sábado, 9 de abril de 2016

Venganza y sexo en la selva

Podría decirse que yo siempre había sido un alma aventurera, como solía decir mi madre mientras se reía, un culo inquieto, siempre ansiosa por descubrir nuevas culturas, nuevas raza, nuevos países, y jamás había tenido problemas viajando sola, curiosamente lo que me ocurrió fue viajando acompañada, pero ya sabéis lo que dicen, mejor sola que mal acompañada, en mi caso no pudo ser más cierto.

Para entender mí odisea es necesario remontarnos a mis tiempos de instituto, yo era una chica alta, morena, desarrollé pronto y me convertí en una mujer con poder, el poder que da un cuerpo hermoso, naturalmente, todos los chicos del instituto, feromonas andantes, se sintieron atraídos por mí, algo que yo aproveché, primero para conseguir lo que quería, y después para satisfacer mis deseos sexuales al venir una pubertad en la que descubrí el placer del sexo adulto.

Entre esos chicos había de todo, guapos, menos guapos, altos, bajos, rubios o morenos… y luego estaba Raúl, Raúl era el ser más pringao del instituto, un paria que si, era muy listo, pero su físico y su bondad le habían condenado a una soledad casi perpetua, yo y mi grupo de amigos, de ambos sexos, le hacíamos la vida imposible. ¿Por qué? No se la razón exacta, quizás por poder, porque queríamos esconder nuestras inseguridades por medio del bullyn.

A Raúl le hicimos mil perrerías, ponerle pegamento, ketchup, mostaza y otras sustancias en la silla, que acababan en sus pantalones, hasta darle mis amigos palizas que, de haber existido móviles en ese tiempo, hubieran acabado en Internet.

Después del instituto me fui a la universidad y me doctoré en historia del arte, especializándome en cultura indígena, una de mis pasiones, me olvidé del tonto de Raúl.

Para poneros al corriente de mi vida sexual, porque esta historia va de eso, a los quince años ya tenía mucho recorrido, nunca tuve novio formal, pero era porque no lo necesitaba, en la universidad muchos favores fueron pagados con sexo, algunos profesores no duraron en ponerme matricula de honor en la cama y en los exámenes, como ya he dicho, mi cuerpo me daba un poder que yo no dudaba en utilizar.

Hace como dos años, viajé a África, yo trabajaba, y trabajo, en una revista de geografía y cultura, de esas tipo National Geografic, pero menos famosa y con menos dinero, yo misma me pago los viajes y escribo un reportaje cuando creo que algo es interesante y cuando puedo o quiero, nadie me mete presión en eso, de haberlo hecho seguramente me hubieran rescatado de las constantes violaciones que estaba sufriendo, aun yo entregándome a ese placer.

Como iba diciendo, me puse rumbo a África, mi objetivo era estudiar una raza que vivía en lo profundo del Congo, llamada Naduli, esta raza era lo más parecido al neandertal, sin tecnología, sin caprichos y sin ropa, como supondréis no era aconsejable que una mujer viajase sola por un país como ese, así que yo siempre que había pisado ese continente lo había hecho acompañada de un guía, esta vez el guía, al cual no conocía, me esperaba a una hora pactada a la salida de mi hotel, en Costa de Marfil.

Nada más llegar al hotel un joven de color muy negro, alto pero musculoso, me pidió las maletas, era tan simpático que yo se las entregué como hipnotizada, caminé tras él fijándome en su trasero y pensando en si su servicio incluía también el divertir a las clientas.

Cuando llegamos a la habitación y dejó mis maletas, le pregunté su nombre, me dijo que se llamaba Muguto, hablamos, pero se fue en seguidas, yo entré y miré mi reloj, no tenía tiempo de hacerme un dedo pensando en ese adonis de ébano, así que me di una ducha fría para calmarme esperando hacer pronto lo que tuviera que hacer.

--Luego ya me apañaré---me dije sonriendo.

Me puse unos pantalones de color crema cortos, como los de los exploradores de la tele, una camisa color marfil y unas botas de montaña, debajo llevaba un sujetador y un tanga tipo deportivo, era ropa cómoda, ideal para esos lugares.

Baje para reunirme con el guía, que ya me esperaba en la puerta, al ver su cara me quedé petrificada.

--¡Raúl!

--¿Ainhoa?—se extrañó él.

Era Raúl, el pardillo al cual le habíamos hecho la vida imposible en el instituto.

--¡Que sorpresa!—dije yo sin saber muy bien que decir.

--Soy tu guia—contestó él—Asi que no perdamos tiempo.

Le noté resentido, algo que vi normal a pesar de los años, pero no parecía tener dobles intenciones, subimos a un todo terreno y nos alejamos de allí, yo llevaba mi mochila con mis cosas, una camara de fotos no muy cara, una libreta para apuntar las posibles entrevistas, una camisa limpia, ya una vez tuve que cambiarmela al mancharme un niño africano, la batería del teléfono móvil, el cual iba en el bolsillo de mis pantalones, y mi documentación.

En el jeep me contó, al preguntarle yo, que después del instituto había estudiado en una universidad lejos de la mía, ciencias políticas, y que había estado trabajando en la embajada española en El Cairo, después se había mudado allí al encontrar un trabajo de maestro de español, yo no comprendí por que había dejado el trabajo en la embajada por ese, pero siempre había sido un rarito así que pase de esa cuestión la cual tampoco me importaba mucho.

Después de una hora llegamos al poblado de los Naduli, paró a unos metros de las chozas de paja, un puñado de negros con taparrabos nos miraron curiosos, pero no asustados.

--Espera que baje yo primero—le dijo Raúl—Son desconfiados, pero inofensivos.

Le vi bajar y como se acercaba a un hombre alto, muy negro y algo más delgado que Muguto, me acordé de él, quería sentir su nardo negro por todo mi cuerpo desnudo, pero debía centrarme en el trabajo.

Tras ese hombre, que parecía una especie de líder de esa tribu, de una choza, se asomaron dos mujeres, que me miraron y volvieron a meterse dentro, Raúl se dio la mano con el negro y volvió al coche.

--Dice que estará encantado de conocerte—dijo sonriendo de una manera extraña.

Yo me alegré ante esa noticia, bajé del jeep y me acerque al negro, él me hizo un gesto para que entrase en su cabaña, al hacerlo, algo que en ese momento no me llamó la atención, toda la tribu nos miraba, en especial a mí, un anciano se relamió, yo entré con el negro en la cabaña.

Y por fin, después de este largo prólogo, viene lo que realmente me marcó, si seguís ahí, mejor para vosotros, porque aquí empieza mi pesadilla, aquí empezó mi esclavitud sexual.

Yo tenía un montón de preguntas acerca de su raza y sus costumbres, pero estaba claro que ese mandinga tenía otras intenciones, cerró la puerta tras él y se volvió hacia mí, dio dos pasos y le sentí muy cerca, peligrosamente cerca, dijo algo que no entendí en su idioma y me miró de arriba abajo, yo le ignoré algo incómoda y me giré sobre lo que parecía una mesa rectangular con unas mantas encima, allí dejé mi mochila y me dispuse a sacar mi libreta, entonces sentí sus manos, largas y negras, en mi espalda, al principio me quedé paralizada, pero al ver que me tocaba el culo sin ninguna vergüenza quise girarme.

En ese instante descubrí la verdadera cara de ese líder, era violento, dominante, me cogió por los brazos mientras yo comenzaba a gritar, ¿A quien podía pedir ayuda en ese rincón del mundo? Pues a Raúl.

--Ayuda—grité—Ayuda, Raúl, que me viola, que me fuerza.

El negro ya me tenía casi sobre aquella mesa, mi mochila había caído al suelo, yo estaba sentada en ella, pataleando, y el negro estaba entre mis piernas sujetándome los brazos. ¿Cómo había llegado a ese punto? Por idiota y confiada, por suerte estaba allí Raúl e iba a salvarme,

De nuevo, me confié, por gilipollas.

La puerta se abrió de golpe y Raúl entró, el negro le ignoró, continuaba forcejeando conmigo.

--Mira lo que hace este negro—me quejé yo—Ayúdame, vamos, quítamelo de encima.

Raúl se precipitó hacia nosotros, yo pensé que estaba salvada, que ese friki iba a ser honrado e iba a ayudarme, pero al acercarse al negro. ¡Me agarró a mí!

--Te dije que esta era peleona—le dijo al líder a pesar de que él no le entendía.

--Pero que coño haces—grité yo.

Raúl me miró y, sin mediar palabra, me dio un puñetazo, no fue muy fuerte, pero me dejó paralizada, el negro alzó mis piernas y me quedé tumbada sobre aquella mesa.

--Será mejor que la ate—dijo Raúl.

Rodeó la mesa y sentí como me ataba las manos, alcé la miraba y vi que era la cinta de mi mochila, después llevó la cinta hasta debajo de la mesa y la sujeto con no se que, pero que me mantenía las manos sobre la cabeza, sin poder mover los brazos.

--Estáis locos—gemí casi rompiendo a llorar—Dejadme, si es una broma no tiene gracia.

Raúl se colocó a mi lado, yo le miré.

--Menuda cara se te ha quedado—me dijo—Ahora por fin es mi turno.

--¿De que hablas?

--¿Es que no te acuerdas de las putadas que tu y tus amiguitos me hacíais en el instituto?—dijo él—Claro que si, y yo también las recuerdo, y ahora te toca pagarlas todas juntas.

El negro se separó de nosotros y Raúl llevó las manos a mis pechos, a mis grandes pechos tapados tan solo por mi blusa y mi sujetador, yo me resistí, pero poco podía hacer, me apretó primero una, después la otra, lo hacía despacio, disfrutando de su textura, su blandura y su calor.

--Cuanto tiempo he deseado esto—dijo—En clase te miraba estas tetas deseando tocarlas, comerlas, que ricas, madre mía, menudas bufas.

--Como me toques te mato—le amenacé.

--Oh, tranquila—dijo él—Te he vendido a Tsilu , asi que ahora solo él puede follarte, la verdad es que me jode, pero los negocios son los negocios y he cobrado mucho por ti. El negro, que al parecer se llamaba Tsilu, regresó con un cuchillo que había fabricado él y que atrajo mi mirada, de pronto me acordé de esos pueblos mayas que sacrificaban a su gente y me vi destripada en honor a un maldito dios con cabeza de pájaro, el negro alzó el cuchillo y yo aparté la mirada aterrada, sentí como cortaba toda mi ropa, pantalones, tanga, blusa y sujetador, lo hizo con una maestría admirable, todo hay que decirlo.

Allí, desnuda, comprendí que no tenía escapatoria, iba a ser violada por Tsilu.

--Eres un cabrón—le dije a Raúl--¿Haces esto solo por venganza?

--No solo por venganza—dijo él--¿Por qué crees que dejé mi trabajo en la embajada? Me gano la vida vendiendo esclavas sexuales a quien quiera en ese país sin ley, al verte a ti supe que debías ser para Tsuli, me había pedido una blanquita, una española apasionada, y no hay española mas puta que tu.

El nativo comenzó a tocarme, primero los muslos, después mi torso, muy despacio, sabía que tenía tiempo y disfrutaba acariciando mi piel suave y femenina, me miraba con deseo y yo tan solo podía apartar la vista esperando la penetración.

--Mujer muy guapa—dijo él por primera vez en español.

Raúl se apartó y se quedó a un lado, mirando expectante y dispuesto a disfrutar de ver como me violaban salvajemente.

Tsuli palpó mis tetas, las apretó, pellizcó los pezones haciéndome gemir de dolor y tiró de ellos, después se detuvo, yo le miré, esperando que el producto made in spain no le gustase y me devolviera a Raúl, aunque él no me soltaría, tendría una posibilidad de escapar, pero al parecer le encantaba, lo cual era gran culpa de mi cuerpo que, no es por presumir, era y es espectacular. Vi como se apartaba nos metros y se quitaba el taparrabos, la única prenda que tenía.

--Oh, Dios mío—exclamé—No puede ser tan…

Su rabo salió como un resorte, casi en horizontal, era inmenso, gordo y largo, casi del tamaño de su brazo, si hubiera sonado un “Boing” no me hubiera extrañado nada, ya que ese nardo parecía algo hidráulico.

--No, no—comencé a gritar y a forcejear por librarme—No me des con eso, me romperás, no, detente negro, no.

Tsuli se acercó a mi sonriendo y cogió su nardo, acercó la punta a mi sexo desnudo y comenzó a frotarlo contra mis labios sexuales.

--Nooo, Ahaaaa—gemía yo sorprendida por el contacto del glande con mi coño—Para…

--Pronto vas a pedirle mas a Tsuli—dijo Raúl sonriente—Te lo aseguro, es el mas salvaje follador de esta zona, le ha visto arrancar gemidos a niña vírgenes, hacerlas suplicar mas pollazos.

Yo me revolvía, aquella sensación era indescriptible, si ya de por si había venido cachonda por culpa de Muguto, el que me masturbasen de esa forma estaba despertando mi ninfomanía.

--Ahaaa—gemía—Esto no puede estar pasándome….

El nardo de ese negro era como una barra al rojo, la punta parecía de piedra. ¿Cómo sería todo ese tronco? ¿Qué se sentiría entrando en mi coño? No quería ni pensarlo.

Raúl continuaba mirando sonriendo, y bajo sus pantalones se notaba la polla erecta.

Tsuli se inclinó sobre mi, su olor era potente, un mal olor, pues allí no es que se duchasen mucho, pero me atrajo, era el olor de un macho. Me encomendé al cielo, aquí llegaba la violación, o lo que coño fuera eso, pues dentro de mi ansiaba ese miembro robusto y negro, nuestras caras quedaron muy cerca, él sonrió, yo le miraba anonadada, mi coño chorreaba.

--Yo correr dentro de ti—me dijo con un español pésimo.

--Espera Tsuli—dije—Espera. ¡Espera!

Empujó de golpe y… ¡Zas!, me la metió hasta donde cupo, el grito que di, seguro, fue oído por toda la tribu.

--Ahhyyyy--grité—No, que dolor, no, para, no cabe.

Tsuli no me hizo caso, ahora era de su propiedad, comenzó a follarme de una manera espantosa, violentísimamente, empujándome y haciendo que me moviera sobre la mesa, que la mesa se moviera literalmente de su sitio, su nardo, en efecto, era como de piedra y llegaba hasta lo más profundo de mi ser, me sentía rota, humillada, violada y usada, me revolvía intentando escapar inútilmente mientras me convertía en puta y esclava de ese negro.

--Me rompes, me haces daño, por favor—gemía ya casi desmayada de dolor, placer, o que se yo, porque no sabía lo que sentía en ese momento.

Tsuli cogió mis tobillos para sujetarme y continuó violándome, gritando como una bestia salvaje, ambos gritábamos, yo estaba fuera de mi, pensaba que si continuaba taladrándome de esa forma me haría algún tipo de daño serio,

--¡¡Ahaaaa!! ¡¡Ahaaaa!!

Por suerte y de repente, Tsuli paró, pero no sacó la polla de dentro de mí, volvió a inclinarse y me miró, me besó, un beso con lengua, profundo, yo me dejé, estaba dispuesta a eso y mas siempre que no continuase forzándome de esa manera, sentí su lengua jugando con la mía, su saliva dulzona y caliente, su cuerpo sudaba como el de un cerdo, el mío también, se pegaban, su nardo latía, su olor ahora era más intenso y me excitaba mucho más.

Comenzó a moverse despacio, entrando en mi cadenciosamente, yo acepté ese ritmo, mucho mejor que el otro, abrí mis piernas casi sin quererlo, ofreciéndome a él, cada vena y arruga de su gorda polla tocaba mi interior.

--Ahaaa, ahaaa--gemía despacio.

Tsuli me miraba sonriente, comprendí que esa era su formula, al principio te violaba como un salvaje para después darte placer así, te dominaba, te seducía, te educaba.

Me desató las manos y yo me abracé a su sudada espalda, estiré las piernas y me dejé llevar, me odiaba a mi misma, pero estaba descontrolada, puta perdida, era una zorra que ya solo quería su nardo, de olvidé de que allí estaba Raúl, que continuaba mirando con deseo aquella violación.

--Tsuli—gemí—Ahaaa, dame, así si, así si quiero, Ahaaaa.

--Te dije que pedirías mas—dijo Raúl.

Yo le ignoraba, sumida en un intenso placer, Tsuli gemía conmigo, ambos nos besábamos y acariciábamos irreconocibles en ese goce, al final estaba disfrutando de un negro.

Raúl se sacó la polla y comenzó a masturbarse.

De pronto, el negro aceleró las embestidas, supe que iba a correrse, y la idea hizo que yo también supiera que iba a correrme, su polla latía voraz dentro de mi húmedo coño, iba a llenarme con su esperma de indígena, algo que me hizo sentir incluso especial.

--Si, dame, me corrooo, dame Tsuli, si ahaaa, ahaaaa, dame tu corrida de negro, ohoooo.

Comenzó a follarme como antes, pero ahora lo deseaba y me gustaba, su polla se hinchó dentro de mí y un gran chorro me rellenó, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo.

--Siii, me corro—grité—Me corooo, me corroooo ahaahahahaaaaa.

Varios chorros mas me llenaron, todos calentorros, con una violencia de propulsión que no parecía normal, esperma de negro especialmente para mí, después Tsuli continuó metiéndomela despacio, soltando sus últimas corridas para mi, yo le besé apasionadamente, tragando saliva suya, rota de placer y moviendo todavía las piernas, corriéndome como una auténtica prostituta barata.

Después Tsuli se apartó y me dejó boca arriba en la mesa, casi desmayada.

--Dale tu—le dijo a Raúl.

-¿En serio?—dijo él—Que detalle.

--No, el no—dije yo—Por favor, Tsuli.

Tsuli me miró, Raúl iba a ponerse entre mis piernas con la polla erecta cuando él le apartó, la cara de Raúl fue un poema.

--Vete—le dijo Tsuli.

Raúl titubeó, Tsuli, cogió el cuchillo, y repitió la orden.

--Vete.

Raúl se guardó la polla y se marchó.

--Gracias Tsuli—dije yo complacida, ya que no quería que el pringao de Raúl me tocase siquiera—Muchas gracias.



Tsuli no dijo nada y se vistió, salió, a los pocos segundos dos mujeres entraron, llevaban agua y un taparrabos, ellas vestían así, con el pecho al aire, me lavaron y me vistieron, me llevaron a otra cabaña donde me tumbaron sobre unas telas, todas sorprendentemente cómodas, me pregunté que sería de mi en adelante, mi aventura como esclava sexual de los Naduli había comenzado.

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