viernes, 27 de mayo de 2016

Mi hermana la ciega

Para poder entender lo que a día de hoy mi hermana y yo estamos viviendo hace falta que me remonte a nuestra infancia.

Mi hermana Clara es dos años mayor que yo, nuestra niñez se vio truncada cuando en un accidente de circulación nos embistió un camión, mi madre conducía, el golpe lo recibimos mi hermana y yo, a mi me destrozó la cara, me rompió huesos y me deformó el rostro, me hicieron 14 operaciones y el resultado final fue una cara deforme y llena de cicatrices. Nuestra madre salió ilesa. En cuanto a mi hermana no sufrió ningún daño visible pero se quedó ciega. En ese momento teníamos doce y diez años.

Nuestros padres se acabaron separando, mi madre se fue con mi hermana a Miami, ella había nacido allí, en una familia de origen cubano. 

Mi padre y yo nos quedamos en Madrid. Tanto mi padre como mi madre se ganaban estupendamente la vida por lo que desde lo material no nos ha faltado nunca nada.

Las secuelas del accidente me convirtieron en una persona antisocial, ajena a la vida normal de la gente, solitario, sin amigos y sin la menor relación con una chica a pesar de haber pasado ya de 25 años. No es que no me gustaran las mujeres es que ellas me huían y eso contribuía a encerrarme en mi mismo.

Mi padre murió de un infarto cuando yo tenía 26 y la verdad es que no le eché mucho de menos, a mi juicio nunca fue un buen padre, eso si me dejó un chalecito dentro de Madrid y un buen dinero en el Banco.

Mi vida en solitario continuó hasta que una mañana sonó el timbre de mi casa, en el umbral un hombre de traje que se identificó como el fiduciario de mi madre.

Su mensaje era claro, mi madre había fallecido y me había nombrado heredero con la obligación de hacerme cargo de mi hermana. Aclaro que en España no se puede desheredar a un hijo pero en Estados Unidos, si.

Acepté sabiendo que mi hermana era ciega, si hubiera tenido vista habría rechazado la herencia sin pensarlo dos veces.

Por lo que me explicó el fiduciario mi hermana se había pasado la vida en una especie de residencia para señoritas ciegas dependiente de la Universidad Católica de Miami, regida por monjas pero con un nivel académico excelente. Una cárcel de oro, pensé. Me olvidaba decir que mi madre era ultraconservadora y católica lo cual no le impidió divorciarse de mi padre, volverse a casar y enviudar.

Así las cosas y de esto hacen ya cuatro años, fui a recibir a mi hermana a Barajas.

Tardó en salir más que ningún otro viajero y la causa fue que además de recoger su equipaje tuvo que esperar a que le trajeran su perro lazarillo.

Cuando yo empezaba a pensar que había perdido el vuelo, Clara apareció guiada por su perro y con un maletero detrás con su equipaje. Mi hermana, en los años que no nos habíamos visto se había convertido en una mujer de bandera, una cara preciosa con un cuerpo de infarto.

Me acerqué a ella y para no asustarla, cuando estaba ya cerca le dije:
-Clara, Clara, soy yo Miguel.

Ella se dio la vuelta y me abrazó, más que abrazarme se fundió contra mi, mientras me decía:
-Hermano cuanto te he echado de menos.

Me llenó de besos y en ese momento me vino a la cabeza que no me había besado nadie en los últimos veinte años. Si me viera la cara igual no me besaba, pensé.

Nos fuimos hasta el coche y Clara siguió abrazada a mi por un costado y controlando a su perro por el otro.

Una vez en casa para mi sorpresa, al ser la casa en la que Clara había pasado los primeros 12 años de su vida, comprobé que se acordaba de cada detalle de la distribución.

Quien no haya tenido la experiencia de convivir con un ciego no puede imaginarse lo que son capaces de hacer, mi hermana es totalmente autónoma en todos los ordenes de la vida.

Clara es una persona necesitada de cariño, dulce y habladora.

Poco tardó en contarme su vida, desde casi su llegada a Miami había vivido confinada en la residencia en la que su único contacto era con otras residentes y con las monjas, nuestra madre la visitaba no más de dos veces al año.

Su llegada a la casa me llenó de felicidad pero lo que al principio fue solo gozo, poco a poco se fue volviendo en un tormento, en una obsesión, algo que yo trataba de controlar pero que me superaba.

Ver a Clara deambulando por la casa sin poder yo evitarlo me ponía enfermo, de repente mi hermana pasó de ser hermana a ser una mujer a la que yo gozaba contemplando. Vivía para verla, escudándome en la impunidad que me daba su ceguera.

El que su perro apoyara la cabeza en sus piernas e inevitablemente le subiera las faldas me ponía enfermo, su escote cuando se inclinaba frente a mi o hasta sus brazos cuando se ponía una camiseta de tirantes hacían que yo no pensara en otra cosa.

Clara, con su natural cariñoso hacía aún más difícil la convivencia, no perdía la ocasión de darme un beso, de abrazarme, de acariciarme con toda dulzura.

Un hecho acabó de hacer explotar mi cabeza, era un día de primavera de esos que en Madrid superan los 30 grados, después de comer Clara me dijo que se iba a echar la siesta y yo le dije que tenía que salir, recogí la cocina y al cabo de un rato decidí, con toda intención, dar un paseo por el jardín.

Quería ver a Clara durmiendo. La ventana de su cuarto estaba entreabierta, supuse que para que corriera el aire. Me acerqué a mirar y vi a mi hermana tendida en la cama con sus faldas remangadas. Su perro guía tenía su cabeza metida entre sus muslos y le estaba dando placer. Clara lo recibía en un estado de excitación absoluta.

Mi hermana se acariciaba las tetas mientras hablaba con su guía:

Sigue Toby sigue que me estás dando mucho gusto, sigue perrito mío sigue dándome lengua que me vas a matar de placer, que rico, que rico lo que me haces. Sigue, sigue que me vas a hacer correrme.

Abrí un poco más la ventana hasta tenerla de par en par y disfruté contemplando el gozo de mi hermana. La lengua de su perro recorría su sexo de arriba abajo mientras Clara se retorcía de placer.

Clara acabó por alcanzar un orgasmo que me pareció devastador, total, tanto como para que retirara la cabeza del perro mientras le decía:

Para, para que me vas a matar, no puedo soportar más placer, para, por dios.

El perrito obedeció y mi hermana se quedó espatarrada frente a mi con su coño al aire, todavía palpitante.

El espectáculo que había visto me puso incandescente y en ese mismo momento urdí un plan para ver a mi hermana a mi placer.

La casa era antigua y una de sus peculiaridades es que todas las puertas tenían un cristal esmerilado en el centro, no hablo de un cristal pequeño me refiero a un cristal grande para permitir pasar la luz. Yo, que soy manualmente habilidoso fui cambiando uno por uno todos los cristales, incluido el de su cuarto de baño, aprovechando el paseo que cada día se daba Clara con su perro. Para ser sincero ese fue el primero que cambié.

Al día siguiente al cambio de cristal desayunamos juntos como cada día y mi hermana se fue a duchar. Yo descalzo recorrí el pasillo hasta colocarme frente a la puerta.

Clara entró en el baño acompañada de Toby. Tan pronto entró se quitó el camisón y se quedó gloriosamente desnuda frente a mi.

No lo he dicho hasta ahora pero mi hermana quizás por nuestros ancestros cubanos era dueña de un cuerpo espectacular, el pelo negro, la piel ligeramente tostada ( dicen que en Cuba nadie es completamente blanco) unas tetas extraordinarias y un culo que a mi me pareció el más bonito del mundo, grande, redondo, parado, un modelo de culo que solo se da en el Caribe y en Brasil .

Vale que mi experiencia en cuanto a cuerpos de mujer era absolutamente nula pero no es menos cierto que el cuerpo de Clara era una maravilla, si con alguien la tuviera que comparar sería con Jennifer López.

Cuando ella se iba a meter en la bañera Toby le metió el morro entre los muslos, Clara le rechazó con un gesto cariñoso mientras le decía:

Eres un perrito travieso. Ya te daré tu regalo, cariño.

La cortina de la ducha me cortó el espectáculo pero continuó tan pronto acabó de ducharse.

Clara, una vez seca, tomó un bote de crema y meticulosamente se dio crema en todo su cuerpo.

Ver a mi hermana desnuda frente a mi acariciando su cuerpo mientras se daba crema me llevó al paraíso.

Repasó con lentitud sus tetas, las nalgas, los muslos, el vientre. Pude entonces comprobar que mi hermana lucía una hermosa mata de pelo en su sexo y no solo eso, sus axilas también estaban sin depilar.

Moviéndome como una sombra volví a la cocina. Clara para ir a su cuarto tenía que pasar frente a mi lo que aproveché para cuando pasaba abordarla para decirle:

Que bien hueles hermanita, hueles como un bebé recién bañado.

Clara con la misma espontaneidad de siempre se abrazó a mi y me dio un beso mientras me decía:

Eres el mejor hermano del mundo.

Sentir el cuerpo de mi hermana cubierto con un ligero camisón pegado al mío hizo inevitable que me excitara y tengo por seguro que Clara lo notó. Era imposible que no lo notara. Se mantuvo un momento pegada a mi con mi miembro apoyado en sus carnes, es más tuve la sensación de que adelantaba su pelvis sin mover los pies del suelo. Y así se mantuvo hasta que me dijo:

Vete a duchar que hoy quiero que me acompañes que tenemos cosas que hacer juntos.

Nos separamos y yo no pude resistir la tentación de al pasar a su lado darle un azote en el culo. Clara lo recibió sin la menor reacción tan solo se limitó a decirme:

Eres un tocón.

En una de nuestras conversaciones, sentados en el sofá del salón, Clara con la mayor naturalidad me preguntó si había estado con alguna mujer, pude mentir pero le dije la verdad.

No, no he estado con ninguna. Y tú.

Yo no he estado nunca con un hombre, ni de lejos. Vaya par de idiotas , tenemos los dos más de treinta años y los dos vírgenes.

En mi caso lo entiendo mi cara les echa para atrás pero en el tuyo no, eres una mujer muy guapa.

Tu también eres guapo yo me acuerdo muy bien de tu cara, y además eres fuerte y alto.

Nos comportábamos como dos quinceañeros descubriendo el sexo, que por un lado tienen miedo y por otro no pueden reprimir su deseo.

Hemos cambiado mucho Clara, tu a mejor. La última vez que te vi eras una niña patilarga y desgarbada y mira ahora, eres una diosa. Antes eras una flaca y mira ahora los bultos que te han salido. 

Y sin cortarme un pelo le cogí una teta. Fue apenas un toque pero que me permitió comprobar la dureza de los pechos de Clara.

Eres un guarro, me has cogido una teta.

El tono con el que me lo dijo no tenía un átomo de reproche, más me pareció que le había divertido mi osadía.

Aunque pueda parecer raro después de cenar Clara y yo dedicábamos un rato a ver la televisión, los ciegos ven la televisión. Clara tenía por costumbres bañarse antes de ir a cenar y volvía a la cocina en camisón.

No voy a decir que tuviera los camisones mas sexy del mundo pero si observé que de los primeros que casi le llegaban a los pies a los que poco a poco se fue poniendo había diferencias.

Como ya hacía calor acabó por habituarse a dos camisones casi idénticos, uno rosa y otro blanco que por abajo apenas le llegaban a medio muslo y por arriba tenían tirantes finos.

Verla llegar al salón con la lentitud con la que caminaba, los hombros al aire, los pezones transparentándose a través de la fina tela, y los rotundos muslos al aire me ponía enfermo.

Se sentaba a mi lado o para ser más exacto junto a mi, en muchas ocasiones con su cuerpo pegado al mío lo que inevitablemente me permitía verle las tetas, en otras con la cabeza en el otro extremo del sofá y las piernas apoyadas en las mías. Cuando elegía esa postura y mientras yo veía la tele con toda naturalidad yo le acariciaba los muslos mientras le decía:

Tienes una piel divina hermanita o , tienes unos muslos preciosos.

Lo que a ti te pasa es que eres un cochino que te aprovechas de una pobre ciega.

Pero mientras hablaba sus muslos poco a poco se iban separando para facilitar que mis caricias alcanzaran su cara interna.

Cada vez que nos dedicábamos a ese juego yo acababa teniendo una erección que mi hermana sin ninguna duda percibía al tener sus piernas apoyadas en mi sexo.

Yo me excitaba, supongo que ella también, yo sabía que ella notaba mi excitación y ella sabía que yo sabía que ella disfrutaba con mi excitación.

En alguna ocasión Clara decidía irse a dormir, yo le decía que me quedaba viendo un rato la tele pero tan pronto ella se iba yo iba detrás. A la luz del pasillo más de una noche vi a mi hermana tenderse en la cama y echar mano de su perro para que le diera placer. Tan pronto entraba en su cuarto se quitaba el camisón y disfrutaba de los lametazos acariciándose las tetas.

No voy a negar que la escena me ponía a mi tan caliente como para hacer que me tocara mirándola.

Cuando ya entró en calor en Madrid, en el mes de Julio, Clara empezó a dormir en pelota, con su ventana abierta , tendida encima de las sabanas.

Cada noche disfrutaba yo del espectáculo y no solo por la noche, me gustaba levantarme antes que ella y disfrutar de su cuerpo desnudo con los primeros rayos de luz de la mañana.

Ver a una mujer hermosa dormida y desnuda con la impunidad que da el que ella no pueda verte es un espectáculo único, cuando no te está mostrando sus nalgas con todo su esplendor te está enseñando las tetas y cuando no, deja ante tu vista su sexo. En el caso de Clara lo cierto es que su dormir es inquieto y en solo un rato ya se había movido lo suficiente como para darme una visión total de su cuerpo.

Una noche me dijo:

Mañana haz el favor de despertarme a las 8 que estoy durmiendo muy mal y tengo que salir temprano. Me da miedo no despertarme a tiempo.

A la mañana siguiente me fui a su habitación seguro de que esa noche habría dormido con camisón pero ya antes de entrar supe que siguiendo su costumbre en el verano estaba desnuda.

Me acerqué a su cama es más me senté en ella, Clara estaba echada boca arriba, apoyé directamente mi mano en una teta mientras le decía bajito:

Clara, Clara.

Mis palabras parecieron no hacerle efecto pero su cuerpo si me lo hizo, sin que ella pudiera evitarlo, sus pezones tomaron vida y se levantaron como dos pequeños vigías.

Seguí con mi mano en su teta mientras repetía:

Clara, Clara.

Boca arriba como ella estaba me pude recrear viendo la matita de pelo que cubría su monte de Venus, un pelo negro y brillante con pequeños rizos y que solo cubría el propio monte sin extenderse hacia los muslos.

Crecido por la nula reacción de Clara retiré mi mano y con toda delicadeza le di un beso en su pezón mientras mi mano descendía por su vientre. No había llegado a su mechón de pelo cuando mi hermana dio por primera vez señales de viva.

Buenos días, hermano, estaba soñando, no me acuerdo el qué pero si se que era un sueño rico. Gracias por despertarme, ya me levanto.

El que ella estuviera desnuda, el que yo le hubiera estado acariciando las tetas, el que se las hubiera besado parecía como si no hubiera pasado o como si Clara estuviera tan dormida como para no sentirlo, cosa que ella y yo sabíamos que era mentira.

Las cosas que he contado y mil detalles más que sería pesado relatar hacían que los dos estuviéramos las veinticuatro horas del día en estado de calentura. Nuestras hormonas estaban en efervescencia como si tuviéramos quince años, una etapa que ninguno de los dos habíamos disfrutado y que ahora estábamos recuperando.Lo excitante era que los dos sabíamos lo que estaba pasando, los dos lo disfrutábamos pero los dos fingíamos que no pasaba nada.

El siguiente paso lo dio Clara, una noche en la que estábamos sentados en el sofá con su cabeza apoyada en mi hombro me preguntó:

Has besado alguna vez a una mujer.

Me hice el tonto: Si claro te he besado a ti.

No me refiero a esos besos me refiero a los otros.

Que otros?

Los que se dan la parejas.

Yo no, y tú.

Yo tampoco. Si alguno supiera podría enseñar al otro pero somos dos ignorantes.

Como ella había hecho ya todo el trabajo creí generoso por mi parte terminar la propuesta:

Podemos aprender juntos.

Y sin esperar su autorización llevé mi boca contra la suya. Al principio fue solo juntar nuestros labios pero sin necesidad de instrucciones poco a poco abrimos nuestras bocas y nuestras lenguas se cruzaron. Clara lanzó la suya a la profundidad de mi garganta y yo me la comí a bocados. Mi hermana me rodeó la cabeza con sus brazos y entró en un estado de excitación que su respiración y sus gemidos demostraba, yo estaba igual de excitado pero fui más discreto.

Ya en una calentura sin marcha atrás, mientras disfrutábamos de nuestras bocas, metí mi mano por debajo de su camisón y por un momento dude si dirigirme directamente su sexo pero me dio miedo su reacción y lo que hice fue deslizarla hacia arriba y acariciarla la tetas.

No exagero si digo que ese primer beso con mis caricias incluidas duró por lo menos cinco minutos. Paramos un momento para respirar y Clara me dijo:

Me ha gustado mucho, quiero seguir.

Nos volvimos a enganchar como dos enfermos disfrutando el uno del otro. Yo seguía acariciando las tetas de mi hermana y pellizcando los pezones cuando vi como Clara abría los muslos que hasta ese momento había mantenido juntos, entendí que era sin ningún genero de duda una invitación y, ahora si, mi mano recorrió su vientre y no paró hasta alcanzar su sexo.

No sabía yo como manejar la situación y Clara vino en mi ayuda, puso su mano encima de la mía y dirigió mis dedos hasta que estuvieron en contacto con su clítoris.

Sintiendo la humedad que brotaba del sexo de mi hermana me dediqué a tocar su botoncito arriba y abajo mientras mi hermana me correspondía gimiendo sin separar su boca de la mía.

Cuando ya estaba alcanzando su orgasmo dejó los besos y se concentró en dirigirme:

Dame un poquito más abajo, despacito, sigue que me estás dando mucho gusto, sigue por dios, sigue que me vas a hacer correrme, sigue.

Mientras me seguía hablando su mano se deslizó por la cinturilla de mi pantalón y me cogió la polla, simplemente la cogió pero eso fue suficiente como para subirme al séptimo cielo.

Que rico lo que me haces, me estás volviendo loca, sigue mi amor sigue que ya me estoy viniendo, me estoy viniendo, me vengo mi vida , me vengo toda, dios que placer tan grande.

Soltó un gemido largo y su cuerpo sufrió como una descarga eléctrica antes de desplomarse todo ello sin soltar lo que tenía sujeto.

Dios de mi vida que placer tan grande, nunca había sentido lo que he sentido hoy, creía que mi iba a morir de gusto.

Mientras tanto yo tenía la polla a punto de reventar y Clara tuvo la generosidad de tomarlo en cuenta:

No se si lo voy a saber hacer tan bien como tu

Me bajé yo mismo los pantalones y me verga apareció mirando al techo.

Ahora fui yo quien la orientó a ella, puse mi mano encima de la suya y empecé a moverla arriba y abajo. Clara entendió perfectamente lo que yo solicitaba y empezó a masturbarme con una maestría que me sorprendió.

Que rica verga tienes hermanito, me dan ganas de comérmela entera pero hoy solo te la voy a acariciar.

Excitado como yo estaba, dejándome hacer tardé poco en notar que me venía. Se lo dije:

Me voy a correr, me voy a correr.

Clara puso su otra mano como tapando mi miembro y ahí fue donde recibió la descarga. Fueron cuatro disparos potentes, abundantes pero a mi hermana lo que le llamó la atención fue su temperatura:

Que caliente te sale, me encanta sentir tu leche tan caliente.

Y no solo eso se llevó la palma de su mano a la boca y de un lengüetazo se tomó mi regalo.

No se si lo que estoy haciendo es una guarrería pero no me he podido resistir, tenía que probarla y me gusta, me gusta sentirla caliente y me encanta como sabe.

Tan pronto como nos recuperamos haciendo como que quería ver lo que nunca había visto le pedí a Clara que se diera una vuelta delante de mi, mientras se lo pedía le saqué el camisón por la cabeza.

Eres un abusador, me vas a ver desnuda y yo no puedo verte a ti.

Se puso de pie frente a mi, desnuda con sus gloriosas carnes al aire, me recreé en sus nalgas, en sus muslos. Clara que se tomaba las cosas a pecho parada frente a mi abrió los muslos y se separó el coño para que yo pudiera verlo mejor.

¿Te gusta mi cuca? ¿Te gusta así peludita? He leido que ahora las mujeres se la depilan

Me encanta, me dan ganas de comérmela. Y tu no tienes que depilarte nada, ni las axilas.

Eres un cochino, comerte mi cuca ( estaba claro que quería ocultar los jueguecitos que se traía con su perro)

Pues si soy un guarro que te va a comer la cuca entera. Si me dejas.

Si, te dejo, pero yo te diré cuando.

Date la vuelta y enséñame tu culito.

Mi hermana obedientemente me dio la espalda con sus nalgas a dos cuartas de mi nariz y acto seguido se inclinó hacia delante mientras de nuevo se separaba las nalgas.

Le pedí que se estuviera quieta un momento y sin avisarla me levanté y lancé mi lengua contra su ano. Previendo su reacción la sujeté por las caderas. Clara dio un grito de sorpresa antes de decirme:

Eres un guarro, me has dado con la lengua en el culo.

Si cariño, te he dado con mi lengua en el ano y no va a ser la última vez, me lo voy a comer muchas veces, porque me encanta.

Su reacción fue volverse a sentar en el sofá y pedirme:

Cómeme las tetas, cómetelas. Que me has puesto caliente.

Me lancé en plancha sobre sus pechos y me los comí a bocados. Le di lengua, mordiscos, chupetones y a Clara le encantó, tanto fue así que me hizo otra petición:

Vuelve a acariciarme, vuelve a acariciarme que me has dejado con ganas.

Y comiéndole las tetas volví a llevar mi mano a su coño y le hice una pajita.

Me encontré con un chocho encharcado y caliente. Coloqué mi pulgar sobre el clítoris y sin el menor esfuerzo metí el anular y el corazón en su vagina, Clara me correspondió con un gemido largo. No satisfecho con lo que estaba haciendo y mientras mi pulgar se dedicaba a su clítoris, deslice mi dedo corazón y mojado como estaba no me fue difícil meterlo en el culo de mi hermana.

Ahí si Clara dio un grito:

Guarro que eres un guarro me has metido un dedo en el culo pero no me lo saques, por dios no me lo saques que me estas dando mucho gusto, me matas mi amor, me estas matando de gusto, mueve los dedos mi vida, sigue dándome que me vas a hacer correrme, sigue, sigue que me vas a hacer correrme. Otro dedo, méteme otro dedo.

Sin saber adonde me estaba solicitando que le metiera otro dedo tomé yo la decisión y deslice otro dedo dentro de su culo.

Clara lo recibió con un gemido largo.

Como no me has dicho donde he pensado que lo querías en el culito.

Has acertado quería sentir otro dedo dentro de mi culo, es algo que no había sentido nunca y que me pone muy caliente. Me da mucho gusto, sigue acariciándome que ya me estoy corriendo, me corro, me corro toda, qué placer, me estoy mareando de gusto.

En esta ocasión en vez de gemir dio un grito largo y se deslavazó.

Ese fue el inicio de la primera etapa de nuestra relación.

Ninguno de los dos, ella por unas causas, yo por otras habíamos tenido la menor relación con el sexo opuesto, no habíamos pasado esa etapa en la que los adolescentes empiezan a relacionarse y lo primero que descubren son las caricias que reciben y que dan y el gozo de reconocer el sexo opuesto. Nosotros, como si nos hubieran mantenido en una capsula del tiempo empezamos por ahí.

Clara lo llamaba jugar, y lo cierto es que el juego le encantaba y tanto ella como yo estábamos siempre dispuestos a dedicar un rato a jugar. En esa etapa no pasábamos de las caricias, de los juegos, y no compartíamos habitación.

Las caricias, los besos, el faje que dicen los mexicanos o el petting que dicen los americanos era para nosotros una fuente de placer infinita.

Llegar al desayuno y encontrarme a mi hermana sentada en la cocina provocaba que yo según entraba en la cocina metiera mis manos por su escote y le acariciara las tetas. Nunca recuerdo que me dijera que no a nada, antes al contrario, si un día no pasaba por ese tramite inmediatamente me decía:

¿Ya no te gustan mi tetas?

Tampoco aceptaba que al vernos por la mañana no dedicáramos un rato a los besos.

En una ocasión creo que hizo un análisis acertado:

No nos han besado nadie durante los últimos veinte años y lo echamos de menos, pero a este ritmo vamos a recuperar lo perdido.

Yo he de confesar que tenía mala conciencia porque sin ella saberlo tenía completa información de todo lo que hacía, abusaba de su condición de ciega. Clara me ofrecía su desnudez tantas veces como yo la solicitaba pero para mi tenía un morbo añadido verla desnuda cuando se iba a acostar o cuando se duchaba.

De vez en cuando salíamos a cenar juntos, yo le elegía el vestido a mi hermana. Cuando entrabamos en el restaurante inevitablemente todas las miradas se dirigían a nosotros. Un tío con el rostro deformado llevando del brazo a una mujer espectacular, más de uno me debió tomar por un narcotraficante acompañado de una buscona. Al principio era difícil descubrir que mi hermana era ciega.

A mi no me gustaba salir a sitios públicos en los que la gente nos pudiera observar de forma continuada como era el caso de los restaurantes, me sentía observado, escrutado, juzgado. Me sentía como si fuéramos la bella y la bestia o como si yo fuera Quasimodo y ella Esmeralda.

Ya en pleno verano decidí que podíamos pasar unos días en la playa y alquilé una casita en medio del campo en Ibiza, preferí una casita a un hotel por dos razones, más intimidad y terreno para el perro.

Para la ocasión yo mismo escogí unos vestidos adecuados para la isla y le compré a Clara cuatro bikinis absolutamente escandalosos.

Tan pronto los llevé a casa mi hermana me propuso probárselos para que yo le dijera como le sentaban.

En mitad del salón se quitó su vestido y se quedó en pelota, Clara en casa casi nunca por no decir nunca llevaba ropa interior, y se probó el primero. No hace falta que yo diga que esa manera de comportarse de mi hermana, la naturalidad con la que se quedaba desnuda delante de mi a mí me volvía loco.

Eran vestidos sencillos, vaporosos, cortos sin llegar a minifalderos, excepto uno que si lo era y que a mi me pareció el más bonito.

Le dije que le sentaban muy bien y que se probara los bikinis. Los cuatro eran de la marca Wicked Weasel , australianos, elegí el modelo que ellos llaman micro, lo cual da una idea de su tamaño.

Clara me lo dijo:

Me parece muy pequeño, voy a ir dando la nota.

En cualquier otra parte si, pero en Ibiza la gente anda en pelota.

Lo que mi hermana no sabía es que los bikinis elegidos eran todos de lycra que cuando se humedece se vuelve transparente. Esos modelos están en la categoría sheer que significa transparente.

Para ser justo he de decir que con uno de los bikinis puesto mi hermana estaba más excitante que viéndola en pelota y eso sin tener en cuenta que estaban secos. Solo de pensar como se vería mojada me produjo una erección.

Y nos fuimos a Ibiza, la casita que alquilé era pequeña de mínima, la condición que puse fue que tuviera dos habitaciones, no quería yo que mi hermana pensara que me aprovechaba de las vacaciones para hacer lo que no hacíamos en nuestra casa.

El huerto que rodeaba la casa era algo mayor y tenía una pequeña alberca que se empleaba para regar. Lujo cero.

Con el utilitario que alquilé en el aeropuerto nos fuimos los dos felices como dos gorriones a comprar al supermercado.

Cuando volvimos ya caía la tarde, nos sentamos a tomar un refresco delante de la casa y en esa paz que solo da el campo en silencio Clara me dijo:

Quiero que me beses, quiero jugar porque hoy no me has prestado atención.

Para ella la cosa era tan natural, tan sencilla, tan sin malicia como si lo que hiciéramos fuera jugar al parchís.

Me senté junto a ella y empezamos nuestra sesión de besos que era siempre el prólogo de nuestras escaramuzas. Ya habíamos aprendido lo que le gustaba al otro de manera que ya en esa etapa gozábamos como dos niños.

La siguiente etapa solía ser que yo me dedicara a acariciarla las tetas, Clara y yo habíamos descubierto que sus pezones eran de una sensibilidad extrema y que los dos gozábamos, yo acariciándolos y ella recibiendo mis caricias.

En esa tarea andaba cuando Clara sin mediar palabra cogió mi mano y la llevó a su entrepierna, sin bragas como era su costumbre mi mano alcanzó su sexo y empecé a acariciarlo como a ella más le gustaba, sujetando su clítoris entre mis dedos y subiendo y bajando como si estuviera haciendo una pajita a un varón.

Dada mi ignorancia no supe entonces valorar que el clítoris de Clara que cuando se excitaba era del tamaño algo mayor que un garbanzo, no era de un tamaño normal. Cuando yo lo acariciaba sobresalía como un diminuto capullo y se ponía duro como una piedra.

A mi hermana cuando estaba sintiendo mis caricias le gustaba hablarme bajito al oído:

Me das mucho gusto, hermanito, me haces muy feliz, nunca pensé que yo podría sentir tanto placer, me has vuelto una viciosa. ¿Te gusta que sea viciosa?

Me encanta mi amor, yo tampoco sabía que era tan rico estar con una mujer. Te adoro.

Y con la misma sencillez y el mismo tono de voz me dijo:

Quiero que me comas el coño, estoy muy caliente y tengo muchas ganas.

Me coloqué entre sus divinos muslos y lancé mi lengua contra sus dos huecos. Otra cosa que habíamos aprendido es que a mi hermana cualquier estimulo en su culo la llevaba a la cima del placer.

Le di lengua con toda delicadeza, recreándome en darle placer y lo conseguí, siempre lo conseguía.

Clara empezó a agitarse y a gemir entre dientes, poco a poco sus gemidos fueron más sonoros para cuando sintió que se venía chillar a pleno pulmón.

Me estoy corriendo, me estoy corriendo, me estoy corriendo.

Cuando nos repusimos de la escaramuza Clara me sorprendió con una pregunta:

Miguel, ¿tu eres feliz con lo que yo te doy?

Clara , como me preguntas eso, soy absolutamente feliz.

Te lo pregunto porque se que los hombres siempre necesitáis más y yo quiero hacerte feliz pero hay cosas que todavía no te puedo dar.

Que quieres decir con todavía.

Que yo se que te las acabaré dando, porque aunque a ti no te lo parezca yo también las deseo, pero ahora no puedo dártelas.

Si no te he entendido mal lo que me dices es que tengo que esperar pero con la seguridad de que algún día me lo darás todo.

Si mi amor, te lo voy a dar todo, pero algo me dice que tengo que esperar, que ahora todavía no. ¿ Tu crees que está mal lo que hacemos?

No, mi vida, tanta felicidad no puede ser nada malo. Yo he sufrido mucho en mi vida y tu también, y es ahora cuando estamos sintiendo que somos felices, eso no puede ser malo de ninguna manera.

Miguel te quiero, y lo que me preocupa es que no te quiero como hermano, te quiero como hombre, como pareja. No podría estar con otro hombre que no fueras tu. Una vez que hemos aclarado esto me gustaría pedirte un favor.

Pídeme lo que quieras.

Quiero que duermas conmigo en mi cama, quiero que seamos como son las parejas normales pero te pongo una condición, déjame a mi que te diga cuando estoy preparada para dártelo todo.

Y de esa manera tan simple, tan natural como era todo con Clara pasamos a dormir los dos en la misma cama.

Al día siguiente nos fuimos a una cala. Clara se había puesto uno de sus bikinis y un pareo a la cintura.

Una vez allí recorrimos un buen trecho andando y llamando la atención, ver a mi hermana andando por la playa con sus carnes prácticamente desnudas, bamboleando sus tetas y su culo y sujetando a su perro guía hacía que todas las miradas masculinas y algunas femeninas se dirigieran a ella.

Nos paramos en un lugar ya bastante solitario, alejado del chiringuito y nos tendimos al sol.

Con este bikini tan pequeño he debido llamar la atención.

No sea fijado nadie en ti, mentí, aquí la mayoría anda en pelota. Y además no tenemos a nadie cerca.

Empecé por darle crema.

Ya se que te la puedes dar tu sola pero no me puedes privar de este placer.

A mi también me gusta que me la des tu.

Me esmeré en no dejar un solo rincón de su cuerpo sin crema, y mientras lo hacía ya vi tres o cuatro curiosos que habían tomado posiciones frente a nosotros haciéndose los distraídos. Los hay en todas la playas.

Cuando digo que no dejé un rincón quiero decir que le puse crema hasta donde le cubría el bikini, pasé mi mano por debajo de la lycra y le embadurné las tetas, luego le hice abrir los muslos y mi mano se sumergió por debajo de la braguita para completar la tarea.

Mi hermana lucía una mata de pelo preciosa si bien no era muy extensa por lo que en su monte de Venus poco pude hacer, pero más abajo su sexo casi no tenía pelo y a el dediqué mis cuidados.

Clara muy bajito me dijo:

Me estás poniendo cachonda, si no te ve nadie quiero que sigas.

Era verdad que salvo los tres o cuatro mirones nadie nos prestaba atención así que decidí ser todavía más osado.

Estamos solos, te puedes quitar el bikini si quieres.

Me da un poco de vergüenza.

Solo yo te voy a ver, si quieres te lo quito yo.

Dicho y hecho, un instante después Clara estaba en pelota.

Me tendí a su lado y sabiendo que nos estaban mirando lo que contribuía a mi calentura, empecé a acariciar el sexo de mi hermana. Los mirones no daban crédito a lo que estaban viendo. Clara para no ser menos me cogió la verga y empezó a acariciarme.

Nos hicimos una paja en público sin que ella supiera que cuatro hombres nos miraban ensimismados.

Cuando yo me vine Clara hizo lo que suele hacer, poner su mano para recoger mi descarga para a continuación llevársela a la boca, no puedo decir la reacción de los mirones porque yo estaba ascendiendo al cielo. Aunque puedo suponer que estaban con los ojos fuera de las órbitas.

La escena acabó cuando Clara como en ella era lo normal sufrió una especie de calambrazo antes de desplomarse como desmayada.

Al rato les hice un gesto a los mirones indicándoles que se fueran y los cuatro me hicieron caso. Lo que yo no había previsto es que al cabo de un rato aparecieron otros, en este caso tres.

Tomamos el sol un buen rato y nos bañamos. Tumbados los dos Clara me pidió que le acercara el arnés de Toby porque quería ir al mar.

¿Te quieres bañar? Yo te acompaño.

No, lo que me pasa es que me estoy haciendo pis.

Para eso no te tienes que ir al agua, háztelo aquí mismo, yo me pongo delante de ti y te tapo.

Pero no me verá nadie, que me da vergüenza. 

Ya te he dicho que yo me pongo delante, nadie te va a ver. Me gusta ver como te haces pis. 

Clara tendida en la arena sobre su pareo levanto ligeramente las nalgas, abrió los muslos y empezó a hacerse pis.

Me encantó ver la escena, para mi todo era nuevo y por todo tenía interés, y el ver a mi hermana hacer pis me excitaba. Clara empezó a orinarse, las primeras gotas corrieron por su sexo y se deslizaron hasta mojar sus nalgas, fue entonces cuando ella separó sus labios con sus dedos, como una mariposa cuando extiende sus alas y el chorro fue aumentando de caudal y de fuerza. Por un momento pensé que ella se estaba corriendo y me lo estaba entregando a mi como yo hacía con ella y me pareció un espectáculo divino solo reservado para mis ojos.

Extasiado como estaba no noté que el manantial me alcanzaba hasta regarme a pesar de que estaba apartado de ella. Noté la lluvia contra mi y con ella un placer infinito. Cuando acabó le dije:

Mi amor me ha encantado lo que me has dejado ver, he sentido como si te estuvieras viniendo y me ha excitado mucho. Tanto como para no darme cuenta que me estabas regando.

No me digas eso, que vergüenza.

De vergüenza nada, cariño, me has dado mucho gusto, tanto que es algo que quiero volver a ver.

Yo también me he excitado ha sido como regalarte mi intimidad, darme a ti y eso me ha excitado a mi también. Tienes una facilidad enorme para ponerme caliente. Me encanta.

Cuando ya se iba haciendo la hora de comer nos dirigimos al chiringuito que habíamos dejado atrás. Clara se puso su bikini cuando le dije que íbamos a comer. Por el camino nos dimos otro par de baños de manera que cuando llegamos al chiringuito que estaba en una zona en la que la mayoría de las mujeres llevaban su bañador aunque muchas llevaban las tetas al aire mi hermana llevaba su bikini en modo transparente, verla era mucho más excitante que verla desnuda. El que ella además fuera acompañada de un perro lazarillo y de un tío con la cara deformada hacía que todas las miradas se dirigieran a nosotros.

Una vez más sentí la mirada de la gente, una mirada que venía a decir: como un tío tan espantoso como esta puede ir con una mujer tan bonita como ella. Por primera vez en mi vida no me importó, me dije: lo que me tienen es envidia, envidia a mi, algo que no había yo provocado en mi vida.

Para contribuir a su perplejidad, sentados uno junto al otro como estábamos, besé a Clara media docena de veces, proclamando a quien quisiera entenderlo: esta mujer es mía.

Después de comer volvimos más o menos al sitio anterior y tomamos el sol otro buen rato. Clara hizo algo que no le había visto hacer, cogió de su arnés a Toby y con el sola se metió en el mar. Estuvieron jugando un buen rato. Yo desde la orilla vigilaba atento por si les pasaba algo pero lo que vi fue a una mujer hermosa, con sus carnes al aire disfrutando como si fuera una niña de doce años.

Cada vez que mi hermana se agachaba para jugar con su perro los viandantes masculinos se quedaban petrificados sin poder quitar la vista de las nalgas que Clara les mostraba sin ella saberlo.

Terminamos la jornada y nos volvimos adonde había aparcado el coche, se ve que mucha gente nos había precedido porque de un parking lleno ahora apenas quedaban coches.

Cuando nos metimos en el coche Clara se quitó el bikini y se metió el vestido por la cabeza.

Vámonos a casa, mi amor, llévame a casa que tengo ganas de que estemos solos.

Llegamos a casa, cenamos ligeramente y nos fuimos a la cama. Dormir abrazado a Clara a mi me volvía loco, poder disfrutar de acariciar su nalgas o sus muslos me encantaba. Casi siempre nos acabábamos durmiendo con Clara echada de lado y yo pegado a ella con mi verga colocada entre las nalgas de mi mujer.

Mi mente había interpretado las palabras de Clara con toda claridad y si bien es verdad que en muchas ocasiones sentí la tentación de penetrarla, tan pronto me venía la idea a la mente la abandonaba sabiendo que lo que yo deseaba era algo que mi hermana me iba a dar pero que por la razón que fuera, hasta ahora sus miedos, le impedían entregarme.

Sería el clima, el calor , el sitio pero los días en Ibiza fueron días de constante gozar el uno del otro. No perdíamos ocasión para disfrutar de nuestras caricias y de nuestros besos y los días se nos pasaban en una completa felicidad.

Solo hubo un hecho relevante más a señalar, Clara había descubierto que su ano era una fuente inagotable de placer, yo sin saberlo debía haber dado con su punto G porque las reacciones de mi hermana cuando la acariciaba eran fulminantes y devastadoras.

Como más me gustaba a mi hacerlo era poniendo a Clara en cuatro en el borde de la cama con su culo en pompa ofreciéndomelo. Sus muslos en primer plano y sus tetas colgando me ponían incandescente.

Como ya sabía sus gustos empezaba dándole lengua, paseando mi lengua empezando en su sexo para poco a poco ir subiendo hasta alcanzar el ano. Tan pronto sentía mi lengua en su culo Clara tenía un subidón y se volvía loca pidiéndome que la metiera un dedo.

Tan pronto mi dedo estaba trabajando en el punto en el que le daba más placer ella me pedía otro dedo y luego otro. Lo normal era que acabara con tres dedos clavados en su culo mientras Clara se derretía de placer.

En una ocasión en la que estábamos practicando ese juego que tanto nos gustaba a los dos, me vino a la cabeza una idea perversa que, pensé no contravenía lo hablado con mi hermana.

Saqué mis dedos para volverlos a meter profanando su hueco más secreto, repetí la maniobra varias veces animado por las expresiones de Clara que estaba disfrutando de mi juego, a la tercera o cuarta vez sustituí mis dedos por mi verga, la enfilé al objetivo elegido y sin la menor dificultad me metí en ella. Algo extraño debió sentir porque me dijo:

Que me has hecho, me has metido otro dedo, me tienes llena, me estás matando de gusto.

Con mi verga metida hasta la mitad, antes de darle el empujón final y previendo que su reacción no fuera la que yo deseaba me incliné sobre ella y le dije:

Lo que tienes metido en tu culo no son mis dedos, niña viciosa, lo que tienes metido en tu culo es mi verga. Si te sientes incomoda o molesta me lo dices y me salgo. Y si lo que estás sintiendo es placer me tienes que pedir que te la de toda.

Por dios Miguel métemela toda, entera, lléname el culo con tu verga que me estás dando mucho gusto, métete en mi y lléname la barriga con tu leche.

De un solo empujón la hundí en sus carnes y Clara me correspondió con un gemido de placer.

Mi hombre se está cogiendo mi culo y a mi me está encantando, me tienes presa, ya no puedo figurarme mi vida sin ti, dame duro mi amor que quiero sentir como te vienes, como me das tu leche pero creo que no te voy a poder esperar, me tienes muy arriba y muy caliente. Eres un guarro, cogerte el culo de tu hermana sin avisarla pero me encanta lo que me estás haciendo mi amor, me matas de placer, sigue por dios, sigue dándome.

Tener a mi hermana ante mi espatarrada con su culo abierto para mi placer y con mi verga enterrada en ella era sin lugar a duda lo más excitante que yo había sentido en mi vida, tanto es así que me dominó un deseo irrefrenable de verterme en ella, de darle todo lo que yo le podía dar, y se lo dije:

Me voy a correr, mi amor, me voy a correr.

Dame tu leche que yo también me voy a correr, me voy a correr contigo, cuando sienta tu leche me vas a matar de gusto. Cógeme las tetas cuando te estés corriendo.

Así lo hice y tras unos últimos empujones me vine y por lo que me dijo Clara ella se vino también. Fue nuestro primer polvo y fue una experiencia que no olvidaré en mi vida. Si rico habían sido nuestros juegos y nuestras caricias, esta primera vez fue la que abrió una nueva etapa en nuestra vida.

Al día siguiente nos volvimos a Madrid donde nos esperaban sin nosotros saberlos cambios que iban a afectar al resto de nuestra vida.

PARTE I

2 comentarios:

  1. Me gusta tu gran historia, aunque yo jamas haria eso, pero tengo historia con algunas primas mias

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