jueves, 14 de abril de 2016

Las albercas pueden ser peligrosas

Soy hija única, mi mamá tuvo un accidente que la dejó estéril y de alguna manera mis papás siempre se sintieron culpables conmigo por no poder darme un hermanito, lo que provocó que mi infancia fuera bastante solitaria, a excepción de vacaciones y fines de semana, donde mis papás hacían lo posible para que mis primos (que eran de más o menos mi edad) fueran a nuestra casa a hacerme compañía, por lo que con algunos de ellos la relación se volvió mucho más cercana tanto conmigo como entre ellos al ser primos tanto de parte de mamá como de mi papá. 

Lo anterior se prolongó a lo largo de los años, en la pubertad algunos se separaron un poco del grupo, sobre todo nos dividimos por sexos, sin embargo siempre mantuvimos la cordialidad entre nosotros a pesar de la distancia. 

Cuando teníamos entre 18 y 21 años, se nos ocurrió que para recordar los buenos viejos tiempos, realizaríamos un viaje de unos cuantos días a un hotel un poco alejado de todo pero que contaba con spa, bar y un par de piscinas donde podríamos relajarnos y divertirnos por un muy bajo costo, dado a que realmente no era temporada alta para los negocios turísticos de esa zona. 

No me agrada la idea de dedicar tanto tiempo a descripciones por lo que sólo mencionaré los nombres de las personas que fuimos a ese viaje y dejaré que la historia fluya por sí misma. El caso es que viajaron conmigo 7 de mis primos: Nicolás, Matías y Abigaíl que son hijos del mayor de los hermanos de mi papá, así como, Cintia y Delia hijas del hermano menor de mi papá; por el lado de mi mamá, iban Oliver y Daniel, hijos de la única hermana de mi mamá. 

Al llegar al hotel nos distribuimos en 4 habitaciones dobles, ocupadas por las parejas de hermanos a excepción de Abi que le tocó compartir conmigo. El primer día fue más que nada descansar, ir al spa y por la noche un pequeño paseo en el pueblo cercano sin mayor relevancia. 

Ahora bien, el hecho que quiero relatarles pasó en el segundo día de estar ahí. Al estar desayunando, mis primos Daniel, Matías y Nicolás decidieron irse al pueblo otra vez, en busca de algún lugar donde poder comer en la tarde y algún otro donde pudiéramos tener algo de diversión nocturna (además de, probablemente, buscar con quien ligar), mientras que mis primas optaron por un tratamiento facial del que yo no tenía ni las más mínimas ganas, por lo que nos quedamos solos Oliver y yo que optamos por entrar a la alberca techada del hotel puesto que hacía bastante calor y ahí hasta el agua era más fresca, según nos recomendó un guapo empleado del hotel que parecía haberle “echado el ojo” a Abi. 

En cuanto terminamos de desayunar, cada quien tomo rumbo a su habitación para tomar lo que necesitara y quedamos de vernos en distintos puntos para hacer las actividades que ya mencione. Por mi parte yo fui con Abi a la habitación para ponerme el traje de baño, que era un bonito bikini azul con detalles blancos, además de lavarme los dientes, mientras que ella sólo hizo esto último y espero a que me cambiara para despedirse antes de salir para el spa. 

Abi: ¡Wow! Que lastima que el hotel este casi vacío, ese bikini te queda para levantar a los muertos, Zoe. 

Yo: Gracias, Abi, cuando gustes te lo presto. 

Abi: Gracias pero dudo que me quede igual, tengo mucha menos “delantera” que tú. Pobre de Oliver, a ver si no le da un paro cuando te vea. 

Yo: Estás loca, somos primos, prácticamente nos criamos juntos. 

Abi: Aunque hace bastante que no lo ves más que en navidad… además, se ha puesto bastante guapo tu primo… Tal vez me arrepienta y no vaya al facial, seguro que la alberca con ustedes va a estar mucho más interesante. 

Yo: Que guarra eres, tú también lo conoces desde niños y es mi primo, respeta— Le respondí sacándole la lengua. 

Abi: Sólo hago una apreciación, Zoe, no seas mojigata y acepta que tenemos muy buenos genes y tu primo está más bueno que el pan. 

Yo: cállate, mensa y ya vámonos que nos esperan— Le contesté dando por zanjada la conversación aunque Abi tenía razón, la verdad es que, modestia aparte, en mi familia la genética nos bendijo bastante, quizá en mayor o menor medida dependiendo de la persona pero Oliver es uno de los más afortunados. 

Casi en cuanto salimos de la habitación, Abi y yo nos despedimos y cada quien se fue por su camino, como a los dos minutos, llegué al lugar donde estaba la alberca techada y justo al abrir la puerta, me encontré con que adentro sólo estaba Oliver parado a lado de la piscina vestido con una bermuda verde con gris suelta y bastante ligera, mostrando su musculoso torso desnudo que provocó que me sonrojará un poco porque, es mi primo y lo respetaba mucho pero Abi tenía razón, estaba más bueno que el pan. 

Yo: Hola, Oli— Le dije nuestra habitual broma por su nombre mientras el eco de mi voz resonaba por el lugar al estar completamente solos. 

Oliver: Ho-Holi… ¿Segura que quieres que nos quedemos aquí?, tal vez en la otra alberca hay más gente— Respondió también a la broma pero no me pasó desapercibido su tartamudeo al verme ni tampoco el color rojo que encendió sus pecosas mejillas. 

Yo: Aquí estamos bien— le sonreí mientras me acercaba a él— así podemos nadar más a gusto. 

Oliver: Ok pero si quieres cambiar, me avisas para irnos juntos, te podrían robar— Me contestó guiñándome el ojo mientras lucía su más coqueta y bella sonrisa para después tirarse a la alberca y empezar a nadar. 

Entré al agua por la escalera de la alberca, estaba fría pero, con el calor que hacía, se sentía deliciosa y refrescante. Estuvimos nadando en silencio unos minutos en los que sentí que estaba tratando de evitarme puesto que se iba nadando hacía el lado opuesto de donde yo estaba aunque también note que me miraba cuando creía que no me daba cuenta lo que empezó a desesperarme. 

Yo: ¿Quieres decirme algo?—Le pregunté cuando ya no aguanté más la duda y me acerque a él para platicar. 

Oliver: ¿Yo? No, todo bien, ¿por qué?—Replicó mientras se acomodaba el traje de baño que se le había subido cuando nadaba al ser bastante suelto. 

Yo: Es que siento que me evitas pero te me quedas viendo desde lejos, ¿estás enojado conmigo? 

Oliver: ¡No! Para nada, es sólo que… —se puso rojo de nuevo, se veía muy lindo porque su piel es blanca y pecosa, entonces se notaban más sus pecas. 

Yo: Cuéntame, ¿te pasa algo? ¿Una chica?—Mi primo es menor que yo por sólo un año, en ese entonces él tenía 20 años y aunque era bastante guapo como ya dije, nunca le habíamos conocido una novia. 

Oliver: No, no… lo que pasa es que… bueno, nunca había visto a una chica en bikini, al menos no de manera directa y menos a una chica como tú— Contestó aún más rojo y esquivándome la mirada por fortuna porque a mí también se me subió el color al rostro y, aunque yo soy más bien morena por lo que no se ve tanto, seguro que estando tan cerca, él si lo hubiera notado. 

Yo: Ok… Oli, ¿tu haz tenido novia? 

Oliver: Si pero soy… muy tímido y por eso casi no me duran las relaciones. 

Yo: ¡Oh! — Respondí, entendiendo que por “tímido” se refería a “virgen”— Pero, ¿por qué? Eres muy guapo y buen chico. 

Oliver: ¿En serio lo crees? Daniel siempre dice que las pecas me arruinan— dijo en tono de broma y recuperando de a poco su color natural. 

Yo: Está loco, es envidia, a mí me gustan tus pequitas y eres más guapo que cualquiera de los que están aquí— Afirmé con una sonrisa cariñosa tratando de que se sintiera mejor. 

Oliver: No lo creo pero tú, con todo respeto… sí eres la que está más buena y bonita— volvió a ponerse un poco rojo pero esta vez no me aparto la mirada— ¡Te pusiste roja! Perdón, prima, no quería avergonzarte, sólo digo que ese traje de baño… ¡uff! 

Yo: Calla, tonto, que eres mi primo— lo empuje levemente por el hombro y entonces yo vi algo que no había notado… El traje de baño no se le levantó por el agua… Se notaba que tenía una erección de campeonato, vaya, que la bermuda le hacía una carpa bastante grande y bien definida. Me sorprendió tanto que me le quede mirando con la boca abierta, lo que seguro debió notar porque se tapó con las manos. 

Oliver: L-Lo siento, Zoe, yo… como te digo, nunca había visto a una mujer así y no lo pude evitar, perdóname, no soy ningún enfermo, sé que eres mi prima, lo siento, perdón— hablaba muy rápido y aunque entendía lo que me decía, mi mente se desconectó un poco de la realidad. Me acerque más a él, toque su brazo y, para su sorpresa, lo abracé, él bajo sus brazos y yo pude sentir perfectamente como su pene chocaba contra mi cadera a través de las telas de nuestros trajes de baño. Al estar en una parte poco profunda de la alberca, quedamos parados con el agua llegándonos a los hombros y, aunque no se veían por el agua, tanto él como yo sentimos como mis pezones de pronto se endurecieron, me estaba excitando sentirlo así, tan duro y tan cerca de mí. 

Sin pensarlo me aparte un poco, sólo lo exacto para verlo a los ojos un instante justo antes de besarlo, casi en cuanto nuestros labios se tocaron, nuestras lenguas salieron al encuentro, estábamos dándonos un morreo en toda regla, sentía su polla y mi coño palpitar por la excitación al mismo tiempo, incluso podría jurar que el agua a nuestro alrededor subió de temperatura por el calor que emanábamos. 

Rompí momentáneamente el beso para saltar y enredar mis piernas alrededor de su cintura, así como mis brazos en su cuello de manera que él tuvo que poner sus manos en mi trasero para poder soportar mi peso pero sin perder oportunidad de acariciarlo en tanto yo movía mis caderas frotándome contra su erección a un ritmo lento pero constante. Me hacía sentir en las nubes el tacto de sus manos y la dureza de su miembro mientras su lengua me invadía en una lucha de deseo con la mía. 

El siguiente en parar fue él, dejó mis labios para besar mi cuello y clavícula mientras trazaba su suave camino hacía mis senos, que descubrió retirando la parte de arriba de mi traje de baño mirándome fijamente a los ojos, como si esperará mi aprobación o rechazo a seguir, claro está que no me opuse en ningún momento, me limité a morder mi labio en lo que él quitaba la prenda. 

Oliver: Son tan bonitas… — lamió mi pezón derecho— Tan grandes… — lo besó suavemente— Y tan ricas… — dijo antes de meterse mi pezón en la boca y succionarlo, lamerlo y mordisquearlo un poco, arrancando gemidos de mi garganta. 

Yo: Y tuyas— le contesté poco después, ofreciéndole el otro seno. 

Se entretuvo un par de minutos en devorar mis senos pero yo quería más, me empezaba a molestar la tela que se interponía entre nuestros cuerpos así que de nuevo me separé un poco de él para soltar las tiras laterales de la parte inferior de mi traje de baño, mientras veía a través de la cristalina agua como él bajaba su bermuda, dejando libre su miembro que me impacto por su tamaño, la carpa formada por la tela no hacía para nada justicia a lo que realmente era aquella polla, levemente más morena que el resto de su piel, larga, gruesa y con varias venas perfectamente marcadas… y eso que la estaba viendo a través del agua que difumina un poco la visión de las cosas dentro de ella. 

Oliver se acercó a mí y volvió a besarme, me levanto de nuevo a la posición que teníamos, con mis piernas rodeando su cintura y él soportando mi peso, sólo que esta vez me recargó un poco contra la pared de la alberca. Entonces trato de penetrarme pero su inexperiencia hizo que fallará, así que fui yo misma quien tomo su pene guiándolo para penetrar en mí, en cuanto el glande estuvo dentro, yo gemí y él gruño en mi oído. 

Oliver: ¡Dios, Zoe! Te juro que nunca había sentido nada tan rico en mi vida. 

Yo: Y apenas estamos empezando, cariño— repliqué empujando con mi cadera hacia él para que entrará aún más. El resto fue cosa de él, me dio una embestida que hizo que lo sintiera hasta lo más profundo de mí ser, obligándome a soltar un grito de placer y dolor puesto que llegó a tocar el fondo de mi útero. 

Oliver: ¿Te lastime?—Preguntó quedándose completamente paralizado por un momento. 

Yo: No pero ten cuidado, Oli, la tienes muy grande, detente un poco antes de llegar al fondo— lo besé y él empezó a moverse, iba a un ritmo rápido sin llegar a frenético y con las características de su miembro estaba haciéndome gemir en cada embestida pero cuando empezó de nuevo a succionar mis pezones y morderlos, no aguanté mas y estallé en un orgasmo como nunca había tenido uno, sentí como todos mis músculos se tensaron y justo en el climax, sentí también como él explotó dentro de mi vagina, aferrándose con fuerza a mi cintura pero sin moverse hasta que terminó de arrojar chorros de semen que me provocaron un nuevo grito de placer y terminamos en un nuevo y apasionado beso. 

Yo: Oliver, esto ha sido el mejor sexo de mi vida. 

Oliver: Esto ha sido mi primera vez, Zoe, ¿realmente te gustó? 

Yo: Lo noté pero igual me encantó, eres el mejor, primito— le di un rápido y suave beso en los labios. 

Abi: La verdad es que estuvieron bastante bien— terció desde afuera de la alberca…

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