miércoles, 13 de abril de 2016

La odiosa jefa II

Estas de pie delante de tres de tus empleados, los cuales te miran con deseo, observando tus pechos por encima de tu chaqueta y tus piernas, tiene pruebas de que fuiste violada por un tipo la noche anterior, aunque al final te entregaste pidiéndole más sexo vaginal y anal, y quieren que te ofrezcas a ellos a cambio de no contárselo a tu esposo.

Esos tres salidos son el Juanjo, un tipo bajo, grueso, que es un paleto de pueblo, le miras, no sabes porque pero te preguntas como será follar con él, seguramente te hará daño, lo hará a lo bestia, tratándote como a un objeto, es musculoso porque trabaja en el campo los fines de semana, tiene el pelo negro y despeinado y te miró mordiéndose el labio, seguramente imaginándote o recordándote follando desnuda, siendo empalada por un buen miembro erecto. 

El segundo es el David, es alto, la verdad es que es guapo, delgado, tiene cuerpo de deportista, es rubio y es el menos zoquete de los tres, el tercero en un musulmán, por supuesto, se llama Mohamed, le contrataste para que no te llamaran racista, pero le odias porque odias a los moros, como todos los de su raza son altos y delgados. 
--Sois unos salidos—les dices—No voy a hacer nada con vosotros, y además estáis despedidos. 
--Eso no va a pasar—dice el moro—Mira esto. 

Te enseña la tablet, es una página de correo, reconoces la dirección de tu esposo en ella, tu foto está adjunta, a punto de ser enviada. 
--No lo hagas—dices. 
--Entonces tendrás que ser buena—te dice el Juanjo. 

Tu les miras, sabes que vas a ceder, no quieres que tu esposo se entere de que has sido follada como una puta, y que has pedido más, despreciándole a él a cambio de un polla más larga. 
--No pienso acostarme con vosotros—dices decidida. 
--Ya—dijo David—Eso dices ahora, pero no te queda otra, tú decides. 

El moro hace ademán de enviar el mensaje 
--Vale—accedes—Haré lo que me digáis, peo no enviéis eso. 
--Pues ven aquí—te dice Juanjo. 

Te acercas a él despacio, pero él te coge del brazo con fuerza y tira de ti, te llevan detrás de la furgoneta, allí hay un hueco de metro y medio desde el vehículo hasta la pared, estáis bien escondidos, te rodean y comienzan a tocarte por todos lados, Juanjo te aprieta las tetas con devoción, no te gusta su tacto, pero ni siquiera te mueves, David te aprieta los glúteos y el moro va directo hacia tu coño, al tocártelo te hace escapar un gemido de sorpresa. 
--Ahaa. 

Te sientes desorientada, ¿Cómo has llegado a eso? Piensas que tenías que haber denunciado al tipo de ayer, de todas formas, se han enterado de tu follada. 
—Por favor—dices intentando que no se te note que estás empezando a excitarte—No tan fuerte. 

No te hacen caso, ahora eres una cosa, un objeto sexual, Juanjo te abre la chaqueta con violencia y palpa tus tetas por encima de tu blusa, los tres ya están excitados como cerdos en celo. 
--Oh—dice David—Eres una diosa, joder. 

El moro te frota el coño con rapidez, esta excitado, irremediablemente, sus dedos han hecho que tus labios sexuales se abran deseando más, tú cierras los ojos y esperas el orgasmo, ya entregada, sintiendo la palpitación de tu sexo, pero se detienen y te obligan a arrodillarte. 

Les miras de rodillas, sabes lo que quieren, sin duda tu boca es carnosa, algo pequeña, pero por eso excita todavía más, te rodean y comienzan a desabrocharse los pantalones. 
--Vas a chuparnos las pollas hasta que nos corramos—sonríe el moro. 

Juanjo descubre su miembro y frunces el ceño sorprendida, es grueso, algo largo y venoso, tal y como es su dueño, circuncidado, la punta rosa reluce, esperando violarte tu carnosa boca. 
--Estoy deseando meterla en esa boca de puta que tienes—te dice. 

David se saca su nabo y sale disparado de sus pantalones como un resorte, largo, no tan grueso como el de su amigo pero igual de atractivo, tampoco está falto de miembro. 

El moro es el último, no esperas encontrarte nada fuera de lo común, pero cuando lo saca una manguera negra y vigorosa sale y la punta te golpea la cara, abres la boca sorprendida. 
--¡Guau!—no puedes evitar decir--¡Dios, que polla! 

Habías escuchado cosas sobre las pollas de los negros, pero ese miembro es descomunal, grueso y largo, se dobla hacia abajo al no poder estar tieso, venoso y palpitante, también circuncidado como manda su religión. 

Te excitas más sin quererlo, en toda tu vida no habrías podido imaginar tener tres nabos para ti sola, ni mucho menos tres nabos como aquellos 
--Vamos--dice Juanjo—Comienza a mamar. 

Coges su polla y la notas caliente, sus latidos son profundos, como si tuviera vida propia, te gusta palparla, es suave y a la vez sientes sus venas marcadas, la masturbas y poco y él gime de placer, abres tu boca y acercas la cabeza hacia ella, cierras tus carnosos labios alrededor del glande y lo succionas, le das una chupada como si fuera y chupachups, le miras y comienzas a mamar despacio. 

-Ohooo—gime Juanjo. 

Pronto coger tu cabeza y comienza a moverla adelante y atrás, de tal forma que no tienes necesidad de tener agarrada la verga, David y el moro cogen tus manos y las llevan hasta sus pollas, comienzas a masturbarlas, la polla te invade del todo, sin titubeos, llegando hasta el final de tu boca violada, tu gimes a cada pollazo. 
--Mmmmhh, mhmmm, maaamammm. 

Los tres gimen contigo y te lanzan insultos que solo hacen que te excites más todavía. 
--Si, puta, chupa como solo tú sabes. 
--Vas a sacarme todo el jugo. 
--Seguro que habrás chupado cientos de pollas. 

Tu coño gotea, manchando tus pantalones y tus bragas, deseas ser violada por esos tres salidos, follada por turnos, y el saber que seguramente sea así te pone como una burra en celo. 

Sacas la polla de tu boca cuando Juanjo te da un respiro, hilillos de babas caen por tu barbilla, David ocupa su lugar y tú te tragas su miembro sin dudarlo un segundo, su sabor te invade, caliente como un hierro al rojo, tus manos siguen masturbando los otros dos miembros, tus pezones sobresalen por encima de la blusa y el sujetador. 

Tras un rato mamando aquella polla, David la saca de tu boca, la cual lanza esputos que manchan tu barbilla, te limpias con el dorso de la mano y coges aire, el moro se pone delante de ti, su polla es inmensa. ¿Cómo vas a metértela en la boca? Temes que te desprenda la mandíbula al ser forzada. 
--Vamos—dice—Trágate mi tubo de carne negro. 
--Si—dijo Juanjo—No le hagas ese feo a Mohamed. 

Abres la boca todo lo que puedes y él te la mete sin titubeos, te cabe, pero no puedes cerrar la boca, aquello es una anaconda negra de carne caliente, llega hasta casi el final de tu boca y te detienes, pero él quiere más, así que coge tu cabeza y la empuja hacia su nardo endurecido. 
--Ahaaaggggga—gimes intentando escapar de aquel forzamiento. 

La polla llega hasta el final de tu boca y avanza todavía más, sientes que vas a vomitar, se te saltan las lágrimas al no poder moverte, al no poder recibir otra cosa que no sea aquella polla musulmana. 
--Si—gime el moro—Menuda zorra. 

Comienza a moverte la cabeza adelante y atrás, comprendes que están violándote tu boca, hasta el fondo, unas manos te tocan, te das cuenta de que no estás masturbando las otras dos pollas, pero aún así el Juanjo y el David quieren disfrutar de ti. 

Uno de los dos, no sabes cual, te desabrocha la camisa de golpe, rompiendo los botones, notas el frescor en tus pechos, tapados por el sujetador negro. 

Tus babas caen cada vez que pueden escaparse a través del sello que son tus labios contra el tronco de carne que estás saboreando, goteando hasta el suelo, David coge de nuevo tu mano izquierda y la lleva hasta su nabo, lo masturbas, Juanjo hace lo mismo, los tres empiezan a gemir. 
--Ahaaaa, si, ohoooo. 

Mohamed saca la polla de tu boca y tu coges aire mientras tus babas espumosas caen sobre tus tetas, comienza a masturbarse, ha llegado el momento, mientras masturbas con devoción los otros dos, esperas ese baño de semen caliente que, no sabes porque, te excita como una puta. 

El semen del moro sale de golpe, con potencia, te mancha tu cara como si te disparase con una pistola de agua, otro chorro te sorprende por la izquierda, es la corrida de David, moja tu hombro y tu cuello, Mohamed se correr otra vez, dejando un reguero desde tu cabello hasta tu barbilla, sacas la lengua y pruebas el esperma, es dulzón, calentorro, Juanjo lanza un gemido y te baña completa, hasta tu escote es alcanzado por su lefa. 

Te quedas quieta, el verte así, presa de ese bukkake, les excita, continúan masturbándose hasta que nuevamente se corren en tu cara de puta, después se apartan, te quedas sentada, toda manchada de semen. 
--¿Puedo irme ya?—preguntas—Ya tenéis lo que queríais. 
--Si acabamos de empezar—dijo David. 
--Mi marido se preocupará—pones como excusa. 

No suena muy convincente, esperas que te dejen ir, pero también deseas que aquellos penes entren en ti con violencia. 

Te levantas, mareada, desorientada y con el coño goteando, deseando ser penetrado, caminas con torpeza, eres el vivo retrato de una zorra recién follada. 
--Llámalo y dale una excusa—dice Juanjo—Tú te vienes con nosotros. 
--De eso nada—dices—Ya estamos en paz, adiós. 

Comienzas a caminar, pero Juanjo te agarra por la cintura, en ese momento comprendes que te has metido tu misma en la boca del lobo, pataleas y gritas, David abre la puerta de la furgoneta y te tiran dentro, suben y cierran. 

Caes sobre un colchón que hay en el suelo de la cabina, donde no hay asientos y está separada de la parte delantera, sin duda no eres la primera que está allí. 
--Dejadme, cabrones—gritas—Os denunciaré. 
--Si—dice el moro—Pero al menos te habremos violado. 

Se abalanzan contra ti y, en apenas un minuto, te despojan de la chaqueta y la blusa , no sin manosearte siempre que pueden, dejan al descubierto tu sujetador negro y tus bragas, también negras, de encaje, dejándote en ropa interior delante de ellos, estás a su gusto. 
--Menuda puta estás hecha—dije Juanjo—Vamos a follarte hasta que nos pidas más. 

El mor y Juanjo te tumban en el colchón y sujetan sus manos por encima de tu cabeza, Juanjo se pone a horcajadas encima de tu cintura y arrancan el sujetador de una sola vez y con fuerza, tus tetas, grandísimas, las cuales han recibido una cubana horas antes, surgen bamboleándose, esta visión les excita todavía más, Juanjo las aprieta con fuerza y las sacude. 
--Son como me las imaginaba—dice. 
--Suelta—pides tu intentando soltarte de las ataduras—Me haces daños, nooo. 

David te ata las manos con una sucia cuerda y ata el extremo a la pared de la furgoneta, sin duda algo que ya ha hecho otras veces, el moro agarra tus braguitas negras de encaje y las rompe, ahora estas desnuda e indefensa, la excitación que tu cuerpo había sentido al mamar esos nabos ha desaparecido, solo quieres escapar. 
--Por favor—dice—Os subiré el sueldo, pero no me hagáis esto. 

Los tres se ríen y empiezan a desnudarse, tú intentas soltarte, pero es inútil. 

El primero es Juanjo, se acerca a ti con el nabo tieso como un mástil, tú estás muerta de miedo, a pesar de que ya te han violado y has sentido placer, temes que te hagan daño. 
--Voy a hacer que te guste—dice tu empleado. 

Se arrodilla a tu lado y te abre las piernas, sientes como toca tu sexo azabache. 
--Noooo—gimes. 

Pero sus amigos pronto acuden a abrirte las piernas aunque no quieras. 

Comienza a frotarte el coño con violencia, tú te remueves molesta, te hace daño, gritas, pero no puedes detenerle. 

Sus dedos frotan tu vulva y se meten dentro, los sientes moverse dentro de ti, entrando y saliendo y revolviéndose como pequeñas culebras, David te toca las tetas y pellizca un pezón, haciéndote gritar todavía más. 
--Vas a ver qué bien me como tu coño—dice Juanjo. 

Y se agacha, te mira, te sonríe con malicia y saca su lengua, sientes como lame tu sexo de arriba abajo y te hace sentir un escalofrío, después hunde su cara y comienza a comerte el coño literalmente. 
--Ahaaa—gimes temerosa—Noooo. 

Su lengua te lame por dentro, la notas caliente, mojada, es la primera vez que te hacen eso, tu marido jamás ha aceptado hacerte un cunnilingus, demasiado recatado, pero esos salvajes están dispuestos a hacerte lo que sea para divertirse y conseguir convertirte en su esclava. 

Tu cuerpo comienza a calentarse por sí solo, sin duda ese cabrón sabe como lamer tu sexo, como succionar el clítoris y como besar tus labios sexuales para ponerte cachonda, 

Poco a poco dejas de resistirte, tus piernas ya no se sacuden, sino que descansan sobre su espalda desnuda, él te agarra el culo y te alza para apretar más su lengua contra su coño. 
--Ahaaa—gimes—mmmm, para… 

Juanjo te mira y se incorpora, tú te quedas tumbada, mirando al vacío, con tu coño chorreando de tu flujo y su saliva. 
--Ahora sí que voy a follarte—te dice. 

Tu, sin mirarle, abres las piernas, te entregas a él, que se tumba sobre ti y te aprieta las tetas, después las lame, primero una, después otra, tu intentas que no se te note lo cachonda que estás, más por orgullo que por otra razón, comienza a mamar tus pechos, mordiéndolos con la boca abierta y lamiendo tus pezones, tú te muerdes el labio, sumida ya en el placer. 

Después tu violador te mira y lleva la mano hacia su polla, mueve tu cabeza, quiere que le mires cuando te penetre, tú obedeces como el objeto sexual que ya eres, su nabo entra de golpe y abres la boca por la impresión. 

Bajo la atenta mirada de sus amigos, Juanjo comienza a embestirte con fuerza, con violencia, tu ya no eres tú, ahora eres una puta, y gimes sin cesar, ya te da igual el orgullo, aquel formidable nabo te hace olvidarte de todo que no sea follar y follar. 
---Ahaaaa--gimes—Ahhaaaa, Ohoooo. 

Los otros dos miran como eres profanada mientras se masturban, esperando su turno, abres las piernas y las estiras con espasmos de placer involuntarios, la boca abierta incluso babea por el gozo que sientes, la polla entra abriéndote sin piedad, palpitante, tu clítoris late mojado y tus flujos gotean sobre el colchón. 

Juanjo acelera la folla de pronto, golpeando su cuerpo contra el tuyo, ese sonido te excita, chas, chas, chas, te mueve sobre el colchón, tu apenas puedes articular palabra, eres presa de aquella violenta follada, tus piernas se sacuden más todavía. 
--Fo…l laaaameeee—atinas a suplicarle. 

La polla que te está ensartando se hincha de repente. ¡Va a correrse! Intentas quitártelo de encima, pero es tarde, estas desfallecida y no tienes fuerza para evitar que se corra dentro de tu útero desprotegido. 

Juanjo empuja con violencia y un gran chorro se semen el golpea el fondo de tu útero, te sientes desfallecer, la sensación te abruma y te arrastra a un orgasmo indescriptible. 
--Siiiii—gritas—Maas, ahaaaa. 

Juanjo continúa unos minutos más, expulsando todo el semen de su cuerpo, tú gimes con cada gota de este, casi desmayada. 

Cuando Juanjo te deja un chorro de su semen cae de tu sexo, desnuda, con las piernas abierta y cogiendo aliento, el moro se acerca a ti, es su turno de violarte. 

Sabes que tiene una polla enorme, seguramente te hará daño allá a donde llegue, pero no haces nada, en el fondo de tu ser deseas ese miembro moreno y tieso. 

Mohamed se tumba sobre ti y comienza a manosearte, tú no haces nada, te gusta el tacto de sus manos contra tus tetas, tus pezones están erectos, tiesos, él los toca, los agarra con la punta de sus dedos y te hace gemir. 
--¡Que tetazas!—exclama. 

Saca la lengua y barre un pezón, tú te sientes morir de placer, su saliva caliente te excita, después muerde tu teta con su boca aunque apenas puede abarcar toda, la aprieta con su cabeza mientras lame tu erecto pezón rosado. 
--Ahaaa—gritas. 

Mohamed te mira y se dispone a metértela, está ansioso por rellenarte de esperma, abres las piernas todo lo que puedes, entregándole tu mojado sexo azabache, notas la puta de su nardo abriendo tu coño, es tan gorda que te duele. 
--Ah—dice—Cuidado, que me rompes. 

El moro parece excitarse con tu dolor, te mira a la cara y empuja de golpe, haciéndote gritar. 
--Ahaaayyyy. 

La polla avanza dentro de ti, forzando tu vagina hasta que notas que da con algo, se detiene. 

--Para—dices—No entra más. 

El moro te mira y sonríe, tú adivinas sus pensamientos. 

--No--pides—No, no. ¡Ahaaa! 

Empuja con fuerza y gritas de dolor, jamás habías probado un rabo tan grande, temes que te haga daño de verdad, que tengas que ir al hospital diciendo que te ha violado y te han destrozado el coño de un pollazo descomunal. 

La polla entra del todo, notas como algo se abre dentro de ti y gritas de dolor, pero de un extraño placer hasta ahora jamás sentido. 
--Ohooooo. 

Te curvas en el suelo casi desmayada, entonces el moro comienza a violarte con fuerza, de una forma salvaje, metiéndolo y sacándolo y haciéndote gritar con cada pollazo. 
--Ahaaa, ahaaa. 

El moro gime contigo, te aprieta las tetas mientras te fuerza sin titubeos, por fin lo ha conseguido, penetrar a su jefa, su atractiva jefa. 
--Ahaa—gime—Cuantas veces he soñado con esto. 

Tu estas fuera de sí, cada pollazo es como un pequeño orgasmo que sufre tu cuerpo, sientes el nabo tieso y esponjoso del moro en tu vagina, cada vena y cada embestida, su punta reluciente y gruesa entrado en ti, abriéndote aún sin tu quererlo. 

Pero ya lo quieres, tu coño vuelve a gotear, a abrirse para recibirlo y a hacerte gemir de placer como la puta que ya eres y serás. 
--Ahaaa-gritas—Siiiii, fóllame, moro de mierda, quiero tu polla negra, ahaaa. 

Esas palabras excitan a los tres, el verte suplicar más polla, más goce, Mohamend comienza a embestirte de tal manera que te mueve sobre el colchón, tú te corres estirando las piernas como una vulgar zorra. 
--Ahaaa, siiii—gritas exhausta—No pares… 

Después te quedas como muerta, casi desmayada, pero el moro no ha terminado contigo, te da igual, comprendes que ya no tienes voluntad, que eres una cosa, un juguete de esos tres salidos. 

Con la mirada en el vacío, te dejas embestir sintiendo las manos tocarte por todo tu cuerpo, los besos del moro por tu cuello desnudo y suave y su nado palpitando dentro de tu asaltado coño. 
--Ohoo—gime—Eva, voy a correrme dentro de ti. 

Su polla crece de tamaño y te hace escapar un gemido, sabes que va a rellenarte con su esperma caliente, cuando sale gimes de gusto, te gusta sentir esos chorros, son violentos y calentorros y te invaden por dentro, abrasantes, pastosos y violentos, una nueva corrida dentro de tu ardiente sexo. 

Mohamed deja de moverse y te acaricia como si ahora quisiera ser delicado, las últimas gotas de semen salen de su nabo moreno, después se aparta y un chorro se escapa de tu coño, su polla gotea lefazos, la miras y no puedes creer que esa manguera de carne haya estado dentro de ti. 

Sin dejarte descansar ni un minuto, David se tumba sobre ti, está deseando follarte y correrse dentro de tu cuerpo desnudo y caliente. 

Lo primero que hace es apretarte las tetas con fuerza, como maravillados por ellas, las mueve y las moldea como si fueran globos de agua, grandes globos de agua, se inclina y muerte tus pezones con sus labios, después comienza a mamar como si fuera un bebe, tu comienzas a moverte de placer, te gusta como saborea tus senos, sin duda no es la primera vez que lo hace. 
--Ohoo—gimes—Cómeme las tetas. 

Sientes una mano en tu coño, al principio, dos dedos se meten dentro, como explorándote, te muerdes el labio de gusto, entre las lamidas y succiones de esa boca ajena en tus tetas y esos hambrientos dedos, eres arrastrada de nuevo al más intenso placer. 
--Ahaaa—gimes—Si, mm, más, más, más. 

De repente, a los dos dedos se le unen otros dos, te hacen dar un respingo, pero tu coño violado ya acepta lo que sea, la mano comienza a moverse a gran velocidad, dejan de comerte las tetas y comienzas a sacudirte mientras te masturban. 
--Ahhaaaa—gimes mientras la mano entra en ti con violencia. 

Casi inmediatamente, los dedos se convierten en una mano entera, sabes que tienes la mano de David dentro de tu coño, intentas mirar que te están haciendo, ¿Puede romperte tu sexo?, te sorprendes al ver que David tiene toda la mano dentro de ti, hasta la muñeca. 
--No—dices—Sácala. 

Mientras los tres te rodean, de nuevo, David comienza a mover la mano dentro de tu coño, te retuerces de dolor, gritas, todos se ríen de ti al verte presa de ese fisting salvaje. 
--Ahaaaa—gritas—Por fav… or, duele, no, duele, ahaaaa. 

Sientes que te vas a desmayar, pero la intención de tus captoras es otra, el Juanjo y el moro comienzan a tocarte las tetas con violencia, pellizcan tus pezones y, de vez en cuando, cuando ven que vas a perder el sentido, te dan una pequeña bofetada para que espabiles. 

Ya fuera de sí, con la lengua fuera y los ojos en blanco, atisbas un orgasmo violento y no consentido, el orgasmo más salvaje de tu vida, entre el dolor de tu coño ensanchado surge el placer, por cojones vas a correrte, porque eres una zorra. 
--Ahaaaa—gritas—Me corrroooo, me corro ya, siiii, ahaaaaa. 

La mano de David se moja de tu corrida, todos se ríen de ti, pero te da igual, estas desfallecida, casi muerta de placer. 

David te mira y tú abres tus piernas, su polla está erecta, deseosa de follarte, de nuevo te entregas, ya no tienes voluntad, tu coño es suyo, y de Juanjo y del moro, él se tumba sobre ti y tea caricia la cara, como si quisiera consolarte, te palpa los pechos, blandos y grandes, su polla palpita pegada a tu coño. 

--Fóllame—le pides, ya como si nada. 

Él coge su polla y te la mete de una, haciéndote gritar. 

--Ahaaaaa. 

Una nueva violación comienza, esta no es tan bestial ni salvaje como la anterior, tu le miras mientras te penetra, durante varios minutos no sientes nada, como si tu sexo se hubiera dado de sí con la mano de aquel hombre, pero después, de nuevo, el placer no tarda n venir, sabes que ya será así siempre, te han convertido en una sucia ninfómana que recibe pollas como si fueran caramelos. 

Su nabo es grueso, aunque no muy largo, pero lo sientes maravilloso dentro de ti, Juanjo se masturba mientras os mira, su nabo está de nuevo listo para follarte, tus piernas se sacuden como por si solas mientras gimes sin parar con cada pollazo. 

--Ahaaa, ahaaa, ahaaa. 

Cuando crees que va a correrse, la saca y te coge, se arrodilla y coge tu cabeza, tú te colocas con el culo en pompa, las tetas pegadas al colchón, la polla está a pocos centímetros de tu cara. 

--Cómeme la polla—te pide casi más que te ordena. 

Tú obedeces, te apetece mamar un nabo caliente, lo coges y te lo metes en la boca sin titubear, lo notas sabroso, mojado por su flujo y los de Juanjo y el moro, que reposaban en tu coño. 

--Mmmmhh—gimes. 

David empuja tu cabeza hacia su nardo sin titubeos ni delicadezas, follándote tu carnosa boca, agradeces el gesto, sientes las gotitas de precum en tu lengua y estás a punto de correrte tu sola, pero vasa tener la suerte de ser enculada. 

--Tengo que probar ese culazo—dice Juanjo de repente. 

Tú intentas decir algo, pero David te empuja hacia su pene, no puedes hacer otra cosa que mamar, lo tienes prohibido. 

Juanjo se pone detrás de ti y te da varias palmadas en tus glúteos, después los aprieta con devoción y lo abre, te escupe en la entrada de tu ano, tu temes lo que va a pasar, pero recuerdas el placer de la noche anterior y lo deseas, notas la punta del nardo de Juanjo queriendo entrar en tu culo, los glúteos se cierran en torno a su glande, te duele, pero has llegado a un extremo en el que ya eres masoquista, llevas las manos hacia él y te abres el culo, la mejor invitación que pudiera recibir. 

Cuando te la mete lanzas un largo gemido, las paredes de tu ano reciben el miembro caliente, sintiéndolo en cada centímetro de ellas, tienes un pequeño orgasmo al imaginarte desde fuera, empalada como un pollo que es traspasado de punta a punta para ser asado. 

Juanjo no se detiene en el anal, su polla avanza sin modales, abriéndote quieras o no, David te agarra la cabeza para marcarte el ritmo de la mamada, comienzan a embestirte con rapidez y a la vez, perfectamente sincronizados. 

--Maaammmmgmgmmg—gimes casi desmayada de gozo. 

La polla llega hasta el final de tu boca, simplemente te la están violando, el rabo de Juanjo es caliente, late dentro de tu ano dolorido, pero te gusta, avanza deprisa y te hace sentir calambres de placer. 

El moro ya está descansado y listo para otra follada, mira como te empalan por delante y por detrás mientras su nabo árabe está de nuevo erecto. 

Juanjo acelera las embestidas y notas su rabo hinchándose, va a rellenarte tu culo con su esperma calentorro. 

--Ahaa—gime—Toda mi lefa, puta. 

Notas como tu ano se llena de semen, tan caliente y pastoso que te hace correrte un poco, Juanjo no deja de embestirte y el esperma sale disparado entre tu ano y su polla, manchando tus muslos. 

Cuando se separa, su semen sale goteante y se desliza hasta tu sexo y se extiende por tus muslos, estas a punto de correrte cuando David lanza un gemido y tu boca se llena de su semen, te hinchan los carrillos. 

--Trágatelo-te ordena. 

Tú obedeces, das dos largos tragos y notas el sabor dulzón y algo amargo de la corrida, te encanta, la polla sigue escupiendo y sale disparado cuando por fin la saca de tu boca. 

Se apartan de ti, tú les miras mientras relames las boceras de saliva y semen de tus labios, te miran desnudos como si fueras un juguete sexual. 

Tu coño palpita pidiendo un orgasmo que lo sacie, has olvidado quien eres y quiénes son, ahora solo son tres pollas de las que disfrutar y tú eres una puta sedienta de esperma. 

--¿¿Qué hacéis?—dices--¿Por qué paráis? 

--¿Es que quieres más?—dice el moro--¡Que puta que eres! 

A ti te da igual que te insulten, con tal de que vuelvan a follarte. 

--Quiero más—dices moviéndote sobre el colchón, vamos, folladme más. 

Te tumbas y abres las piernas, comienzas a acariciarte y a tocarte las tetas, a masturbarte el coño, que chorrea tu flujo caliente. 

--Vaya con la jefa—dice Juanjo—Nos pide más polla, si es que es una puta, ya lo sabíamos. 

--Pues yo le daba—sonríe David—La follaba hasta hacerle daño. 

Se acerca a ti y se tumba sobre ti, te empieza a sobar las tetas con fuerza, te hace gemir, tu coges su pene y lo masturbas, lo notas caliente, pegajosos de las otras folladas. 

Se aparta de repente y se tumba boca arriba, te hace un gesto que comprendes al instante, te pones encima de él y coges su nardo, erecto de nuevo, sin dudarlo te lo metes en tu coño húmedo de una sola vez, entra solo. 

--Ahaaa—gimes. 

Comienzas a botar encima de él como una auténtica puta, David te soba las tetas, gimiendo contigo. 

Allí empieza el verdadero auge de tu violación, en la que se confirma que eres ya una puta sin escrúpulos. 

--Si—empiezas a gritar como una zorra—Dame más, hummm, que polla, me gusta tenerla dentro, quiero tu corrida en mi coño, ahaaaa, como me gusta, vamos, folladme toda la noche. 

El verte así, pidiendo más polla, les excita de nuevo, el moro se pone detrás de ti y hace que te inclines para que le entregues tu culo ya estrenado, mientras que Juanjo se pone delante. 

Temes que el desproporcionado nabo del moro te haga algún tipo de daño. 

--Moro, no, tu no—dices—Me rom… perás el culo… 

--Te jodes—te dice él--¿No querías más? Pues vas a tenerlo. 

David, que tiene su cara enterrada en tus tetas, comienza a comértelas mientras te folla, miras a Juanjo y él coge tu cabeza, sin esperar ni un segundos tienes su nardo caliente en tu boca, te sabe delicioso. 

El moro te abre el culo con las manos y te penetra de una, también entra solo. 

--Hahaaaa—gritas con el nabo en tu boca. 

Te duele más que la primera vez que te abrieron el ano, pero aguantas, esperas que, también como la primea vez, el dolor pase y venga el placer. 

La polla abre tus entrañas sin dudarlo, la sientes dura pero carnosa, tocando cada centímetro de tu ser, cuando llega al final de tu ano se detiene. 

Tú sigues mamando, piensas que hagan lo que quieran, ya eres suya, eres de sus pollas, no tienes voluntad, David continua follándote el coño y devorando tus tetazas, mientras notas la deliciosa polla de Juanjo recorriendo tu boca hasta el fondo. 

La polla del moro late dentro de ti, empuja una vez más con fuerza, a pesar de sentirla en el fondo, avanza más dentro de ti, después Mohamed la saca un poco y te la mete de golpe, tanto que te hace gritar y correrte a la vez. 

--Ahaaaaaahaaa. 

El orgasmo hace que casi te desmayes, con los ojos en blanco, tu coño baña la polla de David, ahora el nabo del moro te folla de verdad, sientes que llega hasta tus tripas, entra y sale deprisa, golpeándote, estas siendo embestida por tres lados, tu culo, tu boca y tu coño, están dentro de ti, en todas partes, has llegado al culmen de tu vida sexual, tres pollas para ti, follándote al unísono. 

Sietes como se hinchan casi al mismo tiempo y te preparas para ser rellenada por todos lados, primero notas el violento chorro de semen de David, que gime cuando te llena, después tu culo se ve invadido por el semen del moro, el cual sale disparado al no poner quedarse dentro debido a la violencia penetración, por último, Juanjo te llena la boca de su esperma caliente, lo tragas, es lo mejor que has probado en tu vida, todos se corren como su fueran chorros de agua, tragas y tragas semen hasta que tu estómago se llena y después sale de tu boca desbordado. 

El orgasmo que sientes es, sin duda, el mejor de toda tu puta vida. 

--Ahagaaahaaaaaggggahhaa. 

Cuando se separan de ti, te miran, tumbada, cogiendo aire y con lefa saliendo de todo tu cuerpo, sientes todavía pequeños orgasmos que hacen convulsionarte en el colchón. 

--Ahaaa—gimes—Me corroooo, siiiii, ahaaa, que gusto, no puedo creerlo, que gustazo. 

Todos te miran y sonríen, esperan a que te recompongas, no puedes creerte lo puta que eres, como te has entregado a esos tras sádicos. 

Cuando te sientes con fuerza te sientas en el colchón, entonces ves que Juanjo saco algo que estaba escondido en un rincón, es una cámara de video. 

No dices nada, estas tan avergonzada que aceptas esa jugarreta, de todas formas ya no tienes ni voluntad ni fuerzas para nada. 

--¿Puedo irme ya?—preguntas. 

--Claro—dice David—Y muchas gracias. 

Eso te enfada. ¿Gracias? Como si le hubieras hecho un favor casual. 

Te pones la ropa, tus pantalones y tu blusa, tus bragas y el sujetador están destrozados, al salir coges la chaqueta del suelo y te la pones. 

--No te preocupes—te dije Juanjo—No vamos a mostrarle a nadie esta cinta, es solo para nosotros. 

Tú no dices nada, no te han dicho que tendrás que haces lo que ellos quieran, pero sabes que va implícito. 

Es ya de noche cerrada, muy de noche, vuelves a casa y tu marido duerme, te duchas y tiras tu ropa a la basura, te acuestas en el sofá, la vergüenza que sientes no te permite compartir cama con tu esposo, duermes un par de horas hasta que te toca ir a trabajar. 

Cuando entras a trabajar, los tres están en la puerta, te saludan sonrientes, tú les devuelves el saludo y entras, te preguntas si aquella pesadilla habrá acabado para ti. 

Algo te dice que acaba de comenzar. 

PARTE II

¿Continuará?

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