miércoles, 18 de mayo de 2016

El secreto de mi madre

Hola, mi nombre no importa, soy de Santiago de Chile, tengo 44 años y mantengo relaciones sexuales con mi madre.

A pesar de haberme casado y haber formado una bonita familia, el amor que mantengo con mi vieja, va mucho más allá de la relación de cualquier hijo con su madre, obviamente oculto bajo la más completa intimidad, que se ha mantenido hasta el día de hoy y creo que lo seguiremos haciendo hasta que podamos. A lo largo de todos estos años, hemos llegado a complementarnos absolutamente en ese aspecto, disfrutando ambos del otro sin ningún tipo de taboo.

Ambos somos muy calientes, yo creo que por genética. Ella siempre tiene ganas y yo igual, por lo que fácilmente sucumbimos al placer carnal. Tan solo ayer, avise a mi mujer que almorzaría en casa de mi madre, como era mi costumbre una o dos veces por semana. Luego de un ligero almuerzo que ya estaba preparado para no perder tiempo, mi madre de 66 años, terminó desnuda, en cuatro patas sobre la cama, recibiendo el semen de su hijo en sus entrañas, algo impensable para muchos, algo habitual para nosotros. 

Todo comenzó hace muchos años atrás. Mi madre fue una mujer muy sacrificada, madre soltera, trabajadora, que me brindó todo el amor y atención que un hijo puede necesitar. En ausencia de padre, ya que de él no tengo ni siquiera mínimos recuerdos, fue ella la que me crió, me educó , la que jugó conmigo, me aconsejo, fue madre y padre a la vez, mi amiga, mi confidente y al fin , mi amante. 

Y no cualquier amante, si no que una muy fogosa y apasionada, que dentro del largo recorrido de mujeres que han pasado por mi vida, incluyendo a mi actual pareja , ella siempre ha estado dentro de las mejores. Es un volcán al momento de hacer el amor y no tenemos reparo en nada, todo está permitido. 

Todo esto surgió de una forma rápida desde que descubrí su secreto y desde ahí me fije en ella como mujer y musa de innumerables pajas. Fue un pacto de amor, entre un hijo virgen de 17 años, enfermo de caliente y una madre, que al preocuparse de lleno por su hijo, había dejado de lado sus necesidades como mujer. Dedicada completamente a su trabajo, no dejó espacio para otros hombres, hasta que llego el día que explotó y fui yo el afortunado de recibir la furia de todos esos años contenidos. 

Una tarde, solo en casa, sin nada que hacer, me acosté en la cama de mi mamá a ver televisión. No encontraba el control de la televisión, y cuando me agache a buscarlo bajo la cama, sin querer veo la punta de un pequeño libro que mi madre ocultaba bajo su colchón. Era un libro viejo, usado, que seguramente había comprado en la tienda que estaba al lado de la panadería donde ella trabajaba. Una tienda donde venden libros usados de todo tipo a un muy bajo precio y donde siempre mi madre, muy adicta a la lectura, había formado una pequeña colección, a los que ahora se sumaban estos. 

Me puse a leerlo y me llevé una tremenda sorpresa al ver que era de alto contenido erótico. 

En un rato ya llevaba varias páginas leídas y mi calentura iba en aumento, por lo que terminé leyéndolo sentado en el baño, masturbándome mientras lo hacía. A mi edad, con pocas amigas y sin internet ( en ese tiempo no había , o no al nivel de ahora), encontrar algo así era una oportunidad que no podía dejar pasar una buena paja, y ya luego de un rato, me descargue, tratando obviamente de no manchar el libro. 

Luego con cuidado, fui a dejarlo al mismo lugar donde lo encontré, pero mayor fue mi sorpresa al levantar el colchón, me encontré 5 libros más del mismo calibre y una especie de mango de goma de unos 25 cms , grueso, que de inmediato me di cuenta que era usado como una verga por mi madre para saciar sus deseos. Era increíble, no podía creer que mi madre leyera eso y más aun que se consolara con esa herramienta de goma. A mi edad y sin haber perdido mi virginidad aun, con las hormonas completamente revolucionadas, el morbo, la curiosidad y la calentura, me llevó a tomar este instrumento y llevármelo a la nariz. Lo olorosé, sabiendo que esa herramienta había estado en el interior de mi madre. Una calentura increíble me invadió por completo y terminé nuevamente masturbándome olorozándo , incluso saboreando ese trozo de goma, sabiendo perfectamente donde había estado, imaginándome el coño de mi madre y a ella masturbándose, lo que me hizo acabar nuevamente, a pesar de haberme descargado un poco antes. 

De ahí en adelante, mi relación con ella cambió rotundamente. Me fije mucho más en su cuerpo, y a pesar de no ser una mujer atractiva, para mi comenzó a ser una fuente de excitación a diario, alimentando mis más íntimos deseos. Mi madre era una mujer bastante normal, no muy alta, algo gordita, tetas grandes, culo gordo, tez morena , no muy preocupada de su pelo, siempre corto, o de su forma de vestir. Trabajaba en una panadería, no ganaba mucho, pocas amigas casi sin vida social. 

Al vivir solos en casa, para mí no era nada de extraño verla desnuda, millones de veces la había visto, tantas como ella a mí. Conocía perfectamente su cuerpo ya que ella no tenía ningún problema de desvestirse o ducharse delante de mí, dejar la puerta abierta del baño, etc. claro, para ella yo era aun su niño, sin embargo ya ahora mis ojos la miraban de otra manera, como la alternativa de perder mi virginidad y de paso ayudarla en su soledad. Sus tetas gordas o su peludo coño lo veía varias veces en la semana, cuando se cambiaba ropa o se ponía su pijama y luego de ese secreto, me preocupaba de verlos más seguido. Tampoco era raro que durmiéramos juntos, en especial en invierno, donde ella siendo tan friolenta, me pedía que durmiese con ella para darle calor. 

Esa misma noche, luego de apagar todas las luces de la casa e irnos a acostar, me levanté y permanecí afuera de su ventana, que me había preocupado de dejar un poco corrida la cortina para poder espiarla, oculto en la oscuridad del patio, espiando a mi madre por mucho rato, solo con su lámpara de noche encendida, sacó el libro debajo de su cama, y luego de un rato de lectura, sacó esa extraña pieza de goma que tenía bajo su colchón, el que metió dentro de su cama. Oculto en la oscuridad de nuestro patio, solo veía su rostro de mi madre, ya que toda la actividad pasaba bajo las sábanas, pero era imposible no darse cuenta que se estaba masturbando, al igual que su voyerista hijo. Al cabo de un rato, ya satisfecha, volvió a colocar a su amigo de goma bajo el colchón y apagó la luz. 

Al otro día, como siempre mi madre salía más temprano que yo de la casa, y apenas se marchó, me fui a su cuarto y saqué su juguete. Me lo lleve a la nariz, sintiendo un olor especial, mucho más notorio, que de inmediato me calentó y me lo lleve a la boca, saboreando los fluidos de mi madre, masturbándome en la misma cama con ese objeto en mi nariz. Mi espionaje se repitió por varios días, a veces con suerte, otras veces no , cuando no se motivaba o cuando apagaba la luz para hacerlo, pero gozaba igual masturbándome, imaginándome a mi madre tan solo unos metros más allá disfrutando de esa verga falsa. No me importaba estar en el frio, de pie en la oscuridad, atento a lo que pasaba en su cuarto, siempre preocupándome antes que las cortinas quedasen un poco abiertas para cumplir mi objetivo. Incluso cuando apagaba la luz y no podía ver, me arriesgaba a apoyar mi oído en el vidrio y escuchar unos leves gemidos de placer. 

Una noche vimos una película en su cama y dormimos juntos. Como siempre me hacia abrazarla por atrás y yo dormía con mis manos en sus tetas, nada del otro mundo para nosotros. Pero esa noche fue distinto, ya que a pesar de que siempre se las toque, esa noche obviamente me daban ganas de apretárselas y solo muy disimuladamente lo hice. Claro que mi verga nuevamente me traiciono y se levantó en todo su esplendor contra el culo de mi madre, que no dijo nada, pero que sin duda lo noto 

Ya mi madre se había convertido en una verdadera obsesión para mi, a cada rato la abrazaba y me frotaba con ella, cada vez que podía, mi verga tenía que estar en contacto con alguna parte de su cuerpo, siempre de forma casual, o como cariño, pero deseándola cada vez más, llegando a olorozar sus calzones sucios, masturbándome con ellos, hasta que una tarde, en que ella se estaba duchando, cometí aun locura. Me desnudé y me metí a la ducha con ella. Se rió al verme, ya que hace mucho que no lo hacía pero no le tomo mayor asunto. Ambos desnudos bajo el agua caliente y le comencé a jabonar la espalda, las tetas y luego me animé a enjabonarle luego su culo. Para ella era algo completamente cotidiano, pero ahí mi virilidad me traiciono y se me paró mientras lo hacía. Mi madre se dio cuenta, pero lo tomo a la risa, incluso en ese estado riéndose, me lo tomó y me lo enjabonó, pensando que era algo natural, no porque su hijo se hubiese excitado con ella, si no que algo natural del ser humano. Ella no hizo mayor comentario al respecto, incluso me lo enjabono, pero como si fuese lo más natural del mundo alabando mi tamaño, siempre riéndose, me decía que estaba muy bien dotado, que de seguro haría feliz a mi novia cuando la tuviera, luego de un corto toqueteo, se enjuagaba y se salía, dejándome a mi duchándome obviamente masturbándome recordando su cuerpo y las frescas caricias de su mano sobre mi verga. 

Estábamos metidos en una teleserie que daban todas las noches y con excusa de no querer irme a mi fría cama, dormía más frecuentemente con ella. Abrazándola por detrás, ya con la tele apagada, ya listos para dormir, acariciando siempre sus tetas, apegándole mi verga erecta, hasta que una noche, sin siquiera moverme, solo estar imaginándome, no aguante y eyaculé. Me dio vergüenza, pero me hice el dormido. Al rato siento que mi madre se lleva su mano atrás, tocándose el culo y se encuentra con su ropa mojada, sabiendo perfectamente lo que había pasado. Tampoco me hizo ningún comentario nunca. 

Pero la próxima vez que nos duchamos juntos, yo enjabonando sus tetas con mi verga topando sus nalgas, mi erección se hizo presente nuevamente. Esta vez ya no se rió, se quedó callada, quizás dándose cuenta de lo que estaba pasando. Me dijo que le llamaba la atención que se me hubiese parado las tres veces que me había duchado con ella, diciéndome que a lo mejor no era conveniente que me bañara con ella si me ponía así. 

No sé donde se me ocurrió decirle que al igual que ella, yo también tenía necesidades. Se sorprendió con mi respuesta y cuando le confesé que había pillado las cosas que guardaba bajo el colchón, ingenuamente pensé que se entregaría a mí apasionadamente y haríamos el amor bajo el agua, pero muy por el contrario quedó la grande, se enfureció y me grito diciéndome que no tenía porque meterme en sus cosas y de inmediato se salió de la ducha, muy molesta pero a la vez molesta avergonzada. 

Pasaron dos días y casi ni hablamos. El instrumento y los libros desaparecieron de debajo de su colchón. No se tocó el tema, pero el ambiente estaba muy tenso, ambos muy avergonzados nos evitábamos lo más que podíamos , hasta que una noche, yo solo en mi cuarto, triste, pensando en la estupidez que había hecho, entra mi madre en mi cuarto y me dice que teníamos que hablar. Se sentó al lado de mi cama y me dijo que era muy difícil para ella tocar el tema, que a pesar de la confianza que teníamos, se sentía avergonzada por lo que había sucedido. Estaba muy incómoda, sentía vergüenza hablar de eso conmigo y prefirió apagar la luz para no verme directo a la cara y se recostó a mi lado a conversar en la oscuridad. Me dijo que la perdonara por su reacción, y por lo que había encontrado. Que efectivamente ella como mujer tenía necesidades y que al no tener pareja hace tantos años, era la única forma de cubrir. 

Por otro lado, entendía que yo ya no era un niño, que mis hormonas estaban revolucionadas, que quizás ella tenía la culpa de no guardar un poco de reserva al mostrarse tan desnuda ante mí. Me pidió disculpas muy triste, obviamente le dije que a mí me tenía que disculpar por meterme en sus cosas, que no lo volvería hacer. Conversamos muchas cosas, en la penumbra de mi cuarto. De la falta de un padre en la casa, como habíamos tenido que arreglarnos nosotros dos, de su falta de parejas, de mi adolescencia, que tenía que cuidarme etc. Nos acurrucamos para dormir en mi cama, como siempre ella me da la espalda y yo la abrazo por detrás. Pero de tanto hablar de sexo, y sentir sus nalgas heladas apegadas a mis piernas, me fueron calentando irremediablemente y a pesar que no quería hacerlo, mi verga al poco rato estaba erecta, apoyada contra el culo de mamá. Ambos estábamos incómodos callados, hasta que mi mamá. Rompió el hielo, riéndose, diciéndome que me diera vuelta, que con semejante cosa en su culo, no la dejaría dormir. 

Nos acomodamos nuevamente, ahora yo dándole la espalda a ella, y ella abrazándome por detrás. Mi verga se mantenía igual, mas aun con el brazo de mamá sobre mi y su mano acariciándome el estómago. Estaba muy nervioso y excitado. Sentía esa mano en mi vientre acariciándome, muy cerca de mi verga que a gritos pedía una caricia, tan solo una caricia. Fantasee imaginando que su mano bajaba más, que se encontraba con mi dureza y me masturbaba, pero eran solo fantasías. Me moví un poco hacia arriba y su mano quedó más cerca aun. Vamos madre, que te cuesta, baja solo un poco más la mano, pensaba en mi interior, solo con sentir su mano rozarme un poco era todo lo que pedía, fantaseaba, hasta que sorpresivamente, la mano de mi madre en una de sus caricias, bajó un poco más y roso la punta de mi verga, aun dentro de mi ropa. La volvió a subir de inmediato, sabiendo lo que había tocado, pero al rato, lo volvió hacer en dos oportunidades y ya en la tercera la dejó abajo, donde ni siquiera sus dedos, sino que solo un pequeño costado de su mano se mantuvo en contacto con mi bulto dentro de mi pijama . 

No la movió, la dejo ahí completamente quieta. Era todo lo que necesitaba, ya solo pensaba en mi verga en contacto con su mano, solo pensando en donde tenía la mano mi madre, fue suficiente para poder excitarme aun más y comenzar a acabar muy silenciosamente, echando todo el semen en mi ropa. Eran sensaciones encontradas , por un lado me daba vergüenza por lo que había hecho, si es que ella se daba cuenta , por otra una sensación de alivio y la tercera una llamada de atención a mi madre para hacerle saber cómo me tenía. 

Con solo un suspiro, y al poco rato ya estaba dormido. Mi madre no retiro la mano en toda la noche, la sentía pegada a mi espalda y su mano, incluso quizás un poco más abajo, pero siempre ahí. A la otra noche, nuevamente pasó lo mismo y la subsiguiente, claro que me demoraba mas en acabar, disfrutando del leve contacto. Quizás fui un poco más evidente, era imposible que ella no notara lo que estaba pasando, ya que la gran cantidad de semen que botaba, traspasaba mi pijama, hasta que la noche siguiente, algo cambió. Esperaba con ansias ese momento de intimidad, primero apegado a su espalda levantando carpa , luego me doy vuelta, cuando mi madre, abrazándome por detrás como siempre comienza a acariciarme, hasta que su mano entra en contacto con mi verga. Apenas empecé a mover mi verga, su mano bajo abierta, colocándola directamente sobre mi verga erecta, aun dentro de mi pijama. No lo podía creer, la mano de mi madre ahí, sabiendo como estaba. La dejo quieta por un buen rato, pero aunque no quería moverme, mi verga, con vida propia, se movió un par de veces, hasta que mi madre apiadándose de su hijo, me lo comienza a acariciar, muy suavemente por sobre la tela, ayudando que su hijo sintiese mas placer aun. Obviamente fue increíble, sentir su mano tocándome, dure más rato y luego mis movimientos de verga fueron mucho más evidentes. Como a los 10 o 15 minutos de sus suaves caricias, ya no aguanté más y eyacule. Mi madre se dio cuenta, pero no dijo nada, me la acaricio solo unos minutos más. Al parecer se seco la mano con la sabana, y sin moverse de atrás mío, me siguió abrazando, pero ahora con su mano en mi vientre. 

Al otro día actuamos como si nada hubiese pasado, todo tan normal como siempre, pero en la noche , luego de apagar la luz y acomodarnos para dormir, yo dándole la espalda, se volvió a repetir lo mismo , claro que esta vez la caricia fue de su mano fue menos disimulada y más rica, y así la noche subsiguiente. Era un pacto secreto, ambos sabíamos lo que pasaba cuando le daba la espalda, pero ninguno de los dos decía nada. Siempre callados, por sobre la tela de mi pijama, todo muy suave, casi con cariño, sin emitir ningún comentario al respecto. Pero la cuarta noche, cuando ya nos encontrábamos en lo mismo, yo con más ganas que nunca, en medio de las suaves caricias de mi madre, me doy vuelta, ella queda de espaldas y le coloco una mano en una teta. Se la comencé acariciar suavemente, sintiendo su pezón duro, sin que me dijera nada. 

En la oscuridad del cuarto, muy excitado, tocándole la teta a mi madre, le apoyaba mi verga apoyada contra su muslo, me apegue mas a ella, me masturbe haciendo que mi verga apegada a su cuerpo moviéndose lentamente, por un largo rato, hasta que no aguántate mas y me descargue, quedando con mi mano en su teta, ocultando mi agitada respiración. Era más que evidente lo que pasaba, estaba usando a mi madre para acabar todas las noches, pero ella , nada decía 

Al otro día, en nuestra rutina diaria, ambos actuábamos como si nada hubiese pasado, aunque por ambos lados nuestra relación mejoró mucho. Yo la ayudaba mas con los quehaceres de la casa, iba a comprar sin reclamar, mantenía mi cuarto ordenado, todo por lo que siempre discutíamos. Pero a la vez, me fijaba más en su cuerpo, la abrazaba más seguido, estábamos más cariñosos, y al menos por mi parte, ansioso siempre de que llegara la noche. Acostados en su cama, anheloso de que terminara la teleserie, para apagar la luz y sentir sus suaves caricias. 

Al fin terminaba la telenovela, apagamos la Tv y al poco rato, mi madre abrazándome por detrás, se encontraba como todas las noches, con la verga de su hijo ansiosa de ser acariciada. Lo hizo como siempre, comenzaba acariciándome el vientre y bajaba de apoco, todo muy suavemente, hasta que me la ponía sobre mi verga. Igual que la noche anterior, al poco rato me di vuelta y me apegue a su cuerpo con mi mano sobre su teta, apretándosela muy suavemente. Sentía delicioso el contacto con mi verga contra su muslo y tener su teta en mi mano, cuando sorpresivamente, al poco rato, se baja ella misma un poco su camisa de dormir, dejando al aire una de sus tetas. Con esa divina señal de aprobación, mas me pegue a ella y con más ganas se la toque sintiendo su pezón duro en mi mano, hasta que en un momento, mi madre, susurrando muy despacio, me pide que se la chupe. 

No podía creer lo que había escuchado, mi madre pidiéndome que le bese una teta. No lo dudé ni un segundo, y de inmediato me apoye en mi brazo y lleve mi boca a su pecho, chupándoselo suavemente, succionando el pezón de mi madre. Al poco rato, mi madre respiraba mas agitadamente, pero no se movía, solo tendida de espalda con su teta al aire , mientras su hijo se la chupaba y acariciaba su vientre. 

Al cabo de un rato, mi madre respiraba muy hondo, tratando de aguantar sus gemidos, mientras yo, viendo como estaba reaccionado, me apegue mas a ella , la apretaba mas fuerte apoyándome con más fuerza contra su cuerpo, hasta que con la misma mano que acariciaba su vientre , la lleve más abajo y le acaricie el coño por sobre la tela. De inmediato su mano se fue contra la mía y la retiro bruscamente, pero al hacerlo se le escapo un gemido que no pudo ocultar. Lo volví hacer, nuevamente mi mano en su calzón y su mano sacándomela de ahí, moviéndose un poco como queriendo escapar, pero yo ya estaba casi encima de ella chupándole embelesado la teta, cuando con un tercer intento, mi mano sobre su sexo por sobre la tela, la suya fue sobre la mía, pero no me la pudo retirar, la deje ahí tocándola fuertemente y a pesar que me decía que no, no lucho mucho por sacarla, dejándose tocar. 

No dure ni dos minutos con la mano en la concha de mi madre y eyacule deliciosamente, sin ocultar mi deseo frotándome contra su muslo, sin disimular y sin dejar de tocarla por sobre la tela de su calzón. Recién ahí mi madre se soltó y se levantó en la oscuridad metiéndose al baño. Quede impactado con lo que había pasado, ni en el mejor de mis sueño había disfrutado tanto, aunque temeroso de la reacción de ella. Mi madre permaneció unos 10 minutos en el baño, sentí el agua correr y luego salió, pero en vez de acostarse a mi lado, se fue a dormir a mi cuarto. 

Al otro día, se levanto como siempre temprano antes que yo y se fue a la panadería. En la tarde se notaba un poco tenso nuestro actuar, no tocábamos el tema, pero sabíamos muy bien lo que había pasado. Solo antes de irse acostar, entra a mi cuarto y me dice que me quede ahí, que no me vaya a meter a su cama nunca más. 

No dije nada, solo asentí con la cabeza, sabiendo que habíamos traspasado los límites. Dos días y sus noches pasaron y a pesar que conversábamos tratando de hacer como si nada hubiese pasado, estaba tenso el ambiente. Llegando la hora de acostarse, mi madre entraba al cuarto y ponía llave a la puerta, clara señal que no quería nada conmigo y que las cosas ya se habían salido de control y que esto debía terminar ahora. 

Pasó una semana, yo ya no entraba a su cuarto de noche, veía en mi cuarto la teleserie nocturna y la comentábamos al otro día a la hora de almuerzo. Extrañaba verla con ella, y claro, mucho más sus caricias nocturnas. Fui un estúpido al pensar que algo sexual podría pasar entre nosotros. Mi calentura había bajado, era más tristeza al pensar en mi madre seguramente sufriendo por lo que me había ocasionado y por el pecado que habíamos cometido. 

Esa noche terminé de ver la novela, apague el televisor y me acomodé para quedarme dormido. Pasado una media hora, estaba a punto de quedarme dormido, cuando la puerta de mi cuarto se abre lentamente. Con los ojos casi sin abrir, vislumbré la imagen de mi madre en la puerta, mirándome. Se quedó de pie sin hacer nada, solo mirando hacia mi cama. Me desperté asustado y le pregunté que le pasaba. Mirándome fijamente, camina a mi cama, se mete a mi lado, y solo me dice – Abrázame. – 

La abracé, sin saber que le pasaba, ella me abraza fuertemente por un rato y hasta que pasa la pierna sobre mi cuerpo, haciéndome cariño en la cabeza, y luego se sube por completo, besándome el cuello. No sabía qué hacer, como reaccionar, que estaba pasando. La abracé y comencé a sentir delicioso los besos en mi cuello. Me estaba calentando y solo la apretaba más, hasta que escucho en mi oído, muy suavemente - tócame - . 

Aun sin saber si estaba despierto o soñando, bajé mis manos hasta su culo y se lo apreté fuertemente. Ya mi verga dura, sentía como mi madre se restregaba con ella gimiendo en mi oído, diciéndome - Ya no puedo más -. 

Besándome el cuello, movió su cara y me beso en los labios. Ya no teníamos nada que ocultar, las cartas estaban sobre la mesa y él deseo nos consumía. Le levanté la camisa y acaricié directamente sus nalgas, metiéndoselas dentro del calzón tocándole por primera vez el culo por completo, apretándoselo con deseo. Mi madre también me deseaba y ya no había podido luchar más contra sus instintos. Se sentó sobré mi y se sacó la camisa de dormir por la cabeza, dejando sus tetas al aire donde rápidamente fueron alcanzadas por mis manos y apretadas con frenesí. Luego se abalanzó sobre mí y me las colocó en la cara donde se las chupé con todas mis ganas. 

Después de 17 años, mis labios y sus pechos se volvían a reencontrar, incluso ella misma se las agarraba y me las colocaba en la boca, alternando de una a otra. Al fin tenía las tetas de mi mama para mí, se las chupaba con todas mis ganas, apretándoselas, metiendo mi cabeza entre ellas. Se colocó al lado y me saco mi pijama rápidamente y sin darme cuenta, tenía a mi madre arrodillada a mi lado metiéndose mi verga en su boca, dándome la primera mamada de mi vida. No fueron más de dos minutos de sentir esa rica sensación de ser mamado, cuando rápidamente ella se saca sus calzones, quedando completamente desnuda y se monta sobre mí. Me toma la verga, se la coloca en su concha y baja, enterrándosela completamente. 

Sentí como mi verga entraba en esa húmeda parte del cuerpo de mi madre y se esfumaba mi virginidad. Al fin estaba dentro del cuerpo de una mujer, que deliciosa sensación. MI madre con la cabeza hacia atrás miraba el techo, moviéndose rápidamente de adelante hacia atrás disfrutando, mientras yo de espalda, apretándole el culo experimentaba la divina sensación de tener una mujer desnuda sobre mí. Que delicia sentir como mi verga era fuertemente succionada por su concha, como me hacía sentir. No sabía qué hacer, si apretarle el culo o apretarle las tetas , todo lo quería hacer, quería que ese momento fuese eterno y no acabara jamás. 

Se abalanzó sobre mí, y nos besamos apasionadamente mientras mis manos en ningún momento dejaban de tocar su enorme culo. La coloque de espaldas y ella con las piernas abiertas me alojó entre ellas. Se la metí nuevamente hasta el fondo, aferrado a sus carnosas nalgas, moviéndome una y otra vez, sintiéndome todo un hombre, follándome a mi madre. Ella gemía y gemía cosa que mas me calentaba. Tuve que sacarla dos o tres veces, porque si no me iba a venir. Tantas veces que había practicado en mi mente y en mi mano hacer un buen papel de amante, y ahora me traicionaban mis deseos. Era demasiado rico tener la verga dentro una concha, completamente distinto a mi mano. Por más que luche en durar mucho rato, el cuerpo y lo quejidos de mi madre, eran demasiado para mí y en un momento que le estaba dando con todo, no pude aguantarme más y acabé dentro de ella. Pero ella no se dio cuenta, porque seguí y seguí dándole con todas mis fuerzas, ahora disfrutando de escucharla a ella gemir como loca, hasta que comenzó a decirme - ¡Dale , dale , no pares! – una y otra vez, sabiendo que la haría acabar, no me detuve y continué metiéndole con fuerza, toda mi verga hasta el fondo, cuando comienza a mover su cabeza de lado a lado, lanzando unos fuertes alaridos de placer, diciéndome que estaba acabando, restregando su concha fuertemente contra mi cuerpo, apoyando sus pies en la cama y levantando su pelvis para que el contacto fuera mayor, apretándome el culo, sin dejar de quejarse. 

No fue un encuentro muy largo, diez minutos con suerte, pero si muy intenso y que nos abrió una puerta al placer indescriptible, que por años, hasta el día de hoy se mantiene. 

Desnudos, madre e hijo en la cama, se besaban con amor tocando sus cuerpos con cariño y deseo. Nos mas allá de 20 minutos, luego de tantas caricias y una mujer desnuda a mi lado, nuevamente mi juvenil verga estaba dentro de mi madre, con ella abajo, con sus piernas abiertas, dejando que su hijo se aprovechara de ella. Esta vez el encuentro fue más largo, disfruté mucho más. Ambos ya más calmados, nos dedicamos a descubrir el cuerpo del otro. Por mi parte le chupé las tetas por un buen rato, metiéndole los dedos en su concha, sintiendo cada uno de sus pliegues, su mucosidad, acariciándole los pelos, mientras ella no dejaba de tocarme la verga suavemente. Luego le pedí que me la chupara nuevamente, donde no tuvo ningún reparo en hacerlo, al contrario, lo deseaba con todo su ser. Acostado de espaldas y mi madre entre mis piernas, recibí mi segunda mamada mucho más larga que la anterior, escuchando a mi madre decirme lo mucho que deseaba hacerlo, acariciándome y chupándome los huevos, sin dejar de tocármela ni un solo minuto. Se sentía delicioso, pero quería follar de nuevo. 

La acosté de espaldas y volviendo a chuparle las tetas, me metí entre sus piernas y rápidamente ya estaba dentro de ella, perforándola una y otra vez , con todas mis ganas , apretándole el culo con todo descaro. Terminó sentada sobre mí, enterrándose mi verga por completo. Esta vez estuve bien, aguanté sin problemas por un buen rato, disfrutando del cuerpo desnudo de mi progenitora sobre mí, solo que cuando ella estaba lista para acabar , se movía mucho mas , sentía como que me apretaba la verga con su coño y para qué decir de sus gemidos, se volvía loca y comenzaba a pedirme mas y mas. Tan solo con escucharla me hacía perder mi concentración y me daban ganas de acabar, pero haciendo mi mejor esfuerzo, cruzando mis pies para poder aguantarme, pero aguanté a duras penas, mientras mi madre se movía con furia disfrutando de mi verga, hasta que al fin escuche -¡Ahora, ahora dale!– de mi madre, pudiendo descargarme dentro de ella gimiendo de placer. Que delicia poder acabar dentro de una mujer, que placer más exquisito, 1000 veces mejor de lo que yo pensaba. 

Dormimos abrazados, ambos desnudos, ahora mi madre dándome la espalda sin problemas disfrutando las caricias que yo le hacía en su culo y tetas. Rendido, ni sentí cuando se fue a trabajar y ya no la vi hasta la hora de almuerzo. 

Actuamos de manera normal, almorzamos como siempre rápidamente. Ella siempre dejaba los platos sucios para lavarlos cuando regresaba, y reposar acostada 15 minutos solamente para arreglarse y volver a la panadería. No había tiempo, ella tenía que volver a trabajar, pero ansioso esperaba volvérmela a follar, así que apenas se recostó en su cama, me acosté sobre ella y comencé a tocarla. – ¡ Que haces! , ¡no puedo! – me decía, - a la noche con más tiempo - , mientras yo besaba su cuello tratando de calentarla. No me costó mucho, le gustaban mucho esas nuevas caricias, y cuando intenté sacarle los calzones, ya no puso ninguna resistencia y terminó nuevamente con las piernas abiertas, alojando entre ellas, la verga de su caliente hijo. Su pequeña siesta se transformó en una pequeña follada. Solo con las piernas abiertas, gozando y abrazando a su hijo, dejó que este acabara dentro suyo, cuando ya la hora de partir había llegado. Me dio un beso en la boca y se marcho diciéndome, ¡ me debes una! … 

Que increíble lo que estaba pasando. Toda la tarde caliente, pensando en tener nuevamente a mi madre desnuda para poder follármela, pensando en todo lo que le haría, sentir mi verga en su boca, ufff la hora no pasaba nunca, hasta que al fin ya fueron las 7 de la tarde, hora en que mi madre llegaba a la casa. 

No podía esperar hasta la noche, la necesitaba ahora. Después de saludarme, como acostumbraba, entro a su cuarto a cambiarse ropa y calculando el momento, entro al cuarto justo cuando se sacaba la falda. Me acerco a ella y la abrazo. Ella también lo hace y dándonos un beso en la boca, comenzamos de inmediato a calentarnos. Mis manos bajaron hasta su culo, apretándole las nalgas y apegándolas a mí, mientras ella acariciaba mi pecho. Se sacó la blusa y me hizo desabrocharle el sostén. Tan solo con verle sus tetas al aire, de inmediato bajé a chupárselas, mientras ella desabrochaba mi pantalón. 

Se acostó en la cama solo con calzones, mientras yo rápidamente me saque todo. Desnudo a su lado, lo único que quería hacer era metérsela, pero ella me detenía y me decía que tenía que hacerlo más lento, que no me apurara, que teníamos todo el tiempo del mundo. Me deleite chupándole las tetas por un buen rato, besando su cuello, ahora con la luz encendida podía ver perfectamente la desnudez del cuerpo de mi madre, sus tetas grandes de pezones oscuros divinos, solo para mí. Siguiendo sus instrucciones se los chupaba más suave o más despacio, alternando entre una y otra. – Colócamela entre las tetas - me dijo tranquilamente, y obedeciéndola me subí sobre su cuerpo, colocándole mi verga entre sus pechos, donde ella misma comenzó a masajeármela con ellas, mirándome detenidamente mi desnudez. – ¿te gustan mis tetas? - , - me encantan mamá - , - que cosa más rica tienes , ¿quieres que le de un beso? – , ohhh si - … 

Subí un poco más y agarrándome la verga con la mano se la acerque a su cara. Mi madre acercó su boca a mi verga y me dio pequeños besos, luego sacó su lengua pasándomela por donde yo se la colocaba y luego abrió la boca y me la comenzó a chupar deliciosamente. Me quedé en esa posición viendo la boca de mi madre engullirse mi verga, muy suavemente una y otra vez. Me tocaba yo mismo masturbándome, con la boca de mi madre en la punta de mi verga, que sensación más deliciosa. 

Duramos así un buen rato, mi madre disfrutaba al máximo el sabor de mi verga en su boca, hasta que casi sin sacarla, me dice – sácame los calzones – 

Arrodillado a los pies de la cama, le sacó su última prenda de vestir y mi madre queda con las piernas abiertas, mostrándome toda su peluda y exquisita concha, expuesta como nunca antes la había visto, quedando atónito con lo que veía. - ¿te gusta lo que ves? - , me preguntó y aun con la boca abierta solo moví la cabeza asintiendo, - tócamela- , y sin dudar lo hice, pero al parecer fui muy brusco, - no, así no, más suave, primero por fuera, suavemente .. -. Como un soldado seguía las instrucciones de mi madre que me estaba enseñando a cómo tratar a una mujer. Le acaricié sus pelos, el interior de sus piernas, pasándole la mano extendida por sobre sus labios, mientras mi madre con sus piernas abiertas, ronroneaba disfrutando de mis caricias. Con ambas manos entre sus piernas, sin perder detalle de cada uno de sus pliegues, descubriendo algo que solo había estado en mis mejores fantasías, abrí un poco sus gruesos labios vaginales, donde aparece un canalillo rosado, lubricado el que mi madre mueve una y otra vez. Hipnotizado por lo que veía, comencé a pasarle un dedo por ahí, sintiendo que eso le gustaba a ella, y continué asiéndolo sin perder detalle de sus movimientos, hasta que extasiada me pregunta - ¿ te atreves a darme un beso ahí ? - .. no me lo tuvo que repetir, había escuchado de eso en chistes eróticos y conversaciones con mis amigos , me moría de ganas de hacerlo y escuchándola directamente pidiéndomelo, lo hice. Sentí su olor apenas me acerque a su zona genital y le metí la lengua, sacándole un fuerte gemido de placer. Me encantó hacerlo era morboso, exquisito, el sabor no me desagrado par nada , al contrario, me encantó y comencé a comerle el coño a mi madre embelesado, sintiendo sus pelos acariciarme la cara, mientras ella se quejaba mas y mas , calentándose al máximo pidiéndome mas y mas lengua. 

Estaba en el paraíso haciendo según yo mi mejor trabajo, complaciendo a esta madura mujer que no dejaba de gemir, hasta que en un instante, me la quita de la boca y se coloca al lado, diciéndome que casi la hago acabar. Me hizo colocarme de espaldas en la cama y volvió a chupármela, para luego sentarse arriba mío, meterse ella misma mi verga y comenzar a moverse despacio, rítmicamente, mientras yo acariciaba sus pechos. Estuvo disfrutando un buen rato, suave, diciéndome que me aguantara y que si me daban ganas de acabar, que le dijera, para cambiar de posición. Le confesé lo mucho que me excitaba tenerla sentada sobre mí, ver sus pechos moviéndose, sus pelos, todo me gustaba. – Quiero enseñarte todo mi amor, que seas un buen amante - , me decía mirándome a los ojos y acariciándose sus pechos. Noté que se excitaba mas cuando hablaba .. -la tienes dura- , - exquisita mi amor, toda para mamá - me decía dentro de otras cosas. – me gusta tu cuerpo mami - , - ¿Qué te gusta? Dímelo , todo, tu culo , tus tetas , me gustó chuparte ahí , - ohhh mi rey me encanto tu lengua ahí , que cosa más rica ¡ , cuando quieras mamá - , si mi rey , vamos a culiar mucho, mucho , no sabes cómo necesitaba a alguien como tú , mamita te va enseñar todo, mi rey - 

Mi madre estaba caliente, muy caliente, se sentía deseada, toda una hembra. Disfrutaba ver cómo me ponía, como no podía dejar de tocarla. En un momento se suelta y se coloca en cuatro patas sobre la cama, pidiéndome que la follara así. Me paré a los pies de la cama, con mi madre en pompa, su hermoso trasero ahí, a mi completa disposición. La tome de las caderas y se lo mande a guardar todo, dándole y dándole con todo, mientras ella gemía como loca disfrutando ser follada como un animal. Más adelante pasó hacer una pose habitual que a ambos nos encantaba, incluso vía anal. Madre e hijo desnudos, entregándose al placer, ya sin nada que ocultar. 

Pasó una semana y no parábamos de follar. Todos los días terminábamos desnudos tocándonos, chupándonos, disfrutando del placer de la carne. La teleserie que veíamos , ya no la vimos mas, perdimos el hilo, preferíamos hacer nuestra propia teleserie. A las dos semanas, ella misma me pidió que se la metiera por el culo, cosa que siempre había querido y nunca había hecho. 

El tiempo continuó su paso, tuve varias novias con las que practique todo lo que mi madre me había enseñado, pero a pesar de eso mis relaciones con ella nunca cesaron. Había veces que volvía a la casa tarde en la noche, después de una fiesta, con algunos tragos encima. Mi madre dormía. Me metía a su cama y a pesar de estar durmiendo, se despertaba para follar sin problemas. Otras veces venia yo de algún motel, cansado de follar, llegaba a mi cuarto y al poco rato aparecía mi madre buscando un poco de cariño, donde volvía a follar. 

MI madre nunca rehízo su vida, nunca tubo pareja, al menos que yo supiera, pero verga , jamás le falto ….

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