sábado, 16 de abril de 2016

Venganza y sexo en la selva II

Tsuli me dejó conservar mis cosas, pero para mi desgracia, el móvil ya no estaba entre ellas, supuse que el cabrón de Raúl me lo había robado para que no pudiera pedir ayuda. Pasaron dos días en los que yo entré a formar parte de la familia de Tsuli, la cual estaba compuesta de dos mujeres, sus esposas, una chica joven, que intuí era su hija, un muchacho de mas o menos la misma edad y él.

La primera noche me dieron de cenar una carne desconocida y agua sucia de algún río cercano, yo no dominaba apenas ese idioma y me sentía, además de violada y enfadada conmigo misma por haber sido tan puta, tímida, fuera de lugar, les miraba callada intentando comprender lo que decían, aprender algo.

La dinámica de los naduli era muy sencilla, hombres arriba, mujeres abajo, Tsuli y su hijo no hacían nada más que cazar y pasear, las mujeres cocinaban, limpiaban las cabañas, algo que me parecía inútil al ver la mierda que tenían ya de por si, sembraban la tierra y les cuidaban, Tsuli y su hijo se sentaban como emperadores y las tres mujeres les abanicaban y les daban de comer.

La primera noche me dormí en minutos, agotada, al día siguiente las mujeres, como bien podían por el idioma, me enseñaron lo que iba a ser mi futuro en adelante, limpiar, lavar los taparrabos en el río y mimar a los hombres, yo obedecí intentando no romper a llorar y pensando en como escapar de esa tribu de inadaptados.

Además de eso, tenía que estar todo el día con las tetas al aire, literalmente, al igual que todas las mujeres naduli, esto hacía que todos los hombres de la tribu me mirasen con deseo y sin ninguna vergüenza, pues yo era, como todas las féminas allí, un objeto y nada más.

Cuando llegó la noche llegaron de nuevo las violaciones, pues nuestras labores como mujer incluía también satisfacer los deseos más primarios de nuestros hombres.

Por suerte para mi, los dos primero días Tsuli eligió primero a una, y después a otra de sus esposas, que parecían acostumbradas de sobra a ser penetradas por sus tres negros agujeros, pero la tercera noche no tuve tanta suerte.

Yo estaba sentada en el suelo de la cabaña, en lo que parecía el salón, luego estaba el dormitorio y un horrible y precario retrete, Tsuli entró en la cabaña seguido de su hijo, dejó dos pescados que había preparado y dijo algo a una de sus mujeres, esta se levantó, cogió los pescados y salió, seguramente para cocinarlos, Tsuli, entonces, se inclinó sobre una de sus mujeres y la besó, ella se dejó, tal y como estaba educada, su hijo miraba callado, yo también, creyendo que había tenido la suerte de no ser elegida, aunque en el fondo me sentí despreciada. ¿Qué tenía esa negra que no tuviera yo?, además, no podía negarme a mi misma que empezaba a echarlo en falta.

Esperaba que se fueran al dormitorio, pero al parecer Tsuli estaba muy excitado, mas que nunca, casi se arrancó el taparrabos y su nardo salió de nuevo, ahí estaba el manubrio negro que me había hecho gritar hacía días.

La mujer lo rodeó con su mano derecha y comenzó a masturbarlo, no tardó en abrir la boca y engullirlo.

Yo no podía apartar la mirada de esa escena, y el muchacho tampoco, le miré y vi que estaba claramente cachondo, no era para menos, y aunque fueran sus padres, el espectáculo de un polvazo como ese excitaba a cualquiera.

La mujer mamaba con devoción, gimiendo, como los ojos cerrados, como si eso fuera un premio por sus servicios, Tsuli llevó las manos a su cabeza y le metió la polla de una vez, yo pensé que la asfixiaría, pero no fue así, el negro movió la cabeza de su puta con violencia, ella gemía y tragaba como podía, y esa escena comenzó a ponerme mas cachonda que el muchacho que miraba como se tiraban a la que quizás era su madre.

Las babas salían de aquella boca negra por donde podían, caían sobre las tetas de anchos pezones, que botaban con cada pollazo bocal, Tsuli gemía gravemente, la mujer comenzó a tocarse sus tetazas, yo deseé cambiarme por ella, probar ese nardo negro y salvaje, miré al chico, este me miraba ahora a mi, y de una forma que solo podía interpretarse como “Quiero follarte so puta”

Tsuli sacó la polla de la boca de su esposa, la cual cogió aire babeando, la empujó hacia el suelo, algo que al parecer ella entendía a la perfección pues se puso a cuatro patas, Tsuli le arrancó el taparrabos.

-Como la encule me muero—dije yo sabiendo que no me entendían.

Tsuli se colocó delante de ella y le dio dos palmadas en cada glúteo, cogió su nardo y penetró el coño de una vez, la mujer dio un largo grito, y este prosiguió cuando Tsuli comenzó a follarla.

Las tetas colgaban, balanceándose con cada ensartamiento, el pubis de Tsuli golpeaba en el orondo y negro culo de esa afortunada señora, yo no podía más, mi coño goteaba deseando un pollazo, sin apenas darme cuenta estaba tocándome las tetas, apretándolas y acariciándome los pezones.

El hijo dijo algo y el padre le respondió sin dejar de taladrar a la mujer, entonces vi como el muchacho me miraba y sonreía, yo no quise entender lo que se proponía, pero estaba claro.

Se acercó a mi y se desnudó en segundos, yo, de rodillas, me vi ante una polla que nada tenía que envidiar a la de su padre.

--Joder—exclamé—Menudo tronco.

--Come—dijo el chico, que al parecer conocía algunas palabras en español.

Yo, que como ya sabéis no soy nada mojigata, y que además estaba excitada al ver como Tsuli se follaba a su esposa, cogí el nardo y lo acaricié, su tacto me sedujo, su calor me enamoró y su olor hizo que mi coño se abriera como la puerta de una plaza de toros.

Lo masturbé sin poder apartar la mirada de él, su punta, su glande reluciente y sus venas de sangre indígena eran como una obra maestra sexual, el muchacho gemía mientras yo lo pajeaba y continuaba tocándome la tetas, él cogió mi cabeza y la empujó hacia el nardo, abrí la boca y este entró en ella.

¡Dios, que sabor, que textura, que calor! He comido muchos rabos, pero ese. No se lo que tenía, pero me sabía a gloria, al sentirlo contra mi lengua un tímido orgasmo me sorprendió, comencé a chuparlo con devoción, con una obediencia casi ridícula, palpé los testículos, llenos de un semen que iba a ser mío si o si.

El chico imitó a su padre, algo lógico, cogió mi cabeza y comenzó a “violármela”, eso fue un mal trago, si la expresión sirve aquí, nunca me habían hecho eso, el nardo entraba hasta mas allá de mi garganta y temía asfixiarme, en serio, salía y entraba, ese violento movimiento me hacía daño en la nuca, las babas salían por donde podían, disparadas, las sentí sobre mis tetas.

--Auhg, augh, augh—gemía mientras mi boca era invadida por ese tubo negro.

Mientras, Tsuli continuaba penetrando a su esposa, gritando los dos sin ninguna vergüenza, yo ya no pude más y casi le obligué al chico a parar, me miró con enfado.

--No—dije yo con babas por toda mi barbilla y mi pecho—Espera, espera por favor.

El chico me miró sin comprender mientras yo cogía aire, sabía que tenía que darle algo mejor para quitarle la idea de follarme la boca de la cabeza, me levanté y me quité el taparrabos, quedando denuda delante de él.

--Tómame—le dije—Mira, mi cuerpo es tuyo, vamos.

El chico se acercó a mí y me tocó las tetas, y me quedé quieta, miré a Tsuli, el sacó su polla del coño de su esposa y se dispuso a metérsela en su ano, eso había que verlo.

--Joder, la va a destrozar—dije.

El nardo abrió sin titubeos ni cuidados el culo negro, la mujer dio un grito que me dolió y me excitó a parte iguales, lloraba, pero decía algo repetitivo, tiempo después supe que era, no pares, no pares, Tsuli agarró sus caderas cuando media polla entraba dentro de ese culo roto y la atrajo hacia él, la penetró de una, la mujer alzó la cabeza en un grito de auténtico dolor.

El chico me cogió de improviso y me tiró al suelo, me manejó como quiso, yo me dejé hacer y vi que me ponía a cuatro patas, me dio una patada en el culo y dijo algo en su lengua.

--¿Qué?—dije--¿Qué quieres?

El volvió a pegarme, esta vez con la mano.

--No me pegues—dije yo—Que quieres.

La mujer que estaba siendo enculada me miró, su rostro estaba colorado, sus ojos llorosos, hizo un gesto que yo entendí como ven aquí, a mi lado, en efecto, el hijo quería follar al lado de su papa, por algún rollo psicológico paternal jodido.

Me puse al lado de la mujer mientras ella gemía, ya mas acostumbrada al enculamiento, sentí las manos del chico en mis caderas, su polla contra mi culo, la cogió y la puso a la entrada de mi coño, me la metió.

--Ahuuu—gemí—Que gorda, ahuu.

Inmediatamente y también sin titubeos, comencé a ser follada.

Su nardo no era tan gordo como el de su padre, pero no se quedaba atrás, por suerte, después de ser abierta por Tsuli, aquella polla solo me entregaba placer.

--Ahaaa, ahaaaa—gritaba—Siiii, vamooosss,aahaaaa.

Esa negra y yo éramos empujadas hacia delante con cada pollazo, la mujer parecía casi llorar con cada empujón de Tsuli, y yo me derretía con cada polazo de su hijo, mi coño goteaba como el de una puta, el pollón me abría las paredes de mi útero con rapidez, con violencia, mis tetas se bamboleaban sueltas.

--Joder, me corro—gemí.

Sentí un orgasmo que casi me deja sin aliento.

--Ohoooo.

El hijo se detuvo con su nardo dentro de mí, me dio dos cachetadas en el culo, una en cada glúteo, y me la sacó, yo cogí aire mientras mis muslos se mojaban de mi propio flujo, sentí como me abría los glúteos y supe que iba a recibir un generoso anal por parte del primogénito.

--Oh, no—dije—No, no…

Pero en el fondo deseaba esa follada, mi culo parecía querer sentir un badajo de carne abriéndole, forzando las paredes del ano hasta donde llegase, era miedo y a la vez deseo.

No hizo falta que yo hiciera nada, ese tubo se mantenía horizontal el solo, sentí la punta en la entrada de mi ano y me encomendé al cielo, el hijo empujó firmemente, pero despacio.

--Noooo—grité de dolor.

Casi me desmayo, aquel nardo era diferente a todos los que había probado, como si en vez de una polla me metieran un brazo ¡Y era menos gordo que el de Tsuli! ¿Qué pasaría cuando fuera él el que me hiciera anal? Temí por mi salud, por la integridad de mi culo.

El hijo agarró mis caderas y empujó hasta el fondo.

--¡Cabrón, nooo!—grité.

Empezó la enculada, me atraía hacia él metiéndome su tronco con una tuneladora, yo gritaba como una descosida, la mujer de al lado me hacía coros, pero ella gritaba de placer, estaba claro que Tsuli ya la había domado, intuí que inevitablemente y con la ayuda de su hijo, me domarían a mi.

La mujer comenzó a proferir palabras en su idioma, babeando y convulsionándose mientras su culo era reventado, a pesar de que no entendía ni papa de lo que decía, supe que iba a tener un orgasmo.

Una mujer corriéndose es igual en todos los idiomas.

--Ahaaaa—gritó con la boca muy abierta, babeando—Ahaaaa, ahaa.

Tsuli dejó de encularla, sacó su polla y pareció descansar, la mujer se mantuvo en aquella posición, como si esperase una orden.

Mientras el hijo continuaba rompiéndome el culo a base de bien, lo sentía en cada centímetro de mi ano, su cabeza bien coronada y distinguida y sus latidos, llegaba hasta casi mis tripas, o eso sentía yo.

--Siii—grité—No pares.

Como si quisiera entenderme con ese salvaje, comencé a gritar lo que la otra mujer

había gritado en su orgasmo, incluso sin saber lo que significaba pero con la certeza de que a ella le había funcionado. Era algo como “Yanaak, yanaak”

--¡Yanaak, yanaak!

Entonces el hijo comenzó a penetrarme todavía mas fuerte, con violencia, yo me sorprendí por esa reacción, y temía haber desencadenado, con mis palabras, algo malo.

Pero no era malo, pues el placer se increcentó dentro de mi con cada empujón de ese negro, al parecer el que me follase sin cuidado, sin tituveos, era lo mejor, pues mi coño comenzó a avisarme de un increíble orgasmo.

--Ahaaa---grité—Siiii, sigue, que me corrooooo, me corro con tu polla de negro so cabrón, no dejes de romperme mi culo.

Me creía destrozada por dentro, pero ¡Me daba igual! Quería un orgasmo y lo quería ya.

--Siiii—grité corriendome--¡Ahaaa, aaahaaaaaa!

Me corrí como nunca, mi coño soltó mis flujos como si mease, manchando la estera donde estaba y mojando mis muslos sudados.

El hijo no se detuvo, estuvo dos minutos más enculándome hasta que sacó la polla y me dio la vuelta, entonces vi que la tercera mujer estaba allí. ¿Cuándo había llegado? Poco importaba, esta estaba desplumando a un pájaro apartada de nosotros, era como si estuviera más que acostumbrada a ver eso.

Tsuli sacó la polla de su esposa y la giró también, pero hizo que se la chupase, esta, por supuesto obedeció sin dudarlo, con sus gruesos labios comenzó a mamar ese oscuro miembro, Tsuli comenzó a gemir, esta vez sin tocar siquiera la cabeza de la mujer, ella manejó la mamada en todo momento, pajeando a la vez que chupaba y tocando o lamiendo los huevos a veces.

El hijo, que parecía haber descansado algo, se tumbó sobre mi y comenzó a comerme las tetas con una avaricia tremenda. Yo me dejé, y me agradaba su lengua y sus labios, aunque ya no iba a correrme, me gustaba aquello, lamía mis pezones, las apretaba con sus grandes manos, rodeaba los pezones ya mojados con su boca y los lamía deprisa como si quisiera borrarlos, los chupaba como si fuera un bebe, yo estaba en la gloria, tumbada y ya relajada, gimiendo con una sonrisa en los labios.

--Teta blanca—escuché que decía el muy cabrón.

Después de unos minutos noté que dejaba de comerme las tetas y me abría las piernas, comprendí que quería terminar, abrí estas y le ofrecí mi coño, me la metió deprisa pero después se detuvo con su polla todo lo dentro de mi, nuestras caras quedaron cerca la una de la otra, era curioso pero hasta entonces no le había la cara detenidamente, era muy parecido a Tsuli, pero creí que era porque todos los negros se parecen, y no, no es racismo, ¿O si? ¿Es racismo decir eso cuando he sido esclava sexual de tantos?

Me besó, metiendo su lengua dentro de la mía, yo me deje hacer, disfrutando de ese beso y de ese nardo, cuando sacó su lengua de mi boca comenzó a follarme despacio, yo no comprendía ese cambio de actitud pero me gustaba igual, comenzó a gemir y yo con él, aunque había creído que no volvería a correre esa noche, al parecer me equivocaba, pues aquella profunda follada me estaba gustando y el placer volvía a mí.

--Ahaaa, cariño—gemía—Siiii, que rico, ohooo.

El hijo también gemía, pero solo decía Ahaaa, ahaaa, nos besábamos, nos acariciábamos, reíamos felices mientras follábamos.

--Siii, córrete dentro—le dije a pesar de que no entendía nada de lo que le decía—Lléname, lo quiero dentro.

El muchacho aceleró la follada y pronto comenzamos a gemir, Tsuli y su esposa ya habían terminado y ahora parecían descansar el uno al lado del otro, la mujer terminó de arreglar el pájaro y nos miró callada, me sentí algo incómoda, pero pronto el placer me sedujo y dominó de nuevo.

--Ohooo, siiii—grité estirando mis piernas—Me corrooo, córrete tu también, lo quiero, siiii, ahaaa.

Entonces el muchacho comenzó a gritar también y noté sus chorros, violentos y calientes, dentro de mí, el orgasmo me convulsionó mientras me rellenaba como la puta que ya era.

--Siii, ahaaaa, siiii.

Después se quedó tumbado sobre mí, dándome sus últimas gotas, nos besamos de nuevo y él se apartó, quedándose tumbado a mi lado.



Dormí de un tirón y plenamente satisfecha.

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