fin abrió la puerta tuve una visión celestial, antes de que apagara la luz del baño pude ver a mi madre, la luz detrás de ella hacía que su silueta se trasparentaba, y cuando se giró para apagar le vi las tetas al trasluz.

Cuando ella entró en la cama yo tenía una erección bestial y mi corazón me parecía que iba a explotar.

Estando ya los dos estábamos en la cama mi madre se me acercó, sus pechos se apoyaron en mi, lo noté con toda precisión, me dio un beso mientras me decía:

Pablo te quiero mucho, me haces muy feliz y te agradezco que estés aquí conmigo para que no pase miedo.

Antes de dormirnos charlamos un rato:

¿Que va a pasar con tu padre? No sabemos si se va a recuperar.

Si por mi fuera me gustaría que se muriera, es una bestia que nos ha hecho a los dos muy desgraciados. A ti más que a mi.

No digas eso hijo mío.

Mamá yo te adoro y ver como te trata me hace sufrir, es un malnacido.

¿Sufres por mi, mi amor?

Si, sufro, en alguna ocasión he pensado en matarle.

No digas barbaridades. Déjame abrazarme a ti que estoy destemplada.

Y mi madre con toda la naturalidad del mundo me abrazó y no solo eso, pasó su muslo por encima mía. Mi polla quedó presa debajo de su pierna y estuve tentado de empezar a acariciarla pero no me atreví. Me hice el dormido.

Al cabo de un rato noté que mi madre se movía, me quedé quieto como un muerto. Mi madre con su muslo encima de mi polla empezó a tocarse, notaba su mano apenas rozando mi costado, su respiración se fue agitando y sentí como su cuerpo se convulsionaba cuando le llegó el orgasmo. Según se vino bajó la pierna que tenía sobre mi.

Fue una suerte porque si no hubiera sido inevitable que ella sintiera que yo también me corría y encharcaba mis pantalones.

Dormí inquieto, con la tentación constante de acariciar a mi madre, solo en una ocasión y durante un momento me atreví a llevar mi mano a sus nalgas. Fue tan solo un instante pero tocar aquella carne suave y caliente me pareció lo mejor del mundo. Hubiera dejado allí mi mano el resto de mi vida pero no me atreví, me aterrorizaba la idea de que se despertara y se enfadara conmigo.

A la mañana siguiente cuando me desperté mi madre ya no estaba en la cama. Cuando llegué a la cocina la encontré haciendo el desayuno, estaba en camisón y me pareció preciosa, la mujer más deseable del mundo.

La primera noche juntos , la versión de Rosa

Tan pronto como Pablo me dijo si a mi propuesta sentí que las fuerzas me abandonaban. Iba a tener a mi hijo en mi cama. A la alegría y el deseo le sucedió una sensación extraña: el miedo de asustarle con mis actos, si por mi fuera, una vez en la cama me lo comería a besos, le ofrecería mis tetas como preludio a abrirme de piernas para que me hiciera lo que ya le había visto hacer.

Mientras el iba a ponerse su pijama elegí el más pequeño de todos mis camisones, el que nunca me había puesto con mi marido, una prenda de tela liviana con tirantes finos, gran escote y que dejaba mis muslos al descubierto.

Esperé a oír que el se metía en la cama para hacer mi entrada triunfal, la reacción de mi hijo fue decirme:

Estás preciosa, mamá.

Me metí en la cama y acerqué mi cuerpo al suyo, quería sentirle junto a mi, el estaba acostado boca arriba. La tentación que tuve que reprimir era meter mi mano por la cinturilla del pantalón y coger su polla para dejar las cosas claras entre los dos, pero me dio miedo, me dio miedo asustarle, o peor que me dijera:¿Que estás haciendo?

Me hubiera muerto y mis expectativas se habrían esfumado para siempre.

A lo que no puede resistirme fue a pasar mi pierna por encima de él, apoyarla contra su sexo. En mi muslo sentí la verga de mi hijo, gorda y dura como una piedra. Sentí que mi coño se aguaba, sentí mi flujo choreando por mis muslos, sentí un placer inmenso y una calentura que no podía soportar.

Con mucho cuidado metí mi mano entre su cuerpo y el mío teniendo cuidado de no tocarle y me saqué la fiebre masturbándome. Me hice la paja más deliciosa de mi vida sintiendo el calor del cuerpo de Pablo junto al mío.

Me dormí pensando en lo bonito que sería que era él tomara la iniciativa, en el fondo que él me deseara como yo le deseaba a él.

Me desperté antes que Pablo y aproveché para levantar las cobijas y contemplar el cuerpo de mi hijo. El estaba boca arriba y no me cupo la menor duda de que estaba empalmado, un bulto tremendo se le marcaba en el pantalón del pijama y junto a el una gran mancha seca. Me dio una alegría tremenda el comprobar que mi hijo, esa noche conmigo al lado se había corrido. Mi duda fue si se había corrido porque se había tocado o se trataba de una polución nocturna.

Cuando estaba preparando el desayuno Pablo se me acercó por detrás, me abrazó y sentí como su polla, que ya no estaba en el grado de excitación que yo había visto, se apoyaba en mi culo. Aún así un calambrazo recorrió mi cuerpo.

Has dormido bien, mi amor.

Yo muy bien, y tu.

He dormido tan rico que esta noche aunque no haya tormenta voy a volver a dormir en tu cama.

No me preguntó, no me pidió permiso, simplemente decidió que iba a dormir conmigo.Me pude callar pero no lo hice:

Me encanta que hayas tomado esa decisión, yo también quiero que duermas conmigo, se siento protegida y me gusta cuando me despierto por la noche echar mi mano y sentir que estás a mi lado.

Ten cuidado cuando eches tu mano no vayas a encontrarte con una sorpresa.

Eres un travieso. Si hoy no tienes nada que hacer te propongo un plan, voy a ir a renovar un poco mi vestuario, si quieres me acompañas y hasta me aconsejas.

Me parece muy bien, usas una ropa que te favorece muy poco, te hace parecer mayor, vamos que te hace vieja.

¿Tu me ves vieja? ¿Estos muslos son de vieja? ¿Este cuerpo es de vieja?

No hablaba de ti , hablaba de tu ropa. Tu eres una mujer preciosa y joven, cualquier hombre se volvería loco por ti. Y tus muslos y tu cuerpo, y tus tetas, que se te habían olvidado, son perfectas.

Tu crees.

El primero yo, si no fueras mi madre yo por ti perdería el sentido.

El lenguaje con doble sentido era constante entre nosotros, disfrutábamos con el equivoco.

¿Me quieres decir que soy la mujer más guapa con la que te has acostado?

Sentí que el miembro que mi hijo tenía apoyado en mi culo empezaba a despertarse.

Eres mil veces más guapa y mil veces más atractiva y mil veces mas deseable que ninguna mujer con la que yo me haya metido en la cama.

Bueno vamos arreglarnos que hay mucho que hacer.

De camino al Corte Inglés Pablo me preguntó:

¿Qué piensas comprar?

Pues había pensado en unos vestidos de verano más alegres que los que uso, que no me hagan parecer vieja y quizás un camisón ligerito que ya está haciendo mucho calor.

Y ropa interior, ¿vas a comprar ropa interior?

Que pasa que piensas que también llevo ropa interior de vieja.

No lo pienso, estoy seguro.

Como lo sabes si nunca me la has visto. Esta bien, compraré ropa interior nueva.

Llegamos al Corte Inglés y Pablo sugirió que empezáramos por los vestidos.

A mi que había vestido casi siempre de negro todo lo que veía me parecía precioso, fue mi hijo quien eligió tres o cuatro prendas y me pidió que fuera a probármelas.

Todas eran de mi talla, la que más me gustó fue un vestido de tela ligera y un estampado de florecitas, escotado y con la falda más corta que yo había usado en mi vida. Como el sujetador que llevaba me pareció horrible me lo quité y me miré al espejo, felizmente no se me transparentaban los pezones aunque si se marcaban en la tela.

Llamé a Pablo para que me diera su opinión.

Nada más entrar me cogió por la caderas igual que hacen en las películas antes de dar un beso a la protagonista, sentí que se me aflojaban las piernas, pero mi hijo se limitó a hacerme girar mientras me decía:

Perfecto, estás guapísima, y pareces veinte años más joven. Y los otros, qué tal.

Son de mi talla pero este es el que más me gusta.

Vale , nos llevamos los cuatro. Este déjatelo puesto.

¿No te parece descarado?

Me parece precioso y te hace un pecho muy bonito.

La siguiente parada fue en la sección de ropa interior. En esa sección tuve que necesitar ayuda profesional, comprar un sujetador es más difícil de lo que parece, una vez que la dependienta me dijo que yo era una 95 D, Pablo fue el encargado de elegir.

Me propuso tres conjuntos y me pidió que cuando tuviera puesto el de color negro que le llamara.

Viendo lo que Pablo sugería tuve la casi certeza de que el estaba tan caliente como yo, me puse las braguitas y el sujetador y llamé a mi hijo, antes me puse mis tacones para estar más atractiva.

Cuando entró en el probador se me quedó mirando fijamente, sentí que su mirada me taladraba, no dejó ni un milímetro de mi cuerpo sin examinar.

Perfecto. Te hace un pecho muy bonito, es tu talla. Pruébate estas braguitas que no siempre vas a ir con las bragas y el sujetador a juego.

Y me entregó una docena de bragas que todas juntas me cabían en una mano.

Me volví a poner el vestido que acababa de comprar sintiendo que todo lo que estaba pasando me tenía cachonda perdida, tanto que me dio miedo mojar las prendas que me iba a probar. En mi cabeza seguía la idea de que si la situación me había excitado a mi, yo me iba a encargar de excitar a mi hijo. Si hubiera sido por mi le hubiera pedido que me follara en el probador.

Ni en sueños podía yo pensar que existieran bragas con tan poca tela, las que Pablo me propuso eran pequeñas por delante pero la mayoría de ellas eran inexistentes por detrás. Tan solo una fina tira de tela que cuando las tenía puestas se quedaba enterrada entre los carillos de mi culo.

Con unas puestas que tenían una mariposa por delante llamé a mi hijo.

Según entró me dijo:

¿No te las vas a probar?

Si cariño, ya me he probado algunas, mira estas a ver que te parecen.

Y delante de él me levanté las faldas , para ser más exacta me subí el vestido hasta casi las tetas. Yo sabía de antemano que eso le iba a encender.

La única reacción que pude observar en Pablo fue el bulto que se le marcaba en el pantalón, yo sabía que lo que estaba haciendo era una provocación pero me encantaba hacerla.

Son muy bonitas, a ver, date la vuelta.

El modelo que llevaba no era de los más escasos por detrás, aún así dejaba casi al aire mis nalgas.

Precioso. ( No dijo preciosas refiriéndose a las bragas , dijo precioso refiriéndose a mi culo )

Espera que hay otra que te quiero enseñar.

Y delante de el metí la mano por debajo del vestido, me saqué las bragas que llevaba puestas, cogí otras y me las puse siguiendo el mismo juego.

Vi la mirada de Pablo embelesada en mi maniobra, ver como una mujer se quita las bragas pone cachondo al más frío de los hombres.

Una vez las tuve puestas me volví a levantar el vestido, eran más pequeñas que las anteriores, tanto es así que al fijarse Pablo me dijo

Me encantan pero tienes que hacer una cosa, nadie lleva ya esa pelambrera, tienes que ir a que te hagan las ingles. Date la vuelta.

Me la di y mi hijo tuvo la oportunidad de ver mi culo al aire, exactamente igual que si fuera desnuda.

Antes de hacer ningún comentario me colocó bien la tira que estaba metida entre mis nalgas, fue un toque sutil pero que a mi me hizo temblar.

Tienes el culo más bonito del mundo, ya no me enseñes más o se me va a olvidar que eres mi madre. Déjatelas puestas.

Mientras hablaba me dio un azote en una nalga pero su mano después de chocar con mis carnes no se retiró, se quedó un momento amasando mi culo.

Está tan cachondo como yo, no ha podido resistir las ganas de tocarme.

En unos colgadores cercanos estaban los camisones, en esta ocasión yo elegí uno que me pareció atrevidísimo y que la dependienta me dijo que se llamaba picardías , Pablo me trajo dos que le habían gustado, ninguno de ellos tan pequeño como el que había elegido yo .

Una vez en el probador examiné el picardías, era como una especie de camiseta corta que apenas me tapaba las tetas, tanto es así que se me veían por la parte de abajo, y unas braguitas mínimas. El tejido era de color rosa casi blanco y tan sutil como para ser absolutamente transparente.

Me lo puse y me miré al espejo. Para ser justa he de decir que estaba estupenda, mis tetas con los pezones parados apuntando al techo, mi vientre al aire, plano como una tabla, y por debajo de el unas braguitas que no podían contener mi mata de pelo. Con mis tacones puestos las piernas y los muslos lucían hermosos.

Llamé una vez más a mi hijo.

Este es el que más me gusta, ¿que te parece a ti?.

Que pena no haberlo elegido yo, es lo más bonito que he visto en mi vida, estás guapísima.

Y mientras hablaba se acercó a mi y me abrazó, sentí la dureza de su sexo en mi vientre porque Pablo es mucho más alto que yo, sus manos , esta vez si bajaron hasta coger mi culo mientras me decía:

Eres la mujer más guapa del mundo, te quiero mi amor, te quiero más que a nada en el mundo y me voy a encargar de que seas feliz, la mujer más feliz del mundo.

Me dejé hacer , es más yo también le cogí a la altura de su culo y apreté su cuerpo contra el mío.

Al hacerlo tuve la sensación de que la verga de mi hijo cabeceaba como si tuviera vida propia. La sentí moverse.

Yo también quiero hacerte a ti feliz, mi niño, hemos sufrido mucho juntos y ahora quiero que gocemos , puedes pedirme lo que quieras que yo te lo voy a dar, es más estoy deseando que me lo pidas.

Se que el hijo puta de tu marido te ha hecho sufrir toda tu vida, eso se ha acabado, tanto si se recupera como si no. Yo no se lo voy a permitir.

Hijo, me gusta mucho lo que me dices. Quiero que tu cuides de mi eres el único hombre en el mundo que puede hacerlo, el único al que no le tengo miedo.

Vámonos o no respondo de mis actos, me dijo

Fuimos a la caja y cuando ya iba a pagar las últimas compras Pablo llegó con otra prenda en la mano.

Llévatelo, son unos ligueros.

Yo ni sabía de que me hablaba pero los compré.

Cuando yo creía que no iba a pasar nada más mi hijo me propuso ir a visitar a su padre al Hospital.

Con mi marido en un estado en el que ni los médicos sabían si estaba consciente o medio vegetal, Pablo y yo solos junto a él, mi hijo se puso detrás de mi como había hecho por la mañana, volví a sentir toda su hombría apoyada en mis nalgas mientras sus brazos abrazaban mi cintura y se dirigió a su padre:

No me das ninguna pena, hijo de puta, tienes lo que te mereces, y aquí estamos tus dos victimas para decirte que nunca más nos vas a torturar, que nunca más le vas a poner la mano encima a mi madre, que si nos vuelves a maltratar te reviento la cabeza y que sepas, óyeme bien, que sepas que el que duerme en la cama de esta mujer soy yo y tu nunca volverás a hacerlo.

Cuando Pablo dijo lo de quien duerme en la cama de esta mujer, mi marido tuvo una reacción, en sus ojos brilló el odio, la cólera, la soberbia. Una mirada que los dos conocíamos muy bien y que unos días antes nos hubiera aterrorizado.

Crecido ante la reacción Pablo se vino arriba.

Mira estas tetas, míralas, eran tuyas pero ya no lo son ni lo serán nunca más. Ahora son mías, ella entera es mía, porque yo soy quien la quiere y quien la respeta.

Y mientras le hablaba a su padre su mano primero acarició mis tetas por encima del vestido pero no contento con eso y aprovechando que el vestido lo permitía me sacó las tetas al aire.

Mira hijo de puta, mira como las acaricio delante de ti.

Mi padre con los ojos saltones de odio hizo un pequeño ademán de incorporar la cabeza pero no lo consiguió.

Quédate ahí mal nacido, a ver si esta noche te mueres o te pudres, ya no eres nadie ni nada. Ni lo vas a volver a ser nunca.

Y mientras hablaba sus manos no dejaban de amasar mis senos.

Sentí la calentura del deseo invadiéndome y aunque parezca inoportuno lo cierto es que frente al hombre que había hecho de mi vida un infierno y acariciada por el que adoraba, sentí que el placer me inundaba y me corrí.

Me corrí oyendo lo que mi hijo decía y sintiendo sus manos en mis tetas y su polla apretada contra mi culo.

De vuelta a casa pensé en decirle algo a Pablo pero no supe qué.

Tenía dos caminos ante mi: o decirle que lo que había hecho me había encantado, que me había corrido con sus caricias, o echarle en cara que me hubiera sacado las tetas y me las hubiera acariciado. No dije nada.

Cuando llegamos a casa mi hijo que cargaba con todas las bolsas las dejó a un lado y me dijo:

Siéntate mamá que has andado mucho y tienes que tener los pies cansados, deja que te de un masaje.

Me tendí en el sillón del salón y me saqué los zapatos.

Pablo se sentó en el otro extremo y puso mis pies sobre sus piernas.

Era la primera vez que me daban un masaje en los pies. Sería por eso o porque quien me lo estaba dando era mi hijo, lo cierto es que me pareció delicioso. Me abandoné a sus caricias y sentí como mi cuerpo flotaba por los aires, estaba en una nube de felicidad.

Pablo siguió con su trabajo y en un momento dado levantó uno de mis pies y se metió mi dedo gordo en la boca, me lo estuvo chupando un rato y ese simple gesto provocó mi calentura otra vez.

Pensé en que si me seguía chupando me iba a correr otra vez, pero Pablo dejó esa tarea y le dedicó toda su atención a mi otro pie. Yo cachonda perdida quise recompensar su delicadeza y con lentitud, poco a poco fue abriendo mis piernas para que mi hijo pudiera disfrutar viéndome abierta de piernas para el.

De repente Pablo paró su tarea y me dijo:

Perdona pero me estoy haciendo pis.

Se levantó a toda prisa y se fue.

Tardó en volver menos de lo que yo suponía que tardaba en hacerse una paja, y a la vuelta me acarició suavemente las piernas, pensé que iba a subir por mis muslos pero no lo hizo, dio por terminado el masaje.

No pasó nada digno de mención hasta que nos fuimos a la cama salvo que Pablo me pidió que me pusiera el picardías que había comprado. Me encantó que me lo pidiera.

O sea que yo voy a dormir con ese camisón y tu vas a seguir con ese pijama que parece un traje.

Yo duermo con una camiseta cuando duermo solo

Pues si esa es tu costumbre, duerme con una camiseta.

Cuando acabé de ponerme mi camisón y entré en el cuarto Pablo ya estaba metido en la cama. Caminé con calma recreándome en el recorrido para que mi hijo me pudiera ver, sentía que mis pezones me iban a explotar y que las braguitas ya estaban húmedas mientras me paseaba por delante de el con un único propósito, calentarle, ponerle tan caliente como yo me sentía.

Me metí en la cama.

Eres un abusador, tu me has visto a mi con mi camisón nuevo que es lo mismo que verme desnuda y yo todo lo que veo es que llevas camiseta, no es justo.

Y mientras se lo decía levanté de golpe la ropa de la cama. Cuando Pablo me dijo que dormía con camiseta yo no entendí lo que de verdad decía, al levantar la ropa lo supe, mi hijo llevaba una camiseta y nada más. Boca arriba como estaba pude ver su polla que vista más de cerca me pareció aún más grande.

Iba taparle de inmediato pero no lo hice, me quedé un momento viendo el aparato que Pablo lucía entre sus piernas, estaba tan excitado que me dio la sensación de que tenía la polla barnizada, y tuve la tentación de llevármela a la boca, pero me contuve. Le tapé.

Mi hijo avergonzado me dijo:

Perdona.

No hay nada que perdonar, el día ha sido muy especial y el que te excites es algo normal a tu edad.

¿Tu te has excitado?

Yo ya no soy joven.

No has contestado a mi pregunta.

Si, mi vida, me he excitado, no una sino varias veces.

¿Cuándo?

Enseñándote la ropa y sobre todo en el Hospital. Has sido un abusón pero me has excitado mucho. 

Todo lo que dije es verdad.

Cambiando de tema echados los dos mirándonos a la cara le pregunté:

¿Tu me quieres?

Te quiero más que a nada en el mundo y lo que más deseo es tu felicidad.

¿Me quieres hacer feliz ahora mismo?

Si , pídeme lo que quieras.

Bésame mi amor bésame como si estuvieras loco por mi.

No tengo que fingir nada, estoy loco por ti.

Y nuestras bocas se juntaron. Su lengua penetró en mi boca y la mía en la suya y en ese juego delicioso gastamos tiempo y placer.

La mano de Pablo no tuvo que hacer el menor esfuerzo para alcanzar mis tetas y sus dedos empezaron a jugar con mis pezones. Decidí entonces no tomar yo la iniciativa preferí sentir como Pablo iba avanzando mientras yo me limitaba a dejarme hacer.

Los besos y las caricias me parecieron deliciosos pero estaba deseando que me acariciara el coño, lo sentía gordo y caliente y necesitaba dárselo.

Pablo pareció adivinar mi pensamiento. Su mano dejó de acariciarme las tetas, descendió por mi vientre y se introdujo por debajo de las braguitas, yo facilité la labor abriendo para el mis muslos.

Sin dejar de besarme empezó a acariciar mis coño , al principio abarcándolo todo con su mano para después abrir mis labios y con sus dedos empezar a tocar mi clítoris y la entrada de mi tesoro.

Yo ya estaba en el séptimo cielo con lo que no pude reprimir lo que estaba sintiendo:

Tócame mi amor, tócame que me estás dando mucho gusto, dale placer a tu mamá, sigue por dios sigue, que rico me vida, que rico lo que me haces y que cachonda me has tenido todo el día.

Pablo paró de besarme para preguntar:

¿ Has estado cachonda todo el día?

Cachonda no, muy cachonda mi vida, hirviendo de deseo de que me hicieras lo que me estás haciendo. En el Hospital cuando me has cogido las tetas me he corrido, me he corrido como una colegiala. Puede parecer cruel pero el que me tocaras las tetas delante de tu padre me ha dado un subidón.

Pues yo acariciándote los pies he tenido que parar porque me iba a correr.

Te has ido al baño y te has tocado.

No ha hecho casi falta, según he llegado al baño me he corrido como una bestia.

Mi niño se ha corrido acariciando los pies de esta vieja.

Mientras nos hacíamos estas confesiones mi hijo no había dejado de acariciar mi chocho y yo ya había sentido que me iba a venir, que iba a explotar, que me iba a correr como una perra y se lo quise decir:

Mi amor, me estoy viniendo, quisiera esperar pero no puedo, me voy a correr, sigue que es muy rico lo que me haces, pero me voy a correr ya, me corro mi vida me corro, me estoy corriendo, por dios para de tocarme o me matarás, ya me he corrido mi amor, me he corrido delicioso.

Fue un orgasmo explosivo, sentí la dicha de que mi hijo se hubiera dedicado a darme placer sin que yo hiciera nada por dárselo a el.

En ese momento todos los fantasmas de mi cerebro desaparecieron, mi tabús sobre si lo que estaba haciendo era bueno o malo se decantaron porque me sentí mujer, deseada, feliz y deseando darle placer al hombre que tenía a mi lado, sin reserva de ninguna clase.

Tan pronto me recuperé del orgasmo, sin necesidad de pronunciar una palabra cogí la polla de Pablo. Me encontré con una barra de carne dura y palpitante. Mientras sujetaba el tallo con una mano, con la otra empecé a acariciar la cabeza, el prepucio. Me lo encontré mojado y eso me llevó a hacer algo que no había hecho nunca, llevé mi mano a mi boca para saborear el fluido de mi hijo. Lo encontré delicioso.

Volví a mi tarea, empecé a menear la polla con la que tanto había soñado. Al principio con más lentitud para poco a poco ir aumentando la cadencia guiándome por los gemidos del hombre que estaba conmigo.

Era feliz dándole placer, llevándole al orgasmo, gozando de su cuerpo.

Mientras tanto Pablo volvió a engancharse a mis tetas, ahora en vez de con su mano con su boca. Empezó a chupetear mis pezones, luego a absorberlos, a darles suaves mordiscos, mientras sus manos seguían acariciando mis tetas.

Sentí que de nuevo me ponía cachonda, a pesar de acabar de tener un orgasmo de nuevo mi cuerpo se volvió a encender.

Que gusto me das, mamá, que placer tan grande, sigue, sigue, me vas a hacer correrme.

Quieres correrte, mi niño, quieres que tu madre te la siga meneando. Yo quiero ver como te corres, como me das tu leche, mi vida.

Si mamá sigue meneándomela que ya me viene. Quiero que me saques toda mi leche, quiero dártela.

Al saber que Pablo se iba a venir retiré la ropa porque quería verlo quería ver la leche brotando de su verga.

Y Pablo se vino, primero fue un chorreón para a continuación lanzar otro y otro y otro. Vi su leche volar por los aires y me eché en cara no haberla recogido en mi cuerpo, en mis tetas o en mi boca. Algo que no se me había ocurrido en toda mi vida.

Mi hijo se quedó quieto.

¿Te ha gustado?

Me ha gustado tanto que ya no voy a poder prescindir de ello en mi vida. Estoy loco por ti y lo que ha pasado hoy lo llevo soñando desde hace años. Quiero que además de ser mi madre seas mi mujer.

Ya lo soy, mi amor, me tienes presa, yo también soñaba con esto y con muchas cosas más, soy tu madre pero tambien soy ya tu mujer.Y lo quiero seguir siendo toda mi vida.

Desde aquel día hasta hoy han pasado casi seis años y muchas cosas. Al final mi marido salió del Hospital y vive en casa con nosotros. Lleva seis años de sufrimiento y le queda mucho tormento por recibir, hasta compensar los años en lo que nos hizo desgraciados a mi hombre y a mi.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Puedes ser el primer comentario... ¡Date prisa!

Quiero recibir relatos en mi correo electrónico

Ir arriba