jueves, 21 de abril de 2016

La liberal familia danesa. Primeras horas II

Nuestros vecinos daneses nos habían invitado a mi prima y a mí a pasar un fin de semana en la sierra. Ambos deseábamos conocerlos más íntimamente. 

Hablé con Erik por la tarde y quedó en mandarme un geolocalizador al móvil por la mañana, así no tendríamos ningún problema en encontrar su casa. Ellos salían esa misma tarde del viernes y pasarían la noche allí. Elena y yo saldríamos la mañana del sábado. Le conté a Elena mi jugueteo con Ana María, la cara que se le había quedado, y la gran cantidad de leche que había vertido en el coño de la vecina. Yo mismo estaba sorprendido y Elena se puso cachonda de pensarlo. La seguí poniendo cachonda el resto del día hasta acostarnos, diciéndola que guardara todo su calentón para mañana. Una guarra como ella tenía que estar muy caliente para querer follar todo el día.

El mensaje de Erik nos despertó pronto, así que nos pusimos en marcha. Elena estaba preciosa. Su pelo platino con los nuevos destellos rosas, muy abultado y desenfadado. Sus ojos perfilados suavemente y los labios de un tono pastel. Su única prenda era un vestido de algodón corto de estilo ibicenco bajo el que llevaba una braguita también blanca, casi transparente. Estaba deslumbrante esa mañana. 

Era muy cierto que llegar hasta su casa de campo era muy complicado. La casa aparecía en mitad de un bosque de pinos a la que había que acceder por un camino de tierra. Era moderna, de madera en su mayoría, y robusta, sin desentonar con el entorno. 

Nos recibió Erik en bañador y camiseta, y mientras íbamos hacía la piscina se fueron presentando el resto de la familia. Primero Kurt con un bañador ajustado y el pecho desnudo. Pasamos directos al porche de la piscina y el jardín, vimos y saludamos a Silvie y Veronique, que llevaban sus grandes tetas al aire y una braguita de bikini que dejaba la mitad de sus prietos glúteos a la vista. Parecían Glamour Models de las revistas inglesas. Modelos de las revistas Nuts o Front Army que muestran a modelos de generosos senos en topless, pero las gemelas con el toque exótico de sus rostros nórdicos. 

Silvie mostraba su embarazo con el mismo descaro que la había visto en otras ocasiones. También había visitado la peluquería porque entre el color castaño se adivinaban toques anaranjados distribuidos caóticamente y siendo más abundantes cerca de las puntas. 

Verónica, con unas gafas de sol negras. Llevaba el pelo recogido en una coleta de la escapaban algunos mechones que caían a los la dos de su cara. 

Tuve que resistirme para no abalanzarme sobre esas cuatro maravillas en forma de teta. Si vestidas estaban impresionantes, con la braguita del bikini como única prenda para cubrirse algo, estaban de muerte. La erección que me había acompañado todo el viaje se endureció aún más. 

Levantándose de una tumbona para ponerse la parte de arriba del bikini, sin relleno, sin aros, Ana María pasó sus manos por debajo de sus tetas para colocarlas en el sitio deseado. Su pecho caía acumulando volumen en la parte inferior. Me gustaron más que las de las hijas por alguna extraña razón. Ana María se acercó a nosotros. 

Verla moverse era una delicia. Sus pezones se marcaban sobre la blanca tela y su pecho se mecía con cada paso que daba. Pequeñas pecas se esparcían como caídas al azar sobre sus hombros y la parte superior de su pecho casi hasta el cuello. Siempre llevaba sus rectos hombros un poco echados hacia atrás, lo que con sus largos y fibrosos brazos lucía como una Diosa. Sus manos era otra de las cosas que me encantaban de ella. Finas y alargadas con unas uñas no muy largas y redondeadas en sus extremos, pintados de un rosa muy pálido. 

Me acerqué a darla dos besos y pegué mi pecho al suyo para sentir la consistencia de esas tetas. Después saludo a Elena graciosamente. Cuando acabaron los saludos comenté: 

- Joder Erik, el sitio este es cojonudo. Vaya casita en el campo. 

- Está chula, a mí me encanta. Poneos cómodos y vamos a darnos un bañito, aunque el agua está un poco fría. O si queréis tomar un poco el sol, hoy hace un día buenísimo y hay limonada fresquita. 

- Venga, venid conmigo que os enseño vuestra habitación, dejáis las cosas y os ponéis el bañador, ¿Por qué habréis traído? – Dijo Ana María cogiendo el bolso de Elena. 

- Yo luego me cambio, ahora prefiero tomar algo. – Dijo Elena mientras yo le hacía un gesto a Ana María para indicarle que la seguía. 

- Ven, entonces. 

Se puso a caminar delante de mí con el bikini cubriendo solamente la mitad de su trasero. Un escalofrío de excitación recorrió mi cuerpo como un látigo. 

Llegamos a una habitación grande con una sola cama de casi dos metros de ancha y una decoración muy minimalista. 

- Esta es vuestra habitación. No es gran cosa, pero tampoco tenemos muchos invitados. Si necesitas algo me avisas. Habéis venido para que disfrutemos y somos una familia muy servicial. 

Estaba casi desnuda delante de mí. Cruzaba sus brazos por delante de su pecho apretándose las tetas en un gesto muy natural. Me volvía loco esa mujer y estaba un poco nerviosa. 

- ¿El servicio incluye esas preciosas tetas? - Dejé las cosas en el suelo, cerré la puerta y me fui hacia Ana. 

- Estamos aquí para satisfacernos. Yo entera estoy incluida. 

Mientras, se mordía el labio y sonreía, a la vez que recorría con sus manos todo su cuerpo como enseñando la mercancía. Me pegué a ella y la besé suavemente. Sus labios desprendían un toque y un sabor delicioso. Estreche su cuerpo entre mis brazos. Respondió al beso. Rozamos nuestras lenguas. 

- Que nos esperen en la piscina, antes quiero saborearte. Sería un pecado no hacerlo. 

Mis manos se posaron en sus pechos. Pesaban y su tacto era delicado. Ana empezó a desabrocharme el pantalón, buscando con ansia mi polla. 

- Yo también quiero saborearte a ti. Qué nos esperen. – Decía en un susurro mientras yo me enterraba entre sus gloriosos senos. Desatando los tirantes de su ropa. 

- ¿No te vale con las pollas de tu marido y de tu hijo? 

- Qué dices, idiota. Hace tiempo que no me hacen disfrutar. Y la tuya me va a valer en este momento. - Decía mientras se deshacía de mi abrazo para agacharse en busca de mi verga. 

Se la metió en la boca directamente mientras seguía bajándome los pantalones. Yo me dejé hacer. Me descalcé y retiré mi ropa con los pies. Ana María seguía chupando mi duro miembro, entraba y salía de su boca a la vez que me miraba desde esas dos estrellas que eran sus ojos. 

- Eres una buena chupona. Se te hace la boca agua con mi rabo dentro. Seguiría todo el día, pero las ganas de follarte me superan. Ensalívala bien, preciosa chupapollas. 

Se la sacó de la boca y la escupió un salivazo enorme que repartió por mi polla. La levanté cogiéndola de las axilas y la llevé hacia la cama. Era una mujer grande de mi misma estatura. La senté al borde de la cama y levanté sus piernas para quitarle el bikini. Se había recortado mucho el pelo del coño y con las piernas levantadas mostraba sus carnosos labios internos que sobresalían como no había visto en otra mujer nunca. Eran muy rosados y resaltaban provocando una atracción hipnótica. 

- ¿Te vas a quedar mirando mi chochito o me lo vas comer? Atrevido comecoños. 

- ¿Qué tal le sentó a tu coño el baño de leche de ayer? 

Abrió sus piernas y se tumbó hacia atrás. Acerqué mi boca a esos labios tan desarrollados y los chupé. Los chupé y los requetechupé. Mi lengua probó sus flujos que esperaban tímidos en la entrada de su carnosa raja. Era lo más delicioso que había probado en mi vida. 

- Ya ves que está bien hidratado. Le gusta la crema y está hambriento de ella. 

Dejé de jugar con mis dedos y mi boca en su chocho y me incorporé para dirigir mi verga hacia la carnosa entrada del coño danés de Ana María. 

- Pues te lo voy untar de crema ahora por dentro, y luego me dices. Nunca pensé que fueras tan desinhibida. 

Mi ensalivado pene entró resbalando dentro de ella. Abrazado por montañas irregulares de mullida carne. Poco a poco hasta tenerla del todo dentro. Sujeté sus caderas con firmeza. Ana se tocaba las tetas y se llevaba los pezones a la boca. 

- ¿Que esperabas a una fría nórdica? Yo tampoco sabía que me fueras a follar como un animal. Que es lo que vas a hacer, ¿no? – Mi rabo seguía dentro de ella sin moverse, únicamente palpitando. 

- Agárrate bien, Ana María, que vienen curvas..... No había pensado en otra forma distinta de follarte, aunque Erik me dijo que ya no eras la fiera de antes. Este momento no se ha apartado de mi mente en los últimos días. 

- Mi marido tampoco es una fiera que digamos, al menos conmigo. Llevo toda la noche cachonda como no lo había estado en mucho tiempo. Estoy muy nerviosa, ¿vas a empezar a follarme ya? Me derrito. 

Eché peso sobre pelvis y descargué mi calentón de estos días con Ana, moviendo mis caderas con todas mis fuerzas y velocidad. Sus tetas botaban descontroladas. Comenzó a decir cosas en danés acompañadas por un gritillo que no desaparecía. La perforé así hasta que mi cuerpo empezó a cansarse y a sentir mi orgasmo inminente. 

Con mis últimas acometidas y fuerzas me fui corriendo en su interior hasta las últimas contracciones de mi perineo. El tiempo había pasado desapercibido, como si no hubiese sido invitado a la fiesta. Nunca me había follado a nadie con tanta ansia como lo había hecho con Ana María en ese momento. 

Me separé de ella frotando mi capullo contra sus grandes labios durante unos instantes, esparciendo más leche sobre ellos. 

- Ahora sí que has logrado que me corra, me la debías. 

Fui a buscar mi bañador entre las bolsas y me lo puse. Estaba sudando, con los músculos en tensión. Me sequé con una toalla y me puse una camiseta. Miré hacia la cama y allí estaba esa preciosa madre, espatarrada con las piernas fuera de la cama con las manos en su chocho en silencio. Salí de la habitación dejándola sola y me dirigí hacia la piscina pensando qué si este había sido el principio del fin de semana, no me podía imaginar lo que vendría por delante. 

- Hombre Carlos, ya estaba preocupado por vosotros. La tierra os ha tragado por un rato. – Me dijo Erik nada mas verme. 

- Si, no encontraba mi bañador y hemos tenido que insistir en la búsqueda. Tu mujer ha dicho que iba a colocar unas cosas y que ahora venía. ¿Tenéis algo de beber por ahí? Me muero de sed. 

- Tienes ahí una limonada especial. Entra muy bien, pero ten cuidado es un poco explosiva. O si no díselo a tu chica. 

- Uff, venía seca ya me he bebido dos vasos y me empiezo a notar bastante mareada. – Dijo Elena. 

Elena que seguía con su vestido puesto. Ya todos habrían visto transparentarse su depilado coño, porque no dejaba de abrir y cerrar las piernas en todas las direcciones, levantándose de la baja hamaca en la que estaba sentada para colocarse al lado de Erik. La encantaba provocar, si Erik y su hijo ya estaban cachondos ahora sus bultos en la entrepierna empezaban a ser molestos. 

- No me habías dicho que trabajaba en una agencia de modelos. Yo hubiese pensado que ella era la modelo. – Dijo Erik sonriendo a Elena que le seguía el juego. 

Fui a servirme la limonada en el mismo momento que Ana María regresaba de la casa. Iba completamente desnuda y tenía su pelo alborotado. Llevaba su ligera ropa en la mano. Se acercó a su marido y dándonos la espalda a todos se dobló por la cintura para buscar en una bolsa de playa. Era hermosísima. Sus piernas no se juntaban en su entrepierna. Otro rasgo que unir a su lista de maravillas. 

- Cariño, ¿dónde está el tabaco? Necesito beberme una copa y fumarme un cigarro. Ya. Los tengo, están aquí. 

Durante un rato había enseñado su coño a todos los que estábamos allí. Sus labios estaban hinchados y la entrada a su vagina estaba dilatada generosamente. Un líquido viscoso y blanco salía por ese agujero. Y en el interior de uno de los muslos tenía un gran goterón perlado. Se incorporó de nuevo y vino en mi dirección a por su copa. 

- Ven Elena, que te voy a enseñar las cámaras que tengo. Me gusta la fotografía y también tengo algunas fotos que me gustaría enseñarte. – Dijo Erik levantándose y Elena se levantó de un salto que dejó su culo medio al aire y confirmó que la limonada le estaba sentando pero que muy bien. 

- Vamos para allá, y de paso me pongo el bikini, aunque no sé si me a hacer mucha falta viendo como está todo el mundo aquí. – Dijo yéndose con Erik y lanzando una mirada a Ana. 

- ¿Has visto como me has dejado el coño? – Me dijo Ana con la voz un poco alta, para después darme un beso cálido y corto en la boca. 

- Lo hemos visto todos, mamá. Vienes como un pastel relleno de crema y vas perdiendo el relleno por el camino. – Respondió Silvia que estaba muy cerca de nosotros junto a su hermana chateando con el móvil. 

- Pues ya sabes lo que tienes que hacer, pequeña. Qué sé que estás deseándolo. – Le respondió la madre mientras se tumbaba en la hamaca y se abría de piernas. – La leche no está para desperdiciarla y vamos a andar escasas este fin de semana. 

Silvia se acercó y se agachó sin mucha dificultad a pesar de su estado tan preñado y llevó su boca a la entrepierna de su madre y empezó a comerla el coño sorbiendo el semen que salía de su interior. También se ayudaba de los dedos para sacar la mayor cantidad de pastoso líquido. La madre gemía mientras se dejaba hacer. 

Miraba la escena con lujuria, pese a habérmela follado hacía unos minutos ya estaba deseando poseerla de nuevo. Ahora era su hija la que se bebía mi leche. 

Silvia se levantó chupándose los dedos y volvió al lado de su hermana, con la que compartió un profundo beso. 

Ana María se encendió un cigarrillo mientras bebía. Se alisó el pelo con una mano y se contoneó relajada, ya sin mi corrida en su raja, ni por dentro ni por fuera, su hija había un trabajo excelente. Definitivamente Ana era muy cerda, pero tenía un estilo y una seguridad en sí misma asombrosos. 

- Termino el cigarro y voy a darme una ducha y lavarme un poco. Estoy sudada. Joder, me está bajando más tu corrida y la mía. No creas que has sido el único en correrte, por si no te has enterado. 

Se terminó el cigarro y seguimos hablando unos minutos. Ella se sentía cómoda así. Yo disfrutaba de su belleza y de su simpatía que mezclaba con palabras o frases obscenas. 

El tiempo pareció pasar deprisa para todos menos para Kurt, que se tapaba con una revista su enorme erección. La vuelta de Elena se hizo rápida. Venía andando decidida. 

- Bonita colección tiene Erik. Me lo ha enseñado todo. Voy a darme una ducha que algunas cosas tenían polvo y hacía mucho calor. 

Con lo que nos dio la espalda y se sacó el vestido por la cabeza. El culo de mi prima era apoteósico y no pude más que admirarlo como lo hacía Kurt boquiabierto. Se agachó para desabrocharse las sandalias. Sus glúteos se abrieron estirando la tela del bikini que se acababa de poner, marcando su raja. Se enderezó y se fue resuelta a la ducha, donde se duchó como si no hubiese nadie mirándola. Se lavó de arriba abajo y de dentro a afuera, y volvió. 

Ana María fue a darse la ducha que la esperaba. Se lavó de la misma manera natural e inocente. Sus gestos eran fluidos y repasaba su anatomía con la precisa fuerza y velocidad. Las dos volvieron a las hamacas donde se secaron. Elena se recostó en una de ellas y Ana, recuperando su bikini y poniéndose sólo la parte de abajo, buscó otro cigarrillo y se sentó cerca de sus pies con las piernas cruzada. Las dos estaban en frente de mí y de Kurt, las gemelas unos pasos más separadas. 

Mientras yo me calentaba al sol al lado de esas dos viciosas y actuando como si no lo estuvieran. Yo no podía desviar mi vista de Ana. Y parecía que Kurt no tenía ojos para otra cosa que no fuera mi prima Elena. Recorría su cuerpo de reojo mientras charlábamos. Erik volvió un buen rato después vestido con unos pantalones veraniegos. 

- Silvia, Verónica, poneos algo que nos vamos los tres a recoger la comida. 

Las gemelas se levantaron y fueron hacia su padre. Dos lobas algo pálidas acudiendo a la llamada de su progenitor. Cogieron unos shorts vaqueros y unas camisetas de tirantes. Unas sandalias con un pequeño tacón, completaba todo su atuendo. Las camisetas dejaban poco espacio para imaginar lo que había debajo ya que sus pechos se marcaban alineando sus escotes en el centro de la curva que trazaba la parte superior de las camisetillas. Se fueron colocando la ropa, atusándose las tetas y dejando caer un poco los shorts de su cintura hasta casi su cadera, con lo que les queda ba libre su entrepierna del abrazo de la tela. 

- Vamos a recoger el cochinillo y a ver a unas amigas. Tardaremos un rato. – Dijo Silvia, dirigiéndose a los cuatro que estábamos charlando. 

- Mama, ¿Me das un cigarro? – Verónica se ponía en cuclillas para buscar en el bolso en el que su madre tenía el tabaco. 

- Están ahí. Ya sé que os vais a fumar algo más que tabaco. No tendrás algo de maría por ahí para que fume un poco. Ya sabes que me abre el apetito antes de comer. 

Verónica se hizo la remolona pero al final sacó de uno de sus mini bolsillos una bolsita con un cogollo pequeño. 

- Esto es todo lo que tengo. Susana tiene más, pero tengo que pasar por su casa a recogerlo. – Y le dio la bolsita a su madre. 

- ¿Tienes un papel? 

- ¿Qué te crees que soy Almodovar? – Todos nos reímos. – Anda toma. – Y le dejó un par de papeles de fumar. 

- Gracias, hija, eres un sol. Dame un beso. – Verónica se acercó a su madre y le dio un beso cariñoso en la mejilla. 

- Nos vamos. Venga papa, que no tenemos todo el día. 

- En marcha. Y ten cuidado con la hierba que te abre el apetito y otras cosas. – Comentó Erik mirándome de reojo mientras se marchaban. 

Nos quedamos los cuatro solos en la casa. Con la limonada que ya me tenía mareado. Ana María liaba un canuto entre sus piernas con sus densas tetas colgando del minúsculo bikini. Cuando terminó de liarlo, lo encendió y se lo pasó a su hijo. 

- Toma Kurt, dale un par de caladas, a ver si te animas que estás como en otra parte. 

Kurt cogió el porro y le dio dos caladas lentas. Me lo pasó a mí y se levantó mostrando su enorme erección. No podía hacer nada por ocultarla. 

- Me voy a dar un baño que hace calor. 

- Si, métete en el agua a ver si se te pasa el calentón, hijo. 

Nosotros tres seguimos fumando, y cuando no hubo más que fumar Elena se levantó hacia la piscina. Kurt había entrado a la piscina por las escaleras y después de nadar un poco descansaba sentado en el borde cerca de las escaleras, donde apenas cubría. Elena meneó su culo hasta el agua y entró despacio, riéndose y quejándose de lo fría que estaba. Mojó su cuerpo sin que el agua tocase su pelo y se aproximó a Kurt hasta colocarse casi entre sus piernas. El agua la llegaba por debajo de su trasero. Ana me invitó a acompañarla también al agua con un gesto gracioso cogiéndome de la mano. Nos sentamos al borde de las escaleras cerca de mi prima y Kurt. 

- Ana María, tu hijo necesita algún remedio para que se le baje esta hinchazón que tiene aquí. 

Elena llevó una mano al paquete del chico que acarició por encima del boxer. Kurt se sobresaltó y se echó hacia atrás. 

- Elena, que está aquí delante mi madre y tu novio. 

- Es mi primo, y a él no le importa. Y tu mamá.... también te deja. 

Se acercó más a él y tiró de él hasta que pudo bajarle el boxer y dejar al descubierto una polla enorme que no tardó en coger en sus manos y empezar a moverla arriba y abajo. Kurt gemía de placer. Elena continuó con su deseado trabajo. 

- ¿Quieres que te la chupe, Kurt?. 

Le miraba a los ojos con cara de vicio. Pasaba la lengua por sus dientes levemente. Él no sabía que hacer o decir. De todas formas, yo dudaba de quien tenía más ganas de los dos. Mi prima estaba muy juguetona e intentaba ponernos cachondos a todos. 

- ¿O prefieres que sea tu madre la primera en comerse tu polla? - Y miró a Ana. - Seguro que lo deseas después de tantas pajas. Venga Ana, chúpasela al chaval ya de una vez que el pobre lo está deseando. 



Su madre se acercó por el borde y puso una toalla debajo de sus rodillas. Y allí arrodillada e inclinada hacia delante agarró la polla de su hijo y comenzó a bajar y subir su mano apretando con fuerza la polla de su hijo. Se la llevó a los labios y le empezó a chupar el capullo con fuerza mientras que con la mano que no apoyaba en el suelo meneaba su base. Elena se dedicó a lamer los huevos de Kurt. 

- Ohh Dios mío, Mama, ¡como deseaba esto!! 

Elena levantó su cabeza dejando de chupar el escroto y las bolas de su interior, para pasar a animar a Ana. 

- Venga mamá, seguro que puedes tragarte más carne. 

Ana abrió su boca e intentó engullir el rabo de su retoño. Pronto hizo tope con su garganta, sin llegar al final. 

- ¡Me corro, me corro, mamá!! 

Kurt se tensó. Elena sujetó la cabeza de su madre con fuerza. Kurt echó la cabeza hacia atrás y eyaculó en la boca de su madre, acompañando cada chorro con un sonoro “ohh”. 

Cuando dejó su cabeza libre, Ana se sacó la gran tranca que albergaba en su boca y tras chupar su capullo, dejó caer de su boca toda la corrida y su saliva sobre la punta de la polla de su hijo. El líquido resbalaba por la longitud de su pene todavía tieso. Y siguió pajeándole mezclando todos los fluidos por toda su extensión. 

- Elena, ahora ya es toda tuya, aunque esté un poco pringosa. 

Ana María le ofreció la polla del chico que tenía agarrada por la base donde se iba acumulando la leche recién extraída a Elena. 

- Me gustan cuanto más pringosas, mejor. No pienses que me vaya a dar nada de asco. Se ve deliciosa. 

Y se lanzó como una víbora a por la polla de Kurt. Empezó dando lametones y succionando todo lo que caía hasta llegar a chupar la mano de Ana. Se fue hacia ella y la beso en la boca pasándola en el beso la parte del semen de su hijo que ella no se había tragado. Las dos jugueteaban con sus lenguas babeando igual que perras y compartiendo la esencia cremosa del joven. 

Yo ya no pude más. Llevaba un rato perdido ante el culo de Ana María que se abría ante mis ojos con un poco de tela entre ambos. En el momento en que había empezado a esparcir el semen de su hijo por su propia verga, yo bajé la braguita de Karen lo suficiente para poder acceder a su ano y a su abultado coño. Mis dedos y mi lengua profanaban sus agujeros mientras se besaba con Elena. 

Después del pringoso beso. Elena continuó donde lo había dejado antes de pasarle a Ana la leche recién extraída. Volvió a agarrar el pene de Kurt y empezó a chuparlo despacio, el chico no había perdido la erección y Elena se metía su polla en la boca cada vez más hasta engullirla entera. 

- Joder, como tragas Elena. Vas a dejar seco a mi hijo. 

- Esto es sólo para ponérsela bien dura antes de metérmela. Aunque ya comprobé que no le hace falta mucha estimulación. 

Elena hablaba con hilos de saliva que iban de si boca al glande de Kurt, quien ni pestañeaba. 

Ana se movió un poco para poder apoyar sus antebrazos en el suelo y arquear la espalda, sacando su culo hacia afuera. Su ano se dilató de repente y mi lengua bailaba en su interior, salivando, hasta que de nuevo su esfínter se cerraba alrededor de ella. Volvió su cabeza, sonrió y con una de sus manos se apartó más aún sus glúteos. Yo continuaba hurgando en sus orificios con mi lengua y mis dedos. 

- Fóllame por donde más te apetezca y deja de ponerme más cachonda que voy a estallar antes de que te des cuenta. No ves como tu prima no pierde el tiempo. 

Elena se acababa de clavar el gran rabo de Kurt en el coño y le cabalgaba delante de los ojos de su madre. Votaba sobre la gran polla del joven. Se la metía entera y volvía a subir para volverse a dejar caer hasta el tope. 

Decidí profanar el ojete de Ana. Coloqué la punta de mi polla en la entrada de su culo, notando como Ana dilataba su ano a voluntad para dejarme el paso libre, y apreté con fuerza mientras me agarraba a sus tetas. Tiré de las dos con ímpetu y mi pene entro en su culo hasta los huevos. 

- Joder, así. Fóllame el culo. 

- No te quejes luego si te agrando el agujero. 

- Es lo que quiero que me lo dejes como un túnel de cuatro carriles. 

Empecé a arremeter contra su culo golpeando con mis huevos en su carnoso chocho. Los ruidos se entremezclaban. Jadeos de Kurt mientras Elena aceleraba y se contorsionaba, los gritos de Ana y mis gemidos. 

Kurt giró a mi prima colocándose encima de ella atravesándola con su sable. Elena abrió sus piernas tanto como pudo levantándolas para que la penetrara hasta donde pudiese. Sus orgasmos se podían ver y oír venir por lo acelerado de sus movimientos. El chico estaba impaciente por descargar la munición de sus huevos de nuevo. 

Yo seguía enculando a su madre con más intensidad aún. Ana disfrutaba como una loca, no sé si más que yo, que estaba flotando en una nube de sexo anal con la mujer que me llevaba excitando desde hacía tiempo. 

- Me corro, Elena. No aguanto más. 

- Vamos a qué esperas, Kurt, clávala bien hondo y suelta toda tu leche en lo más profundo de mí. 

Y así lo hizo, acompañando los últimos movimientos en el interior de mi prima con un grito algo lobuno. 

Ante esa situación mi descarga estaba a punto de venir y me vi animado por Ana. 

- Más deprisa, más fuerte. Párteme el culo y córrete en mis intestinos. Quiero todo el semen que puedas inyectarme. 

- Aquí viene, viciosa, te voy a dejar el culo hecho un desastre. 

Y abriendo sus glúteos con mis manos hundí mi polla todo lo que pude y empecé a soltar chorros de leche cálida en su cueva trasera, tumbándola totalmente boca abajo mientras lo hacía. La muy perra seguía meciendo sus caderas mientras notaba mi semen verterse en su culo. 

Kurt se echó a un lado dejando a Elena con espasmos y llevando sus manos a su coño para seguir masturbándose. Yo me retiré de encima de la madre y me tumbé a un lado. Ana se levantó con una mano en su ojete y se fue directa a colocarse en cuclillas sobre la cara de Elena, retiro la mano de su culo y dejó salir todo mi semen en la cara de mi prima que lo recibió con la boca abierta chupando su ano mientras el espeso jugo salía y sin dejar de tocarse con rabia su propio coño. Ana la restregaba el coño y el culo por su cara. 

Elena se escapó de la entrepierna de Ana y la tumbó para masturbarse en su cara y soltarle su abundante eyaculación. Ana abría la boca incapaz de sostener tal riada y buscaba insaciable la crema de su hijo que aún permanecía en el interior de Elena. 

- Joder como te corres Elena. Cómo me gustaría poder hacer eso. Mira como me has puesto. Creía que te estabas meando, pero tiene un toque dulce. 

- Pues deberías poder. Todas las mujeres pueden. No has llegado a tener la estimulación adecuada o no te dejas llevar por el orgasmo. 

Una imagen a la que atendíamos como tontos hijo y primo. Esas dos mujeres eran lascivas y muy muy guarras. Todo terminó con un profundo beso entre las dos, parecía que se estaban cogiendo el gusto la una a la otra. 

Se levantaron abrazadas y juntas, agarradas cada una por la cintura de la otra se fueron hacia la ducha donde repitieron el mismo ritual de limpieza que habían hecho antes por separado. Se lavaron la una a la otra metiéndose mano por todos lados. 

Kurt y yo nos miramos, nos reímos, y desnudos como estábamos nos lanzamos al agua de la piscina. 

Llevábamos un par de horas en la casa y yo me había follado a Ana María dos veces. Era el presagio de algo más grande.

PARTE II

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